En 1951 Arthur C. Clarke publicaba un relato que había escrito tres años atrás y que se titulaba “Centinela de la eternidad” en la revista “Ten story fantasy”. La historia pasó sin pena ni gloria y quedó archivada, aunque posteriormente se publicaría dentro de la colección de relatos del propio Clarke “Expedición a la Tierra”.

Pero el escritor británico pensó en ella y su potencial desarrollo tras recibir la llamada de Stanley Kubrick, que buscaba una buena historia de ciencia ficción que llevar a la gran pantalla. De esta manera, comienza a escribir una de las novelas más importantes del género, que realiza primero en paralelo con el guión del director norteamericano aunque posteriormente acaban conteniendo ciertas divergencias, en las que no entraremos a valorar en esta reseña. La saga “Odisea espacial” está en marcha, cuya primera novela vería la luz en 1968 y se titularía “2001, una odisea espacial”.

Antes de continuar, debo informar al lector que si habitualmente en mis reseñas no se inserta ningún dato que pueda contener spoilers, al tratarse de una saga de cuatro libros, es inevitable hacer referencias en las secuelas a las predecesoras, aunque intentaremos que sean las menos posibles y comentarlas sin entrar en detalles con el objeto de no destrozar revelaciones trascendentales.

La edición del omnibus es ciertamente impactante. Dado que la editorial Debolsillo ha apostado por hacer realidad la unificación de toda la saga en un solo volumen, mi pensamiento imaginó un formato con una dimensiones similares a las que estamos acostumbrados en bolsillo. Para que os hagáis una idea, del tipo de la edición en bolsillo de Dune de Frank Herbert, de 18,5 cms de alto. Pues no. La edición omnibus de la saga “Odisea espacial” alcanza los 21,5 cms, con lo que unido al volumen de sus 1100 páginas, confirma mi afirmación de impactante. A pesar de ello, no llega a ser del todo incómodo para su lectura, y además el tamaño de la fuente no es pequeño. Diría incluso que no solo es igual, sino algo superior a sus ediciones independientes en Debolsillo, lo que permite no castigarse la vista en el proceso. Sí echo de menos una tapa dura, que lo hubiera merecido.

Debolsillo respeta las traducciones de sus anteriores ediciones independientes. Antonio Ribero traduce la primera historia. Domingo Santos hace lo propio con la segunda. Daniel R. Yagolkowki realiza la tercera y Eduardo G. Murillo la cuarta.

El primer libro se divide en seis partes bien diferenciadas. El prólogo y la primera de ellas, titulada “La noche primitiva” es de los mejores textos que he leído en mi vida. Un grupo de monos humanoides, al borde de la extinción, advierte una mañana un monolito translúcido. A partir de entonces, se produce un cambio en su manera de percibir el duro entorno que le rodea y que supone poder convertirse en el dueño de su futuro. Nos encontramos ante los albores de la inteligencia y de la humanidad.

Las siguientes partes de libro se desarrollan en el año 2001, en el que un monolito similar se descubre enterrado en la Luna hace eones por una entidad extraterrestre superior y que emite una señal apuntando hacia Saturno.

A partir de entonces se describe la expedición hacia Japeto, la más enigmática de las lunas de Saturno, a bordo de la nave Discovery en busca del receptor al que apuntaba el monolito lunar. En el viaje se aborda el tema de la inteligencia artificial, tan vigente hoy día pero que está escrito en a finales de los años sesenta y que supondrá el ordenador de a bordo más famoso de todo el género.

Los protagonistas de la historia, bien es cierto, no contienen mucho desarrollo personal. Tampoco lo necesitan. No se trata de una novela de personas, sino de la humanidad en su conjunto, y los personajes son meros representantes de la misma. De hecho, el mayor desarrollo en su personalidad lo transmite HAL 9000, la inteligencia artificial que gobierna la nave, que sí será decisiva en una de las partes de la historia.

La prosa de Clarke es sencilla, pero ejerce con ella de divulgador de manera tan efectiva que al lector se le vuelve extremadamente adictiva, siempre que el lector se deje entregar.

Se trata de una de las novelas más importantes e influyentes de la ciencia ficción, que marca un hito en el género y que después de ella ninguna obra que leas será lo mismo. Por ello, su lectura se vuelve tambien imprescindible.

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En enero de 1982 se publicó la segunda entrega: “2010, odisea dos” y que es anterior a la adaptación cinematográfica, que se estrenaría en 1984. Por ello, la novela no tiene en su elaboración nada que ver con el desarrollo de la película.

En el prólogo de esta segunda novela, Clarke nos desvela aspectos que se mostraron diferentes entre la primera entrega y la película de Kubrick. Si bien en la novela original el destino es Japeto, en la película es Júpiter, y Clarke traza una continuidad a partir de la película y no de la novela para desarrollar la nueva historia.

La trama aborda las expediciones que se dirigen a la Discovery One para tratar de descubrir lo sucedido tras la “desastrosa” misión, dado que la información se convierte en un valor tan preciado que provoca una enloquecida carrera por alcanzarlo. El doctor Heywood Floyd viaja en una de ellas, soviética pero con algunos científicos estadounidenses a bordo. Mientras tanto, en el planeta madre las tensiones políticas internacionales se agravan y se está en una situación casi prebélica.

El ritmo de la novela es rápido, ameno y llega a ser por momentos extremadamente absorbente. Los personajes están más dibujados, ya que Clarke comienza a abandonar ligeramente la carga tan abundante de cuestiones filosóficas y evolutivas que contenía la primera entrega para centrarse en la propia historia. Esto no quiere decir que no se continúe con el planteamiento original de la saga. De hecho, creo que si has leído y/o visto 2001, esta historia supone el complemento ideal para la misma, resolviendo ciertas dudas sobre los monolitos que no aparecían en la anterior. Por supuesto, la precisión científica propia del autor sigue bañando su narrativa, aunque no llega a ser tan dura como para que un lector ajeno se pueda descentrar en el relato.

Además, la novela concluye con un final tan deslumbrante (permítaseme esta licencia literaria-humorística) y con un giro de los acontecimientos tan trascendental en la historia, no de los protagonistas y ni siquiera de la humanidad, sino del propio universo, que deja al lector omnubilado y deseoso de entregarse a la continuación.

Su principal desventaja, la única diría yo, es que la sombra de 2001 es muy alargada. Pero cumple mucho más que sobradamente con las expectativas.

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Cinco años después de “2010, odisea dos”, el reclamo comercial y algunos avances de la era espacial despejaron la posibilidad para que Clarke publicara la tercera entrega, titulada “2061, odisea tres”.

Fue muy bien recibida, e incluso Tom Hanks barajó la posibilidad de llevarla al cine, aunque transcurridos varios meses, ese deseo no llegó a materializarse.

Durante el prólogo, Clarke nos anuncia que al igual que “2010, odisea dos” no fue una continuación directa de “2001, una odisea espacial”, tampoco debe entenderse ni esta, ni la cuarta entrega, sucesores lineales de las predecesoras, sino variaciones sobre el mismo tema, con varios de los mismos personajes y situaciones también involucrados.

La pretensión de Clarke era aguardar a 1990 para recibir nuevas informaciones de Júpiter y sus lunas, pero la tragedia del Challenger retrasó varios años estos avances, por lo que el autor finaliza el texto inicial afirmando: “He decidido no aguardar”.

La novela comienza con el doctor Heywood Floyd, de 103 años, pero conservado como una persona de 65 años gracias a la mínima gravedad soportada en el hospital espacial, situado en una órbita terrestre a seis mil kilómetros.

Floyd es invitado, junto a otras celebridades, a acudir en la cosmonave Universe al desembarco en el cometa Halley, que se encuentra atravesando la zona central del Sistema Solar. Al llegar la noticia de que otra cosmonave se encuentra aislada en Europa, y que la Universe es la única capacitada para rescatarla con éxito, se aprovisiona de combustible en el propio cometa y se dirige hacia la prohibida antigua luna.

En esta obra, desciende algo la calidad de las dos primeras, algo que tampoco debería preocupar en demasía al buen lector de ciencia ficción. Tras dos obras maestras, era previsible que fuera extremadamente complicado mantener el nivel. Si esta novela hubiera sido publicada de forma independiente y alejada del universo 2001, estoy convencido que la crítica la hubiera elevado a gran novela del género.

En primer lugar, me parece imprescindible porque si ya estás enganchado a la saga, te parecerá indispensable continuar con la trama principal de Europa. Clarke además resuelve cuestiones planteadas en su inmediata predecesora, a pesar que no aborda ampliamente el misterio de los monolitos, e inserta en la trama ciertos aspectos propios de novela negra y política, que Clarke había respirado durante gran parte de su vida por culpa de la Guerra Fría.

Algunos pasajes como los aterrizajes en el cometa Halley y en Europa, plagado de fascinantes descripciones, con la imaginación tan desbordante y acertada, dejan al lector absorto en el texto.

En mi opinión, se trata de una gran lectura, si se es capaz de dejar al margen las expectativas después de 2001 y 2010, y estoy convencido que puede disfrutarse plenamente.

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Por último, nos encontramos ante “3001, odisea final”, última novela de la serie y que fue publicado originalmente en 1997, diez años después de su inmediata predecesora y veintinueve desde la primera entrega.

En ella, se narra la historia de Frank Poole, que como recordará el lector de 2001, (OJO SPOILERS) fue expulsado al espacio por HAL 9000. Siglos después ha sido afortunadamente encontrado y la tecnología del momento permite revivirlo tras permanecer en un estado de hibernación a extremas bajas temperaturas en el vacío. De esta manera y a los ojos de Poole podemos comprobar como ha evolucionado el ser humano en el milenio que ha pasado tras la primer expedición.

El cierre de la tetralogía supone una descripción de una sociedad científica utópica, que ocupa gran parte de la novela, sobretodo en su primer mitad. Además, incluye grandes reflexiones que el autor inserta de una manera habitual en sus novelas, en campos como la ciencia, la política y filosofía. El problema es que estas reflexiones que Clarke ofrece al lector ya fueron presentadas en las dos primeras entregas de la saga, lo que puede volverse algo repetitivo. Por ello, aquellos aficionados que se enfrenten a este omnibus les vendría bien un descanso entre las tres primeras novelas y la última, con el ánimo de dejarlas reposar y no incidir en los mismos pensamientos.

Tras pasar mil años desde que el monolito desenterrado en la Luna transmitiese la señal a sus originarios depositarios, la humanidad se enfrenta a la inminente y esperada respuesta. La conciencia humana sabe que esta respuesta podría suponer su extinción, dado que los entes superiores que dejaron el monolito habrían recibido la imagen más atroz de la historia colectiva del ser humano, un siglo XX lleno de guerras y devastación, y podrían haber decidido su desaparición del universo.

Destaca el prólogo, titulado “Los primogénitos” con una calidad narrativa extraordinaria, aunque el resto de la novela no alcance las cotas de las primeras entregas.

Tras dos obras maestras como “2001, una odisea especial” y “2010, odisea dos” era muy complicado cerrar la saga en todo lo alto. No cabe el reproche a Clarke por ello. No lo merece. Y tampoco sería justo rebajar la nota al omnibus editado por Penguin Random House Grupo Editorial / DeBolsillo: una edición conmemorativa del 50 aniversario de la publicación del primer libro.

En mi opinión, se trata de una oportunidad inmejorable para hacerse con toda la saga en una misma edición, y a un precio realmente escaso (14,95€) para cuatro novelas, de las que dos de ellas son auténticas obras de arte. Sin ningún género de dudas, no saldrás decepcionado. Clarke está en el top-3 de la historia de la ciencia ficción.

 

“Sembraron, y a veces, cosecharon.

Y algunas veces, desapasionadamente, tuvieron que desherbar” (pág.551)

 

 

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