Final Space

Este verano se han estrenado un buen puñado de series de esos géneros que tanto nos gustan. Uno de esos estrenos, uno de los que han pasado desapercibidos, es «Final Space», que por fin llegaba a Netflix—aunque ya se había estrenado en TNT—. Ahora que justo acaba de finalizar la segunda temporada en su país de origen, quizá sea buen momento para echarle un vistazo a la primera.

Antes de seguir, voy a ser sincera: me he enamorado de esta serie. Voy a intentar ser lo más imparcial posible; pero escribir una reseña o una crítica libre de sesgos es categóricamente imposible. Es una opinión. Elaborada, pero una opinión al fin y al cabo. Por esa razón, puede que en algunos momentos me gane mi entusiasmo por conseguir que le deis una oportunidad a esta serie. Porque, como dicen por ahí, cuantos más, mejor.

Dicho lo cual…

Quizás habría que empezar por la sinopsis, ¿verdad?

Contando las horas de un reloj que nadie ve

Gary Goodspeed es un astronauta que lleva cinco años encerrado y aislado en una nave espacial. Aunque no es que esté solo exactamente: la nave está habitada por una inteligencia artificial que lo supervisa todo, un robot de apoyo psicológico que es extremadamente molesto y un ejército de androides clónicos destartalados y apenas funcionales. Gary pasa sus días haciendo tareas de mantenimiento, sin prisa, porque ha sido un chico malo. Porque Gary, por mucho que se convenza a sí mismo de que es el capitán de la nave, es un preso cumpliendo condena por haber hecho la mayor estupidez posible para tratar de impresionar a una chica.

A Gary, que nunca estuvo bien de la cabeza pero que ahora parece más pasado de vueltas, ya sólo le quedan unos días para ser libre. Y todo va sobre ruedas hasta que en una rutina en el exterior se encuentra con la cosa más adorable del mundo: Mooncake. Y ahí es donde la aventura que hará madurar a Gary hasta convertirse en un auténtico héroe comienza.

«Final Space» es una space opera que, tras una fachada de comedia absurda con un regusto fuerte de mala leche, esconde un drama serio en el que nadie está a salvo y en el que se tratan temas de moderada sensibilidad—aunque, salvo en momentos concretos, no profundiza en ello—. Es algo muy característico de este género de ciencia ficción. También lo es mezclar elementos de otros géneros: además de comedia y drama, es la historia de un amor imaginario y no correspondido que se topa con la realidad. Es una aventura, claro; y es también una road movie en la que los protagonistas tienen que huir del imperio malvado de turno mientras tratan de salvar la Tierra—o el universo, que suena mejor.

Y por encima de todo, «Final Space» es, aunque parezca increíble, una serie sobre personajes. Son las historias tras cada uno de ellos—hasta los más secundarios— las que mueven la trama en cada episodio y las que hacen que mantengamos el interés hasta el final. La mezcla de géneros a veces no resulta del todo bien, sobre todo la de comedia y drama, ni el doble tono que tienen algunas escenas—que a veces son genuinamente tragicómicas y es difícil equilibrarlas—. Pero ver crecer la amistad entre Gary y Avocato, ver cómo Quinn pierde su soberbia, o incluso avances hacia la oscuridad como el de Pequeño Cato, es lo que hará que te olvides de esos tropiezos y desatinos. Te llegas a interesar por el destino de la mayoría de la docena de personajes que maneja. Son pocos, pero recurrentes; y muy definidos, aunque sea por cuatro pinceladas de caracterización, como Tribore, el ayudante de Quinn.

Una odisea espacial con trazabilidad

He visto comparar esta serie con «Rick y Morty» y con «Futurama», sospecho que porque son series de animación, cómicas y de ciencia ficción con un público adulto como objetivo. También he visto comparaciones con «Enano Rojo».

En mi opinión, la comparación con la primera es más que pillada por los pelos. Con la segunda, con «Futurama» tiene algo más de sentido: ambas gastan el mismo sentido del humor en las situaciones más absurdas, son aventuras en el espacio, con una tripulación mal remendada y rejuntada, y tienen personajes principales—Gary y Fry— con semejanzas. Pero ahí se acaba el juego de parecidos.

La comparación con la tercera tiene bastante sentido: los primeros compases de «Final Space»—la premisa y la dinámica de los personajes iniciales— recuerdan muchísimo a «Enano Rojo». Y no sin razón: el creador de la serie, Olan Rogers, se ha inspirado en ella. Pero «Final Space» abandona pronto ese entorno inicial y está claramente más enfocada a seguir una trama continuada capítulo a capítulo.

Si yo tuviera que compararla con otra serie de ciencia ficción, con perspectiva, más allá de los primeros capítulos y de parecidos circunstanciales, sería —y aquí es donde me lanzo un poco a la piscina— con «Farscape». No es que la serie australiana sea una fuente de inspiración clara: pero sí siento que comparte muchas similitudes en la manera de contar la historia, en las situaciones en las que se ven los personajes, en cómo esos personajes interactúan, cómo se comportan, los problemas que tienen y cómo los encaran, etc. Un espíritu, por así decirlo. Así que «Final Space», para mí, sería una versión ultraconcentrada y mejorada de «Farscape», pero con muchísimo de «Enano Rojo» en la fórmula de su creación.

Captura de Final Space Captura de Final Space

Una cuenta atrás con prisa pero con pausa

Hablando de la trama, como comentaba, es continuada. Hay toques procedimentales aquí y allá, pero son muy ligeros. La historia está guiada hacia un final que nos han adelantado desde el primer minuto del primer episodio. La serie es un flashback, el «cómo hemos llegado hasta aquí» de la escena de apertura. Pero cada nuevo episodio de la temporada empieza con un minuto más de ese «in media res» inicial: una cuenta atrás que queda atada en cierto momento—de una manera muy elegante, todo sea dicho—. El ritmo al que nos lo cuentan es muy rápido en todo momento: siempre está pasando algo. Por eso quizá las transiciones entre la comedia y el drama son tan complicadas.

Pero aunque sea acelerado, no llega a atolondrar ni nos abruma con información. No deja que el espectador se pierda complicando demasiado las cosas, ni tampoco le resta dramatismo a las escenas más duras—en las que aminora la marcha—. A veces, incluso aprovecha ese frenesí para enfatizar la brutalidad de la escena: sin meterme en spoilers, vemos un ejemplo de esto hacia el final de la serie que me recordó mucho al final de «Mobile Suit Gundam», en la batalla de A Baoa Qu.

No me extrañaría que los creativos de la serie tuviesen precisamente A Baoa Qu en mente cuando pensaron el final de temporada. «Final Space» está plagada de referencias del género, de muchos subgéneros, de la ciencia ficción. No sin razón; Olan Rogers, el cómico americano que parió este proyecto hace ya casi una década, es un amante de la ciencia ficción.

Captura de Final Space Captura de Final Space

Un ejemplo de la televisión en estos tiempos

Y es que Rogers, pese al crecimiento del proyecto desde su génesis, sigue siendo uno de los pilares creativos de la serie. Lo que en principio era una aventura familiar de un youtuber—uno muy seguido, pero youtuber al fin y al cabo—, dio un salto cualitativo con la producción de un piloto en 2016. Este piloto fue la clave para encontrar un padrino para el proyecto de una serie para televisión o streaming. Entonces entra en escena Conan O’Brien, y con él, David Sacks y Conaco, la productora de O’Brien. Al proyecto se lo empiezan a rifar un buen puñado de plataformas, y al final TBS es la cadena estadounidense que se lo lleva para su casa.

La verdad es que la historia de la producción de esta serie es muy interesante, y un ejemplo muy significativo de cómo ha cambiado el panorama de la creación de contenidos para el entretenimiento en la actualidad. Si os manejáis bien en inglés, podéis escuchar la historia completa de las propias voces de Rogers y compañía en una miniserie making of absolutamente dramática y cómicamente exagerada que han subido a YouTube.

Bonita de ver, bonita de escuchar

Pero, volvamos a lo que nos trae. Técnicamente la serie es sólida: la animación es fluida y es raro ver el dibujo distorsionado. Seguramente a que esto sea así ayudan unos diseños sencillos que recuerdan mucho a una mezcla de los diseños de «Padre de familia» y los de «Futurama». Pero más allá de esa sencillez y claridad de los diseños, la serie utiliza muchos efectos visuales atractivos, algunos curiosamente de muchos usos en el anime. El diseño de color es vivo y adecuado a cada ambiente. Y sorprendentemente, todo es animación tradicional: la serie sólo utiliza 3D en la intro.

El elenco de voces originales también es digno de mención. Cuenta con gente relativamente inexperta en el trabajo: como el propio Olan Rogers, que le da voz a Gary, Mooncake y Tribore sin dificultades ni solapamientos. Con gente tan experimentada como Tom Kenny, quien dota de muchísima personalidad al fantástico HUE. O con nombres reconocibles para el público general y bastante experiencia como actores de voz: como David Tennant, que da vida al maligno Lord Comandante. Ver la serie en versión original es una experiencia agradable; pero el doblaje español va muy en la línea del americano, es de calidad y es una buena opción para los que prefieran verla en castellano.

Quedaría hablar de la música. La música. La música es muy buena. No me refiero sólo a la que se ha compuesto para la serie—el score instrumental propiamente dicho—, que es diversa y muy en la línea de otras space operas. La propia banda sonora, las canciones seleccionadas e integradas en la serie y los temas específicamente creados como insert songs, son uno de los puntos más fuertes de «Final Space». Y han sido usadas en la serie con muy buen tino. Hasta la fecha no hay publicado ningún álbum oficial, pero es posible encontrar muchas de las canciones de la banda sonora en sitios como YouTube o Spotify, incluidos dos temas originales.

Lo que queda por venir

Este pasado lunes terminaba la emisión de la segunda temporada en Estados Unidos, y aún no se ha anunciado una tercera temporada. Las audiencias de la emisión no son especialmente llamativas, pero la serie ha ido ganando apoyo poco a poco en la red y tiene una pequeña pero activa comunidad de fans. Sería extraño que la TBS o alguna otra plataforma no la renovara para una tercera temporada.

Aunque «Final Space» no sea una serie perfecta, aunque no sea original en su planteamiento ni tampoco haga alardes de una calidad técnica excepcional, es un producto bien hecho, muy entretenido, divertido y con mucho más que ofrecer de lo que en un primer vistazo nos pueda parecer. Si continúa manteniendo este nivel, quizá se acabe convirtiendo en un clásico del género de esta década—uno modesto, pero aun así en el top—. Sólo el tiempo lo dirá. Por ahora, no sería nada arriesgado afirmar que es una serie que, con seguridad, hará las delicias de aquellos que somos fanáticos de la ciencia ficción y de la animación.

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