Wonder Woman 14Tras los hechos acaecidos en anteriores números, con aquel Egeo dispuesto a arrebatarle el título de dios de la guerra a Diana, con una Donna Troy en plena redención y la diosa de la paz Irene perturbada porque Wonder Woman contenga el poder bélico que daba sentido a su divinidad, parece que todo ha vuelto a la normalidad en el Olimpo.  Sin embargo, algo no va bien: Zeke, hijo de Zeus, está enfermo.

Meredith Finch nos trae en este Wonder Woman 14 de ECC, un último arco del nuevo (que ya no es nuevo) universo DC muy arraigado en los mitos griegos y en sus conspiraciones entre dioses. Iniciado el número 49 USA, Hera, la diosa regente, muestra sus preocupaciones a Diana, argumentando que un Olimpo sin Zeus ni Apolo y con nuestra protagonista y Donna Troy sustituyendo a Ares y a los Hados respectivamente no es un lugar realmente estable. La enfermedad de Zeke, considerado la nueva encarnación de Zeus, es el síntoma visible de ello.

Para solucionar tal problema, Hera decide enviar a Wonder Woman a las entrañas de la tierra para buscar a Gea, la diosa madre tierra y de la vida. Como se cuenta en la Teogonía de Hesiodo, Gea ayudó durante la Titanomaquia (la guerra entre titanes y olímpicos) a Zeus, pero sin embargo se enfrentó a éste de forma indirecta en la Tifonomaquia, por lo que la encontramos aquí de forma ausente y esquiva, representada como diosa ctónica embarazada, algo así como una versión moderna de la Venus de Willendorf. Como se observa, Finch ha hecho sus deberes perfectamente y se ha empapado de la mitología griega para fundamentar la historia.

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Sin embargo, será con Hécate con quien se encuentre Wonder Woman en el santuario de Gea, lo cual es bastante interesante desde el punto de vista mítico, ya que Hécate comenzó siendo una diosa forastera de las tierras salvajes y los partos, a semejanza de Gea (aunque no cosmogónica, es decir, sin participar en el origen del mundo) y acabó convirtiéndose en diosa de la hechicería griega, ayudando además a Zeus en la Titanomaquia, hecho por el cual comprobamos que a pesar de no ser una olímpica esté libre y no castigada en el Tártaro. Sin embargo, David Finch no ha aprovechado las posibilidades que daba la diosa mitológica que tradicionalmente se representa con tres cuerpos o con las cabezas de tres animales, sino que ha apostado por una forma reptiliana.

Wonder Woman 14Sea como fuere, Hécate le advierte, hechicería mediante, sobre la verdadera naturaleza de los olímpicos y en especial, de Hera, que según su versión pretende hacerse con el trono del monte Olimpo a costa del propio Zeke (en el Canto XIV de la Ilíada se puede observar un fallido intento). Wonder Woman, mostrando su credulidad, acepta el encargo de la diosa nigromante y traerle los orbes del estanque de la clarividencia de Hera para que pueda practicar el hechizo que, según asegura, salvará al hijo de Zeus.

En el número 50 USA, Diana se infiltrará cual Odiseo a su regreso a Ítaca y, además de robar los citados orbes, comprobará como las pulsiones, las sombras y los celos de los dioses son cuantiosos y crueles. La propia familia de olímpicos a la que pertenece se vuelve poliédrica y más allá del bien y del mal. Recordemos que estos son los dioses griegos, divinidades trágicas y amorales, nada tienen que ver con la perfección monoteísta de creencias posteriores, por lo que aquí aparecen perfectamente representados como una corte shakesperiana.

Nadie se salva de los conflictos y las confabulaciones, siquiera los renacidos Ares, Artemisa o Apolo, mucho menos Hera ávida de poder o Hefesto, maltratando a los cíclopes que tiene esclavizados en su forja. La trama vuelve a estar interconectada y conectada a los auténticos mitos, ya que éstos cíclopes eran tres, Brontes, Estéropes y Arges, hijos de la propia Gea, y fueron liberados del tártaro por Zeus para que le forjaran los rayos con los que destronó a su padre Cronos en la Titanomaquia.

También crearon el tridente de Poseidón, las flechas de Artemisa o el casco de Hades, por lo tanto, su inclusión en las forjas del dios herrero está totalmente justificada, mostrándose desde otro prisma: Zeus los liberó, sí, pero sólo para ser subyugados al arduo trabajo de la metalurgia.

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Diana será incapaz de rescatarles, tal es el poder mágico de las cadenas que les atan. Sin embargo, podrá entregarle los orbes a Hécate. Ésta le revela que, para ganar el favor de Gea, debe rescatar a los hijos de la diosa, encerrados por Zeus. Ya hemos visto a tres de ellos, los cíclopes, pero faltan los hecantónquiros (gigantes de cien manos y cincuenta cabezas) y Tifón, un ser monstruoso y draconiano creado por la diosa madre para vengarse de la derrota de los titanes (los primeros hijos de Gea). Como se cuenta en la tifonomaquia, Zeus lo derrotó y confinó bajo el monte Etna. Wonder Woman correrá presta a cumplir la tarea, pero eso le llevará a enfrentarse a su antecesor, Ares, y a discernir la naturaleza de Tifón.

Wonder Woman 14Interrumpe la trama el mini-capítulo llamado No se puede cambiar el destino, con guión de Meredith Finch y dibujo de Miguel Mendonça, que continuará a los lápices hasta el final del tomo. Una historia conclusiva que cierra decentemente el destino de Donna Troy. Precisamente, Destino es la nueva función que ejerce ella como sucesora de los hados, y será aquí donde aprenda y se debata en las implicaciones deterministas que pueda suponer controlar el futuro y el final de todos.

Retomando la historia en el 51 USA, a Diana sólo le queda encontrase con los hecatónquiros, apresados en el Tártaro (en los mitos, tanto Urano como Cronos los encerraron allí, pero Zeus los mantuvo a las puertas como guardianes). Sin embargo, serán sus temores hechos realidad lo que encuentre Wonder Woman en este abismo de sufrimiento, un verdadero infierno comparado con el inframundo de Hades. Todas las pesadillas serán falacias excepto una: la que le convenza de que está siendo manipulada.

El 52 USA marca el final de este último arco argumental antes de adentrarnos en lo desconocido con Rebirth. Wonder Woman deberá discernir sus lealtades y elegir el paso correcto en un Olimpo lleno de dioses que pugnan espoleados por su egoísmo. Se descubrirá aquí qué quiere Hera y qué anhela Hécate. Elegir entre dos opciones cuando una de ellas es bondadosa y la otra malvada es tarea fácil, pero, cuando ambas partes tienen luces y sombras y su fin consiste en cumplir sus deseos, la decisión se torna bien difícil.

Meredith Finch hace aquí su mejor trabajo en la cabecera, insistiendo en los puntos fuertes que ya había constatado en anteriores tomos, como es el conflicto entre dioses griegos y sus conspiraciones internas. Añade una profundidad aún mayor cuando se vale de los propios mitos clásicos para tejer la trama y llega hasta un punto en el que tanto la mitología como el cómic forman una unidad, aunque con los dioses y sus motivaciones trasladados al pensamiento contemporáneo. No en vano esta humilde reseña se recrea en todos estos detalles.

Wonder Woman 14Es cierto que podríamos alegar que la faceta de Wonder Woman como superheroina o como miembro de la Liga de la Justicia han desaparecido aquí, pero si nos cuentan una historia bien hilada, sin flecos ni cabos sueltos (quizás, los hecatónquiros o la utilidad de los orbes) enseguida nos olvidamos de esas faltas que solo servirían para contentar a fans acérrimos. Eso sí, hay un aspecto de esta Wonder Woman que desconcierta, sobre todo siendo dueña del lazo de la verdad, pero que se transforma en necesario para el desarrollo de la trama: su credulidad.

David Finch y el portugués Miguel Mendonça dan mejor de sí mismos recreando la imaginería grecolatina trasladada a la actualidad. Además de un dibujo realista muy por encima de la media de las anteriores entregas, éstos se recrean en los diseños de personajes y lugares mitológicos (los cíclopes, Hécate, Tifón, el santuario de Gea, el Tártaro, el Olimpo…) dotándolos de personalidad y rasgos diferenciadores, y aunque no aprovechen todas las posibilidades gráficas que da la tradición griega, se agencian más de una idea (la capa de plumas de pavo real de Hera, los pinchos de Hécate, Gea como diosa gestante…) para imbuirlas en una estética actual muy en consonancia con la propia serie. La colaboración puntual de Johnny Desjardins sigue la misma línea en un nivel más discreto, uniendo sinergias en un trabajo coherente en el que aun así puede diferenciarse el trabajo de cada uno.

¿Discernirá Wonder Woman qué es lo correcto entre las aspiraciones egoístas de los dioses? ¿Volverá a restablecerse el equilibrio del Olimpo? Para eso tendréis que leer el cómic. Tras eso, lo que nos espera en Rebirth es aún desconocido.

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