Mario despega en Switch con una odisea que quedará grabada en la retina de todos los jugadores.

Desde que Nintendo, y más concretamente Shigueru Miyamoto, dieran forma a Super Mario. Bros en 1985, hemos visto cómo el fontanero más famoso de los videojuegos ha evolucionado de forma constante año tras año. La llegada de Super Mario 64 supuso el mayor cambio en la historia de la saga gracias a una aventura 3D que ofrecía mucho más de lo que los jugadores podían llegar siquiera a imaginar. Los escenarios gigantescos llenos de detalles y secretos mantuvieron enganchados a los fans durante meses y, a día de hoy, se sigue considerando esta entrega como una de las mejores de la saga.

Con la llegada de GameCube, Nintendo siguió la fórmula de más y mejor para Sunshine y, aunque muchos lo consideran inferior a Super Mario 64, esta entrega introdujo algunas de las mecánicas más interesantes de los Mario 3D que se han seguido utilizando en entregas posteriores. Tras Sunshine, Nintendo reconvirtió los Mario 3D en experiencias más cercanas a los Mario 2D tradicionales, con escenarios más pequeños y objetivos directos, como hemos visto en Galaxy o Super Mario 3D World y, aunque fueron grandes títulos, quedaron lejos de la experiencia conseguida con Mario 64.

Ahora, tras lanzar Switch con una de las mejores entregas de la historia de The Legend of Zelda, Nintendo repite hazaña con Super Mario Odyssey, una de las mejores aventuras del fontanero y, sin duda, la más revolucionaría de todas.

En parte, Super Mario Odyssey sigue los pasos vistos hace unos meses en Breath of the Wild ya que Nintendo no solo ha buscado crear la mejor entrega vista hasta el momento, sino que se ha esforzado por reinventarse, por aplicar nuevas mecánicas y por derribar hasta los cimientos todos los elementos que considerábamos inamovibles en un Mario tradicional.

Super Mario Odyssey recupera el concepto de mundos abiertos —esta vez algo más grandes que lo visto en Sunshine— y nos da total libertad para afrontar los retos con el ritmo que queramos y en el orden en el que nosotros decidamos. A diferencia de las Estrellas y los Soles de 64 y Sunshine, aquí no accederemos al mundo con el objetivo de conseguir una Energiluna en concreto —que usaremos para dar energía a la Odyssey para viajar de mundo en mundo— sino que, una vez dentro de un nivel, tendremos total libertad para buscar decenas de Lunas en una misma partida.

Cada mundo cuenta con decenas de Lunas ocultas detrás de cada esquina y no será extraño encontrar cuatro o cinco en el lapso de un par de minutos. Algunas las encontraremos solo con andar por el nivel, otras requerirán de cierta habilidad y, otras muchas, serán un auténtico desafío reservado solo para los que busquen completar el cien por cien del juego. De hecho, completar la historia principal es solo el primer paso de un juego que invita a continuar jugando horas después de haber completo el combate final. La cantidad de secretos, mundos y detalles que podremos descubrir en el endgame ya justifica la compra del juego, pero ese es solo uno de los grandes puntos fuertes de un título que lo hace todo bien.

En la práctica, cuando disfrutamos de cualquier título de plataformas 3D lo que buscamos es que el control sea sencillo y, sobre todo, preciso. Pues bien, Super Mario Odyssey no solo lo hace bien, sino que lo hace perfectamente. Tras unos minutos controlando a Mario seremos capaces de medir al milímetro la distancia de los distintos saltos, movernos con precisión entre plataformas diminutas y hacer todo tipo de acrobacias imposibles de forma totalmente natural e intuitiva. Esto, que parece algo básico en cualquier juego, ha demostrado ser el gran talón de Aquiles de propuestas tan interesantes como Yokaa-Laylee y, sin embargo, Mario Odyssey lo hace a la perfección sin despeinarse.

La cámara es otro de los grandes puntos fuertes del proyecto y, es que, suceda lo que suceda, Nintendo siempre nos da el mejor ángulo posible para continuar avanzando sin problemas. En más de 25 horas de juego, no hemos tenido problemas con la cámara ni una sola vez, ni siquiera en los momentos en los que saltábamos de un lado para otro intentando hacer trampas para llegar más rápido a una Energiluna especialmente complicada. Es cierto que podemos modificar el ángulo de la cámara de forma manual en todo momento, pero lo haremos más por comodidad o gustos propios que por un problema de visión real.

Como comentábamos anteriormente, explorar y buscar Energilunas siempre es divertido, y lo es, básicamente, por dos conceptos: el diseño de niveles y Cappy, el nuevo compañero de Mario en esta aventura.

Cómo habréis podido ver en los vídeos del juego, en Odyssey Mario va acompañado de Cappy, una criatura capaz de controlar a cualquier criatura sobre la que se pose y, gracias a ello, el juego nos abre un abanico de posibilidades infinito que da lugar a un sinfín de situaciones irrepetibles y extremadamente divertidas a cada paso. Nada más empezar a jugar, tendremos la oportunidad de ponernos en la piel de una rana para saltar más alto y llegar a una plataforma elevada, poco después controlaremos un Chomp Cadenas para destrozar un muro de piedra y, antes de darnos cuenta, estaremos volando a toda velocidad en forma de Bill Bala para llegar a una plataforma que parecía inaccesible. La posibilidad de controlar a prácticamente todos los enemigos nos da la posibilidad de ser los propios dueños de los mundos que exploramos, de superar las pruebas a base de ingenio y creatividad y no siguiendo el patrón marcado por los desarrolladores. Ellos nos dan las herramientas, pero somos nosotros los que decidimos cómo y cuándo usarlas y os aseguramos que esa sensación es impagable.

Tenemos que admitir que, antes de probar el juego, pensábamos que las diferencias entre controlar a uno u otro enemigo serían mínimas, y que la mayor parte del tiempo la pasaríamos superando los niveles de forma tradicional, pero, una vez puestos a los mandos de Mario, no nos ha quedado otra que tragarnos nuestras palabras. Cada vez que controlamos a un enemigo, parece que cambiáramos por completo la jugabilidad del título. Ponernos en la piel de un Goomba nos permite andar por el hielo sin escurrirnos, controlar un tanque transforma el juego en un shooter en tercera persona en el que incluso tendremos que aprovechar las coberturas y, en ninguno de los casos, el control es igual al de otro enemigo. Todos tienen particularidades, distintos pesos, velocidades o saltos y eso es algo que tendremos que aprender a dominar y controlar si queremos conseguir la enésima Luna del nivel antes de empezar la búsqueda de la siguiente.

Pero todo el trabajo vinculado a Cappy no tendría sentido si el juego fallara en el diseño de niveles, por suerte, en esta ocasión visitaremos algunos de los mejores niveles de toda la historia de la franquicia. Cada vez que visitamos un nuevo mundo tenemos la sensación de estar ante una serie de elementos inconexos puestos al azar sin demasiado mimo en medio de un terreno vacío, pero, cuando empezamos a explorar, descubrimos que en realidad estamos ante un puzle gigantesco en el que cada plataforma encaja a la perfección con el resto del mapa para crear una estructura perfectamente estudiada que nos lleva de un punto a otro resolviendo mini desafíos continuamente. Por ejemplo, llegar a una plataforma en medio de un lago nos permite viajar a través de un cable eléctrico hasta una zona elevada y, desde allí, entrar en una tubería para explorar una mazmorra. En ese recorrido hemos podido superar varios puzles y conseguir varias Lunas casi sin darnos cuenta de nuestro progreso y, esa, es precisamente la magia del título.

En lo que respecta al apartado técnico, el juego se mueve en todo momento a 60 fps y 1080p en modo dock, bajando a 900p en modo portátil y manteniendo esos 60fps sin ningún tipo de esfuerzo. La fluidez con la que ocurre la acción en pantalla es sublime y la cantidad de detalles que veremos de forma simultánea durante las 20, 30 o 40 horas que pasemos guiando a Mario en su odisea demuestran, una vez más, que más que un apartado gráfico potente, lo que de verdad termina definiendo a un videojuego es su apartado artístico y aquí Odyssey tiene mucho de lo que sentirse orgulloso.

Cada uno de los niveles es totalmente distinto al resto y eso significa que viajaremos por desiertos, paramos helados, ciudades de corte realista, junglas y todo tipo de paisajes que se quedarán grabados en nuestras retinas gracias a su gran apartado artístico.
A nivel sonoro el juego cuenta con más de 30 temas que beben directamente del jazz y que, por primera vez en la saga, no suenan de forma continua en el nivel. De forma similar a lo que ocurría en Breath of the Wild, en Super Mario Odyssey tendremos momentos en el que solo estaremos acompañados por el sonido de las pisadas de Mario y del soplar del viento, reservando las canciones para las zonas más activas de cada nivel. Este sistema permite dar mayor relevancia a las zonas de interés, ya que estarán siempre acompañadas por alguna de las melodías del juego.

Conclusión

Super Mario Odyssey es otro soplo de aire fresco dentro del catálogo de una consola que empieza a generar una ventisca con las diferentes propuestas que han visto la luz solo durante estos meses. El título consigue reinventar el concepto de Mario 3D añadiendo profundidad a los niveles, variedad a las mecánicas y un desafío creciente apto para todo tipo de jugadores. Quien busque una aventura para pasar el rato podrá disfrutar sin problemas durante horas, pero, quienes busque un título que sea exigente para completarlo al cien por cien, hallarán una obra que los mantendrá pegados a los mandos durante semanas.

Si el nivel de calidad que se ha autoimpuesto Nintendo con sus desarrollos en Switch se mantiene a esta altura, es posible que nos encontremos ante la consola con el mejor catálogo de la historia de la compañía.

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