Entre las especies de cetáceos asesinadas aquí cada año destacan los delfines nariz de botella, los delfines de Risso, ballenas piloto, delfines listados, falsas orcas y delfines pantropicales.

La caza de cetáceos de todos los tamaños ha sido durante siglos una actividad esencial para el mantenimiento de culturas con escaso acceso a la carne. Posteriormente, esta se volvió una actividad comercial que estuvo muy cerca de conducir a la extinción a varias especies de ballenas. En el año 1946 se creó la Comisión Ballenera Internacional con el objetivo de regular la caza de estos animales. Pronto, la comisión se tornaría en una mero actor burocrático gobernado por los intereses de las naciones balleneras, y el papel de la defensa de los cetáceos quedaría en manos de ONGs como Sea Shepherd y The Dolphin Project del exentrenador de delfines Ric O´Barry. En la actualidad, con la necesidad de dar caza a estos animales en busca de su aceite ya olvidada, y la abundancia de alimentos en el mundo desarrollado, no deja de llamar la atención que la matanza de cetáceos se mantenga como fiesta popular en lugares con elevados niveles de renta per capita, como las islas Feroe.

También debe resultar curioso ver cómo la serie “Flipper” condujo a un auge en el reclamo por parte de los acuarios de delfines en cautividad. Estos animales apenas se habían cazado o mantenido cautivos antes de que la serie de televisión popularizara a estos animales. Fue en esos momento, en los años sesenta, cuando el pueblo de Taiji, en Japón, comenzó a desarrollar su infame caza piloto para abastecer a acuarios de todo el mundo.

Cada año, el último día de Agosto, se abre la temporada de caza de cetáceos en Taiji. Durará seis meses y se cobrara decenas de vidas de delfines y calderones de forma diaria. Con el único freno de las inclemencias del océano. Y es que cuando uno solo de estos ejemplares vivos puede valer decenas de miles de euros, ningún pescador se plantea descansar, siquiera en las festividades. Allí, en Taiji, se mata todos los días.

Pero ¿en qué consiste la caza piloto o drive hunt? Cada mañana, antes del amanecer, un grupo de barcos se hacen a la mar. Buscan manadas de cetáceos a las que interceptan en sus rutas migratorias. Una vez localizados, los grupos son conducidos mediante un cerco acústico creado por las barcos, con el que los desorientan y se aseguran que ningún ejemplar abandone la valla virtual erigida entre cada barco. De este modo los conducen a una cala en Taiji. Ya en la cala, los retienen entre la playa y redes para evitar que escapen.

El siguiente paso en el proceso consiste en la selección. En esta se apartan a los ejemplares más atractivos y aptos para el cautiverio del resto. Los animales no seleccionados serán sacrificados y su carne vendida para el consumo humano. El sacrificio de uno de estos animales consiste en arrastrarlo hasta la playa, donde se le cercena de forma ineficaz la columna vertebral con un arpón que introducen por el espiráculo -el orificio por el que respiran ballenas y delfines. Después, se coloca un tapón en los espiráculos para facilitar la muerte del animal agonizante. Estas muertes, según reveló un estudio publicado en el año 2013 por el Journal of Applied Animal Welfare Science (A Veterinary and Behavioral Analysis of Dolphin Killing Method Currently Used in the “Drive Hunt” in Taiji, Japan. Butterworth et al.), conllevan un gran nivel de sufrimiento fisiológico así como psicológico, siendo los delfines animales con una inteligencia, un concepto de grupo y consciencia propia que en determinados aspectos puede superar a la del ser humano.

Los animales seleccionados para el cautiverio serán entrenados en jaulas flotantes, donde se les privará de alimento hasta límites que les acerque a la muerte. Estos animales serán alimentados durante el resto de sus vidas con peces cargados de antibióticos y ansiolíticos.

Los defensores de las drive hunt sostienen que esta es una actividad tradicional de los pueblos costeros japoneses y que dependen de ella para tener acceso a la carne. Sin embargo, no existen registros de la práctica de cazas piloto antes del boom de los cetáceos en parques acuáticos de los años sesenta. Por otra parte, ningún habitante de Taiji ni de los pueblos cercanos se alimentará de la carne de estos animales. Queda demasiado fresco en sus memorias el recuerdo de la “enfermedad de Minamata”, que causara la muerte de miles de personas y el nacimiento de cientos de bebés con malformaciones por el vertido de mercurio a la bahía de Minamata y la alimentación de la población con carne de delfines y peces que presentaban este metal pesado acumulado en sus tejidos corporales.

En cambio, se sabe que cientos de estos cetáceos son adquiridos anualmente por parques temáticos de todo el mundo. Los principales exportadores son China, Rusia, Turquía, Dubai y Corea. Queda claro entonces que son los beneficios económicos y no la alimentación los que hacen sostenible este sistema de caza.

La controvertida actividad ya fue merecedora de un documenta. The Cove -La Cala, en español-, ganadora del Oscar al mejor documental largo en el año 2010, muestra el día a día de la caza de cetáceos en Taiji durante los seis meses que dura la caza. En el documental se ofrecen imágenes de gran crudeza y se muestran las opiniones de conocidos activistas así como la de científicos especializados.

La caza de delfines, al margen de ser moralmente reprochable por el asesinato indiscriminado e innecesario de cientos de organismos con una sensibilidad equiparable a la humana, es un acto ecológicamente absurdo e incluso terrorista contra la salud de nuestros océanos. De continuar con este método de purga sistemática de organismos situados en la cumbre de la pirámide alimentaria, el equilibrio ecológico y trófico mantenido en los mares de todo el mundo por estos animales y otros, también amenazados por la pesca criminal, sufrirá un brusco viraje. Un cambio que quedará bastante lejos de beneficiar al ser humano.

Entre las especies de cetáceos asesinadas cada año en Taiji destacan los delfines nariz de botella, los delfines de Risso, ballenas piloto, delfines listados, falsas orcas y delfines pantropicales.

La caza llevada a cabo en Taiji ha recibido críticas internacionales a todos los niveles. Se suman así estás críticas a las dirigidas por la caza, aún activa, de ballenas por parte de la flota japonesa; actividad prohibida por el Tribunal Internacional y condenada por ONGs y grandes naciones, así como desautorizada por cientos de voces científicas especializadas en la investigación marina.

Fuente: Tand Online.

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