Ha llegado la hora de volver a la oscuridad, a explorar lo sobrenatural, a sentir escalofríos en cada página gracias al grandísimo e inigualable Junji Ito, maestro del manga de terror donde los haya; y a sus “Relatos terroríficos”, una colección de mini historias editadas en España por ECC.

O eso creía yo, porque después de leer el tomo 11, me he quedado un poco fría, y no en el buen sentido. Como todos los creadores sabrán, la inspiración no siempre acompaña y no todo lo que se hace son obras de arte. En cada volumen de esta serie nos hemos encontrado con grandísimos relatos, con otros que pasaban sin pena ni gloria, y con algunos que te hacían preguntarte: ¿de verdad Ito ha escrito esto? ¿El mismo Ito de “Uzumaki”? Pues en el volumen que nos ocupa, la mayoría de las historias pertenecen a este último grupo.

Relatos terroríficos” 11 consta de seis historias, dos o tres más de lo normal, lo que ya avisa al lector de que serán híper breves, y eso de que si lo bueno es breve, dos veces bueno es una mentira como un camión. Por lo menos en cuanto a la narrativa de Junji Ito.

En “Morir joven”, la primera de las historias del tomo, una extraña epidemia de belleza se expande por un instituto japonés. Pero el atractivo tiene un precio, una vida corta, muy corta. ¿Qué serías capaz de hacer por mantener tu belleza? Aunque con una premisa bien planteada y un misterio que mantiene el interés, el final de esta historieta resulta muy forzado, como si hubiesen cortado la trama a la mitad para encajarla en determinado número de páginas. Lo que termina por dejarte colgado sin resolver nada. Si lo sumamos a que de terrorífico tiene más bien poco, estamos ante un relato pobre.

El tomo gana algunos puntos con “Escalofríos”, que como su mismo nombre indica, no es un relato que disfrutarás (¡vaya, justo lo que espero de este género!), especialmente si tienes tripofobia (miedo o incomodidad al ver grupos de agujeros) a cualquier nivel. Aquí, un chico llamado Yûji descubre que la enfermedad de su vecina, que le causa agujeros en el cuerpo, y la muerte de su abuelo están relacionadas por una misteriosa talla de un insecto de jade. Lo explícito de las imágenes y el elemento sobrenatural te hacen esperar una auténtica obra de arte… pero otra vez llega un final sin sentido que hace trizas todo el horror construido en la historia. No obstante, el mal cuerpo que te deja “Escalofríos” sabe al mejor Junji Ito y hace que merezca la pena darle una oportunidad a este relato.

Los espantapájaros” es el primer relato verdaderamente autoconclusivo de este volumen. En él, los vecinos de un pueblo comienzan a colocar espantapájaros en el cementerio, y estos toman la forma de sus seres queridos fallecidos. Aunque no pueden moverse, estas criaturas son capaces de decirlo todo con una mirada de tristeza o de odio, y hay quien piensa que incluso poseen voluntad propia. Bien desarrollado y con un final que insinúa sin mostrar, es la historia más equilibrada del tomo.

Junto a “En la tierra”, la sexta y última, donde un grupo de antiguos alumnos se dispone a desenterrar la cápsula del tiempo que guardaron veinte años antes, mientras van recordando sus días de instituto y que no todos se llevaban precisamente bien. Sí, esta historia arranca algo lento, y su final es bastante predecible, pero está bien pensada, y su toque ochentero hollywoodiense le da un toque fresco y divertido.

La nota de despedida” nos presenta a una familia que, después de que una de sus hijas se haya suicidado y dejado una nota con una maldición, se ven acosados por su fantasma. Las intenciones de la chica muerta, y lo cogidas por los pelos que están, desembocan en una historia aburrida y sin ninguna chispa.

De “¡Cuasicolisión!” casi es mejor no hablar. Es un despropósito surrealista que tira de cliché y que resulta más ridículo que terrorífico. Quita más de lo que aporta al tomo, y hubiese sido mejor que las páginas que ocupa se hubiesen utilizado en extender alguna de las historias más interesantes. Un avión de pasajeros desaparecido, unos protagonistas que curiosamente tienen una avioneta para ir a buscarlo, y fantasmas. Supongo que no hace falta que diga más, ¿cierto?

En definitiva, nos encontramos ante un tomo bastante insípido, al que le faltan originalidad, finales mejor tratados y sobre todo, terror. Solo dos de las historias consiguen inquietar un poco, y se debe más a la fuerza del dibujo de Ito, al contraste entre sus claroscuros y a su habilidad expresiva, que a la trama en sí.

Una selección desafortunada de historietas flojas que convierten este tomo en el más mediocre de los “Relatos terroríficos”. Legible, sí, pero sin esa maestría que caracteriza al autor y que aquí brilla por su ausencia.

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