¡Paren las máquinas!, de Michael Innes: misterio y humor para lectores avezados
Fran Sánchez. 23/10/2017  
Encontrado en http://www.fantasymundo.com/articulo.php?articulo=8781
     Pródiga en páginas, personajes y referencias, esta novela es un buen exponente de la variante más sofisticada de la novela enigma.
Portada de ¡Paren las máquinas!, de Michael Innes«¡Paren las máquinas!» es el segundo título del escritor escocés Michael Innes que la Biblioteca de Clásicos Policiacos de Ediciones Siruela recupera para los lectores españoles. Antes vino «Muerte en la rectoría», precisamente su primera novela y en la que introduce ya al personaje del culto y reservado inspector de Scotland Yard John Appleby, protagonista también de esta historia.

El lector de literatura de género está acostumbrado a desenvolverse entre categorías y subcategorías, a menudo de definición no del todo precisa y con fronteras más o menos difusas. En este caso podemos hablar de género policiaco y, dentro de él, de novela enigma (también llamada –aunque cada nombre pueda tener sus matices- novela problema, de misterio, detectivesca, de intriga, whodunit, de “jarrón veneciano”…).

Ocurre, sin embargo, que inevitablemente la categorización tiene sus límites y pueden compartir una misma etiqueta obras muy dispares. Entre el Harry Dickson de Jean Ray y el Peter Wimsey de Dorothy L. Sayers media un océano en muchos aspectos de las obras que protagonizan, sin que por ello un mismo lector no pueda disfrutar tanto de la sencillez directa de uno como de la culta complejidad de otro. 

Siendo éste ya el octavo título de la Biblioteca de Clásicos Policiacos, las diferencias entre las obras publicadas dentro de esta colección de Siruela empiezan a hacerse evidentes, y las novelas de Michael Innes destacan entre las demás por la elaborada artificiosidad de las tramas, la perspicacia de las reflexiones de los personajes y la cultura que empapa escenarios y diálogos.
 
Da la impresión a veces de que Innes no tiene ninguna prisa en hacer avanzar la trama del misterio, empleándola como una mera percha de la que ir colgando todo aquello que quiere decir sobre la vida y las personas. El lector, si es perseverante, se lleva al acabar la obra no solo unas horas de entretenimiento, sino también un buen puñado de ideas que a menudo diseccionan con finura y profundidad aspectos de la vida cotidiana.

El profesor universitario que fue casi toda su vida Innes asoma detrás de cada párrafo.

En las cuatrocientas páginas de «¡Paren las máquinas!» esto se pone de manifiesto a medida que la intriga transcurre sin grandes sobresaltos, pero con el despliegue de una numerosa galería de personajes que intercambian diálogos y entablan duelos dialécticos ante la mirada de un lector interesado más por el aspecto humano de las situaciones que por la acción en sí, lo que no quiere decir que la tensión psicológica que empapa el ambiente (Innes estudió psicoanálisis durante un año en Viena) lo deje indiferente.

Innes construye una obra que es al mismo tiempo novela enigma y comedia de costumbres, rebosante de excentricidad y de un humor inglés muy personal.

La trama de esta novela gira en torno a “La Araña”, popularísimo y muy rentable personaje creado por escritor Richard Eliot, que parece haber cobrado vida y estar decidido a amargar, con bromas pesadas, la de su creador. Tras treinta y siete novelas de éxito -en las que el personaje experimentó una evolución que lo llevó de genio del crimen a hábil investigador al lado de la ley- que trajeron la seguridad y el bienestar material a la familia de Eliot, ahora alguien parece querer volver al personaje en su contra.  

La presión de la situación parece estar haciendo mella en la salud mental del autor. Para tratar de ayudarle, su hijo Timmy convence a uno de sus profesores en Oxford, Gerald Winter, para que lo acompañe a la fiesta anual que reúne en la residencia Rust, hogar del escritor, a un variopinto grupo de personas relacionado de una manera u otra con su creación: editores, actores, secretarias, colegas de profesión, parientes que viven a su costa… Allí Winter pretende resolver, con dudosa confianza en sí mismo, el misterio de las acciones de “La Araña”, ejerciendo de investigador aficionado.

Otro investigador, pero en este caso profesional, se persona también en la residencia Rust. El inspector Appleby llega invitado por la otra hija del Richard Eliot, amiga de su hermana, para tratar de esclarecer lo que está pasando, aunque no oficialmente, sino en su tiempo libre.

Pero los invitados a la residencia Rust no son los únicos forasteros llegados a la zona, pues en la vecindad se encuentra un turbio coleccionista de arte, el señor Shoon, de renombre mundial por su colección pero también por sus actividades como traficante de armas (no olvidemos que la novela fue escrita en 1938). Para visitar su colección se han acercado algunos colegas de Winter en Oxford y otros personajes más oscuros.

Con estos elementos, Innes construye una obra que es al mismo tiempo novela enigma y comedia de costumbres, rebosante de excentricidad y de un humor inglés muy personal, no exento de un punto de amargura, tan perspicaz como implacable con la naturaleza humana.

Es también una sátira despiadada de los ambientes académicos y editoriales, que el autor conocía bien por su condición de profesor en varias universidades y de autor de novela policiaca. 

Michael Innes es, en realidad, el seudónimo de John Innes Mackintosh Stewart (1906-1994) un escritor, crítico literario y profesor de literatura escocés que es conocido sobre todo por su trayectoria como autor de novelas policiacas.

Michael Innes

Su carrera como autor de ficción policiaca comenzó a raíz de que, en 1936, abandonara Inglaterra para ser profesor de literatura inglesa en la Universidad de Adelaida, en Australia. Aburrido durante las largas travesías, escribió su primera novela del género, a la que seguirían muchas otras. Estos méritos le valieron ser admitido dentro del prestigioso Detection Club en 1949.

«¡Paren las máquinas!», publicada en 1939, es la cuarta de las novelas de Innes protagonizada por el inspector de Scotland Yard John Appleby, sus personaje más famoso.

La impecable traducción del inglés ha corrido a cargo de Miguel Ros González (de quien este año hemos leído también su trabajo en la novela gráfica «La familia Carter»). El título original de la novela, «Stop Press», bien trasladado al español como «¡Paren las máquinas!», es una referencia a la implacable demanda de obras de consumo popular por parte de la industria editorial.

Gloria Gauger, responsable del diseño gráfico de esta Biblioteca de Clásicos Policiacos, ha seleccionado como ilustración de cubierta un espléndido retrato publicitario de un idealizado estudiante universitario de la época: con su pipa, sus amplios pantalones de franela de bajos con vuelta de tres pulgadas, suéter de su hermandad y pantuflas de piel.

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