Cámara Gesell, de Guillermo Saccomanno: novela policial de color oscuro, casi negro cautivador
Fco. Martínez Hidalgo. 24/02/2014  
Encontrado en http://www.fantasymundo.com/articulo.php?articulo=5886
     Exploración de unas cloacas pestilentes donde el olor resulta insoportable y la mierda abunda como si de un mar se tratase.
Portada de Cámara Gesell, de Guillermo SaccomannoEn la pasada Semana Negra de Gijón esta novela de Guillermo Saccomanno (Buenos Aires, Argentina, 1948) ganó el Premio Dassiel Hammett 2013 porque, en opinión del jurado que le concedió el galardón por unanimidad, ‘Cámara Gesell’ (Seix Barral, 2013, disponible en FantasyTienda) "constituye un magno empeño narrativo y un fresco minucioso de la descomposición de la sociedad”. No sabría resumirlo mejor. Pero sobre todo, para quien esto escribe, la novela destaca por ofrecerle al lector una negritud infrecuente en el giallo contemporáneo. Precisamente ahora, dónde todo parece reducirse a una personalidad detectivesca que desciende al averno humano en un síntoma de sacrificio que lo convierte automáticamente en una mezcla de víctima y mártir, Saccomanno se atreve a ofrecernos nuevos caminos. ¡Bendito Saccomanno!

En primer lugar, pocos son los autores que optan por utilizar la compleja paleta de colores de la realidad para extraer oscuridad de la luz. Y es que, cuanto más luminosa es la apariencia de una comunidad cualquiera, más difícil resulta la tarea de extraer de ella su lado tenebroso, y más arriesgado también el fracaso de caer en el cliché o la autoparodia. Tanto es así que, en los últimos tiempos, solo la finísima pluma de Thomas Pynchon en su ‘Vicio propio’ (Tusquets, 2010) optó por un camino al que, fíjense, tampoco logró sacar tanto partido a esta decisión como el que Saccomanno consigue extraerle. En este caso, Saccomanno se beneficia extraordinariamente de su conocimiento concreto del lugar, pues tras “La Villa” se esconde la Villa Gesell a dónde se trasladó y por cuyas playas tiene dado no pocos paseos en compañía de su perro Bolt.

En segundo lugar, Saccomanno recurre a una escritura de tono directo y lenguaje crudo, desprovisto de grandilocuentes discursos o de rimbombantes recursos literarios. Otra decisión inteligente y osada porque, tan acostumbrados como estamos a lo que hace la mayoría, parecemos habernos olvidado ya que el adorno ennoblece a lo negro, a la podredumbre y la basura. No recuerdo haber visto jamás un vertedero decorado con medallas. Por eso, cuando no hay grandes protagonistas a quién revestir con oropeles, la voz narradora se puede permitir ese infrecuente lujo de decir las cosas como son, de llamar a las cosas por su nombre. Una libertad explotada aquí en beneficio de una lectura fluida, de una trama heterogénea y de una variedad de casos y circunstancias ricas en detalles.

Una novela arriesgada y valiente que rompe con los cánones clásicos... por fin, una novela negra con un alto grado de pureza.

Y esto me lleva a la tercera diferencia que hace de ‘Cámara Gesell’ (Seix Barral, 2013) una novela especial: la ambición de un escritor consciente que, independientemente de si estamos en un vertedero o en un punto limpio, como la mierda siempre es tanta, para dar cuenta de ella como corresponde se hace necesaria una clasificación –no hacerlo reduciría la mierda a uniforme basura. Ello lleva a la voz narradora a tejer una red de relaciones alrededor de la calaña que habita “La Villa” que nos lleva por un tour de amplio espectro, no solo reservado a los sospechosos habituales tanto de guante de cuero (ladrones de poca monta) como de guante blanco (policías, políticos, hombres de negocio o gente del clero), sino también abierto a esa ciudadanía cotilla que espía y consiente con su silencio cómplice algunas de las más viles tropelías. De forma que ‘Cámara Gesell’ (Seix Barral, 2013) nos lleva de safari por la bajeza moral.

Sin embargo, tanto en la novela como en la vida, en no pocas ocasiones el estiércol se diferencia de la hierba seca únicamente porque alguien está lo suficientemente cerca como para olerlo, señalarlo y quizás hasta retirarlo. Un contrapunto moral desde el que identificar la altura a partir de la cual, una acción cualquiera, pertenece bien al suelo de lo admisible o bien al subsuelo de lo inmoral.

En este caso, se recurre (otra vez) al periodismo como ese pedestal desde el que mirar y marcar diferencias, desde el que mantener la distancia de seguridad a partir de la cual es posible el milagro de oler sin mancharse e, incluso, sin llevarse el olor consigo. Pocas alternativas más hay, es cierto, y desde cualquier otra, posiblemente, la novela sería muy diferente; por eso es comprensible aquí el recurso a lo común.

Guillermo Saccomanno

La inmoralidad de esta novela, aun clasificada y procesada en las múltiples historias que la cruzan, no deja de mostrar un todo al que estamos más que acostumbrados en tiempos recientes, donde por cualquier parte semeja haber corrupción y decadencia. Con un mérito esencial sobre todos los demás: transportar esa sensación de podredumbre general a través de una estructura fragmentaria coherente, bien hilada, con voces narradoras diversas pero unidas coralmente en el objetivo de denunciar una situación extendida a la que merece la pena poner coto. Porque tras los muchos personajes que, con nombre y apellido, pueblan esta historia, se sitúa una denuncia, una sensación de hartazgo, un puñetazo en la mesa, reconocido y compartido por cada vez más gente.

Cámara Gesell’ (Seix Barral, 2013) propone un oscuro casi negro cautivador porque, a diferencia de la trama de misterio o policial más clásica, no se queda en un caso aislado, sino que abre puertas y ventanas para mostrar con crudeza, en el juego de ideales al que tan acostumbrados estamos, una sociedad más próxima al estercolero que al vergel. Para algunos, los menos, se tratará de una visión catastrofista. Para otros, unos pocos, se tratará de un caso de realismo esculpido a cincel y lija. Sea como fuere, es una novela arriesgada y valiente que rompe con los cánones clásicos y desprecia el estilo de lo común –convertido en corriente a base de banalizarlo, para rendirle un hermoso homenaje al auténtico espíritu de la novela negra contemporánea: la exploración de unas cloacas pestilentes donde el olor resulta insoportable y la mierda abunda como si de un mar se tratase. Por fin, una novela negra con un alto grado de pureza.