Paper Mario es una de esas sagas que siempre recordaremos con cariño. Para los que han jugado a alguno de los videojuegos de la ya afianzada franquicia de Nintendo, el paso de los juegos clásicos del famoso fontanero a un mundo donde el papel es el soporte de todo lo que se ve en pantalla no se queda en el olvido. Y no hablamos de un invento que se pruebe a ver qué tal queda, no. Hablamos de una saga que lleva (con el título que hoy analizamos) cinco juegos a sus espaldas, todos con la misma base, pero siempre innovando y trayendo al jugador una nueva experiencia en lo que a las aventuras de Mario se refiere. Y claro, con esta premisa, Paper Mario: Color Splash no podía bajar el listón.

Intelligent Systems lleva desde el año 2000 lanzando videojuegos de Paper Mario. Cada uno de sus títulos, lejos de las típicas tendencias del mercado de reutilizar la fórmula de sus sagas principales y hacer secuelas similares en casi todos los aspectos, han diferido siempre en su arte, historia y jugabilidad. Además, la distancia entre los lanzamientos (entre cada una de las entregas ha habido entre tres y cinco años) hacen que el fan de la saga espere el nuevo Paper Mario como agua de mayo. Y no es para menos.

 Paper Mario: Color Splash

Nintendo nos vuelve a meter en el papel de Mario, y nunca mejor dicho. Estamos en un mundo donde todos los elementos tienen forma, aspecto y propiedades de papel. Los personajes son recortes de folios con una silueta que los marca perfectamente, y las paredes, techos, plataformas y demás elementos son cartón. El propio juego sabe de lo que está hecho y lo demuestra haciéndole saber al jugador que los personajes son conscientes en todo momento de lo que son. Tanto Mario como Peach, los Toad a los que vemos durante toda la aventura e incluso los enemigos saben que son una hoja que se puede doblar con el mínimo esfuerzo, salir volando con un breve soplido de viento o ser aplastados por el entorno. Además, juegan con ello en los diálogos para romper esa cuarta pared tan difícil de traspasar en el mundo del videojuego.

Paper Mario: Color Splash
nos presenta su historia con la llegada a las manos de Mario de una carta que, al abrirse, resulta ser la silueta de lo que parece ser un Toad. El problema que se aprecia al primer momento es que el Toad está sin color y, al ser este un mundo en el que el papel es el soporte de todo lo que habita en él, esto supone que la ausencia de color es lo mismo a la muerte. Así que Mario y Peach, que está con él, se disponen a emprender un viaje hacia el lugar del que viene la carta, la Isla Prisma, para desvelar el por qué de la desaparición del color en ese Toad. Cuando llegan se encuentran con una isla sin apenas movimiento, sin gente, a pesar de ser uno de los principales destinos turísticos del Reino Champiñón. Está desierta y, además, con un montón de espacios sin pintura, flores sin color, papeles en blanco con forma de Toads y elementos incoloros que hacen que muchos de los mecanismos principales de la isla no funcionen. Y nosotros, como los héroes que siempre hemos sido (y seremos), tendremos que ayudar a arreglar todo ese problema.  Al poco de llegar a la isla conoceremos a uno de nuestros más fiables amigos: Baldo, un bote de pintura que nos hará entrega de la «pintura» para poder salvar al mundo de los Chupópteros, unos malvados seres (que son realmente Shy Guys con una pajita) que están arrebatándole a la Isla Prisma y a sus habitantes todo su color.

 Paper Mario: Color Splash

Para salvarlos contaremos con diversas armas, pero una principal sobre las demás: el martillo pintor. Los jugadores de la saga conocerán ya a nuestro amigo el martillo, herramienta que hemos utilizado en entregas anteriores de Paper Mario para hacer frente a nuestros enemigos, pero en esta ocasión nos acompaña con el matiz del color. Cuando Baldo (nuestro colega«bote de pintura») nos enseña a usar la pintura para devolver el color a nuestros amigos y objetos, nos dirá cómo hacerlo mediante nuestro martillo, que servirá de medio para impregnar de color todo lo que toque. En la interfaz se nos mostrará en todo momento la pintura de la que disponemos dividida en tres colores: rojo, azul y amarillo. En todo el nivel hay dispersos diversos objetos que, al golpearlos con el martillo, dejarán caer gotas de colores (del color del que esté compuesto ese objeto golpeado), que será lo que rellene esos medidores. De ahí sacaremos la pintura para, con otro botón distinto al que usamos para golpear objetos, salvar a los Toads y pintar las partes del mundo incoloras para devolver la vida a la isla Prisma.

Y esta pintura no es un mero medio para pintar el mundo «incoloro» que nos rodea. En Paper Mario: Color Splash la pintura entra en simbiosis con el sistema de combate para tener una mecánica que funciona también fuera de él: las cartas. A nuestra disposición tendremos unas cuantas cartas que nos servirán para usarlas en combate y atacar a nuestros enemigos. Cada una de ellas tendrá un efecto, desde un martillazo a un enemigo hasta saltar entre ellos haciendo daño, pasando por invocar a los propios enemigos vencidos en anteriores batallas para que ataquen y reciban golpes por nosotros o curarnos parte de nuestra vida. Cada carta es única y al ser usada se gasta, pero eso no será un problema, ya que podremos encontrar cartas conforme avance nuestra aventura en las típicas cajas amarillas con interrogación, al derrotar enemigos o incluso dentro de algunos objetos que podamos golpear con el martillo. Cada ataque, además, podrá ser potenciado con pintura, ya que las cartas que usemos en combate tendrán dos estados: pintadas y sin pintar. Para sacar el mayor potencial a una carta tendremos que gastar pintura de nuestra reserva y pintarla para que haga su máximo daño, o dejarla sin color para hacer menos daño pero ahorrar nuestro recurso principal. Para potenciar aún más cada ataque, podremos aprender la mecánica de cada carta para interactuar pulsando el botón de acción en el momento justo para maximizar el daño que hacemos, pudiendo multiplicarlo por varias veces su valor base. En el turno del rival también podremos ajustar la pulsación para reducir el daño que recibamos al mínimo.

 Paper Mario: Color Splash

Aunque el sistema de combate por turnos tiene cierta «profundidad» (todo depende de con qué lo comparemos), pierde fuelle cuando vemos que las recompensas por luchar se reducen a la mejora de nuestros reflejos y maestría con las pulsaciones en el momento justo atacando o defendiendo. En Paper Mario: Color Splash no hay sistema de niveles. Entrar en combate suele suponer un gasto de dos o tres cartas como mínimo (aunque tendremos combates favorables que con el uso de una sola carta nos valga), y eso usando pintura para potenciar cada una de estas cartas. Y aunque la pintura sea un recurso abundante que podremos encontrar en casi todos los objetos del juego, las cartas no lo son tanto. Al poco de comenzar nos proveerán de un sistema para conseguir cartas en el propio combate a cambio de monedas (recurso que iremos consiguiendo a lo largo del juego de manera continua), pero es un sistema aleatorio y la planificación para jefes y enemigos poderosos es muy aleatoria si dependemos de ello. Las cartas son escasas y no siempre saldrán cuando las necesitamos. Además, esas cartas serán necesarias en ciertos momentos de la historia fuera del combate para avanzar, por lo que si las gastamos, podríamos vernos en problemas para volver a conseguirlas. Podemos ir a niveles anteriores a coger y cosechar cartas, pero es tedioso y corta el avance y narrativa del juego por lo que, en definitiva, la lucha no tiene mucho sentido a no ser que sea imprescindible.

Una de las cosas más sobresalientes de Paper Mario: Color Splash es el carácter de los personajes, el humor y su conocimiento de que están dentro de un videojuego de Mario. Los Toad hacen muchísimas referencias a su posición dentro de los juegos del fontanero. Cuando les salvemos usando el martillo pintor nos hablarán del por qué les hemos salvado a ellos, cuando no tienen peso en la historia, de cómo pensaban que iban a morir porque son personajes secundarios y no hacía falta rescatarlos o de que están ya hartos y quieren ser protagonistas del juego, llegando incluso a intentar boicotear el protagonismo de Mario en el juego. La pared que separa la ficción del videojuego y el contexto del mismo en la vida real es tan fina que los propios personajes la rompen continuamente dando lugar a situaciones muy divertidas que harán que nos riamos a menudo. La gran mayoría de los Toads y enemigos que nos encontremos hablarán con nosotros indicándonos el camino a seguir, pero también nos dirán qué piensan de la situación de la isla, nos contarán que hacían antes de ser «borrados» e incluso, algunos, intentarán tomar un papel similar al nuestro siendo «superhéroes» que cambien el curso de la historia.

 Paper Mario: Color Splash

A nivel artístico, Paper Mario: Color Splash es una delicia en todos los sentidos. Gráficamente es como si estuviéramos viendo una obra de teatro para niños, sin muchos recursos, simplemente cartón, papel, un poco de cola y unas tijeras. Pero está ejecutado de una manera tan brillante que todos estos elementos en pantalla son reales porque, además de estar recreados perfectamente, se comportan de manera similar a la vida real. Los personajes son de papel y, como tal, pueden ser doblados, volar al mínimo que corra el aire, o incluso ser quemados con un poco de fuego. El cartón que compone las plataformas y estructuras del juego es maleable y con un poco de fuerza se tuerce y dobla para crear nuevas paredes o puentes para continuar en los niveles. Las flores y árboles son rígidos, pero reaccionan a los golpes de manera que en todo momento sepamos si se puede interactuar con ellos o no, así como las puertas y zonas de paso. Se utiliza un lenguaje visual muy fino, con unos colores vivos y llamativos que hacen que todo sea agradable a la vista a la vez que sabemos en todo momento qué hay que hacer, con qué objeto debemos interactuar o qué personajes dependen de nuestra ayuda.

En el apartado sonoro hay otra gran baza. Mario siempre ha tenido melodías características en todos sus juegos, y en Paper Mario: Color Splash no las deja atrás, manteniendo los sonidos que tanto tiempo llevan acompañándonos pero dándoles un toque orquestal y más tranquilo que le va como anillo al dedo a Isla Prisma y al estilo artístico del juego.

 Paper Mario: Color Splash

Entonces, ¿qué podemos decir de Paper Mario: Color Splash? Que tenemos ante nosotros un grandísimo juego de plataformas que, además de ser divertido en sus mecánicas de juego, combate y exploración, nos divierte con un guión graciosísimo y una historia entretenida para todas las edades. El apartado artístico, tanto gráfica como sonoramente, es impecable, y gracias a una duración de unas 12-13 horas, nos mantendrá pegados a la pantalla mientras descubrimos cómo su historia nos lleva por parajes distintos donde tendremos que calentarnos la cabeza para resolver sus puzles y derrotar a los enemigos que nos encontremos. Una compra casi imprescindible para WiiU.

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