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Avance de publicación de Ukus, de Renato Gómez Herrera
Alejandro Serrano   10/12/2007 ( 470 lecturas) Escribir Comentario
     El propio autor mexicano nos hace llegar una muestra de su novela, definida por él como de ficción fantástica o mística.
A petición de su propio autor, Renato Gómez Herrera, os presentamos un avance de publicación de su obra Ukus, una "Novela de ficción fantástica, o también llamada ficción mística", publicada por la editorial mexicana El Bosque de las Palabras. Si queréis acceder a la ficha del libro, sólo tenéis que pinchar en el título o en la imagen de portada, y os dirigirán a la Biblioteca de Fantasía y Ciencia Ficción de Fantasymundo. La portada a buena resolución se muestra al final de la noticia.

Cualquier comentario sobre la presente obra, podéis dirigirlo a  elbosquedelaspalabras@yahoo.com.mx.


-Ukus
Renato Gómez Herrera

UkusAventura fantástica con un fuerte componente de filosofía oriental. Se para este relato se acuñó el término “ficción mística”.

Se desarrolla en otra era de la que no queda registro. Inicia en la ciudad amurallada de Angun-Pei, último bastión humano en contra de la Oscuridad y sus ejércitos infinitos de ukus.

Sin embargo, la esperanza vive en una profecía: “Nacerá entre los hombres uno que no será hombre, aunque hombre parezca. Será hijo del Fuego y de la Luz, y luz tendrá en su corazón, y en sus manos armas invisibles que llenarán de pavor a nuestros enemigos. Sus pasos harán retroceder la noche y su mirada disipará las tinieblas… “

El elegido nace al fin, pero es robado por las brujas que planean entregarlo a su amo para que éste lo sacrifique y así obtener el poder absoluto.

Cuando todo parece perdido, el guerrero Koto-O se ofrece para rescatar al Elegido, aun sabiendo que el poder que enfrentará es infinitamente superior a él.

Koto-O y sus acompañantes alcanzan la Ciudad de las Brujas, pero demasiado tarde porque Anniffa, la bruja de piel azul, se ha llevado el espíritu del Elegido a las profundidades y lo pone en manos del Enemigo, lo que dará inicio a una eternidad de terror y oscuridad.

Una historia mágica, profunda, escrita con un estilo que alcanza la nitidez cinematográfica. UKUS te sumergirá en la emoción de una gran aventura. 



AVANCE DE PUBLICACIÓN DE UKUS

Capítulo I

ANGUN-PEI


Angun-Pei es una ciudad amurallada. Fue fundada hace 400 años, al menos. Sus muros son de roca maciza, ostentando en las partes más débiles tres brazos de grosor y la altura es de cinco hombres. Existen incontables troneras por donde sacan largas lanzas con punta de metal para matar a los dragones.
Hay, en la parte alta, garitas cada treinta pasos. Siempre verás dos arqueros en cada una y tienen las flechas puestas en sus armas. De noche hay cuatro en cada puesto.
Si te acercas más, verás un foso que tiene unos veinticinco pasos de ancho. Se supone que es muy profundo; es difícil saberlo, nunca se ha quedado seco.
Recién sale el sol, baja el puente levadizo para que salgan los campesinos. Los arqueros vigilan. Cada uno –hombre, mujer, o joven– sale armado con un arco, cuchillo, palo largo, u otro artefacto con el cual sea diestro y pueda proteger su vida. Cada sembrador pasa lista al salir. Cuando el último cruza, el puente se cierra.
Poco antes de que el sol se oculte, el puente baja por segunda vez. Salen los arqueros y cuidan que no se cuele ningún duende, bruja, gato, o cualquier otro uku.
¿Gatos? Los gatos no son considerados animales domésticos, sino “criaturas” malignas; por ello las brujas los toman como mascotas, ya que pueden ser entrenados como espías, y, desgraciadamente, como eficaces asesinos. Los gatos de esta época son bastante más grandes y fuertes. Por si todo esto no bastara para hacerlos temibles, te diré que son muy inteligentes. Más adelante podrás verles en acción.
Pero te estaba hablando de la seguridad en la ciudad de los humanos. Al regresar de la labor, cada aldeano pasa lista ante alguno de los viejos del Concejo; ellos conocen a todos los habitantes. “Cerrar” la ciudad requiere de todos esos cuidados; es delicado porque, aun habiendo sol, éste se encuentra débil y no son pocos los ukus que desafían su luz.
Angun-Pei no tiene monarca. Los tuvo por algún tiempo, pero concentrar el poder en una sola persona –así sea virtuosa– es arriesgado porque puede ser seducida por la Oscuridad y cometer muchas atrocidades antes de que se le pueda detener. Ya ha sucedido. Un Concejo, en cambio, obliga a los integrantes a debatir las ideas, a meditar las acciones.
El Concejo está conformado por doce ancianos. Cada dos años se elige a un nuevo Jefe. Los ancianos no cobran un sueldo por su trabajo. Al igual que los demás viejos, reciben una pensión que les permite vivir con dignidad.
Cerca del atardecer, al menos tres viejos van al portón para recibir a los campesinos. Los agricultores se forman del otro lado del foso y esperan a que baje el puente. Los arqueros vigilan. Los movimientos son rápidos. Sale el resto de los vigilantes, armados como si fueran a la guerra. Revisan las ropas en busca de ukus pequeños, pues a veces se esconden bajo las prendas y amenazan a la víctima con morderla salvajemente si los delata. Sin embargo, todos los procedimientos son respetuosos, saben que los campesinos mantienen a la ciudad. Luego, pasan lista frente a los Concejales. Uno por uno. El último campesino debe ingresar antes de que tres cuartas partes del sol se hayan ocultado.
Con la ausencia del sol, aparecen los ukus, “los seres que habitan en la oscuridad”. Al inicio, esporádicamente, se les ve pasar a lo lejos, como sombras. Conforme se debilita la luz van dejando sus escondites, hasta que se quedan de pie mirando fijamente las murallas. No se acercan, se mantienen a la distancia de un tiro de flecha. Para estos momentos los arqueros están ya en sus puestos. Unos vigilan a los ukus de la tierra, otros rebuscan en el cielo.
Alrededor de la ciudad hay una amplia zona yerma; se le llama “el círculo de las flechas". Es el área que pueden cubrir las saetas y se mantiene limpia para percibir a tiempo a los enemigos.
Cuando ya son muchos, algún “pequeño” se aventura dentro del círculo y huye deprisa. Es una provocación. Después, se acercan un poco más, y un poco más.
– ¿Por qué no lanzas tu flecha para que con ella te saque los ojos? –grita algún otro para atraer la atención mientras sus compañeros se arrastran. Su estrategia es rodear las murallas para iniciar un ataque tumultuario para que los arqueros, abrumados, no puedan matarlos a todos. Ya ha sucedido. Por ello, de cuando en cuando se tiran bengalas que iluminan los alrededores con su luz dura. En ese momento podrías escuchar a muchos chillando frenéticamente, pues se aprovechan los escasos momentos de luz para atravesarlos. Se produce una desbandada hacia la penumbra lejana. Esto sucede dos o tres veces cada noche.
Al día siguiente, después de que los campesinos se alejan, los guardias buscan a los ukus que fueron espetados para recuperar las flechas. Sus cuerpecitos deformes hieden. Se les amontona lo más lejos posible y se les prende fuego. Al extinguirse, sólo queda un montón de cadáveres carbonizados que continuará atufando el aire. Este olor ahuyenta a los ukus. Si, en vez de ser quemados se les deja al aire libre, su carne pútrida servirá de abono a las verdanas, animales-planta que tienden sus ramas por el piso en espera de que por ahí pase algún ser vivo para atraparlo; ellas pueden cazar también de día.
En tiempo de cosecha por el puente desfilan carretas cargadas a más no poder. Los pequeños respetan las tierras mientras crecen los vegetales, pero están listos para adueñarse de los frutos. Para evitarlo, los humanos rodean las huertas de espinos, ponen trampas en los arrozales y envenenan los frutos cercanos al suelo.
Por las mañanas, los mismos recolectores levantan a los ukus intoxicados, o los que fueron partidos por las trampas. Los queman lejos.
Hubo un tiempo en que en vez de quemarlos, los enterraban para crear un cerco de verdanas, pues éstas se alimentan incluso de ukus, pero comenzaron a proliferar adueñándose de los sembradíos.
Por mucho tiempo se pensó que no había manera de eliminar a las verdanas; sin embargo, cierta vez, un Concejal fue atrapado por una cuando ayudaba en la cosecha; la planta lo sujetó y lo jaló hacia sus bocas. El viejo metió su bastón por una de las rendijas dentadas y lo removió con saña, así la hirió de muerte; pronto languideció y quedó tendida mientras sus ramas se enjutaban. Quedó muerta y quebradiza. Al otro día varias cuadrillas armadas con lanzas salieron de la ciudad con la orden de matarlas. Se creyó que había sido una victoria y esa noche, envalentonados, los humanos festejaron en las calles. A los pocos días se darían cuenta de que no hubo tal éxito.
Iracundas, las brujas mandaron a los dragones a reunir a sus hermanas de otros bosques y decidieron adelantar La Noche de las Brujas, aunque aún tuvieran muchos niños enjaulados en sus sótanos. Dos noches malditas en un año son demasiadas para una ciudad pequeña. Angun-Pei casi quedó sin niños y tardó muchos años en reponer la pérdida.
Así era la vida de los nuestros. Siempre huyendo de la oscuridad, con la zozobra enraizada en sus corazones, prisioneros de sus murallas, pero sin perder la esperanza de que la profecía se cumpliera:

Nacerá entre los hombres uno que no será hombre, aunque hombre parezca. Será hijo del Fuego y de la Luz, y luz tendrá en su corazón, y en sus manos armas invisibles que llenarán de pavor a nuestros enemigos. Sus pasos harán retroceder la noche y su mirada disipará las tinieblas…

El origen de esta profecía se pierde en el génesis de todo. Los hombres se aferran a ella y cuando se acerca La Noche de las Brujas, se toman de las manos y la declaman en las plazas, en las calles, todos en coro: “Nacerá entre los hombres uno que no será hombre, aunque hombre parezca. Será hijo del Fuego y de la Luz…”
Repetían estas palabras con el ferviente ánimo de que se cumplieran, pues la batalla en contra de la Oscuridad se estaba perdiendo.
La Oscuridad crece y se fortalece conforme gana más y más adeptos. Los que gustan de Ella, se vuelven –aun sin desearlo al principio– enemigos de la Luz.
Los hombres pueden, pues tienen libre albedrío, dar media vuelta e internarse en las sombras, olvidando una vieja sabiduría que dice que, inevitablemente, al alejarse de la Luz obtendrán tristeza y enfermedad. Para evitar esa dura caída, desde muy jóvenes se les enseña a rechazar la maldad; con los años sus corazones se van fortaleciendo y son difíciles de corromper. La generosidad y humildad son comunes en esta ciudad. Los angunianos desprecian el poder, se conforman con ser felices. Nadie quiere riquezas, la tranquilidad es suficiente. Ninguno deseaba placeres a costa del dolor de otros.
Te diré, sólo como algo curioso, que el nombre con el que los humanos conocían a su mayor enemigo fue “Aquél que se alimenta de nuestras debilidades”, pero este “ser” rara vez fue nombrado por su nombre completo.
De todos los ukus, las brujas son las más temidas. Conocen bien a los humanos. Fueron mujeres que decidieron unirse a la maldad. Como pago, su amo les entrega grandes poderes para mortificar al objeto de sus odios. También les otorga una larga vida para que tengan tiempo en abundancia de perfeccionar sus malas artes.
Las hechiceras pierden pronto su aspecto humano; la piel se seca; las uñas se vuelven garras; las manos se tuercen como raíces; los labios desaparecen quedando sólo una cuchillada en el rostro; sus dientes se pudren... Sus ojos están conectados a los de su creador y al verlos de cerca se puede apreciar el centro mismo de la maldad; eso provoca un terror que paraliza a cualquiera, pues descubren que serán víctimas de una crueldad desconocida.
Por cierto, hoy, cuando anochezca, comenzará La Noche de las Brujas.



Capítulo VI

ALIS-YU-LIS


Después de decir lo nunca dicho, Alis-Yu-Lis sintió que respiraba libremente sin el secreto que le hacía sentir pena de sí misma.
Tener sangre negra en una ciudad que se consideraba “Perla de Luz” no era bueno. Razones tenía para no sentirse digna de la Luz. En su memoria habitaban recuerdos oscuros. Las imágenes escondidas en su cerebro habían echado raíces profundas. No se irían por sí solas. Si pretendía ignorarlas, crecían; si intentaba arrancarlas, le provocaban dolor.
Al mismo tiempo, en su mente también moraba la energía blanca, y estas poderosas fuerzas contrarias luchaban con furia dentro de ella, porque, en alguna parte dentro de sí, le agradaba ser hija de una hechicera, sobre todo cuando su naturaleza dual la ponía en ventaja sobre sus compañeras, y es que tenía algunas “rarezas” que no eran del todo inconvenientes.


Todo ese malestar tenía un origen. Abi-Tsu-Ni, la madre de esta joven fue una mujer bella, orientada hacia la Luz… Pero se ha hablado mucho de la “Luz” sin haber explicado qué es.
La Luz es la energía infinita que creó al Universo. Es sabiduría y es bondad. Siempre estuvo ahí, siempre estará ahí. La Luz nos rodea, nos habita. No es necesario asistir a ningún santuario para comunicarnos con Ella. Basta cerrar los ojos y concentrar los sentidos en su fuerza. La Luz se comunica con nosotros sin intermediarios. Si somos humildes, nos dice qué hacer y nos guía por el mejor camino. Es lo que los angunianos llamaban “comunicación espiritual”, porque nuestro espíritu es una fracción de esa luz, y se mantiene unido con su centro creador. De ahí que los humanos de aquella época concibieran una religión sin sacerdotes, sin edificios, sin libros, sin dinero. La Luz no se puede comprar, ni vender.
La Luz es poderosa... pero el humano es débil.
Existe una fuerza contraria que busca la destrucción y la muerte de lo creado: la Oscuridad, que siembra sentimientos aniquiladoras en los corazones humanos. La Oscuridad se alimenta de lo muerto, de lo podrido, busca matar lo vivo y corromper lo bueno.
La Oscuridad es hábil, persistente, tramposa, busca la ocasión y saca provecho de las debilidades. La Oscuridad se multiplica como parásito en los corazones que le dan cabida; echa raíces profundas y resistentes.
Cuando el cuerpo muere, el pequeño fulgor de luz que lo habitaba se reúne con la Luz. Pero esa luz puede ser robada aún antes de la muerte. Un humano sin su luz se torna en algo cercano a lo animal y dedica su existencia a satisfacer los apetitos del cuerpo.
La Oscuridad no es pasiva. Actúa. Hace que las cosas ocurran, y tiene feroces e incontables aliados, como los ukus, aberraciones salidas de una imaginación torcida. Y los ukus son controlados por las brujas. Las brujas son terratenientes del Innombrable.
Y cuando ya no haya más Luz sobre el planeta, el Innombrable, tomará posesión de la superficie y reinará esclavizando a los humanos.


Abi-Tsu-Ni, la madre de Alis Yu Lis, nació en Angun-Pei al final de lo que los hombres llamaron “La Última Época”, cuando La Oscuridad se había tragado casi todas las “Ciudades Luz”.
Fue hija de campesinos y si algo se recordara de su carácter sería su melancolía. Creció jugando sola, sin hermanos ni amigos. Hablaba con sus muñecas y contestaba por ellas. Por alguna razón, desde que comprendió la fuerza que los atacaba perdió la esperanza. Durante las Noches de las Brujas se escondía en el sótano, casi segura de que se la llevarían. No sucedió. Creció hermosa, más de lo que sus padres habrían deseado y se enamoró de un imposible: un arquero de hierro llamado Jú-Tê-No. Varias noches el joven arquero dejó su arco para reunirse en secreto con Abi-Tsu-Ni y juntos, ignorando las claras advertencias que su interior les hacía, alimentaron su deseo hasta que creció tanto que no pudieron ocultarlo.
Los angunianos no son represivos con el amor, entienden que la sensualidad es una forma de festejar la vida, pero los guerreros tienen una misión muy dura. Fueron separados: una más de las historias de amor que van dejando atrás los arqueros, pues al ser prohibidos, son más deseables.
Por vergüenza, Abi-Tsu-Ni tardó demasiado en declarar su verdad. La Noche Más Oscura se cruzó en su vida como un machetazo. Jú-Tê-No murió. Ella, demasiado joven para confiar en la bondad de la Luz, una mañana huyó de Angun-Pei y continuó andando sola hasta que anocheció, y siguió más allá de la selva de verdanas sin que ningún uku se dejara ver. Si una mujer camina sola hacia el norte durante la noche, significa que por su propia voluntad desea ser una bruja.
¿Por qué hizo esto Abi-Tsu-Ni? Rebeldía, quizá. Era su venganza.
Recién la luna comenzó a elevarse, apareció, silenciosa, una bruja. Aterrizó algunos metros delante de ella. El corazón de Abi-Tsu-Ni se heló.
Negro el vestido, negro el sombrero alto, negra el alma. Bajó de su escoba y esperó. Abi-Tsu-Ni no pudo seguir caminando. Se quedó de pie, impresionada. Ambas permanecieron así. Una esperando, la otra decidiendo.
¿Volver atrás? ¿A la ciudad donde no estaba (ni nunca estaría) Jú-Tê-No?
–Que la ciudad se vaya al demonio –pensó–. Un corazón solitario no es un corazón. Si está roto, que se lo coman las brujas, a cambio recibiré una larga vida, y por mala que sea, será mejor que la que tengo ahora.
Abi-Tsu-Ni respiró, vio a la bruja y, aguantando la respiración, no le pareció tan asquerosa. Caminó hacia ella, sintiendo que en cada paso las piernas se le deshacían, hasta que se le acercó a menos de dos pasos. La arpía le dijo:
– ¿Qué hace una mujer joven lejos de sus murallas?
Largo silencio.
–Estoy lejos porque no quiero seguir atrapada.
–Vaya… una hermosa, de verdad muy hermosa, muchacha no debería estar lejos de los arqueros, porque puede ser que una bruja llegue a arañar su alma –le contestó la vieja mientras aspiraba profundamente, percibiendo el delicioso aroma de la carne fresca.
Abi-Tsu-Ni se hincó frente a la anciana, soportó el intenso olor a orines, abrazó sus piernas y contestó:
– ¡Yo sé que puedo ser una bruja! ¡Quiero ser una de ustedes; quiero matar, quiero se esclava de la Oscuridad! ¡Nunca más volveré a desear que la Luz me toque!
Con fuerza excesiva la bruja prensó su cabeza con sus manos huesudas y le hizo levantar el rostro para verla detenidamente. Nunca vio a ninguna tan dispuesta a entregarse a la Oscuridad. Sintió en su sexo (como un cálido placer) que esa joven les pertenecía ya desde antes.
–Preciosa criatura –le dijo la vieja repulsiva –serás una entre las nuestras, serás mala, serás despreciable, la podredumbre de tu alma carcomerá tu mente, la Luz te odiará, los humanos temerán tu nombre, vivirás entre las brujas, tendrás poderes más allá de tus sueños, más allá de tus pesadillas más negras. Bruja serás.
Al decir esto, la vieja asquerosa sujetó con fuerza bestial el cuerpo de Abi-Tsu-Ni, hiriendo su carne, y se elevó como un demonio hacia la Luna. La chica vio de pronto cómo el suelo se empequeñecía haciendo que su estómago se encogiera hasta ponerse duro. No se había explicado qué estaba sucediendo cuando experimentó una nueva fuerza: la velocidad. La bruja se dirigió hacia el norte, alejándola más y más de lo que había sido su vida. Nunca más sería Abi-Tsu-Ni. Nunca más sería mujer.

Mucho duró el viaje. De pronto, tras varias noches de vuelo, y de pasar los días en cavernas, vio, el Bosque Muerto. Abajo, varias brujas esperaban a las viajeras. No hubo ningún tipo de bienvenida. La trataron como a una esclava recuperada. Entre varias la arrastraron a la casa más próxima, donde estaban otras muchas, y allí, sin misericordia, la ultrajaron obligándola a darles placer más allá de sus fuerzas. Una tras otra se turnó para beber su juventud. Abi-Tsu-Ni sufrió y gozó. Gritó con alaridos inhumanos que era su esclava. La esclava de la Oscuridad. Fue un milagro que no perdiera al bebé que se formaba en su vientre.


Es triste lo que debe vivir aquella que desea ser bruja. Anniffa, la de piel azul, la tuerta, la Bruja Mayor, se interesa en cada uno de los aspectos del aprendizaje. Es cruel y está loca. No hay lógica en sus caprichos. La Oscuridad no confía en nadie que tenga un ápice de amor por sí mismo, y su emisaria, Anniffa, se dedica concienzudamente a desquiciarlas. Lo logra con castigos indecibles. Las aprendizas viven con odio y con miedo.
Abi-Tsu-Ni olvidó en poco tiempo lo que fue. Ahora era aprendiza de bruja. Pronto sería consagrada, si la Oscuridad lo permitía. Después de servir como sumisa esclava, la misma Anniffa la tomó como protegida, y de ella aprendió todo. A su servicio entendió el verdadero poder de la Oscuridad.
Las aprendizas saben de pociones, de hechizos. Aprenden el nombre de las hierbas y de los venenos. Sin embargo, el conocimiento no significa nada sin el poder.
El poder lo da El del Rostro Furioso, y sólo a aquellas que verdaderamente desean convertirse. Cada bruja es una sacerdotisa. Su religión es compleja, llena de símbolos, imágenes, literatura. Adoran los fetiches. Tienen, además, toda una escalera de jerarquías. Se inician con una vida miserable de golpes y martirios. Después, si se demuestra tener buena memoria, la suficiente inteligencia, y sobre todo sumisión, se entra como ayudante personal de alguna de ellas. Una sola hechicera puede tener varias criadas, según su jerarquía. Anniffa tiene decenas, y de entre todas, escoge cada año algunas predilectas. Su preferida era Abi-Tsu-Ni, “la hermosa”, como le decía. En ella vacío sus lóbregos conocimientos.
Abi-Tsu-Ni fue elegida para consagrase a Aquél en pocos meses. Su embarazo apenas era evidente.
La ceremonia de consagración es una de las fechas más grandes para las brujas. Se realiza un ritual donde deben hacer patente, y de forma irreversible, que desean unirse a la Oscuridad.
En el Bosque Muerto sólo hay troncos petrificados cuyas ramas se extienden sobre el suelo estéril como garras que buscan apresar a la primera criatura que pase. Una vez al año, poco después de la Noche Más Oscura, en un claro se realiza la ceremonia.
Las aprendizas de menor nivel han llegado previamente para, con la lectura de sus tantras, invitar a los representantes de Aquél. Las sirvientas encienden las antorchas. Al centro del claro colocan una sólida mesa, sobre la cual amarran a un bebé, y junto a éste se coloca el hacha. Las seleccionadas esperan su turno. El bebé llora y grita como un animal. En esta fecha se reúnen los “desencarnados” que son recibidos con alegría. Anniffa pronuncia los últimos párrafos del tantra que las discípulas habían comenzado horas antes.
No repetiré aquí esas palabras cuya su sola mención asusta y debilita el espíritu de cualquier persona. Tan sólo les diré que su esencia es advertir a las futuras brujas que lo que están por hacer es irreversible. Nunca se volverán a reunir cuerpo y Luz.
En compensación, las aprendizas que dan ese paso obtienen el poder, y así sus maleficios son cumplidos; obtienen una vida mucho más larga, quizá hasta cuatro veces. Anniffa ha cumplido los 214 años y aún tiene algunos cabellos en su cabeza.
Anniffa terminó de leer las viejas escrituras y dijo:
– ¡Que penetre a la estrella Kila-Tsi-Ni, y que demuestre que está dispuesta a ser una más de las nuestras!
Se hizo un silencio. Nadie salió de entre el grupo de novicias. Un fuerte viento hizo crujir las ramas.
–Vemos con tristeza y enojo –pronunció al fin Anniffa con su voz de hierro viejo –que tú, Kila-Tsi-Ni, no estás dispuesta a renunciar a tu antigua vida. Sentir compasión por este cachorro de humano no es digno de una hechicera. La energía pestífera aún permanece en ti, puesto que tú así lo deseas. Nos engañaste. Nos humillaste, y también al Amo. No podemos obligarte… Pero sí podemos castigarte.
La rebelde fue separada del resto de novicias. Le quebraron los huesos antes de ser enjaulada. Permaneció allí unos días, a la vista de todas, hasta que murió. No fue ese su destino final. Del subsuelo llegó un emisario y llevó su alma al panal, la prisión eterna de los traidores. El panal está compuesto de celdas hexagonales de roca, están dispuestas unas a lado de las otras, nivel sobre nivel, así hasta alcanzar una altura de vértigo. El griterío de los condenados es ensordecedor.
Anniffa vio cómo Kibre-Oña-Ti-Já, es decir, “la que quiebra huesos con sus manos” la arrastraba hacia la jaula. No quiso entonces arriesgarse a que otras siguieran su ejemplo, así que llamó a Abi-Tsu-Ni.
– ¡Que entre Abi-Tsu-Ni y que demuestre que está dispuesta a ser una más de nosotras!
Silencio entre las brujas. Sólo se escuchaba el llanto desesperado del bebé recién traído de Angun-Pei. De entre las novicias salió Abi-Tsu-Ni, caminó hacia la mesa. Tomó el hacha, la levantó sobre la criatura y, entrecerrando los ojos, pronunció un discurso extraño que iba brotando de sus labios como si se lo dictara otra persona:
–Fui débil. Sentimientos como la compasión y la ternura me hacían vulnerable, y “ellos” me hicieron pensar que esa debilidad era buena. Mis hermanas brujas me han rescatado de aquella condición inferior. La Oscuridad me ha liberado del lastre que significa la bondad. No volveré a sufrir nunca más, y por eso quiero ser una bruja... ¡Oscuridad, me entrego a ti con gusto! Te entrego mi corazón para que te lo comas; te entrego mi alma; te entrego mi cuerpo para que lo uses según tus antojos. Permíteme ser una bruja y no te decepcionaré. En tu nombre me convierto en enemiga de la Luz. Al clavar el negro acero sobre este inmundo animal daré ese salto… ¡Y lo doy con placer!
Abrió los ojos. Miró al bebé. Furia. Dejó caer el hacha con fuerza. El llanto cesó. Se inclinó sobre el cuerpecito que aún se sacudía en leves estertores y succionó toda la sangre que pudo. Anniffa le dedicó una mirada de aprobación.
– ¡Eres una bruja! –Sentenció la de piel azul –Poco a poco olvidarás lo que antes fuiste; te parecerá que siempre fuiste una de las mías. Tu nombre no es más Abi-Tsu-Ni, no, El del Rostro Furioso, me ha ordenado que te bautice como Eyoi-Dofu-Yaká, “La que entregó dos almas” –Anniffa hizo una pausa y siguió con la ceremonia. – ¡Que entre ahora Uba-Ni, y que demuestre que está dispuesta a ser una de nosotras!
Eyoi-Dofu-Yaká salió del centro y ocupó su nuevo lugar, entre las brujas. Mientras, una de las sirvientas arrojó el cuerpo del sacrificado a los gatos. Otra servidora colocó una nueva víctima sobre la mesa. La amarró y la dejó a merced de Uba-Ni.


Su embarazo terminó por obviarse. Si el producto era macho sería enjaulado con los otros; si nacía hembra, podrían tomarla a su servicio.
Brotó una hembra. El Oscuro ordenó que se llamara Ebrid-Sofrad-Kapog-Jumáh (La bruja que regresa sobre sus pasos), y fue, desde pequeñita, mascota de Anniffa. Creció pensando que Aquél la hizo brotar de la podredumbre y que era normal adorar la Oscuridad.
– ¿Por qué aguantas a esta apestosita entre tus esclavas? –le preguntó alguna vez una de sus basiliscas más allegadas.
–Posee una mente privilegiada, aun más que su madre. Se instruye a sí misma sólo mirando. Ella observa, junta palabras sueltas, en su memoria guarda hasta los detalles más nimios. Es una máquina de aprender. Se consagrará joven y sin duda será muy poderosa. Así que mide tus palabras, porque quizá llegue el día en que te cobre tus insultos.


Cuando Ebrid-Sofrad-Kapog-Jumáh iniciaba su pubertad, su madre la tomó de la mano, la montó en su escoba y levantaron el vuelo.
– ¿A dónde me llevas? –preguntó varias veces Ebrid-Sofrad-Kapog-Jumáh.
No respondió. Simplemente voló procurando la mayor velocidad posible, cambiando continuamente de rumbo hacia un lugar desconocido. Pasaban el día escondidas y retomaban el vuelo de noche. Así pasaron varios días.
Al fin descendieron, cerca del amanecer, en lo alto de un collado cubierto de hierba tierna que les mojaba los zapatos.
– ¿Sabe mi ama Anniffa que estamos aquí, tan apartadas de nuestro bosque?
–Cumplo mis órdenes –contestó la hechicera.
– ¿Qué no ves que el sol está próximo a aparecer? –Inquirió la chica angustiada – ¡La luz nos matará!
–Nada malo te ocurrirá.
Eyoi-Dofu-Yaká la despojó de los harapos oscuros y la vistió con una túnica blanca que llevó escondida, así recibió los primeros rayos de ese día. Y ocurrió. Ebrid-Sofrad-Kapog-Jumáh vio que el día era hermoso. Una fina niebla se levantó sobre la hierba mojada. La niña miró a la mujer en busca de explicación a los sentimientos encontrados que germinaban en su pecho, entonces, la bruja tomó el pequeño rostro con sus manos y le dijo así:
–No eres hija de la Oscuridad, eres mi hija. Yo decidí unirme, por mí misma, a las brujas porque quise que mi destino fuere terrible; pero tú no tienes la culpa de nada, y eres muy joven para seguirme en mi caída.
La muchacha escuchaba todo esto con asombrosa serenidad. Ella misma se sentía envuelta en una energía buena. No tuvo miedo. Una era impulsada a hablar con sabiduría y amor, y la otra a escuchar. Mientras la hechicera le hablaba, se hincó y, pasando las manos sobre la hierba, juntó un poco de rocío en sus palmas y tocó la frente y la nuca de la criatura, y dijo:
–Ruego a la Luz que estas gotas se conviertan en el símbolo de mi deseo de cubrirte con un manto invisible que te haga ver la vida de otra forma. Que la Luz revierta el mal que te he hecho.
Después de decir esto, Eyoi-Dofu-Yaká, pasó sus manos sobre la piel de la niña con movimientos firmes, como despojándola del polvo, después retomó lo que decía:
–Tu nombre ya no es Ebrid-Sofrad-Kapog-Jumáh; nunca fuiste una de nosotras, así que no puedes ser “La bruja que vuelve sobre sus pasos”. Yo te bautizo como Alis-Yu-Lis, “La que ama la Luz”.
–Pero si nací en una Aldea Oscura… ¿Cómo podré ser, de pronto, una seguidora de la Luz?...
Para esos momentos, el sol había deshecho las tinieblas. Alis-Yu-Lis no sabía que las cosas pudieran irradiar vida con sólo ser tocadas por la luz. Sin embargo, la luminosidad causaba un efecto contrario en la bruja. La abundante claridad le apuñalaba los ojos. En sus tripas se manifestó un agudo malestar.
–Al lugar a donde vas –dijo la de piel cetrina – no repetirás el nombre que te dio Anniffa; nunca jamás hablarás de tu pasado. Tú te llamas, y siempre te has llamado, Alis-Yu-Lis, recuérdalo…
–Alis-Yu-Lis.
–Nadie en Angun-Pei debe conocer tu verdad.
– ¿Y qué lugar es ese?
–Aquél –señaló la bruja. En el horizonte, casi perdidas en la distancia, se podían percibir las murallas –Caminarás en esa dirección… No te demores, es importante que llegues antes del atardecer o tendrás que pasar la noche afuera, y jura que Anniffa ya ha mandado buscar a su favorita. –Cada palabra representaba un esfuerzo mayor que el anterior– Pero no creas que tu antigua ama te recibirá bien, no, Anniffa te mandará al panal. Ya ves, no podrás volver sobre tus pasos. Perdóname, hija, no hubo tiempo para hacer esto con más calma… ¡Ve!
La vieja señaló hacia la ciudad. La casi adolescente no se movió. Miraba a su madre sin comprender la naturaleza de este cambio brutal.
–¡Vete ya, eres libre!
La niña miró el lugar señalado, luego miró a la bruja, dio un paso hacia ella y la abrazó haciendo evidente que no pensaba separarse de ella. La respuesta fue una enérgica bofetada que la dejó aturdida.
Concentrando la poca coherencia que aún le sobraba, se caló el sombrero tanto como pudo, trepó en su escoba y se alejó volando.
La joven permaneció de pie observando el cielo, quizá con la esperanza de que su madre regresara. No sucedió. Mientras tanto, el sol seguía elevándose en la bóveda azul y recordó que era importante llegar a aqulla ciudad durante el día. Sabiendo que Anniffa sería terrible en su venganza, inició el camino.
Pasaron varias horas. Los bosques le parecieron maravillosamente vivos. Nunca había escuchado el cantar de las aves. De la rama donde se había posado un gorrión, su atención se fijaba en la enredadera que se amarraba al árbol, y siguiéndola advertía la presencia de algún insecto descendiendo por ella, para luego encontrar las pequeñas flores que crecían entre la hierba.
Su asombro se desbordaba en risas. Envuelta en la euforia vital del bosque, fue dejando tras de sí el sendero que la llevaría a Angun-Pei, adentrándose en el bosque en busca de más animalillos, internándose por una serie de depresiones, en apariencia inocentes, que descendían hundiéndose entre la vegetación, hasta que se encontró desorientada en el centro de una cañada. Percibió que los pájaros ya no cantaban. Los grandes pinos le impedían ubicar el sol. Comenzó a sentir frío. Ya no supo hacia dónde ir, y al paso siguiente vio, entre la hojarasca, una larga cola escamada que salía de un hueco entre las piedras de la ladera. Un dragón. Un dragón negro. Su estómago se contrajo con violencia. Conocía a los dragones. ¿La habría escuchado?... ¿Estaría dormido?
Tan silenciosamente como le fue posible, dio media vuelta e intentó alejarse, pero las hojas secas no son silenciosas y el crujir instantáneo de sus pasos le pareció ensordecedor. Permaneció quieta, sin saber qué hacer. En ese momento, tras de sí, escuchó algo que se deslizaba sobre el piso. La cola entró en la madriguera. Tiempo de huir. No pudo, el dragón no se lo permitió. Recién ella había tomado la decisión de correr, él ya se le había adelantado saliendo por otra boca de la cueva y apareció justo delante de la niña.
–Vaya, sí que eres muy bonita –comentó fijando sus ojos amarillos sobre ella. Mientras, con su cola la encerraba en un anillo de escamas–. Ya entiendo por qué Anniffa me ha mandado recuperarte.
La voz del dragón, suave y cálida, no hizo sino asustar aún más a la fugitiva.
–Has hecho enojar mucho, mucho, a tu ama; la obligaste a salir a la luz de sol, junto con sus sirvientas a buscarte, y te odian por eso… Fue sencillo dar contigo, tenías que estar cerca de esa aborrecida ciudad; llegar ahí antes del anochecer era tu única oportunidad. Por suerte, los dragones soportamos bien la luz del sol.
–Te conozco... Eres Nébron. Visitabas a Anniffa…
–Le llevo mensajes de las otras puntas del Pentagrama, y ella, en recompensa, saca de sus sótanos algunos bebés para saciar mis tripas hambrientas. El sabor dulce y mantecoso de los bebés me fascina… Pero las niñas –dijo olisqueando de cerca a Alis-Yu-Lis– algo mayorcitas, como tú, tienen un sabor exquisito, como a promesa que nunca se cumplirá.
–¿Cuáles... son tus órdenes?
–Mmmm. Creo que tengo que llevarte al Bosque Muerto para que Anniffa haga un escarmiento ejemplar sobre ti... Pero podría comerte aquí mismo y decir que te escapaste… ¿Qué prefieres?
–¡Prefiero que Anniffa y tú se pudran! –gritó saltando sobre la cola que se disponía a atraparla y corrió tan aprisa como pudo.
Se encontraba perdida entre la espesa maraña que se tejía frente a ella. Arriba, sobre los árboles, la criatura se desplazaba batiendo sus alas de membranas finas y elásticas. Sin saberlo, la pequeña corría hacia un claro y ahí, sin protección, las cosas cambiarían.
Alis-Yu-Lis sólo veía frente a sí un manto de ramas y hojas que entorpecía su huida sin rumbo. Al fin salió al descampado. No se dio cuenta del peligro hasta que la bestia se tiró sobre ella extendiendo las garras para atraparla. La niña se tiró al piso un instante antes de que se cerraran sobre su cuerpo. Nébron remontó el vuelo, giró rápidamente sobre el claro y, viendo a la niña tirada sobre la hierba, se lanzó sobre ella, esta vez decidido a no dejar nada a la suerte.
Un poco más arriba, a gran velocidad, como un manchón negro, pasó Eyoi-Dofu-Yaká, justo a tiempo para mandar un golpe de energía a la bestia, que cayó desconcertada lejos de la pequeña.
Nébron se revolvió sobre su lomo de crestas óseas para adoptar una posición de lucha. Esta vez, sus rugidos no eran suaves, sino trepidantes y espantosos. La bruja aterrizó entre la niña y el dragón. En otras circunstancias, el golpe de energía lo hubiera hecho estallar, pero siendo de día, sólo consiguió derribarlo. Nébron lanzó una bola de ácido llameante sobre la bruja, quien lo rechazó abriendo los brazos para dibujar una esfera protectora que dispersó las llamas en todas direcciones. La bruja pidió entonces a la Oscuridad más poder para vencer a su enemigo, pero del subsuelo nada más le llegó. Nébron disparó una segunda descarga. Eyoi-Dofu-Yaká casi no pudo soportarla. El impacto la arrojó varios metros hacia atrás. Alrededor, el fuego comenzaba a crecer.
–¿Qué esperas para escapar? –le gritó a Alis-Yu-Lis. Nébron decidió quitar de en medio a este obstáculo; dos aletazos potentes lo pusieron sobre la bruja y descargó sobre ella un contundente coletazo que la elevó varios metros mandándola casi al borde del claro. Este golpe le desgarró las entrañas, por lo que ya no pudo levantarse.
La niña, que presenció todo esto tumbada sobre la grama, comprendió de pronto cuán poco tiempo le restaba. Se puso de pie, corrió hacia a su madre, elevó sus manos hacia el dragón y le gritó una serie de conjuros, tal y como había visto hacer muchas veces a Anniffa.
–¿Qué haces? –murmuró trabajosamente Eyoi-Dofu-Yaká–. ¡No pierdas tiempo... tú no tienes el poder, no has sido consagrada!
Un crujido, profundo y sordo, proveniente del fondo de la tierra, la hizo callar. Las tinieblas respondían al llamado que Alis-Yu-Lis continuaba haciendo. La serie de embrujos de la niña, poseída por una ira inmensa, hicieron que el mismo Nébron se distrajera un instante y lo último que escuchó fue “¡…y tu corazón reventará!”. Una enérgica convulsión chicoteó al dragón. Un rugido, agudo, de odio y dolor estremeció al bosque. La bestia, enorme y negra se desplomó. Muerta. Un vapor sulfuroso emanó de sus hoyares. Alis-Yu-Lis besó a su madre. Ésta la tomó de las manos pero no pudo decir nada, sólo la miraba.
–Eyoi-Dofu-Yaká… Mamá… –le habló la joven –…no te mueras… No me dejes otra vez sola… Mamá…
Quiso despedirse, quizá decir algo que la acompañara como una bendición, tal vez preguntar cómo había logrado aquél vigoroso encantamiento, pero cuando Eyoi-Dofu-Yaká abrió la boca, brotó un breve manantial de sangre negra. Sus ojos de pronto se volvieron opacos.

El sol había rebasado el cenit cuando Alis-Yu-Lis retomó el camino. Alcanzó los campos sembrados sintiendo que la tarde comenzaba a enfriarse, pero ya estaban vacíos, por lo que redobló su carrera.
A lo lejos vio una lenta carreta a la que dio alcance con mucho esfuerzo.
– ¿Va usted hacia Angun-Pei? –preguntó la niña recién pudo ser escuchada. El viejo que la iba guiando se asustó, pues al ser la retaguardia no esperaba que nadie llegara desde atrás; tomó el hacha que llevaba consigo, pero la mirada limpia de Alis-Yu-Lis le devolvió cierta tranquilidad.
– ¿Qué haces tan lejos de las murallas, niña? –la interrogó.
–Necesito llegar a Angun-Pei.
Aunque el campesino bajó el arma, no la soltó, bien conocía los artificios de los milaformos.
–Tú no perteneces a esa ciudad ¿De dónde vienes?
–Usted no puede imaginar todo lo que he sufrido… Si va hacia Angun-Pei, le suplico que me lleve, no sé si podría soportar otra noche en solitario.

Koto-O y Shank-Uk miraban a Alis-Yu-Lis en silencio, escuchando con total atención.
–Entramos cuando los últimos campesinos pasaban lista. No quiero aburrirlos con el suplicio de los interrogatorios. No tenía todas las respuestas, claro. Después me mandaron con Bo-O para que diera fe de mi naturaleza humana, y él dijo a todos los interesados que yo era, de pies a cabeza, una jovencita absolutamente normal y, dado que no tenía familia, me tomó a su servicio. Claro, mi maestro descubrió que yo ya sabía demasiadas cosas, bastante más que él mismo; desde entonces él finge que me enseña, y yo pretendo ser su alumna, aunque cuando estamos solos él es mi discípulo.
– ¿Él sabe que eres… quiero decir… sabe de dónde vienes? –preguntó Koto-O.
Larga pausa.
–Lo intuye –contestó Alis-Yu-Lis. – Pero que te quede muy claro que el lugar de donde vengo es una cosa, y lo que soy es otra. No soy una bruja y ahora, a mis 15 años, con la mente fría y limpia, confieso y aseguro que amo a la Luz.
–Lo dices con tanta seguridad que me hace dudar –contestó Koto-O mirándola a los ojos. – A veces decimos cosas de nosotros mismos, no sólo para informar a los demás, sino para escucharlas, y esto se debe a que nadie más lo dice.
–La prueba es que dejé atrás todo lo que fui –respondió ella acercando su rostro al de Koto-O – y desde que llegué aquí no he vuelto a desear saber ¡nada! de la Oscuridad. La prueba más grande es que soy, como tú, enemiga de Aquél.
– ¿Se supone que tú lucharás contra él y lo herirás de muerte? –preguntó Shank-Uk.
–Lo intentaré, la Oscuridad es fuerte, pero a la vez es débil.
– ¡Qué paradoja! –comentó burlonamente el dueño de la casa.
–La fortaleza de la Oscuridad no depende de ella misma, sino de nosotros. Ahora somos débiles y ella es fuerte, pero un acto de valentía nos fortalecerá y así comenzará a debilitarse... Regresar contra la Oscuridad es un acto de fortaleza que Anniffa no espera. El valor no se adquiere antes de cometer el acto valeroso, sino después. Primero atacaremos y después adquiriremos el valor.
Shank-Uk rió.
– ¿Y tú? –Dirigió su ataque contra él – Te burlas justamente de lo que no puedes tener.
–Lo tuve, y mientras yo hacía de héroe en la muralla, se robaban a mis hijas; lo siento, lo que dices no tiene sentido para mí, hablas de cómo obtener algo que para mí es inútil.
–Sembraré mis semillas en otra tierra, no es necesario que te preocupes –declaró la chica girándose para ver el fuego que se empeñaba en arder sobre la leña casi consumida.
Otro largo silencio. El fuego ya no ahuyentaba el frío de la madrugada. De pronto, la voz de Shank-Uk nuevamente serruchó el silencio.
– ¿Y aún tienes “el poder”?
–Sí, y no sé por qué –respondió ella, y nadie volvió a decir nada hasta que amaneció.


Portada de Ukus, del mexicano Renato Gómez Herrera


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