Tras Los Guardianes de la Noche (Nochnoi Dozor), nos llega su continuación, de la mano del director y guionista Timur Bekmambetov: Los Guardianes del Día (Dnevnoi Dozor), basada en una novela escrita por Sergei Lukyanenko y Vladimir Vasiliev. Tras la anterior entrega, de un presupuesto cercano a los 4 millones de dólares, y que tuvo un más que razonable éxito mundial, el mismo equipo repite en esta ocasión.
De nuevo ambientada en el Moscú actual, vuelve el eterno conflicto entre las fuerzas de la luz y de la oscuridad, tras la tregua impuesta en la Edad Media. Cada bando ha ganado para sí a un potente Gran Otro, y el choque final entre los dos ejércitos se antoja inevitable. En medio está Anton Gorodetsky, cuyo hijo, Egor, está de parte de las fuerzas oscuras. Por otro lado, Svetlana, de la que Anton está enamorado, es la esperanza de la Luz. Anton es acusado de asesinato y obligado a huir. Su situación es tan desesperada que tan solo la ancestral Tiza del Destino puede sacarle del embrollo. Lo peor de la situación es que este objeto está perdido desde hace cientos de años.
La película tiene como protagonistas a Konstantin Khabensky, Maria Poroshina, Vladimir Menshov, Galina Tyunina, Victor Verzhbitskiy, Zhanna Friske, Dima Martynov, Valeriy Zolotukhin y Aleksey Chadov, está dirigida por Timur Bekmambetov con guión de Bekmambetov, Sergei Lukyanenko y Alexander Talal. Está producida por Konstantin Ernst, Director General de Channel One Russia, una gigantesca red de comunicaciones rusa, y Anatoly Maximov, Subdirector General de la misma.
La película auna efectos especiales con un realismo que parece contradictorio con el argumento, que junta a seres humanos con vampiros, brujas, hechiceros y criaturas sobrenaturales. Según su director: "El público ruso no tiene una experiencia anterior con este tipo de cine porque nunca hemos tenido películas de cine fantástico o cómics… todo esto es nuevo. De modo que el único punto de partida sólo podía consistir en hacer que todo fuera muy realista, para que el público pudiese creerse la historia lo suficiente como para aceptar la parte de fantasía. Para mí, esto implicaba que me tenía que creer un mundo donde existieran vampiros, aunque supiera que esto es imposible".
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