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La influencia humana puede prolongar el ciclo oceánico que dio a luz al huracán Harvey


 Ciencias de la Tierra
Alejandro Serrano   30/08/2017
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Los cambios en la oscilación multidecadal atlántica (AMO) afectan todo el sistema climático terrestre.
El pasado fin de semana, el huracán Harvey se convirtió en el primero en tocar tierra en los EEUU desde el 2005. La tormenta de categoría 4 alcanzó Texas el 25 de agosto, azotando la costa con vientos de 200km/h, e inundó la ciudad de Houston con más de un metro de agua.

La llegada de Harvey también confirma las predicciones de la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), que anunció que este año estará por encima de la media en cuanto a tormentas atlánticas se refiere. Durante las últimas décadas, las tormentas han recibido un poderoso empujón de un ciclo a largo término en el Atlántico norte gracias a las temperaturas en superficie de la zona.



El ciclo, llamado oscilación multidecadal atlántica (AMO, en inglés), se mueve entre fases calientes y frías de 20 a 60 años de duración, cambiando las temperaturas en superficie del Atlántico norte en más o menos un grado centígrado, estableciendo las condiciones para la generación de huracanes. Desde 1995, la oscilación multidecadal atlántica estuvo en un estado caliente (positivo), pero los investigadores no están seguros de lo que sucederá a continuación. La AMO ha estado históricamente relacionada con cambios naturales en las corrientes atlánticas, y algunos creen que estamos en un punto de inflexión, y que cambiará pronto a la fase fría que sigue a la caliente. Pero otros proponen que la actividad humana –una combinación de la disminución de la contaminación en el aire y efecto invernadero- debería prolongar el actual período caliente, manteniendo alta la posibilidad de generación de huracanes.

Es importante conocer el mecanismo”, explica el oceanógrafo Rong Zhang, que trabaja en el Geophysical Fluid Dynamics Laboratory de Princeton, New Jersey. “Las proyecciones son opuestas”.

Los investigadores detectaron por primera vez la AMO en mediciones de temperatura oceánicas tomadas durante los últimos 150 años. Pero los anillos de los árboles y otros registros climáticos de lugares muy influenciados por la AMO muestran evidencias de variaciones de temperaturas que ocurrieron siglos atrás, de forma que el fenómeno podría haber estado sucediendo desde hace mucho más tiempo.

Huracán Harvey visto desde el espacio

Los cambios en la AMO afectan todo el sistema climático terrestre, y afectan a la lluvia en Europa, a la sequía de la Amazonia y los huracanes atlánticos. La fase caliente aumenta las tormentas gracias al calentamiento del Atlántico tropical e intensifican el monzón del oeste de África. Un monzón más poderoso, como La Niña (un enfriamiento del extremo norte del Pacífico tropical) reduce el cortante del viento –la diferencia de velocidad entre dos puntos terrestres- y los cambios en la dirección vertical del viento que tienden a romper las tormentas en formación.

El monzón también gira en sistemas de baja presión, que facilitan la formación de huracanes en el Atlántico tropical. “Este patrón de viento permite que las tormentas se desarrollen muy rápido, aumentando su rotación y energizándose”, asegura Gerry Bell, precursor de pronósticos de huracanes en el Climate Prediction Center en Camp Springs, Maryland.

Según las métricas del NOAA, la AMO permaneció en su fase caliente el año pasado, pero con algunas muestras de cambio. “Las aguas del Atlántico Norte, más allá de Groenlandia, han estado más frías de lo habitual”, afirma Phil Klotzbach, metereólogo en la Colorado State University, en Fort Collins. El patron potencialmente afecta a las condiciones tropicales desde lejos, causando una temporada más suave de huracanes en los últimos años, según este investigador.

Esta anomalía fría debería iniciar la transición hacia una fase fría, especialmente si la AMO se debe a variaciones naturales de las corrientes del Océano Atlántico. Esta circulación atrae temperaturas suaves de superficie a lo largo de la corriente del Golfo, hasta que se enfría y se hunde en los mares que rodean Groenlandia, volviendo al sur en las profundidades del Atlántico. Una circulación más poderosa trae más agua caliente al norte y conduce una AMO positiva; cuando la refrigeración comienza en el Atlántico norte, y se mueve hacia el sur, culminando en una AMO negativa. Según las estimaciones de Zhang, la AMO está ahora cerca de su punto neutral. Klotzbach sugiere justo lo opuesto, y su estudio incluye factores derivados de las temperaturas en latitudes altas.

Huracán Harvey, sus efectos

Sin embargo, recientes investigaciones señalan que factores externos al océano pueden también conducir a cambios en la AMO. Los registros naturales climáticos sugieren que, durante siglos, las erupciones volcánicas y pequeños cambios en la actividad solar han calentado o enfriado el océano, afectando a la AMO. En las últimas décadas, los humanos hemos añadido nuestra propia influencia, como partículas volátiles de la quema de combustibles fósiles, que reflejan la luz solar hacia el espacio y enfrían el océano, como señala Ben Booth, científico climático en el Met Office Hadley Centre en Exeter, Reino Unido. Según él, las emisiones de partículas volátiles en la segunda mitad del siglo XX fueron la principal causa de la fase fría más reciente de la AMO, que duró desde 1970 a 1994. La caída posterior -gracias a las regulaciones verdes en cuanto a emisiones en los EEUU y Europa- pudieron haber provocado la actual fase caliente.

El papel de las emisiones de gase con efectos invernadero son otra historia. Los océanos a más altas temperaturas generalmente aumentan la intensidad de las tormentas, pero no necesariamente su frecuencia, así que los investigadores generalmente eliminan este calentamiento a largo término al calcular la AMO. Sin embargo, la investigadora Lisa Murphy Goes, científica atmosférica de la University of Miami en Florida, sugiere que las emisiones de efecto invernadero pueden causar oscilaciones en la AMO. Como la concentración de los gases de efecto invernadero sube y la emisión de partículas volátiles baja, Murphy sugiere que que la AMO debe permanecer ligeramente positiva por lo menos durante la próxima década.

Tenemos muchas de las piezas del puzzle climático global”, insiste Booth, “pero aún no disponemos de una imagen completa”.

Fuente: Science.




 

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