En 2016 Norma editorial comenzó a publicar “Noragami”, un manga shonen sobre las aventuras de un dios menor que sueña con hacerse popular entre los creyentes nipones. Una mezcla de luchas contra demonios, rivalidades divinas y conspiraciones oscuras con mucha acción, una trama interesante y toques de humor muy japonés que lo hacen una historia única.

Mismo humor que el dúo Adachitoka trae en el spin-off “Noragami: historias cortas”. Como su propio nombre indica, este tomo único recopila siete historietas de tono cómico y ligero donde Yato, Hiyori, Yukine y compañía hacen de las suyas entre batalla y batalla. Así, nos encontraremos con situaciones tan absurdas como surrealistas, e incluso alguna sorpresilla algo más profunda. Entre suicidios interminables, posesiones divinas, shinkis pervertidos, intentos de asesinato fallidos y palizas propinadas a Yato, terminas echándote unas risas a costa de los personajes más carismáticos de “Noragami”.

En “El hombre que se cae”, Yato deberá salvar a un suicida arruinado por andar en malas compañías.

En “Unas preguntas sobre el estado de ánimo de los shinki”, Yukine recibe un cuestionario para valorar a Yato como amo que tendrá nefastas consecuencias para este.

En “Engaños mutuos”, nuestro dios en chándal se deja engañar por un timador mientras busca la fortuna que nunca le llega.

En “Negocios a toda costa”, Kazuma, shinki guía de Bishamonten, debe velar por fidelizar nuevos creyentes para su diosa y mantener la amistad con las otras divinidades al tiempo que intenta controlar sus impulsos pervertidos.

En “Al otro lado de la pantalla”, Yato se ve acosado por una seguidora de Twitter, y tendrá que pedir ayuda a un bot de búsqueda que resulta ser algo más. Y esta es la sorpresa a la que me refería. En medio de toda una lista de absurdos, este relato incorpora una de las premisas más interesantes del manga original: y es que los dioses, sin creyentes, desaparecen. Un drama que acompaña al protagonista durante toda la trama, y que aporta algo de profundidad a esta historieta, convirtiéndola a mi gusto en la mejor del tomo.

Seguida justamente por “Siguiendo unos estereotipos transitorios (de dos horas)”, donde Yato se transforma en ¿víctima? de un asesino en serie… bueno, más o menos. Una historieta divertidísima que aúna violencia, idols y escritores frustrados.

Finalmente, en “Un dios anónimo escala posiciones”, Yato intentará convertirse en una de las siete deidades de la fortuna… sin mucho éxito, claro está.

No tengo mucho que contarles a los seguidores de “Noragami” sobre el trabajo artístico de Adachitoka. Su diseño de personajes, su facilidad para dotarlos de vida y movimiento, su expresividad… todo tiene una calidad casi hipnótica, si bien en un tomo ligero como este aumentan los personajes chibi. Otro de los detalles que conquista de “Noragami: historias cortas” es la breve colección de primeros bocetos de los personajes que cierra el volumen, entre los que se encuentran Yato, Hiyori, Yukine, Tomone y Mutsume.

Con un formato ligeramente más pequeño que el estándar de Norma, su edición no desmerece en nada a la del manga original. Páginas de gramaje alto, impresión limpia y sin errores y una buena traducción acompañan y amenizan una lectura muy divertida, que encantará a los fans de “Noragami” en general, y a los de su tipo de humor en particular. Indispensable para los que quieran completar la colección de todas las aventuras del dios en chándal. Algunas de las historietas, además, las encontrarás animadas en formato OVA.

Finalmente solo me queda recomendar el manga original a quienes lo desconozcan, pues se trata de un shonen original, fresco y equilibrado, con una historia interesante y unos personajes que rebosan carisma. Un carisma que ha sabido captar muy bien la serie animada, que consta de 2 temporadas de 12 capítulos disponibles en Netflix.

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