El pasado mes de octubre salía a la luz el “I Premio Ripley. Relatos de ciencia ficción y terror” de mano de Triskel Ediciones. Una antología escrita en exclusiva por autoras de habla hispana que reúne doce ficciones breves que, como su nombre indica, se enmarcan dentro de los géneros de la ciencia ficción y el terror. Géneros donde las escritoras se prodigan menos (y son menos reconocidas). Un error que El Portal del Escritor, junto a Triskel Ediciones, decidieron subsanar convocando un certamen literario abierto al que se presentaron 179 relatos. De la docena de historias seleccionadas y de sus respectivas autoras hablaré a continuación, porque, la verdad, vale la pena leerlas.

El prólogo del “I Premio Ripley” es obra de la gran Elia Barceló (que espero no necesite presentación). En él reflexiona sobre la escasa presencia femenina en el mundo de la ciencia ficción, que por fortuna está aumentando considerablemente. También expresa el temor que sintió al pensar, antes de leer los relatos que componen esta antología, que quizá no todos estuvieran a la altura. Un escepticismo que en muchas ocasiones los lectores compartimos ante obras de autores noveles o indies, y que es necesario borrar. A base de leer libros frescos de la nueva generación a la que pertenecen las doce escritoras del “I Premio Ripley”.  Mujeres valientes que están dando sus primeros pasos dentro del mundillo y de las que probablemente no hayas oído hablar. Todavía.

Aunque en mis reseñas de antologías no suelo mencionar todos los relatos, con esta haré una excepción: porque me parece una iniciativa maravillosa y porque en general me ha sorprendido para bien.

“I Premio Ripley” está dividido en cuatro partes diferenciadas por las estaciones del año, empezando por el invierno. En él nos encontramos con “GRANJA-357”, de Miriam Iriarte, que ha resultado el relato ganador de la convocatoria. Y no es para menos. En un ambiente aséptico, una protagonista sin nombre despierta desorientada y confusa. A partir de recuerdos fragmentados, irá reconstruyendo una realidad cruel mientras trata de huir de los seres pensantes y se da cuenta de su papel en el mundo. Escrita en una muy poco utilizada segunda persona, con una prosa directa y dinámica, y un final agridulce, trata el tema tan en boga de la ética dentro de la industria cárnica. Poco más puedo añadir sin spoilear una historia con una premisa muy original y potente, que desgarra las entrañas del lector a medida que va comprendiendo todas sus implicaciones.

Plutón”, de Chus Álvarez, es el primer relato de fantasía oscura (pues yo no lo llamaría terror). Una historia que claramente homenajea a Edgar Allan Poe, maestro entre maestros, y en concreto al relato “El gato negro”. Ruth es una mujer sin un futuro demasiado claro a la que piden que cuide de Julián, un primo lejano afectado por una enfermedad degenerativa, a cambio de quedarse con su cuantiosa herencia. Movida al principio por la idea del dinero, Ruth pronto conecta con Julián, su pasión compartida por los libros y por Plutón, su gato blanquinegro. Pero, por más que le pese a ella, la muerte ronda siempre a su primo adolescente, al cual está condenada a perder.

De mis favoritas de la antología, esta historia parece tenerlo todo: una protagonista que se ahoga en su propia humanidad, amores prohibidos parchados con despecho, una ambientación tétrica muy bien elaborada, numerosos guiños a la obra de Poe y un gato. Bromas aparte, la dureza psicológica de este relato cautiva.

El libro regresa a la ciencia ficción con “Tras mi último invierno” de Gisela Baños, una narración que sigue a Kleeía, una ingeniera astrofísica que se dedica a terraformar planetas en un universo donde la muerte es esquivada gracias a los inviernos criónicos. Tras despertar de su quinto invierno criónico, Kleeía reflexiona sobre sus vidas, sus muertes y la belleza de ambas, y sobre la continuada presencia de su amigo Altair en ellas. Se trata de un relato que explora las consecuencias de la vida eterna y el poder del amor. De estilo pausado y reflexivo, te hace preguntarte si lo importante de la vida no será su brevedad.

Entre los relatos de primavera está “Asimilación cultural” de Mar Vieites, el segundo premio del certamen. Se trata de una historia curiosa, cotidiana y con un humor bien dosificado sobre una extraterrestre andrógina que llega a nuestro planeta y se enfrenta a todas las dificultades propias de semejante choque cultural. Con un toque feminista y centrado en las relaciones entre hombres y mujeres en la Tierra, su final da un giro sorprendente y bastante cómico que lo hace merecedor del reconocimiento. Me declaro fan de Saraunis y sus métodos reproductivos.

En “Descendiente”, de Arantxa Comes, una androide llamada Alioth nos presenta una realidad distópica donde los humanos casi han desaparecido a causa de la enfermedad causada por el exceso de contaminación. Tras ellos dejan máquinas que simulan ser personas. Desde la frialdad de su pensamiento, Alioth se pregunta qué sentido tiene la falsa vida de los androides que los humanos tanto se esfuerzan por perpetuar.

Incluso desde el punto de vista de una máquina sin sentimientos, la maestría narrativa de Comes hace que conectemos con Alioth y experimentemos el dolor y la amargura que ella no es capaz de sentir, que caminemos por un mundo solitario donde el acto de vivir está vacío.

El juicio de los Maar-na” nos presenta una historia arquetípica, donde unos extraterrestres superiores juzgan a la humanidad a partir de los actos de un solo individuo. Con una prosa correcta que invita a seguir leyendo, Viviana Rodil nos deja en la boca un sabor a ciencia ficción clásica, al que a mi entender le falta el toque especiado de la innovación.

Coral Carracedo es la autora de “Androidismo en el tiempo”, relato narrado en forma de artículos, entrevistas y descripciones de vídeos que nos habla sobre la evolución y las consecuencias del uso de muñecas y androides sexuales, con un final que me ha pillado por sorpresa. Se trata de una historia con una temática muy interesante, y una estructura que acompaña al género, que no trata de ocultar su marcado feminismo y que en sus últimos párrafos hace una buena radiografía de los habitantes de Internet.

Entramos en los cuentos de verano con “Proyecto Quimera” de Patricia Janikowski, relato que nos traslada a un laboratorio donde se realizan oscuros experimentos infantiles. Aunque su trama es quizá demasiado ambigua para mi gusto, la autora consigue trasladar al lector a ese ambiente de opresión y miedo a lo desconocido con una prosa poética y efectiva. Una buena fusión de ciencia ficción y terror en el que hubiese agradecido un poco más de concreción.

En “Los límites del cielo” de Irantzu Tato volvemos a otra trama arquetípica, cuyo final se ve venir. A través de videoblogs, el doctor Eugene Lafond sigue el desarrollo de un proyecto consistente en inyectar nanobots que curan enfermedades nerviosas. Esta historia nos recuerda que cuanto más nos alza el éxito, más dura es la caída. Aunque no es el cuento más original del “I Premio Ripley”, el carisma algo esperpéntico del protagonista y sus anécdotas cotidianas le dan chispa y su final, aunque esperado, no deja de resultar interesante.

Ante Alicia Sánchez Martínez y su “Perlora” no puedo sino quitarme el sombrero. Otra de mis favoritas, nos lleva a un mundo dominado por las congéneres, que crean a su antojo una realidad virtualizada y que disfrutan de la compañía de las criaturas, las mascotas orgánicas de moda.

Con una intuición envidiable, la autora va sumando piezas a un puzzle que el lector disfruta montando. Con la dosis justa de suspense, un final arrollador y una protagonista con la que es muy fácil conectar, estamos ante uno de los mejores relatos de la antología. Una pequeña maravilla onírica.

Finalmente llegamos al otoño, a Laura Replinger y al terror de “El ojo herido”. Cuando Jane descubre a una mujer idéntica a sí misma en una fotografía, los recuerdos del pasado comienzan a aflorar: los del extraño nacimiento de su hermano Alexander, ya fallecido, y los del ojo semi abierto del cadáver de su madre tras el parto. Un relato muy bien conducido que recuerda al horror lovecraftiano y que logra poner los pelos de punta en ciertas partes.

El último cuento es “Atardecer rojo”, también de terror. Raquel G. Álvarez-Calderón nos pone en la piel de un pastelero creepy cuya idea de salvación resulta poco ortodoxa, y que se encuentra con que la familia perfecta a la que había decidido imponer sus servicios no es tan perfecta como parecía. Un relato capaz de hacerte contener el aliento y sentir escalofríos mediante un uso impecable del suspense, una narración teñida de un rojo casi poético, y de un giro final tan inesperado como aplaudible.

I Premio Ripley” es una antología de una calidad bastante notable, con varios relatos excelentes, donde rebosan la frescura, la originalidad y los finales más que satisfactorios. Como es normal, unos gustarán más que otros (yo echo en falta un reparto más equitativo entre la ciencia ficción y el terror por mi mayor afinidad con este último), pero en general todos nos presentan propuestas interesantes y lecturas amenas.

Solo me queda alabar el diseño del libro en papel, con la portada ilustrada por Eva Vázquez y con la cubierta trasera, las solapas y la primera y última páginas en un negro muy elegante.

En definitiva, estamos ante un libro de esos que te quitarían el miedo a las autoras noveles. Por mi parte solo puedo felicitar a las escritoras seleccionadas y a los responsables de la iniciativa. Esperando quedo a nuevas ediciones de este certamen que me descubran más talentos literarios en esta, nuestra bella lengua.

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