Años 80, una década inolvidable. Gumpei Yokoi se saca de la manga las maquinitas Game & Watch, Microsoft desarrolla Windows 1.0, Nintendo lanza al mercado su consola doméstica NES, Maradona se hace leyenda con su Mano de Dios, los adolescentes se aterran delante del televisor visionando el videoclip «Thriller» de Michael Jackson o al contrario, alucinan con un Delorean DMC-12 que aparece en una extraña película llamada Regreso al Futuro, ahora cinta de culto.

Son solo unos ejemplos de lo maravillosos que fueron esos diez años. Una década que dio mucho que hablar tanto en su parte positiva como en la negativa. Sin embargo, como una suave brisa marina, paseó por nuestros lares en esa misma franja de años, la última epopeya literaria y visual de Akira Toriyama, Dragon Ball. Llegó sin hacer mucho ruido, encandiló a la mayoría de niños (y no tan niños) que la seguían y provocó el deseo en todos ellos, justo igual que despertar una mañana de verano en nuestro apartamento de la playa y sentirnos arrastrados irremediablemente a meternos en el agua. Poético a la vez que real.

Dragon Ball: Fusions

Dragon Ball apareció en nuestras vidas cuando la década de los 80 daba ya sus últimos coletazos, pero a nivel nacional supuso un antes y un después para las televisiones autonómicas. El que firma este análisis que estáis leyendo, tuvo la suerte de asistir desde el principio hasta el final, del fenómeno Dragon Ball (Bola de Drac para aquellos que crecimos en la mayor parte del Mediterráneo). La histeria colectiva comenzó rápidamente con todo tipo de merchandising. Cromos, libros, manga, películas… ¡y fotocopias! Todavía recuerdo cuando conseguí aquella en la que aparecía un misterioso personaje con espada y el símbolo de la Capsule Corp. y ni tan siquiera se había estrenado en nuestro país Dragon Ball Z. No, Internet como tal no existía en aquellos años para informarnos de todo.

Hasta ahora la franquicia de Akira Toriyama tiene en su haber innumerables videojuegos y la mayoría de ellos gozan de una calidad fantástica. Desde Dragon Ball: Shenlong no Nazo para NES, pasando por los fantásticos Butoden (que todavía, servidor, sigue jugando) hasta el que nos atañe, Dragon Ball: Fusions para Nintendo 3DS. Un videojuego que aunque al principio pueda pecar de extraño, acaba enganchando como el que más. El Peta Zeta de los videojuegos Dragon Ball (si se me permite el guiño a los 80), te explota en el paladar pero sigues queriendo más.

Dragon Ball: Fusions es un software creado por Ganbarion para la portátil Nintendo 3DS que da una vuelta de tuerca a todo lo que hemos visto, en términos de videojuegos, a la franquicia de Son Goku y compañía. Se trata de un RPG que deja en segundo plano la historia original de nuestros amigos para llevar a la palestra a un personaje ficticio creado por nosotros y utilizar las fusiones vistas en el manganime para pincelar la historia de este cartucho. Dicho así no parece dar muy buena espina pero es justo lo contrario, estamos ante una pequeña gran joya del entretenimiento digital.

Dragon Ball: Fusions

La historia comienza cuando nuestro avatar y su alter ego encuentran las famosas siete bolas de dragón y se disponen a realizar un deseo, el de crear el mejor Torneo de Artes Marciales que haya existido nunca. Shenron, muy complaciente él, lo hace realidad no sin antes alterar el espacio-tiempo del mundo en el que viven nuestros protagonistas. Es a partir de aquí cuando la nostalgia nos recibe con una rebanada de pan con Nocilla y un vaso de Tang sabor naranja para evitar atragantarnos. Y es que aunque el planteamiento de Dragon Ball: Fusions se centra en el periplo de nuestros aventureros, la historia original del manga aparece cada pocos pasos en forma de guiños o excusa para avanzar en nuestro viaje.

El juego nos da la bienvenida con un editor de personajes que ofrece la opción de crearnos un avatar terrícola, saiyajin, alienígena, majin o namekiano. El resultado de nuestra creación seguirá siendo fiel a la obra de Akira Toriyama a la vez que marcará también nuestras aptitudes en el combate a lo largo de toda la aventura. Aunque el editor no sea tan extenso como nos hubiera gustado, dentro del grisáceo cartucho hay un amplio número de personajes (más de 1000 entre representaciones y fusiones) que hace que el universo mostrado en Dragon Ball: Fusions sea de lo más variopinto y ameno.

La aventura se juega en tercera persona, volando a través de las zonas que habitan en cada universo del espacio-tiempo y con más cargas de lo esperado, aunque suponemos que hacer un mundo totalmente abierto era algo difícil con las características de Nintendo 3DS, hecho que ha repercutido también en no contar con la opción de visión estereoscópica típica de la portátil. En estas zonas visitaremos lugares como Satan City, Kame House, la antigua casa en la colina de Son Gohan, abuelo de Son Goku, o el Torneo de Artes Marciales de Célula. Como veis, los guiños a la trama principal de Dragon Ball son evidentes a la par que reconfortantes. Digamos que el videojuego no abandona nunca la esencia misma de la franquicia. ¿Os suena de algo World of Final Fantasy?

Dragon Ball: Fusions

Como juego de RPG, tendremos que cumplir misiones de historia y secundarias (siempre opcionales) para avanzar en la trama. Estas nos recompensan con luchadores que pueden unirse a nuestro grupo, habilidades especiales para utilizar en combate u objetos de equipamiento. Aparte de esto existen minijuegos relacionados con las habilidades típicas de la serie, tienda de vestuario para lucir palmito al igual que nuestros personajes favoritos o un curioso test diario de conocimiento sobre el universo de Dragon Ball que pica y mucho.

Dejando a un lado la historia, que cumple sin más, vamos a centrarnos en lo que en realidad engancha, el sistema de combate. En Dragon Ball: Fusions se ha creado para las batallas una mezcla que combina estrategia, acción e interacción. Contamos una vez más con la manida ruleta de elementos usada en los RPG (aquí fuerza, ki y velocidad), por lo que debemos de golpear al enemigo con ataques contrarios a su característica principal para debilitarlos. Para ello contamos con ataques normales, movimientos especiales o ráfagas Ki y siempre con una pizca de estrategia añadida. Por ejemplo, la posición en el combate influye y mucho. De ello depende que el enemigo salga lanzado de un soplamocos nuestro hasta nuestros compañeros para que ellos, una vez recibida la patata caliente, le sigan repartiendo tollinas. En los ataques cuerpo a cuerpo podemos decidir mediante un rosco sobre el enemigo al más puro estilo Pasapalabra, por donde le vendrán los guantazos mientras que el adversario intenta adivinarlo. Si lo bloquea el daño será menor, pero si le «entra», podremos incluso mandarlo fuera del ring y hacerle todavía más daño. Las ráfagas Ki son de varios tipos y pueden, o no, afectar a uno o más combatientes. Pero lo más espectacular de las batallas son los Ataques Especiales, el movimiento Zenkai y la Fusión.

Es aquí cuando el despliegue técnico empleado en las lucecitas de colores, movimientos imposibles y escenas cinemáticas chulísimas sale a relucir. En el primero veremos a nuestros héroes ejecutar sus ataques más característicos como el Kame Ha o el Big Bang Attack entre otros o emplear los que hemos ido aprendiendo a lo largo de la aventura. El segundo es un cóctel de bofetadas sin parangón que depende de la velocidad a la que aporreamos los botones como si no hubiera un mañana. Bastante espectacular también. Y Fusión es el eje motriz del cartucho, como un revuelto de tortilla donde le añadimos los productos más extraños a la sartén. Se trata de una megafusión de los cinco personajes que llevamos en plantilla y que, depende de quien lo ejecute, la apariencia puede ser distinta. El ataque se comporta similar al movimiento Zenkai, pero las leches son más dolorosas y el espectáculo audiovisual es bastante más llamativo.

Dragon Ball: Fusions

Solo hay una pega, los combates son extremadamente lentos, ya que en su mayor parte son batallas 5 contra 5. Esto hace un total de 10 turnos para completar una ronda por así decirlo, aunque los personajes con alta velocidad pueden atacar más de una vez por ronda. Si a eso le sumamos que el juego basa su jugabilidad en los mismos, puede hacerse un poco monótono el tener que combatir cada poco tiempo, pero no por ello son menos adictivos o maravillosos. Es, por ponerle una pega, lo peor de la alocada idea que ha fabricado Ganbarion al desarrollar Dragon Ball: Fusions.

El título también cuenta con un modo online multijugador donde medirse contra nuestros amigos, escalar posiciones dentro del ranking y un curioso modo que es bastante interesante desgranar. Se trata de una opción que permite a nuestras portátiles detectar los puntos Wi-Fi cercanos y el juego los convierte en puntos de batalla donde podemos encontrar enemigos muy poderosos que pueden unirse a nuestro grupo y así utilizarlos después en la aventura principal. Una cosa tenéis que tener clara, allí las batallas son feroces en la mayoría de ocasiones y podemos encontrar a personajes conocidos del mundo creado por Akira Toriyama.

La curiosidad del cartucho se encuentra en el llamado Foto Fusión, una opción que nos permite realizar una foto a nosotros mismos y a un amigo con las cámaras delantera y trasera de la consola para crear la fusión de ambos. El resultado no tiene desperdicio…

En el apartado técnico vemos que Dragon Ball: Fusions destaca por las curiosas recreaciones de sus personajes icónicos, mezclando el diseño original con rasgos cómicos que le dan un toque humorístico al videojuego.

Dragon Ball: Fusions

Técnicamente está bien resuelto, con una paleta de colores bastante amplia que respeta la obra del dibujante nipón, unos escenarios algo pequeños pero lleno de detalles, buena optimización para el limitado hardware de Nintendo 3DS y un modelado de personajes y escenarios que cumple con las expectativas. Todo esto aderezado por una banda sonora creada de cero para la ocasión (nada de temas conocidos), un buen número de voces en japonés e inglés y una traducción al castellano que da más dolores de cabeza de lo esperado, algo bastante inusual en los productos de Nintendo y Bandai Namco.

Conclusión

A ojos de este redactor, se me hacía imposible una combinación como la de Dragon Ball: Fusions. ¿Una técnica para unir poderes de ambos luchadores en un solo combatiente y bastante exclusiva utilizada contadas veces en la historia original, protagonista de una aventura donde todo el mundo puede realizarla? ¿Y sin seguir la historia de Akira Toriyama? Sin embargo el resultado final hace que esta obra, realizada con mucho respeto, hace que mires a Dragon Ball: Fusions con otros ojos. Se trata de una pequeña maravilla que nadie puede dejar pasar.

Antes os hemos mencionado entre líneas a World of Final Fantasy. Cuando nadie daba un duro por él, nos encontramos al final con un videojuego excelente en el que los guiños nostálgicos a otras series de la franquicia le sentaban muy bien. Aquí pasa lo mismo. Su historia no es espectacular, no destaca en casi nada salvo en su sistema de combate, pero esos pequeños guiños son los que reviven nuestras ganas de terminarlo cual ave fénix. Si dudáis sobre comprarlo o no, ya estáis tardando en ir a vuestra tienda de videojuegos favorita.

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