Recuerdo con cariño los primeros Dawn of War. Aún me acuerdo del momento cuando, un buen amigo mío, me dejó una copia del primero, y como ávido jugador de títulos de estrategia en el momento, mi romance con el primer Dawn of War fue intenso, pasando tardes enteras entre su campaña y partidas contra la IA, construyendo bases y liderando grandes hordas de tropas a la batalla.

Tras unos años y disfrutando ya de una gran cantidad de expansiones que ayudaron al juego a crecer, el Dawn of War original pasó a ser el invitado de honor a mis Lan parties. Pasaba horas en el multijugador local, con unos amigos, unas pizzas y unas intensas partidas que aún recuerdo con afecto. Sí, Warhammer 40.000 Dawn of War fue importante para mí. Su simplicidad de manejo combinada con su multitud de opciones creaba partidas feroces e intensas. Y aunque tenía mucho espacio para la mejora, recuerdo sus hándicaps con cierta ternura.

Y entonces llego el Dawn of War 2. Sin extenderme demasiado, baste decir que me defraudó. Con la idea de convertir el juego en una serie de batallas más pequeñas con personajes más especializados y cortando de lleno con la construcción de bases, Dawn of War 2 se parecía más a un título MOBA de los que empezaban a extenderse por el mercado, más que una evolución de los RTS con los que me había criado. Y no, no es solo una cuestión de nostalgia. Es una cuestión de lo que espero cuando pienso en estrategia en tiempo real.

Dawn of War III

Cuando se anunció Dawn of War 3 estaba escéptico. Como un viejo amante que vuelve para decirte que todo será mejor que antes, su tráiler provocó en mí confusión y emociones encontradas que no supe interpretar, hasta el punto que decidí no comprarlo. Y, sin embargo, en un giro de los acontecimientos digno de una película sobre el destino manifiesto, Dawn Of War 3 llegó a mis manos. Así que cogí la enorme, fuerte, segura y mecánica mano del líder Orko Gorgutz y me embarqué en una nueva aventura.

Y si algo quiero dejar claro es que este título es, como he indicado antes, una fusión de lo nuevo y lo viejo. Personalmente, Dawn of War 2 me sentó como un puñal en el corazón pero es cierto que existe cierto valor en lo que trató de hacer: unidades únicas, enfrentamientos más pequeños pero decisivos e intensos… Dawn of War 3 combina el tamaño de escenarios y magnitud de batallas de Dawn of War con los personajes más especializados y las habilidades mejor medidas del Dawn of War 2 en algo que tiene su mérito, pero que, al final, no ha terminado de realizar de una manera del todo satisfactoria.

Demos un repaso pues a la jugabilidad de este nuevo Dawn of War, donde típicamente dos bandos se enfrentan en diferentes escenarios de juego. Mediante el uso de distintos tipos de unidades, tendremos que cumplir ciertos objetivos a costa del rival o rivales. Estos objetivos varían, ya sea una misión de la campaña o del modo multijugador. Cabe decir que este Dawn of War está definitivamente optimizado para el juego 1vs1, y es que desde los modos multijugador hasta la experiencia de la campaña la prioridad es la lucha uno contra uno.

Dawn of War III

Nuestras unidades dependen de la raza que juguemos. En este Dawn of War tenemos tres razas diferentes disponibles: Marines Espaciales, Orkos y Eldar. Cada raza se siente distintivamente diferente a las demás, algo en lo que esta nueva entrega supera a la anterior. Los marines se basan en el despliegue táctico de nuestras unidades y en la precisión; los Orkos combinan unidades baratas con una mecánica de Waagh y recursos especiales (chatarra); y los Eldar se especializan en incordiar de una manera experta con sus edificios móviles y sus portales a la telaraña. En definitiva, cada una de estas facciones tienen su propio estilo de juego y son una experiencia distinta.

Durante la campaña tendremos misiones con cada una de las diferentes razas y sus héroes y el foco va cambiando de una a otra. Esto hace la experiencia fresca en cada misión y nos narra una historia desde perspectivas diferentes.  El problema de esto es que no acabamos de alcanzar un vínculo con los protagonistas, ya que sus objetivos y metas les mantendrán en conflicto y aunque esto es una buena decisión en cuanto a la jugabilidad, con respecto a la narrativa de la campaña acaba siendo una decisión que provoca un cierto desinterés por una historia que ya de por sí no es nada que no hayamos visto en otras obras de ficción de este universo. En definitiva, no me ha emocionado, y sirve poco más que como una excusa para alcanzar unos objetivos claros en la jugabilidad: hacer cada misión diferente a las anteriores.

Con respecto a las partidas multijugador, los enfrentamientos clásicos han sido sustituidos por este modo de juego totalmente MOBA. Nuestro objetivo será liderar a nuestras fuerzas para destruir un artefacto enemigo mientras protegemos el nuestro. Para ello tendremos que avanzar luchando contra las fuerzas contrarias y torretas emplazadas estáticamente. Y esto, aunque es una mezcla y un experimento interesante, acaba convirtiendo al multijugador en una experiencia que acaba haciéndose algo aburrida rápidamente. Por el bien del multijugador que tanto ansían que triunfe, espero que añadan a parte de este, otro modo de juego, ya sean partidas clásicas o nuevas ideas que puedan mantener el nivel de interés.

Dawn of War III

En relación al apartado artístico del juego, mucho ha cambiado desde los primeros Dawn of War y, sin embargo, sigue teniendo un espíritu reconocible. El mundo es oscuro y con un estilo gótico futurista, que es lo que hay que esperar del mundo de Warhammer 40k. Los colores son apagados y oscuros, los ejércitos y diferentes unidades tienen un toque más realista ahora, la carne y el metal están mejor definidos que antes. Sin embargo, aunque el apartado artístico no esté mal, a nivel gráfico hemos visto RTS con mejor aspecto en estos últimos años.

La experiencia en general ha tenido sus altos y sus bajos, cosas buenas y malas. Pero hay una particularidad en concreto que, aún sin ser algo de una enorme relevancia en la experiencia general del juego, me ha molestado sobremanera. El nuevo título de Relic Enterntainment tiene una particularidad que no podré quitarme jamás de la cabeza, y es la interfaz. Pocas veces he visto algo tan inmanejable en interfaces modernas. No se ajusta bien a diferentes tamaños de pantalla, se lee mal y en general dificulta el manejo del juego. Durante las misiones o partidas en sí, esta hace su trabajo de manera correcta. Es en los menús principales del juego dónde esta tiene fallos tan enormes como tener que escribir el nombre de un guardado para sobrescribirlo, en lugar de enseñar los ya existentes. 

Con respecto al apartado sonoro del juego, este cumple su papel sin pretensiones. En especial los efectos de sonido típicos de las batallas como disparos, explosiones y golpes tienen un buen impacto y ayudan a darle intensidad a los enfrentamientos. Además, como es necesario en un buen RTS, los sonidos hacen un buen trabajo dándonos feedback de nuestras acciones, como, por ejemplo, al pulsar sobre el botón para construir una unidad, etc. El trabajo en las voces de los personajes es bastante bueno, aunque varía dependiendo de cuál sea. Con respecto a la música, esta se utiliza de forma muy sutil durante el juego, aunque lamentablemente no es muy memorable.

Dawn of War III

Lo siento querido lector si con lo que has leído no has entendido si el juego realmente me ha gustado o no, pero como la vieja relación que viene a tratar de ganarte de nuevo, es algo complicado. Durante mi tiempo con este nuevo título he tenido buenas memorias, lo he pasado genuinamente bien y al mismo tiempo he sentido que no ha sido más que un reencuentro fugaz, algo que me ha hecho recordar buenos tiempos y pasar un buen rato, pero que cuando el acto ha acabado y las luces se han apagado, solo con mis pensamientos me temo que las cosas nunca serán como una vez fueron.

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