Seis años después de su último paso por consolas, Daedalic y Fakt nos traen de nuevo Crazy Machines, con las mecánicas ya conocidas por los seguidores, para volver a ponernos a prueba. Para aquellos que nunca se han enfrentado a un juego de este subgénero, saber que se hizo famoso sobre todo por la popular serie TIM, The Incredible Machine, allá por los años 90. Desde entonces ha habido varios exponentes de diverso tipo, algunos más acertados que otros, aprovechando la fiel base de fans que tienen y que esperan a veces demasiado para ver salir otro juego del estilo al mercado.

La mecánica es bien sencilla: completar mecanismos bastante enrevesados para realizar alguna acción sencilla, que a todas luces se podría hacer con mucho menos trabajo. Pero esa es la gracia de las máquinas de Rube Goldberg, muy famosas gracias a sus apariciones en programas de televisión, videoclips musicales, películas o tebeos varios.

Crazy Machines 3

Con esta premisa, nos encontramos ante un título bastante sólido, cuyo objetivo principal es que superemos las 80 pantallas del modo campaña, divididas en secciones diferenciadas según el tipo de elementos que tendremos que usar. El objetivo de cada una está siempre claro: arrancar un coche, meter una pelota en la canasta o tirar unos bloques, por poner algún ejemplo. Tendremos el estrambótico aparato que toque en cada pantalla a medio construir y nos darán una serie de piezas que tendremos que colocar donde consideremos que puedan ayudar a cumplir el objetivo. Una vez puestas, iniciamos la máquina y vemos cómo hemos fallado miserablemente, así que vuelta a darle a la cabeza hasta que lo logremos.

Crazy Machines es así: se cocina a fuego lento. La dificultad es bastante alta en general, sobre todo para los que no estén acostumbrados a este tipo de puzles e incluso desde el tutorial, como algo se nos atasque, vamos a pasar un buen rato pensando. Es su intención, no hay duda. Frente a la mayoría de juegos donde prima la rapidez de reflejos y la espectacularidad, estamos frente a una propuesta que premia la tranquilidad, la planificación y el pensamiento lateral.

Para hacerlo más complicado si cabe, en muchas de las fases tendremos disponibles más piezas de las que hacen falta. O eso parece a primera vista, ya que uno de los logros de Crazy Machines es dar un poco de libertad en las fases respecto a la forma de superarlas. Es decir, que a veces podremos superarlas de varias maneras, gracias a unas físicas milimétricas que nos obligan a colocar los diferentes aparatos casi en pixel perfect. Bastante bien conseguidas salvo en algún caso concreto, sobre todo nos impedirán hacer locuras que en otros juegos sí que eran posibles, como colocar una silla encima de una caja en vertical o plantar algo en medio de la nada sin que la gravedad afecte. Por contra, como comentaba, también nos permitirán superar pantallas de diversas formas si conseguimos, por ejemplo, que una pelota rebote más alto de lo esperado por dar justo en el borde de un objeto.

Crazy Machines 3

Durante estas 80 fases de la campaña principal veremos gran variedad de herramientas a utilizar: engranajes, cintas, todo tipo de barras, listones y palos de diverso tipo, pelotas a montones, láseres, electricidad, imanes, el mítico guante de boxeo, fichas de dominó y un largo etcétera, todo para pulsar un botón que abra el garaje, por ejemplo. Sin llegar a la variedad de otros títulos semejantes e incluso con algunos de los elementos de Crazy Machine 2 desaparecidos, la variedad de propuestas no es su punto débil. Dentro, obviamente, de que todos los puzles tienen una base similar.

Gráficamente está bastante cuidado dentro de su sencillez. Realmente lo importante es el sistema de físicas así que se nota que tampoco se ha dedicado mucho esfuerzo en alcanzar un detalle gráfico extremo. Sin embargo, digamos, es agradable a la vista, bastante resultón y colorido. Resalta más el humor inherente a utilizar máquinas de Goldberg con propósitos absurdos que la seriedad de poner a trabajar las neuronas para resolver puzles más o menos complejos.

Todo esto acompañado de una serie de piezas musicales que merecen una valoración similar al apartado gráfico: no son nada del otro mundo, pero sí son resultonas y simpáticas. Tampoco hay una carga importante de diálogos ni nada similar que merezca nuestra atención, pero los textos están localizados correctamente al español. No son necesarios ni para saber qué hay que hacer en cada fase, pero es de agradecer.

Crazy Machines 3

Hasta ahora he hablado de la campaña como si fuera la única posibilidad de juego en Crazy Machines 3, pero no es así. Tenemos, además de una campaña extra tematizada de Halloween, dos posibilidades más o menos interesantes. La que menos, una serie de minijuegos que no tienen nada que ver con el juego principal y que son útiles para descansar la neurona cuando nos quedemos atascados, pero aparte de eso, no aportan mucho más.

Sin embargo, lo que sí aporta y bastante, es la posibilidad de crear y compartir nuestras propias creaciones a cual más retorcida, así como descargar y jugar con las que haya hecho otra gente. El editor es bastante sencillo de utilizar y lo difícil es, realmente, tener una buena idea para desarrollar y realizar correctamente, para que no sea evidente de resolver pero tampoco un infierno al azar. A día de hoy hay creaciones bastante decentes de la comunidad, que si sigue así alargará la vida del juego considerablemente.

En general estamos ante una propuesta bastante bien resuelta. A modo de resumen, antes de adquirir el juego hay que entender que la mayor parte del tiempo lo vamos a pasar mirando la pantalla pensado qué hacer para completar la maquinaria. Requiere paciencia, más aún teniendo en cuenta el nivel de dificultad con el que nos encontramos a las primeras de cambio. Puede llegar a frustrar a los impacientes y la exigente física nos fuerza a mover milimétricamente un objeto para cambiar el resultado del recorrido y que funcione correctamente o no. Pero para todos aquellos que ya hayan jugado a otro título, ya sea de esta misma saga o de otras alternativas, no les va a defraudar, merece la pena probarlo.

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