Clase letal 3: 1988. Nido de víboras. El embrollo desemboca en condena a muerteAquí estamos, con el tercer volumen de Clase Letal que ha sacado Norma. 120 páginas en rústica que, con el título de “1988. Nido de víboras”, nos muestran el enorme follón en el que se ven envueltos los protagonistas esta vez. Quizá permanentemente.
   
Como nuestros lectores podrán recordar desde la última reseña , el segundo tomo terminaba con un bien calculado suspense: Marcus y sus colegas finalmente acabaron con el duro clan de paletos que casi acaba con ellos. Pero consiguieron escapar con bien perdiéndose en el fresco ambiente nocturno. Lamentablemente terminan dando con ‘El alma del diablo’, es decir, el cartel más cruel a ambos lados de la frontera.
 
Por desgracia, la situación de María con respecto al cartel no es la más favorable, ya que Diablo asesinó a su familia, y la tomó a ella criándola junto a su hijo Chico. Evidentemente, María y Chico tuvieron su historia, pero en tanto él se convirtió en un loco posesivo cuando María comenzó a sentir algo por Marcus, ella se vio obligada a matarlo antes de que él matase a Marcus. Todos hacen lo que pueden para borrar sus huellas, pero la sombra del padre de Chico es alargada, y los termina encontrando.
   
En fin… ¿Qué se le va a hacer? ¡Es el instituto! ¡Es una época complicada!
   
Así que el tomo comienza con el encuentro entre Marcus, María, Diablo y sus esbirros. Es una escena agobiante, sobre todo cuando sus amigos se ven envueltos en el fuego cruzado. A partir de aquí, Marcus y María deberán pelear duramente por sus vidas, mientras el hermano mayor de Chico los persigue. Rick Remender es capaz de mantener el nivel de tensión a lo largo de este segmento de la historia, y consigue que no puedas apartar los ojos de la historia hasta que llegue a algo.
   

Clase letal 3: 1988. Nido de víboras. El embrollo desemboca en condena a muerte

Pero, en ese momento en el que comienza a faltarte el aliento a base de contener la respiración, se relaja el ritmo de la historia con la excusa de darle a los protagonistas un momento para que recuperen el aliento –y el lector también-. Durante esa pausa refrescante, ellos intentan disculparse lo mejor que pueden por sus errores e intentan urdir un plan para comenzar de nuevo desde cero cuando salgan de este desastre. Es una escena suave que está diseñada para recordar a los lectores que detrás de la explícita violencia de la serie aún late el corazón sensible de una panda de adolescentes.
   
Pero cuidado, remender no ha terminado. La batalla comienza de nuevo, solo que las emociones están ahora más a flor de piel. El lector en estos momentos empatiza más con la causa de la victoria de la pareja protagonista en una situación en la que sus posibilidades de salir con bien se han reducido mucho… ¡Y mencionábamos el suspense final del número anterior! Pero esto sigue, queridos lectores, sigue aún.
   
Clase letal 3: 1988. Nido de víboras. El embrollo desemboca en condena a muertePorque, mientras Marcus consigue poner algo de tierra por medio cayendo desde un puente, María es capturada por Diablo. La fuga de Marcus se ve frustrada también y, pese a que las cosas pintan mal, María es capaz de salir con bien de esta gracias a sus bien entrenados instintos asesinos en una escena visualmente impresionante. Gran trabajo de Wes Craig, que hace gala de su sentido narrativo y cinematográfico. Debe sentirse orgulloso.
  
  Pero volvamos a centrarnos: imaginaos las diabluras que ha podido hacer el dibujante con estos ingredientes: una chica pintada como la muerte, un coche, tres hombres grandes de aspecto patibulario, su líder… Una de las escenas más impactantes que he visto. Una escena llena de ira y ansias de venganza, repleta de sangre y violencia. Y todo termina con una frase lapidaria de Maria que supone el contrapunto y desenlace perfectos. Os invito a descubrirla: corta, impactante y procedente en el contexto. Una frase nacida de las circunstancias de la vida de María: su vida entera ha girado en torno a la planificación del asesinato de su padre, soñaba con ello, y la venganza es todo lo que María tiene y conoce y, ahora que la ha conseguido, no le importa nada. El haber consumado su venganza no le devolverá a su madre, y tampoco ha llenado el vacío que siente en su interior. Un momento trágico de sublime factura.
   
Tras todo ese desastre, regresan a la escuela y, a partir de ese momento… Habrás de descubrirlo tú, querido lector. No quiero fastidiar el clímax de la narración. Pero os anticiparé que aún habrá un par de giros inesperados más antes de terminar el tomo. De hecho, la conclusión es contundente y sorpresiva. De acuerdo: los hechos no quedan sin consecuencia. Pero no cabía esperar cómo se encadenan los acontecimientos hasta su desenlace en las últimas páginas.
  
  ¡POR CIERTO! Tendremos un nuevo episodio lisérgico de Marcus al pasarse con los hongos alucinógenos. Una genialidad que nos retrotrae al primer volumen: payasos, Ronald Reagan…
   

Clase letal 3: 1988. Nido de víboras. El embrollo desemboca en condena a muerteY otra cosa: hasta ahora no podíamos siquiera llegar a sospechar hasta qué punto el director de la escuela está pendiente de todo lo que ocurre en la institución y fuera de ella, y hasta qué punto controla las actividades de sus alumnos.
   
Tras haber alabado el manejo del ritmo narrativo por parte de Rick Remender, que es único manejando los suspenses y las emociones encontradas, hablaremos del gran trabajo de Wes Craig. Se ha fundido tanto y tan bien tanto con el guión como con la trama que ya es imposible concebir la serie sin el dibujo de Craig. Sus viñetas están llenas de dinamismo, de energía, , sus imágenes condensan todos los sentimientos viscerales contenidos en las palabras de Remender. Pero en este tomo, intensifica su desempeño dándonos algunas de las escenas más potentes de toda la colección.
   
Pero sería injusto mencionar este buen trabajo sin hacer referencia al colorista, Lee Loughridge, cuyo peculiar estilo intensifica lo que la escena sugiere, y la hace más potente todavía. Es un aditamento perfecto para la inquietante atmósfera del tomo.
   
No nos olvidemos de hacer referencia a los extras: 6 páginas con todas las portadas y portadas alternativas de los números entre el 12 y el 16 de la edición americana.
   
Clase letal continúa sumergiéndonos en la trama, y nos hace cautivos del suspense. ¿Cómo terminará todo? ¿Qué nuevos desafíos le esperan a Marcus y sus colegas –al menos los que quedan-? ¿Los que quedan? ¿Quiénes han caído?
   
Ah, amigo lector… Para ello, ya lo sabes: “Clase Letal: 1988. Nido de víboras”, de Norma Editorial ¡Ya dirás qué te parece!

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