En la televisión el tiempo pasa muy deprisa. La memoria del espectador suele deslizarse con rapidez entre las nubes del tiempo, borrando personajes y actores, difuminando roles y reinventado argumentos. Pero hay series y personajes que quedan grabadas a fuego en la mente de todos, y House es una de esas series difícilmente olvidable, máxime cuando además su reposición es una constante entre los distintos canales.

Pues bien, en su nuevo proyecto televisivo, Hugh Laurie (Oxford, Inglaterra, 1959) vuelve a introducirse en la carrera médica, a través del personaje del neuropsiquiatra Eldon Chance. Un analista médico y perito experto encargado de evaluar casos para bien derivarlos a otros psiquiatras especializados en el trastorno de que se trate o bien declarar sobre su estado mental ante tribunales civiles o profesionales de distinta índole. Una vida laboral anodina y de escasos alicientes, si bien aderezada en contrapartida con una animada vida personal: al estar atravesando el Dr. Chance un proceso de divorcio que lo mantiene alejado de una hija adolescente que lo echa de menos, aunque le ha tocado vivir con su madre y la nueva pareja de ésta.

Este punto de partida, bastante corriente y habitual en numerosos guiones de otras tantas series, cambia de repente cuando por su puerta entra Jaclyn Blackstone (Gretchen Mol). Una atractiva paciente con un Trastorno de Identidad Disociativo: según la circunstancia, su personalidad se desdobla, sus recuerdos se disocian con sus personalidades, y es capaz así de llegar a cometer actos tan desesperados como deleznables. Inmediatamente, Chance se siente fascinado por su caso. Una fascinación que crece paulatinamente a medida que va sabiendo más de ella, pero, sobre todo, de su relación con el policía Raymond Blackstone (Paul Adelstein), de su lado sombrío y de todo el dolor que ella dice él le aflige.

Hasta el punto de pasar a ser para Chance primero una pasión y más tarde una obsesión, en cuya persecución arrastrará con él a su trabajo, a su familia, a sus amistades… poniendo en riesgo incluso su vida.

Chance, de Hulu: una serie nueva que parece vieja

Inmediatamente, Chance decide tomar cartas en el asunto. Para proteger a Jaclyn, echa mano de un hombre extraño, taimado, pausado, pero profundamente conocedor de los bajos fondos y sus mecanismos, inicialmente conocido solo como ‘D’ (Ethan Suplee). Pero esta relación va a tener para él muchas más consecuencias de las inicialmente previstas. Las muchas caras ocultas del embrollo en que acaba metido harán que ‘D’ sea para él mucho más que un simple esbirro, hasta convertirse prácticamente en un maestro. Él le descubre los recovecos oscuros del mundo y, al mismo tiempo, lo fuerza a que conozca esos mismos oscuros recovecos presentes también (aunque hasta ahora ocultos) dentro de sí.

Hasta el punto de ser esta extraña pareja Chance-‘D’, vamos adelantándolo ya, lo más interesante de la serie.

En resumen, estamos ante una serie muy acorde con las películas de intriga y tensión de los años ’90, en algunas de las cuales existía una relación de atracción y obsesión médico-paciente entre un psiquiatra y su misteriosa paciente, si bien actualizada en su estilo y con alguna vuelta más de tuerca.

Chance, de Hulu: una serie nueva que parece vieja

Personalmente, mi mente no pudo evitar traerme a la memoria un paralelismo entre esta ‘Chance’ (2017) y ‘El color de la noche’ (1994), un olvidable thriller pseudoerótico protagonizado por Bruce Willis y surgido a la sombra de ‘Instinto básico’ (1992).

Cazador-Cazado-Cazador

La trama tiene una organización bastante reconocible, respondiendo a la perfección al esquema narrativo del cazador-cazado: el neuropsiquiatra experto en evaluar a los demás, detectando sus rasgos de personalidad y juzgándolos ante otros mientras presume de superioridad profesional y moral, acaba atrapado en las mismas procelosas aguas dónde todos sus pacientes han caído antes que él. Incluso una vida ordenada, sin apenas sobresaltos, no exenta de una cierta alegría y candidez en su carácter, acaba convertida inadvertidamente en un caos que lo ha sumido en el miedo, la ira y la rabia contenidas.

Sin embargo, ‘D’ resulta ser un personaje clave en la vuelta de tuerca que todo procedural de esquemas clásicos, como es ‘Chance’, necesita para sobrevivir.

En este caso, él ejerce de maestro, de guía, no solo mostrándole las ignotas oscuridades con las que tiene que lidiar ahora, sino también dándole herramientas psicológicas y prácticas para sobrevivir y adaptarse con éxito a su nueva situación. ‘D’ es el causante de una transformación interior, progresiva pero radical, del Chance presa al Chance cazador: de quién huye con miedo de los importantes retos de violencia implícita y explícita en los que se ve envuelto en prácticamente todos los episodios, a quién coge el toro por los cuernos y es capaz de enfrentarse directamente y de frente con aquellos que quieren meterlo en aprietos o acabar con él (cuando ya resulta demasiado molesto).

Chance, de Hulu: una serie nueva que parece vieja

Y para que este truco narrativo no resulte demasiado obvio, por supuesto, se dota al personaje de ‘D’ de un contexto: dotándolo de un pasado y encuadrándolo en el presente, explicando así su personalidad, multiplicando sus características y redondeando su perfil. Convirtiéndolo, así haciendo, en el personaje mejor definido y más interesante de todos. Lo que está muy bien si él es tu protagonista, pero no demasiado bien si tu protagonista (como en este caso) es otro.

Caída, redención y transformación

Otra herramienta narrativa evidente, y aplicada en distinta medida a algunos otros personajes además de al Dr. Eldon Chance, es el esquema narrativo de la caída, la redención y la transformación. En varios casos, observaremos como estos personajes poseían una vida normal y corriente, feliz con sus familias, hasta que un acontecimiento inesperado le da una vuelta radical a todo. En este momento se produce su caída a los infiernos, su entrada en una vida nueva, sombría y oscura, donde el dolor y la amargura acaban por adueñarse de ellos. Todos ellos intentan encontrar una salida, de una forma u otra, acaban tocando lo que creen puede ser una vuelta a la normalidad… pero la caída vuelve a producirse. Y eso deja en ellos una huella que marcará de forma indeleble su paso por esta historia.

Este esquema es evidentísimo en el Dr. Chance. De hecho, pronto la serie nos deja claro que esta es una parte intrínseca de su trama y uno de sus hilos argumentales principales.

Chance, de Hulu: una serie nueva que parece vieja

Pero lo original aquí no está en cómo se desarrolla desde el guion (sin sorpresas), sino en cómo se transmite desde la realización. La luz y el color, el aspecto visual y el cromático, son aquí un recurso técnico con mensaje. En las partes positivas, previas a la caída o en la transformación final del personaje, predominan las luces claras y los espacios abiertos, las ropas blancas y beiges y azul celeste, o las telas multicolor. Mientras que, en la caída y la pasión de sus vidas, nos vamos a lugares lúgubres y oscuros, a colores cromáticos próximos al negro, a las luces amarillas y a los tonos ocres, a las ropas negras y marrones y grises oscuro.

Sin duda, toda una declaración de intenciones, además de una forma bastante buena de marcarnos en ritmo de la trama; en qué punto de desarrollo nos encontramos en cada momento.

Jugar de luces y sombras

A estos dos esquemas narrativos clásicos debemos sumarle un tercero: el presentar los elementos argumentales nuevos siempre de forma poco clara, cuando no ambigua. Esto se hace de toda forma cuanto posible sea: bien dejando hilos sueltos de guion (que más tarde se resolverán), bien optando por planos a ángulo cambiado (donde el objeto de interés está de espaldas al espectador) o a largas distancias, bien optando por la confusión a la hora de narrar hechos indirectos a través de testigos poco fiables (más que obvio en una serie de este tipo).

Si a esta técnica le añadimos, por acumulación, las dos anteriores, tenemos el estilo narrativo y visual de la serie prácticamente completo. Donde la tensión se intenta crear por acumulación de recursos clásicos con los que el espectador está ya más que familiarizado, con un estilo visual muy marcado comprensible para las grandes audiencias, y con un guion donde se juega con lo oculto y el doble (o triple) sentido como forma de dotarle a la serie de más negrura y tensión. Pero que siempre funcionen las cosas en la teoría, no quiere decir que vayan siempre a funcionar en la práctica. Por desgracia.

Chance, de Hulu: una serie nueva que parece vieja

Un ritmo muy mal llevado lastra a la serie

Aunque tenemos un guion con elementos bastante bien introducidos -si bien tradicionales en exceso y con pocas sorpresas-, y alguna interpretación salientable (permítanme destacar a un Ethan Suplee que rompe definitivamente con sus habituales papeles cómicos, para darle vida a un personaje dramático cargado de fuerza y de vida), la serie no engancha.

Desde el principio muestra un ritmo vacilante, con personajes entrando y saliendo sin ton ni son (como la secretaria de la clínica del Dr. Chance); su mismo desarrollo cambia varias veces hasta que encuentra un estilo propio en el cual sentirse cómoda (a partir del sexto capítulo); y cuando encuentra ese estilo estamos ante una serie muy distinta a aquella que al inicio se nos presentó; e incluso se entretiene demasiado en darle forma a un Dr. Chance que, para más inri, acabará más adelante absorbido en interés y fuerza dramática por uno de sus presuntos secundarios. Esta irregularidad general afecta a aspectos clave de la serie, fundamentalmente a la construcción y credibilidad de los personajes y, de forma notable, al Dr. Chance.

Todo proceso de caída, catarsis y transformación exige perfiles bien definidos y, sobre todo, una empatía con el personaje ya desde su fase inicial: pues solo así el desarrollo emocional del personaje y el espectador podrían ir de la mano y, en consecuencia, este proceso catártico adquiriría naturalidad y sentido para quién lo ve. Pero esa empatía no se produje más que difícilmente porque el personaje es demasiado analítico, demasiado frío en sus emociones, demasiado comedido. Y cuando llega la crisis, y Chance empieza su proceso de cambio, no solo nos podría llegar a resultar un proceso increíble, sino que ese cambio tampoco se produce en un personaje por el que podamos sentir algo de interés… ya no estima.

Chance, de Hulu: una serie nueva que parece vieja

Hasta el punto de que ni siquiera la interpretación solvente de Hugh Laurie es capaz de dotarlo de esa humanidad que tan desesperadamente parece buscar la serie (sin éxito) en sus primeros capítulos.

La pareja formada por el guionista Ken Nunn, autor de la novela en que se inspira la serie, y la más que experimentada showrunner Alexandra Cunningham (‘Mujeres desesperadas’), no empastan bien una serie que aburre en su comienzo y que, cuando empieza a coger velocidad y a adquirir sentido, ya ha pasado su ecuador. Un punto temporal demasiado alejado para la mayor parte de la audiencia potencialmente interesada, acostumbrada a tomar la decisión de sumarse a una serie o bajarse del carro en sus primeras entregas. De aquí que, a pesar de estar planificada inicialmente para dos temporadas de 10 episodios cada una, existan dudas sobre si tiene su continuidad garantizada o no.

El canal emisor de ‘Chance’ en España, Calle 13, ha debido ser consciente de este problema pues, con sumo acierto e inteligencia, ha decidido dotar a la serie del impulso inicial que le falta a través de su emisión rápida y casi sin publicidad. De cualquier otra forma, seguramente, habría pasado por la parrilla sin pena ni gloria. Bien por Calle 13.

Conclusión

‘Chance’ es una serie presuntamente negra, pero gris en la práctica, sostenida por trucos narratológicos y visuales clásicos y previsibles, utilizados para ensombrecer malamente a una trama insulsa. Los personajes poseen una caracterización potente, que hubiese dado un resultado mucho mejor del que aquí consiguen, si la serie hubiese tenido claro desde el principio la forma em como quería definirlos y desarrollarlos. Por el contrario, las vacilaciones iniciales impiden tener una idea clara de su contexto, emborronando la caracterización de los personajes, embrollando innecesariamente la coherencia narrativa, e impidiendo esa empatía básica esencial en una serie de este tipo.

Por otro lado, debemos destacar la estupenda actuación de Ethan Suplee, y el digno papel tanto de Hugh Laurie como de Paul Adelstein, cuya relación de alta tensión entre ellos dos es capaz de suplir -en gran parte- la tendencia de Gretchen Mol a sobreactuar en demasía a un personaje complejo al que no llega nunca a cogerle el punto. Sin pena ni gloria pasan otros personajes que, apuntando inicialmente a secundarios de referencia, quedan finalmente sin sitio en una trama simplificada a marchas forzadas, como los interpretados por Greta Lee y Clarke Peters.

En conjunto, ‘Chance’ resulta ser una serie decente para ver si no se tienen otras alternativas.

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