Vapuleada por la crítica, pero vista 11 millones de veces en su primer fin de semana. Si ya por su premisa le tenía ganas a “Bright”, la primera superproducción de Netflix, la división de opiniones al respecto las intensificó.

Un par de horas y un paquete de palomitas más tarde, solo puedo preguntarme ¿qué es exactamente lo que esperaban los haters de esta película? El tráiler deja bien claro lo que te vas a encontrar: una especie de “Dos policías rebeldes” (uno de los actores incluso es el mismo) con un trasfondo de fantasía urbana. Y uno no se ve los films de humor policial por sus tramas profundas y sus diálogos existencialistas, digo yo.

De todas formas, ahondemos un poco más en el film que tanta polémica ha levantado.

“Bright” nos lleva a un universo habitado por varias razas fantásticas, siendo humanos, orcos y elfos las predominantes y las que encarnan a las diferentes clases sociales. Así, los elfos son la flor y nata de la sociedad, los humanos representarían a las clases medias mientras que los orcos son los parias del Sistema, odiados por las otras dos razas por la sencilla razón de que, hace un par de miles de años, se equivocaron de bando y apoyaron al llamado Señor Oscuro en una guerra mágica que involucró al mundo entero. Porque sí, en este mundo también existe la magia. Aunque poco frecuente, se manifiesta a través de varitas (cuanto daño ha hecho Harry Potter) que solo pueden ser controladas por los llamados Bright.

En medio de este panorama aparecen los protagonistas, dos agentes de la policía de Los Ángeles cuya relación no es precisamente amistosa. Daryl Ward (Will Smith) es el típico veterano gruñón que va de malote pero en el fondo se mueve por los ideales del honor. Su compañero, Nick Jacoby (Joel Edgerton), es el primer policía orco del departamento, un sueño que ha tenido desde pequeño. Criado entre humanos, es despreciado tanto por estos como por los de su propia raza, ya que lo consideran un traidor por haberse aliado con la policía.

En una noche de patrullaje, ambos se ven envueltos en un conflicto mágico que involucra una varita y a una elfa a la que deberán proteger.

El resto de la película se reduce a persecuciones, pandilleros, disparos, elfos mal rolleros dando piruetas, toques de humor, unos cuantos efectos especiales mágicos, una revelación que se veía venir y diálogos más bien mediocres.

Vale, la trama es predecible a más no poder, sin ningún giro que consiga sorprender lo más mínimo. Una vez te hayan presentado el argumento principal, es muy fácil saber lo que pasará al final. Y sí, puede que en el título me haya columpiado un poco. Si Tolkien hubiese guionizado “Bright”, el guion tendría un poco más de fuerza y autenticidad (y épica también). En su lugar hemos tenido que conformarnos con Max Landis (tranquilos, ya lo han despedido), así que es entendible que los diálogos resulten un poco forzados y absurdos en ciertas escenas. Bromas aparte, tampoco es para echarse las manos a la cabeza en un tipo de película como esta. Los ha habido peores. En serio.

Y aun así, “Bright” es una obra entretenida. Rebosa acción, tiene buenos toques de humor bien elegidos y sus momentos épico-emotivos. Las interpretaciones solventes hacen que los protas conecten con el espectador, especialmente Jacoby. El desprecio y el racismo hacia los orcos tiene su punto álgido en torno a él, con quien se ensañan de forma exagerada (el departamento de policía con sus bromas de instituto); e innecesaria, pues queda clara en varios momentos de la cinta. Curiosamente, este ensañamiento también provoca empatía hacia el orco, haciendo que se le coja cariño prácticamente al instante, y que Ward parezca de entrada un capullo (me sorprendió a mí misma ver a Will Smith en un papel donde su personaje me cayera mal).

Pero lo que más puntos le hace ganar a “Bright” es su universo. Un Los Ángeles donde fantasía y magia se mezclan en la urbe, donde la relación entre razas, con su clasismo y su racismo, sus mafias, pandillas, sectas y grupos corruptos, tiene mucho que ofrecer al espectador. El ambiente en la película está muy bien desarrollado, aunque quizá poco aprovechado. Basta ver los primeros minutos de imágenes de grafitis, que explican de un vistazo las tensiones existentes en la ciudad, para darse cuenta del mar de posibilidades que “Bright” ha puesto al alcance de sus desarrolladores.

Esperemos que su secuela, ya confirmada por Netflix, explore un poco más este interesante universo que han creado. Por el momento se sabe que tanto Will Smith como Joel Edgerton seguirán protagonizando la saga, que contará con los mismos productores y director, David Ayer, quien se encargará también del guion. Una noticia que podría ser buena si no fuese a su vez el guionista de “Escuadrón Suicida”.

Volviendo a la reseña, sé que “Bright” dista mucho de ser la película del año. Pero no creo que sea una película mala dentro de su género. Y creo que Netflix sabía muy bien lo que se hacía con ella.

En lo personal, a mí me ha dado justo lo que esperaba, ni más ni menos: un rato entretenido, una trama fácil de digerir, buenas dosis de acción y humor, todo ello en un entorno con mucho aún por explotar. Una buena opción, en definitiva, para los que busquen entretenimiento ligero, y para los frikis cuyo corazón se acelera cada vez que ven un elfo o un hada pululando por la pantalla.

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