Segunda entrega de la trilogía de ciencia ficción «El problema de los Tres Cuerpos», en la que Cixin Liu plantea cuestiones muy interesantes y soluciona varios de los problemas de su predecesora

«El Bosque Oscuro» (PRHM/Ediciones B/Nova 2017) es la segunda parte de la trilogía de ciencia ficción iniciada con «El problema de los Tres Cuerpos» de Cixin Liu, traducida por Javier Altayó y Jianguo Feng. Aviso: puede contener revelaciones importantes sobre la primera parte de la trilogía. Si no lo has leído, mejor no sigas con la reseña.

Después de lo sucedido en el primer volumen, los habitantes de la Tierra tienen conocimiento de que en cuatrocientos años una civilización alienígena ―Trisolaris― alcanzará el Sistema Solar para invadir nuestro planeta. Las Naciones Unidas comienzan a planear de qué forma podría evitarse esa invasión y se empiezan a diseñar planes globales, con la colaboración de todos los países para evitar que los trisolarianos se hagan con la Tierra y exterminen a la raza humana. Así comienza el proyecto Vallado, que consiste en elegir a cuatro eminentes personas para elaborar diferentes soluciones secretas contra el avance alienígena y la llegada de estos al Sistema Solar. Los cuatro vallados cuentan con recursos ilimitados por parte de Naciones Unidas y apenas tienen que dar cuenta de sus movimientos o de sus gastos. Es el inicio de la preparación de la humanidad para una invasión que ya no tiene marcha atrás.

En esta ocasión el libro está dividido en tres partes, de más o menos la misma extensión y que pueden funcionar como tres etapas de la historia, o incluso de tres novelas tipo fix-up. La preparación contra la invasión, el desarrollo de esas iniciativas y los primeros resultados de estas. Mencionar la estructura de la historia, me parece fundamental, porque creo que el autor consigue con ella un mayor fluidez que en el volumen anterior y que las tramas queden mucho más equilibradas y se puedan seguir sin problema. Las dos primeras están ambientadas en nuestro presente, con diferentes grados de elipsis entre ellas; la tercera, directamente da un salto de dosciento años en el futuro.

Y si sobre el primer libro decía que uno de sus fallos eran unos personajes vacuos, sin identidad propia y con poca profundidad que quedaban absorbidos por las tramas, en esta ocasión resulta que uno de sus puntos fuertes es el astrónomo y sociólogo Luo Ji. Este es uno de los cuatro vallados elegidos por Naciones Unidas para crear estrategias contra la invasión trisolariana. Si bien los otros tres vallados son figuras ampliamente reconocidas en campos como la política y la ciencia, entre ellos hay un premio Nobel, Luo Ji no es nada de eso y, en un principio, parece despreciar su elección como vallado y dedicarse a vivir la vida a cuenta de los recursos que tiene disponibles gracias a Naciones Unidas. Con Luo Ji resulta mucho más sencillo identificarse y empatizar como lector, es la persona normal que vive sin pena ni gloria, que se ve envuelto en un asunto que le queda más que grande. Gracias al trasfondo y a la evolución de este personaje a lo largo de las tres partes de la historia, nos permite apreciar su crecimiento como persona y su mayor preocupación por su cometido a medida que se avanza en el libro.

Además de él, Shi Qiang o “Da Shi” el comisario de policía que ya conocíamos de la primera parte, es otro de los personajes más interesante de esta segunda parte, convirtiéndose en un completo roba escenas.

El ritmo de la narración es una de las características que ha mejorado a mi parecer desde la entrega anterior, nos cuenta la historia sin prisa pero sin pausa, liberada ya de esos parones y puestas en marcha de las tramas que podían cansar un poco y unos giros argumentales un tanto bruscos. En «El Bosque Oscuro» los puntos de inflexión parecen mejor planeados y también situados con más acierto dentro de la historia. Esos detalles resultan mucho más cuidados y pulidos en la novela que nos ocupa.

De la misma manera que en «El problema de los Tres Cuerpos» destacaba el sentido de la maravilla, en este segundo volumen de la trilogía vemos que la imaginación del autor continúa asombrando, en especial la capacidad de prospección en el futuro de la tercera parte de la novela.

El autor además plantea cuestiones filosóficas entre toda la ciencia que despliega. Como por ejemplo, ¿qué estaríamos dispuestos a hacer con tal de sobrevivir? ¿Hasta dónde seríamos capaces de llegar como especie, como civilización, como sociedad? ¿Qué reglas continuarían sirviendo en este escenario de acontecimientos y cuáles no?

Por último, ese punto de vista tan diferente al occidental a la hora de abordar el género, con un lirismo y una pausa, cercanos a la poesía en algunos pasajes; unas ideas que aunque no nos resultan tan ajenas, lo más probable es que jamás se nos ocurriera aplicarlas de la forma que lo hace el autor; unos dilemas morales que le dan sentido y abrigan muy bien la historia.

Si la parte que resultaba floja para los aficionados más hard era la científica, en este sentido en la presente entrega el autor no va a enmendar mucho la plana, porque la mayor parte de propuestas se van a basar en conceptos que exponía en la primera parte.

Para terminar, creo que es una novela que mejora mucho narrativamente a su antecesora, en tramas mejor llevadas, personajes mucho más atractivos y con mayor peso en la historia, ritmo más dinámico de contar los acontecimientos… Me ha resultado mucho más ágil de leer y me ha causado más adicción que «El problema de los Tres Cuerpos», que por momentos podía hacerse algo pesada o sentir que te estabas perdiendo entre tanto personaje no demasiado trascendente.

Recomendada tanto para los que les gustó la primera, como para los que no, porque me parece mejor novela que la anterior y soluciona bastantes de sus defectos en esta. Y los que la han leído dicen que «El fin de la muerte», la que cierra la trilogía supera a las dos anteriores, su publicación está anunciada para marzo por NOVA. Paciencia.

 

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