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Dick Grayson despedido, que hará ahora de su vida el antiguo chico maravilla. Perdido e inseguro, Dick encontrará su respuesta en una nueva identidad, ha nacido Nightwing. |
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Nightwing es un caso bastante llamativo en DC.
Se trata del un sidekick que ha evolucionado hasta convertirse en un personaje con total identidad propia, un superhéroe nuevo que puede alejarse de su maestro. Fue el primero en crearse su propia identidad, por lo que parece que Marv Wolfman destapó la Caja de la Pandora en aquellos lejanos números de los Titanes dibujados por Pérez, donde el pupilo de Batman al fin se desatendía de su maestro para realizar sus pesquisas sólo y sin su ayuda, mostrando su madurez y pericia. Fue en la saga El Contrato de Judas donde Dick Grayson (los chicos de JLI se rieron un buen rato de ese nombre, no diré por qué) se puso por primera vez el primero de sus trajes de solitario y retomó el nombre que el propio Superman usó cuando luchó por la justicia en Kandor, sin tener poderes en aquel lugar.
Pero me he adelantado demasiado, lo importante es que hablemos primero de la figura de Chuck Dixon, controvertido guionista al que algunos llaman el Lobdell de Batman, queriendo decir con esto que ha firmado los peores números del murciélago de los 90, cuando el manto del murciélago pasó a un personaje tan arriesgado como Azrael. Para que algunos se hagan a la idea, la saga llamada La Caída del Murciélago es algo así como La Saga del Clon de Spider-man, salvando las distancias. El haber colaborado en un movimiento editorial como ese en aquella polémica década, donde casi todos los cómics del mainstream americano eran indiscutiblemente pésimos, pasa factura, y más si eres un escritor que no pasa del notable bajo, sin haber realizado realmente una obra digna de sobresaliente.
Sin embargo, Dixon ha escrito paradójicamente medio Bat-Universo, estuvo ni más ni menos que siete años a cargo de Detective Comics y es el culpable del desarrollo de personajes como el propio Grayson o Bárbara Gordon. Sin ir más lejos, fue el autor de series como Robin y Birds of Prey (Aves de Presa en España), sin olvidarnos de Nightwing, por supuesto.
Así pues, ¿qué tenemos en este otro Año Uno de tantos que tenemos ya alrededor del Bat-universo? Algo un poco por debajo de Robin Año Uno, Batgirl Año Uno, más que nada porque estamos ante una obra menos controlada que las anteriores, puesto que realmente no es una miniserie, sino la recopilación de la saga “Year One” que se encuentra entre los números 101 a 106 de la colección regular de Nightwing. Aunque es algo así como el Batman Year One de Miller y Mazuchelli, que también fue sacado como saga en Detective Comics 404 a 407, por lo que tampoco sirve mucho de excusa.
Se trata de la historia de cómo Grayson pasó a ser NIghtwing, por lo que espero que nadie se lleve un engaño al creer que encontrará aquí la famosa escena mil veces representada donde Bruce Wayne acoge a su pequeño y desolado pupilo tras la muerte de sus padres en el trapecio. No, aquí tenemos a un Robin bastante maduro que tiene una fuerte discusión con su maestro y acaba independizándose, todo con un desarrollo pausado donde se trata de poner orden en una historia que transcurrió entre colecciones, ya que Nightwing no comenzó realmente con serie propia, sino en la serie de los Titanes.
Lo primero a destacar es que los personajes están muy bien tratados, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta que Dixon los conoce y debería estar harto ya de escribir sobre ellos, ya que ha estado prácticamente una década controlando a la mayoría. Lo que resulta agradable es encontrarse por fin el espíritu alegre y a la vez misterioso del protagonista de nuevo, que tantos guionistas parecían tener olvidado (ver el Dick Grayson de Outsiders de la mano de Winnick o la horrorosa, y por suerte corta, etapa de Jones en el título, que ni siquiera salió en España), y es que muchos creen que es una versión juvenil de Batman cuando realmente es mucho más similar al protagonista de la serie animada Batman Beyond (en España conocida como Batman del Futuro). Resulta irónico que tuviera que volver un guionista tan criticado como Dixon para encontrarse con algo bueno que leer en esta serie, ya que es sin duda el que mejor supo llevar a los personajes y eso se ha notado muchísimo en su ausencia. Bueno, eso si descartamos a Simone en Birds of Prey, que lo hace muy bien.
Aparte, la historia respeta hasta cierto punto la continuidad, cierto es que Batman no “despedía” al joven Dick tras una escaramuza donde acababan discutiendo, pero al final encaja como un guante en cuanto piensas en lo rauda que fue la decisión del pupilo de abandonar el manto de Robin. Y es que de eso va la saga, de dar coherencia en los pequeños detalles que quedaron entre bastidores. Cosas tan aparentemente tontas como el hecho de que Grayson visitara a Superman para acabar descubriendo su nombre de guerra en la ciudad embotellada de Kandor (sí, suena ridículo, algún día haré una reseña donde este extraño concepto esté incluido en el cómic, seguro). Así como su estancia de relax en el circo donde nació, para llegar a conocer al hermano de Deadman, que casualmente lleva el mismo traje de trapecista de su padre, solo que con pequeñas variaciones. Supongo que esto último es una similitud no intencionada (o igual sí… vete a saber si Pérez tuvo en cuenta este diseño de Carmine Infantino), pero el caso es que el guionista se preocupa por emplear este parecido para darle una mayor lógica al primer traje que llevó Grayson como Nightwing.
Como habéis podido notar, se trata de un viaje desenfadado y bastante curioso donde el protagonista recoge las piedras que encuentra por el camino para componer la obra final, empezando con su primer traje y sus primeras andadas por Gotham hasta encontrarse con el segundo Robin que más tarde moriría en manos de Joker (y luego regresaría en una saga horrorosa y poco memorable, pero esto ya es, nuevamente, otro tema), finalizando con el gesto de Alfred, con el cual obtiene el segundo traje, más conocido pero quizá más ridículo que los demás, al menos a ojos de este humilde espectador que ya ha oído bastantes opiniones poco agraciadas al respecto.
Por lo demás, no tengo ninguna queja contra este agradable tomo, es una lectura ligera y divertida, sin pretensiones. No va a cambiarle la vida a nadie, pero a veces eso es todo lo que se le pide a un cómic, y más si estamos hablando de un personaje con un historial tan irregular como este, que aun está esperando al guionista que lo encumbra como es debido, ya que aun no tiene una etapa que le haga justicia.
Scott McDaniel, además, realiza un trabajo bastante solvente, que se ajusta como un guante a la falta de pretensiones del argumento. Ayuda a que todo resulte más divertido y dinámico, pues su estilo quizá no pueda gustar por lo tosco que puede resultar (y más se nota con el coloreado, que tiene que tapar huecos que deja) y por lo poco depurado que parece, a veces con una falta de detalle que parece hasta desganado. Sin embargo, yo me rindo ante este dibujante tan cartoon, cuyos dibujos parece que vayan a moverse de un momento a otro, de lo animados y expresivos que son. Por no decir que su versión de Nightwing es una de las mejores que he visto, ya que nunca he entendido el afán de algunos dibujantes por hacer de su figura un Batman sin capa. No, este pizpireto y saltimbanqui Grayson es el que siempre he querido ver, el desenfadado Robin que voló del nido y se esconde entre las sombras. Para un Bats juvenil ya tenemos al nuevo, Tim Drake, el que probablemente sustituya al murciélago.
En definitiva, un cómic recomendable para fans de Batman y su pupilo, no defraudará porque es de lo mejor que se puede encontrar del protagonista, lo cual es una pena teniendo en cuenta que no pasa del notable.
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