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Los Navegantes, de José Miguel Vilar (Grupo AJEC) |
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Se nos presenta un argumento que tristemente jamás pasa de moda porque la guerra ha acompañado a nuestra civilización desde siempre, pero esta vez envuelto por una fantasía épica atemporal, con una técnica narrativa excepcional. |
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Difícilmente puede ignorarse la simbología de la portada a cargo de Nicolae Groza (1943, Adjud-Rumania), menos aún cuando el título de la ilustración es el de “Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis” que, para quienes hayan olvidado las revelaciones a Juan, sin contar al alivio que supondrá el cabalgar del Jinete del Caballo Blanco, los tres restantes jinetes, a lomos de los corceles rojo, negro y pálido son los precursores de guerra, miseria y muerte.
Así pues se concluye desde el primer vistazo que no se trata de una novela de amoríos y lujuria consumada en bosques cercanos a un arroyo mientras el calor del hogar espera en una cabañita no demasiado lejos de un campo de flores… y sería un grandísimo error, de hecho hace mucho que no he leído unas páginas tan explícitamente sexuales, dónde tanto las palabras como los hechos expresaran mejor la desesperada necesidad de amar y ser amado a pesar de los sinsentidos de ciertos actos autodestructivos a gran y a pequeña escala.
Las trescientas veinte páginas, escritas la mayoría desde Serbia por un jovencísimo valenciano que responde al nombre de José Miguel Vilar Bou me son, desde hoy, un ejemplo brillante de literatura fantástica llevada al extremo.
Después de todo, una guerra no se puede contar sin brutalidad, sin palabras malsonantes, sin sangre en las venas, ni fuera de ellas.
Pero esta novela coral de Fantasía Épica tiene ciertas particularidades que la hace despuntar de otras más clásicas, y es que se nota que ha habido un esfuerzo consciente de alejarse de los tópicos del género, de hecho, es sorprendente constatar que fácilmente se puede “intemporalizar” un relato usando un lenguaje que no pertenece, en principio, a su contexto histórico natural, hasta que se nos obliga a arrostrar una realidad curiosa: en ningún momento se nos confirma ni dónde ni cuándo ocurren los acontecimientos relatados, por lo que podría ser nuestro mundo dentro de poco, dentro de mucho, o hace muchos años en una galaxia “muy muy” lejana. Sea como fuere, José Miguel Vilar Bou ha tenido un exquisito cuidado en las palabras usadas para transportar al lector a una historia que es a veces cruda y desmoralizante como sólo puedo imaginar las que resultan de un enfrentamiento bélico, sin duda inspirados en parte por la experiencia del autor de cooperar durante ocho meses en centros colectivos de refugiados de guerra en Serbia pero a veces también resulta, la historia, entrañablemente emotiva, potenciada precisamente por los terribles acontecimientos circundantes.
Siguiendo con la técnica narrativa de José Miguel Vilar Bou en Los Navegantes (Grupo AJEC), que ya de por si es motivo más que suficiente para leerse su novela, destacaría el uso intermitente del plano colectivo y personal que se justifica al entender la temática de la historia: La civilización arialcanda, poseedora de la ciudad más vieja del mundo conocido, símbolo en sí mismo de la espiritualidad de todas las generaciones, trata de defenderse, en vano y con muy pocas probabilidades de éxito, del asedio continuado y tenaz de la civilización trinisanta que no conoce más religión que la ciencia capaz de construir su terrible maquinaria bélica y no concibe no poseer en todos los sentidos cualquier otra civilización que perciben como inferior a la suya propia en nombre de un “bien mayor”, pero para entender las motivaciones de los personajes principales de este enfrentamiento es necesario acercarse tanto a ellos que no se nos hace posible distinguir dónde comienza la piel del personaje de ficción y dónde acaba la nuestra, podría decirse que el uso del vocabulario contemporáneo potencia hasta el extremo la cercanía hacia las personajes que viven las aventuras, unas aventuras que a veces parecen sacados de un videojuego (los relatos cortos de las aventuras del “Cazador de Monstruos” son simplemente brillantes) uno de esos videojuegos que enganchan y que obligan a jugar una y otra vez aumentando la dificultad intentando conseguir la máxima puntuación. No hay que olvidar que se trata de un relato fantástico extremo, para mayores de dieciocho años, por eso el humor negro y el lenguaje carcelario no choca sino que ameniza el transcurso de los acontecimientos escritos por una mano que se hace visible casi al final, al más puro estilo “Ende” en “La Historia Interminable”.
La mejor ejemplificación del estilo personal de José Miguel Vilar Bou es sin duda su “Galería de Personajes”:
Akkán: Cetrino, ex pescador, ex segurata de puticlub, ex ladrón, ex presidario, ex soldado. Asesinó a su padre.
General Kuz: Entre el alcoholismo y el heroísmo. Hastiado de su propia ingenuidad. Líder del ejército del sur.
Virrey Veritám: Amo todopoderoso del ejército trinisanto. Pero es incapaz de mirar a los ojos o de pegar un buen polvo.
Ielan Yenenaii: Neurótico rey de Arialcanda.
Amin: Antiguo cazador de monstruos y líder de la guardia arialcanda. En su brazo derecho lleva tatuadas cada una de las 15 bestias a las que se cargó.
Yi Na: Hechicera del montón. Su vientre es el hogar de Amin.
Bastian: Hijo de Amin.
Miní: Tabernero y antiguo boxeador. Acomplejado por su calvicie.
Boléii: Pequeña y guapa como la madre que la parió. Aunque esconde su identidad, se le ve el plumero.
Capitán Torrefogo: Oficial trinisanto. Amariconado y atractivo. Presume de haber perdido un ojo luchando con un león. Nadie conoce el origen de su odio a Tanguy.
Cáravan Ghun: Joven negro, novio formal de toda la vida de Aireii.
Aireii: Muchacha arialcanda y oriental infinitamente dotada para el amor y el sexo.
Capitán Tanguy: Oficial trinisanto de origen noble. Se unió al ejército para cumplir su sueño de conocer el otro lado del mar.
Karim: Criado cetrino de Tanguy. Un pacto secreto les une pese a pertenecer a razas enemigas.
Christina: Pizpireta esposa de Veritám. Demasiado guapa, divertida y joven para desperdiciar su vida de campo en campo de batalla.
General Santiás: Estratega de aplomado. Ha dado decenas de victorias al Imperio Trinisanto. Veritám le quita las ganas de conspirar enfrentándolo con su colega y enemigo, el general Otmán.
General Otmán: Moreno, impaciente, siempre enfadado, nervioso. Odia, admira y envidia al pulcro Santiás.
Siblín: Soldado trinisanto ascendido a semental de Christina, esposa de Veritám.
Lorenna Yenenaii: Compañera de Ielan y reina de Arialcanda.
Oulhan: Miembro de la antigua guardia arialcanda.
Otmán Yanez: Consejero trinisanto. Es el veterano de la camarilla.
Ramal Ghun: Hermano de Cáravan Ghun. Miembro de la resistencia arialcanda. Se recoge el pelo en minúsculas trenzas.
Dusán: Hermano de Miní. Al igual que éste, tabernero vocacional y alopécico.
Tin Su: Pequeño amigo oriental de Bastian.
Ljuba: Enfermero trinisanto y campesino de corazón. Se supone que sólo la muerte puede borrarle la sonrisa.
Némanja: Enfermero trinisanto amigo de Ljuba con cara de rata bondadosa.
Subcomandante Zelím: Hermano del general Kuz. Le rodea el Clan de los Bigotudos. Tiene miles de seguidores, pero ningún amigo.
Sin duda “Los Navegantes” será uno de esos libros que releeré de vez en cuando para revivir las aventuras de Akkán, mientras éste trata de sobrevivir al azar (que también se da en la vida real) culpable de su implicación en la última batalla contra el Imperio Trinisanto. Disfrutaré nuevamente al comprobar que en medio de tanta barbarie resulta alentador ver cómo el amor es el verdadero motor de la historia, y no las batallas, ni el poder, ni la gloria. Releeré la novela para redescubrir que no hay casi héroes en el relato frente a tantos villanos, que estando en el bando equivocado se puede hacer el bien (o viceversa), que el arrepentimiento puede tener su premio y que desde lejos la guerra tan son sólo números, pero quién derrama su sangre puede bien lamentar no haber elegido otras casualidades inexplicables por las que dejarse llevar.
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