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Clifford Irving, un escritor de poca monta, consigue convencer a una gran editorial de que es la única persona autorizada para escribir la biografía de Howard Hughes, siendo todo una gran mentira perfectamente planeada. |
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Cuando entré a ver “La gran estafa” (2006), pensé: ¡Dios mío! ¡Qué petardo de película! Pero, a medida que iba conociendo su trama, comencé a comprender que merecía la pena.
Cuenta la historia de Clifford Irving (Richard Gere), un escritor de poca monta, incapaz de conseguir publicar ningún libro. Un día, se le ocurre la feliz idea de convencer a la editorial McGrau Hill, una de las más potentes de la época, que es la única persona autorizada para escribir la biografía del magnate, director de cine y un genio de la aeronaútica, Howard Hughes. Para ello, utilizará toda clase de estratagemas para hacer creer a la compañía experta en literatura que tiene las mejores fuentes y documentos como para convertir su libro en un bestseller. También le acompañará en esta aventura su compañero y amigo, Dick Susskind (Alfred Molina), que es capaz de meter en un lío a cualquiera, ya que, tiene el defecto de ser un bocazas y es incapaz de mentir en una situación comprometida, aunque le perjudique. Sin embargo, la habilidad de Irving para contar historias le sacará más de una vez del atolladero. Lo más curioso de este gran timo es que salpicará al presidente Richard Nixon y aunque se demostró que resultaban acusaciones falsas, despertó el interés de los periodistas en el presidente de los EEUU que terminaron por descubrir otro caso, el Watergate.
En cuanto al reparto, habría que destacar la interpretación de los dos protagonistas. Por un lado, tenemos a Richard Gere, el cual se inventó el personaje mediante la lectura del guión y no quiso saber nada del autor material del delito. Es un actor que, como el buen vino, va mejorando con los años. Por otro lado, me maravilló la excelente interpretación de Alfred Molina que expresa, de manera espléndida, a un hombre que se siente incómodo cada vez que realiza una acción ilegal. Éste último representa a la voz de la conciencia de su delincuente amigo.
Lasse Hallström, el director de la cinta, nos vuelve a sorprender. Lo conocemos por obras tan inteligentes como “Quién ama a Gilbert Grape” (1993), “Chocolat” (2000) o la fabulosa “Vida por delante” (2005), sin olvidar la fallida “Normas de la casa de la sidra” (1999). Este gran autor obtiene oro de los intérpretes, digamos que los hace mejores.
En general, se puede decir que los relatos de timos estaban muy trillados en el mundo del cine. Hallström es capaz de dar otra vuelta de tuerca, llevando a las pantallas una novela basada en un hecho real, puesto que, salvo dos momentos de crisis en las que pierde fuerza, la obra cinematográfica es muy dinámica y mantiene el interés. Además, merece la pena señalar la labor del guionista, William Wheeler, que tuvo la oportunidad de entrevistarse con el cerebro de este engaño, el mismísimo Irving, llegando a la conclusión de que el estafador posee, ya que todavía vive, una capacidad nata para la manipulación.
Esta comedia del celuloide explica, en un tono desenfadado, como una gran trola puede convertirse en una historia aparentemente auténtica. También cuenta, como una persona inteligente, que domina una situación con una continua mentira, acaba por no distinguir la realidad de la ficción, pierde el norte de su existencia y su vida se convierte en un camino sin retorno.
La película no sólo entretiene, sino que puede ayudar a reflexionar. Le doy un 6´5.
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