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Abrázame los monstruos, de David Galán (Redry): formas de poeta y falto de rodaje


Eidian   10/08/2017
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     Cuando escribes sin miedo a nada golpeas con todo lo que sientes.
Portada de Abrázame los monstruos, de David Galán (Redry)Tengo un grave problema. He de hacer una crítica de un libro de poesía. No es que me resulte más difícil que evaluar una novela o un libro de ensayo… es que no se puede valorar de la misma manera y, si además el autor dice de sí mismo en alguna entrevista que él no escribe poesía ni se considera poeta, la cosa empieza a ponerse bastante cuesta arriba.

El autor al que me refiero es David Galán, conocido en las redes sociales como REDRY, y la obra a comentar es su primer libro publicado (no me atrevo a poner poemario), "Abrázame los monstruos" (Espasa, 2017). Como ya he dicho antes el autor me lo pone difícil aunque para la editorial Espasa al parecer las cosas están bastante claras ya que el libro ha aparecido en su colección Espasa Es Poesía. No lo tengo yo tan claro y el mismo REDRY dice en Internet que sus textos son una mezcla entre prosa y poesía. Antes a eso le llamaban “prosa poética” o “poesía narrativa”; ahora la gente pasa de complicarse con términos y géneros (al menos en lo que respecta a la poesía) y se llama “poema” a todo aquello que se crea con sentimiento poético…

También, de igual manera, hoy en día se llama “arte” a todo aquello que se crea con intención artística, es decir, si yo cojo una silla, la meto en un bidón de aceite, la arrastro por un suelo de mármol rojo y la pego fuego en el centro de ese suelo diciendo que es una alusión a la sangre de la humanidad derramada, abrasada por la comodidad y la avaricia, por ejemplo, estoy haciendo arte. Otra cuestión es que el resto de la Humanidad piense que esa obra artística tiene calidad… o es de verdad arte. 

En cuanto a la obra de REDRY lo cierto es que no se hasta que punto se puede valorar como poesía algo que el mismo autor no concibe como tal. Además REDRY dice también que lee poquísima poesía (como clásicos solo cita a Neruda) y casi toda es de sus colegas de Valladolid (nació allí y allí vive y trabaja) o de otros compañeros de generación. Eso dice él aunque en el poema “Sin saber estar” he hallado ecos de Mario Benedetti en versos como “Llama sin color,/ bebe sin pasión,/reza sin querer,/llora sin sentir./Grita sin voz”, poeta al que REDRY no nombra entre sus lecturas. Y en “La noche que más cerca estábamos uno del otro, a mil kilómetros de distancia”, si ese comienzo no ha sido influido por Luis Cernuda que venga Dios y lo vea, hombre. Vistas así las cosas, ese decir que no lee a los clásicos me resulta extraño por lo menos. Pero, bueno, él sabrá que dice y hace.

El caso es que comencé el libro con entusiasmo porque estos últimos meses he estado leyendo bastante poesía en blogs y en redes sociales, picando de aquí y allá y, en general, me ha gustado lo que he leído, aunque no he seguido a ningún autor en particular. Por eso quería comentar alguno de los libros que estos nuevos poetas, entre los veinte pocos y los treinta tantos en su mayoría, han publicado, dando el salto de lo digital al papel. Hace unos meses comenté el homenaje a Miguel Hernández que la misma Espasa hizo con varios poetas de la nueva generación, salidos todos de la canción y de las redes o de ambos terrenos a la vez. Ya entonces me pareció que no es oro todo lo que reluce y que algunos de los que se habían aplicado a prologar y elegir poemas del poeta de Orihuela se habían dedicado con más éxito a destacar su propia obra, sin llegar a empatizar con las creaciones del insigne alicantino.


La cuestión es que las grandes editoriales de este país parecen haberse dado cuenta de repente que tener decenas de miles de “followers” en internet es garantía segura de ventas, tanto da que seas un chef que elabora recetas, un artista del ganchillo o un poeta en ciernes. La cosa es sacar beneficio y, si de eso se trata, no vamos a preocuparnos por la calidad, que eso son minucias. Dicho esto, quede claro que es algo general, aplicable a cualquier libro de papel, sin pensar en la calidad de los autores, habiendo muchos y muy buenos y, entrando ya en detalle, yo si pienso que REDRY es un poeta… pero aún le falta mucho para ser un buen poeta.

David Galán (Redry)

REDRY ha dicho de si mismo y de su obra que él nunca estructura nada, que él hace versos libres…y no es cierto. Al menos no lo es lo primero, en cuanto a "Abrázame los monstruos" se refiere, porque todo el volumen está perfectamente estructurado y pensado, desde la definición de la DRAE de “monstruo”, la definición del propio poeta de la palabra (que no es necesariamente negativa), el por qué escribe a los monstruos y los “capítulos” que dedica a los diversos monstruos (femeninos en su inmensa mayoría) que han pasado por su vida, concluyendo con los dedicados a su madre y su abuela, y el epílogo dedicado al monstruo que llevamos dentro. Principio, nudo, desenlace y fin. REDRY dedica gran parte de las 139 páginas de su libro a evocar los diversos amores románticos que han forjado su vida: el monstruo con el que atravesó las nubes por primera vez, el que coleccionaba bufandas en el fondo del armario, el que le abrazaba las madrugadas de invierno… No todos sus monstruos son igual de importantes y eso se ve en el tamaño de las letras que dan título a cada “capítulo”.

Por cierto, el capítulo dedicado a su madre, el monstruo que siempre está, me decepcionó muchísimo: dedicado a quien nos empujó a vivir, aquella que nunca nos abandonará por mucho que la abandonemos, le falta profundidad, calor, alma, limitándose a repetir tópicos cien veces oídos y leídos.. Más original, lírico y hondo es el dedicado a su abuela Maruchi, el monstruo con título influido por Gabriel García Márquez (uno de sus autores favoritos): su evocación de la infancia, de los paisajes añorados y perdidos, de una patria de la que fuimos arrojados y que se encarna en esa persona amada, pérdida también para siempre, es hermosa. Sin embargo, en este poema se ve de nuevo uno de los mayores lastres que he podido apreciar en la poesía de REDRY: la iteración, repetición o como quiera llamarse al recurso de repetir una y otra vez a lo largo del poema una palabra, frase o expresión. En este poema en concreto REDRY repite “te fuiste” al menos 13 veces.

Este recurso se emplea desde el comienzo del libro (en “Os escribo” hay 6 “os escribo”) y aparece en numerosas ocasiones: en “La chica de la mirada perdida” hay 5 “eres la chica”, encabezando siempre los párrafos (otro recurso muy empleado por el poeta); encontramos otros siete “nadie” en “Nadie siente como yo mi palabra favorita” que solo tiene seis versos; 10 “hay días” en “Tic tac”; cuatro “no hacía falta” y siete “no era necesario”  en “No era necesario olvidar cada paso entre los dos”, etc. Y no he pasado de la página 40. Aseguro que no he estado contando palabras repetidas desde el principio  del libro sino que, a mitad o así del mismo, me he dicho: “Este hombre no hace más que repetir ciertas palabras como si quisiera convencerme de algo…”. He seguido pasando páginas y he comprobado que sí, que cuando al poeta le interesa remarcar algo, una palabra o una frase que suele estar también en el título (seis “eres” en los 12 versos de “Eres mi p(r)o(bl)ema favorito”), lo repite hasta la saciedad. Y, para asegurarme de lo que veía, he retrocedido al principio y ya si, me he puesto a contar. Son docenas los poemas que responden a este principio y no los voy a nombrar a todos, algunos con más repeticiones y otros con menos, pero no deja de ser significativo que los mejores poemas del libro sean de los que menos repeticiones tienen en relación a su extensión o, directamente, los que no tienen ninguna. Como ejemplo pondría “Un ‘nunca’ no es un ‘para siempre’” en el que hay buenas imágenes y metáforas.

De todas formas creo que REDRY es mucho más eficaz en las distancias cortas. Hay versos suyos de gran sugerencia y potencia como aquel con el que encabezo esta reseña y que sirve de introducción al libro. Poemas como “Pelusas”,“A quién” o “Nada” cuya iteración de palabras y expresiones, menos excesiva que en otros, resulta acertada por esa misma cortedad, dando mayor fuerza al mensaje. Un ejemplo sin iteraciones que me recuerda a Machado:

Miedo
Tienes miedo
al silencio
y eres tú
quien se queda callado.
¿Y ahora qué?
Ahora nosotros.


También he apreciado que a REDRY le encanta acumular imágenes sugerentes, muchas veces sin aparente conexión entre ellas, pero que dan coherencia al mensaje. Este recurso es más bien propio de la canción. REDRY si que acepta la influencia de diversos grupos musicales en sus versos, perdón, en sus creaciones como Love of Lesbian, Iván Ferrero, o Vetusta Morla. Y se nota porque muchos de sus poemas quedan mucho mejor recitados que leídos como, por ejemplo, “Quédate” donde hay 17 “quédate”, incluyendo el del principio y el del final del poema. Si uno ve algunas de las letras de estos grupos/cantante se da cuenta de cuales son en verdad las grandes influencias de REDRY. Un ejemplo de Vetusta Morla:

Sálvese Quien Pueda
Puedo volver, callar, forzar la realidad.
Puedo doler, arrasar, sentir que no doy más.
Puedo escurrir, pasar, fingir que me da igual.
Puedo incidir, escapar, partirme y negociar la otra mitad
Puedo romper, olvidar, comerme la ansiedad.
Puedo salir, girar, ser fácil de engañar.
Puedo joder, encantar, llamarte sin hablar.
Puedo vencer, palmar, saber que sin vosotros duele más.
Puede ser que mañana esconda mi voz por hacerlo a mi manera.
¡Hay tanto idiota ahí fuera! […]
 Puede ser que haga de la rabia mi flor y con ella mi bandera.
¡Sálvese quien pueda!


Una vez que llegamos a este punto hay que preguntarse que tiene REDRY que aportar de nuevo al panorama poético viendo cuales son sus influencias y cuales sus resultados. Hoy en día no están muy claras las diferencias que hay entre canción y poesía y ello se ve claramente en que muchos cantantes también se definen como poetas. No soy una experta en el tema pero me atrevo a decir que esta no es una unificación nueva sino que viene ya desde la época de los cantautores muchos de los cuales publicaron sus letras, aparte de los poemas concebidos como tales, como si fuesen también poesía. Con el “rap” y otras formas musicales que han acercado la narrativa joven a la música, la confusión entre unos géneros y otros es cada vez más evidente. En ese punto está la obra de REDRY.  Seguramente hay gente que piensa que sus creaciones, exentas de rima y métrica, no son poesía. Mi opinión particular es que el verso libre y el aliento poético es suficiente para hablar de poesía pero, claro, esa es mi opinión.

Por otra parte, hoy en día, gracias a internet y las redes sociales, son muchos los que se han aupado al carro de la “nueva poesía” y muestran sus versos en la web como si subiesen fotos de las vacaciones al Facebook. Ya he hablado antes de que no creo que miles de seguidores sean suficientes como para avalar la calidad de un autor. Tiene que haber algo más.

Poesía

Pienso también que los desengaños adolescentes en el campo amoroso es un tema demasiado trillado, a pesar de que todos hayamos pasado por ese trance y haya dolido un copón. Me parece un tema bastante egoísta que centra al poeta en sí mismo, pareciendo que no hay más dolor que su dolor. Uno se puede sentir identificado con ese padecimiento, decir que el poeta “también habla sobre mi” pero, en realidad, es un sentimiento que aísla, que arroja al resto de la humanidad fuera. Y la poesía debe ser más que eso. Cuando el poeta desnuda sus emociones ante nosotros debe hacerlo para que nos comuniquemos con el mundo no para que nos aislemos de él, para ser todo el mundo a través del poeta, no para ser solo el poeta. No se si logro comunicar lo que pienso. Ya he dicho que hablar de poesía es algo difícil.

Leo a REDRY y veo a un poeta que agolpa sus experiencias alrededor de los conflictos amorosos, que ha hecho de ellos el centro de la historia que nos quiere comunicar. Cuando habla sobre esos conflictos me parece que se expresa con ideas ya oídas muchas veces en otra parte, sobre todo en canciones que ya dejé atrás. No es que lo haga mal, es que no dice nada nuevo, de ninguna forma nueva y solo lo hace para una parte de la Humanidad muy concreta; no habla para todos, no habla para mí. Le siento más cercano cuando deja de lamentarse por tanto amor perdido y habla en corto, para todos, de todos. Además me temo que sus monstruos nunca lo han sido de verdad porque no veo verdadero dolor en sus versos, del que sale de las tripas, y el dolor puede hay que verlo crecer en las palabras…y aquí no lo he visto.

REDRY no me ha acabado de convencer, lo siento. He visto valor en sus imágenes, en sus metáforas, pero el conjunto no me parece profundo ni convincente. Demasiado pensado, demasiado medido, como si en vez de entrañas desgarradas solo me mostrase el tablero de un juego (revelador en este sentido el poema “Invierno” hecho sin la letra “a”) al que no me interesa jugar. Quizás es que ya no tengo la edad, puede ser, pero a mi me siguen emocionando hasta las lágrimas los versos que Pablo Neruda dedicó a su amada con solo 19 años en “20 poemas de amor y una canción desesperada”. Ese Puedo escribir los versos más tristes esta noche… REDRY en cambio me recuerda otros versos del poeta chileno, versos de las Odas Elementales en que habla de los “viejos poetas”…

Yo me río,
me sonrío
de los viejos poetas,
[…]siempre dicen “yo”
a cada paso
les sucede algo,
es siempre “yo”,
por las calles
sólo ellos andan
o la dulce que aman,
nadie más,
no pasan pescadores,
ni libreros,
no pasan albañiles,
nadie se cae
de un andamio,
nadie sufre,
nadie ama,
sólo mi pobre hermano,
el poeta… […]


REDRY tiene formas de poeta pero le falta mucho rodaje para mi gusto, despegarse más de las canciones que le inspiran y agarrarse más a las formas poéticas que, al fin y al cabo, son las que más juego le dan en este libro. Quizás solo le falte tiempo para definirse. Lo veremos seguramente porque se le ven las ganas de seguir escribiendo y no creo que una crítica como está deba preocuparle más de lo debido.

No importa la edad, todos tenemos que crecer.

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