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Los campeones de Albión, de Legendre, Djian y Arranz: aventura ligera llena de estereotipos


Francisco Javier Illescas   10/08/2017
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     Una lectura ideal para el público infantil y juvenil: sencilla, ligera, de trazo amable y muy al estilo de las novelas medievales típicas del romanticismo británico.
Portada de Los campeones de Albión, de Legendre, Djian y ArranzBueno, en “Los campeones de Albión 1: el pacto de Stonehenge”, de Dibbuks, encontramos una aventura ligerita de seguir, de 56 páginas a todo color, encuadernada en cartoné y de formato atractivo para el público infantil y juvenil. Un lector bien guiado a través de sus páginas podrá encontrar un montón de referencias relativas a distintos aspectos del folklore franco-británico y sus mitos más conocidos salpimentados con algunos guiños a España. Si conseguimos que el joven lector eche mano a los clásicos de Sir Walter Scott o a algún tipo de breviario sobre la obra de Shakespeare o a alguna biografía adaptada de Ricardo Corazón de León y Juan sin tierra habremos redondeado un atractivo combo.

La historia parte de la siguiente premisa: tras la muerte de Ricardo Corazón de León, Leonor de Aquitania –su madre- reúne a un grupo de guerreros de élite con diversos talentos que atienden al nombre de “Los campeones de Albión” para que lleven a cabo la misión nacida de la última voluntad del finado rey: llevar un valioso cofre a Francia. Obviamente, Juan sin Tierra, hermano de Ricardo, pondrá todo lo que está en su mano para impedir que este animoso grupo de caballeros sin miedo y sin tacha en sus corazones fracase. Y para ello acudirá a espías, traidores, venenos, infiltrados y todo tipo de sabandijas.

Obviamente, el líder de los campeones es Ivanhoe, personalizado en un león blanco. Junto a él acudirán El Cid (sí, amigos, Rodrigo Díaz de Vivar. Que parece que ha sobrevivido un siglo exacto a su deceso –El Cid muere en el 1099, mientras que Ricardo lo hace en 1199-) que, cómo no tratándose de un español, está encarnado en un toro (habría preferido mejor un lobo o un oso, igualmente ibéricos y no tan tópicos, pero bueno); Melusina, descendiente de la nobleza de Poitevin (zona pantanosa y llena de marismas, de ahí que sea una especie de ondina), que es una poderosa hechicera;  y Robyn, la hija de uno de los campeones ya fallecidos, Waltheof de Huntingdon (¿un guiño al conde de Northumbría, Waltheof de Hungtinton, que defendió a los sajones y se levantó contra los normandos en el 1075?), que es una vivaracha ardilla que, inevitablemente, nos recordará a Robin Hood.

Imagen de Los campeones de Albión, de Legendre, Djian y Arranz

¿Solo estos elementos? No. Éstos son sólo los de sangre noble. También están los llamados “Yeomen”. Un término que supone un truco de prestidigitación lingüística: en inglés arcaico, “yoman” significaba “aldeano”. Ese nombre viene porque son todos de ascendencia plebeya: Puck, el erizo irlandés admirador de las gestas de fray Tuck y que toma su nombre del conocido personaje de “Los sueños de una noche de verano”, de Shakespeare; Fireflin, una rata virtuosa del ritornelo (una figura musical consistente en un puente instrumental antes de un fragmento cantado), que es la personalización del juglar Allan Dayle, el transcriptor de las hazañas de Robin Hood en la obra de Howard Pyle de 1883 y que todos conocemos; y, por último, Spring Heeled Jack, un animal que no consigo reconocer, y que es el sosias de Will Scarlett, el truhán que fue sobrino de Robin Hood.

Una vez hechas las presentaciones (que encontraréis más desarrolladas en las últimas ocho páginas del álbum), pasemos a repasar algunos detalles porque, si bien la historieta es ligera e intrascendente, sí que guarda ciertos guiños históricos y geográficos interesantes. Por ejemplo: todo comienza con el asedio del castillo de Chalus-Chabrol, reconocible por su torre del homenaje de planta circular, que es de lo poquito que queda hoy día de lo que hubo originalmente en el siglo XII y en donde, efectivamente, murió Ricardo I a consecuencia de la herida producida por un virote de ballesta. La abadía de Fontebraud, lugar en el que se encuentran hoy día las tumbas de Ricardo I e Isabel de Angulema –esposa de Juan sin tierra-, resulta vagamente reconocible, así como la adaptación medieval que han hecho del palacio de Westminster, inexistente en esa época (es un edificio neogótico del siglo XVI), o el círculo megalítico de Stonehenge.

Imagen de Los campeones de Albión, de Legendre, Djian y Arranz

Se hace referencia también a la localidad portuaria de Folkestone, situada al sudeste de Inglaterra, en la costa del Canal de la Mancha, en una zona en la que hay poca distancia hasta la costa francesa… pero que en aquella época era poco más que una comunidad pesquera. Si bien la documentación está bien usada para dar un toque de ambiente, resulta para nada escrupulosa. Cierto es que estamos ante una anacrónica obra de ficción ligera y que esos elementos se usan exclusivamente para darle un ligerísimo barniz ambiental… pero, quizá, el uso de algunos elementos históricos reales le habría dado un punto didáctico y ambiental adicional.

No obstante, el guión de Jean-Blaise Djian y Nathaniel Legendre resulta ligero y atractivo para jóvenes lectores, que apreciarán sin duda el ritmo rápido de esta aventura, así como el viaje iniciático de la joven Robyn. Además, como ya he indicado, si con las referencias literarias que se hacen en él logramos que se enganchen a un libro, será una doble victoria. En su defensa debemos decir que se centran principalmente en que la lectura sea fácil.

Imagen de Los campeones de Albión, de Legendre, Djian y ArranzCon respecto a nuestro Nacho Arranz, sus figuras zoomorfas al más puro estilo Disney resultan también atractivas para el ojo joven, aunque entiendo que se ha dejado llevar demasiado por el estereotipo a la hora de asignar animales. Por otra parte, el diseño peca en ocasiones de ser demasiado rígido dada la trama de acción continua en la que se enmarcan. No obstante, también diré algo en su descargo: se nota que busca un dibujo cómplice, de trazo amable y poco agresivo, agradable a la vista del lector infantil y juvenil.

Poco más podemos decir de esta obra que, para el ojo de un lector algo leído, es simple y predecible. Concedo que para el lector infantil y juvenil resultará atractiva y fácil de leer, y que es sólo el primer volumen y debemos concederle el beneficio de la duda, pero el guión resulta poco sustancioso y los personajes están demasiado estereotipados para mi gusto. No obstante, insisto en que está diseñada para un segmento de lectores muy específico que no resulta tan puntilloso como yo.

Un cómic diseñado para atraer a público joven, pero que no resulta, ni mucho menos, una obra memorable. Quedamos a la espera de más aventuras de los Campeones de Albión, ya que el próximo volumen transcurrirá en Castilla. Veamos cómo evoluciona.

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