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Aníbal Cinco: enésima variación sobre la ciencia-ficción con el toque de Jodorowsky


Francisco Javier Illescas   09/08/2017
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     El guionista nos ofrece una serie de historias de ci-fi junto a Georges Bess, pero con un planteamiento muy diferente de «El lama blanco», protagonizadas por un espía cibernético.
Portada de Aníbal Cinco, de Alejandro Jodorowsky"Aníbal Cinco integral" (Norma): 128 páginas en Cartoné a todo color. Una edición integral de una obra de dos autores reconocidos a los que conozco bien: “El lama blanco”, “El incal”, “La casta de los metabarones”, “Los Borgia”, “Garras de ángel”, “Megalex”, “Juan Solo”… todas obras bastante impresionantes y con muchas connotaciones. “Aníbal Cinco” es una historia ligerita erótico-festiva  de humor y ciencia-ficción, con lo que será fácil y agradecida de reseñar…

Y una mierda.

El problema que encontramos siempre con el amigo Alejandro Jodorowsky es que, si bien sus guiones e ideas son impresionantes, nunca estás seguro de qué es lo que se ha podido fumar. El pillarle el punto a su obra es como mantener un combate de boxeo contra un gorila dotado de inteligencia crítica. Así que he tenido que arremangarme, calzarme los guantes y sumergirme en ese a menudo lisérgico mundo espiritual y mental tan suyo para salir victorioso incluso en una obra tan falsamente ligera como es ésta. Pero, todo sea dicho, aunque agotado, he disfrutado haciéndolo. Y vamos a irlo viendo ahora.

Es cierto que las aventuras de Aníbal Cinco son más simples y lineales de lo que es habitual encontrar en estos autores, y se trata más bien de una aventura humorística mezcla de sensualidad, caricatura, músculo cibernético, obsesiones poéticas, sensuales e, incluso, apocalípticas. Una parodia espacial que asume las propias fantasías del guionista, su sentido del humor l el fornicio incontenible e implacable (en el sentido de una elevada energía sexual) y el reflejo de sus obsesiones privadas llevadas al aspecto gráfico para el deleite de todos nosotros con el dibujo refinado, seductor y de trazo simple de su cómplice en esta aventura: Georges Bess, que juega magistralmente con una cierta sensación de hormigueo instintiva y espontánea que estimula la imaginación del lector facilitando la fusión entre dibujo y guión.

Como ya hemos dicho, Aníbal Cinco es una especie de agente secreto espacial que protagoniza una sucesión de historias cortas para mayor gloria de su fama y su nombre. La fachada de suficiencia y autoconfianza del personaje, así como su desaforada necesidad de copular son el reflejo en clave de humor tanto de la rica vida interior del conocido psicomago, como de su propio viaje sideral hacia las obsesiones del mismo. Sin embargo, los autores se cuidan de que la serie sea rápida, ligera y termine pronto, quizá buscando el acabarla antes de que resultase algo demasiado embarazoso. Así que dieron lugar a dos álbumes que aparecen recopilados en este tomo integral.

Imagen de Aníbal Cinco, de Alejandro JodorowskyEn fin, vamos a respirar un poco de aire fresco después de bajar al submarino de la fumada, y empecemos a hablar en términos claros: Aníbal Cinco es un oficial ciborg que sirve en la Organización de Defensa Europea. Pese a estar totalmente obsesionado por el sexo, se le confían las misiones más peligrosas contra la organización Interterror, una organización que pretende destruir  la humanidad y que no duda en tirar de viejas diabólicas mentes como las de Hitler, Napoleón, Atila o Al Capone clonados desde la mente maestra de Lao Te Kung. En fin, Aníbal cuenta con múltiples aparatos incorporados para lograr sus objetivos, y tiene un equipo de apoyo: los gemelos Martin y Martain –que le recuerdan a Aníbal lo que representa la organización y lo que ha invertido en él cuando se resiste a dejar a la hermosas mujeres que le dan como alimento para su libido en cada misión- , el jefe de la O.D.E., Sir Typer Tinker y su musa Enanita.

A partir de ahí, Aníbal Cinco incorpora elementos de la Space Opera de mediados-finales de los años 70 del siglo pasado, pinceladas de comedia, erotismo tanto zafio como elegante (y, en ocasiones, ocurrentemente retorcido), alienígenas, robots, esclavas sexuales, aventura totalmente desaforada y descerebrada y mucha acción y explosiones. Pero… ¿Qué hace diferente a esta obra del resto de similares características? El carisma de Jodorowsky y el peculiar dibujo de Bess.

Jodorowsky es un “enfant terrible” del mundo de cómic: es como es, hace lo que hace, de la manera que lo hace, y no te queda más remedio que tragártelo. Si te gusta y ves de lo que va, fantástico. Si no, no pasa nada. O te gusta, o lo odias. Es un guionista de arte y ensayo, una figura asimilable a figuras del arte audiovisual como David Lynch o Lars von Trier. En esta historieta, busca divertirse y dar rienda suelta a sus energías, es obvio, porque de otra manera no se podría concebir tal cambio de registro. Pero, aun así, este acto de desinhibición en el que no se esconde ninguna reflexión metafísica compleja, sí que contiene el peculiar delirio del autor: satisface sus fantasías y obsesiones, profana todo lo que ha puesto en un pedestal a lo largo de su vida y exclama su miedo a las mujeres, y su completa falta de comprensión de su belleza y los misterios de la seducción ante la que el hombre se rinde y pierde la razón. Así que él juega la baza de la banalización del sexo y el cuerpo femenino amparándose en un retorcido y devastador sentido del humor para reflejarnos de una manera descarnada la frágil vanidad del hombre.

En fin, que nos encontramos con las encarnaciones de todos los clichés de género imaginables ante los que el pobre Aníbal, pese a que salga victorioso, no deja de ser una especie de marioneta al servicio de sus impulsos, ya que siempre acude a sus misiones mediante la promesa de alguna dádiva de tipo sexual posterior… sumada a lo que pille por el camino que, como dice el sabio refrán castellano, en tiempo de guerra todo agujero se torna trinchera. Aníbal no es más que un sátiro con dos dedos justitos de frente y la tendencia enfermiza de darle gusto al gatillo –que no al gatillazo.

Imagen de Aníbal Cinco, de Alejandro JodorowskyPero, dentro de todo eso, observamos cómo Aníbal debe adaptar en ocasiones los parámetros de personalidad a distintos físicos y arquetipos según la naturaleza de la misión. Debe intentar dominar sus impulsos al convertirse en algo diferente hasta el punto de que, en ocasiones, se ve forzado a olvidar quién es –o la misión fracasará. Un toque de profundidad al personaje que, sin embargo, se usa para forzar nuevos gags humorísticos por medio de la ruptura del estereotipo que, por cierto, funcionan de maravilla (ojo a la escena del tigre, entre las páginas 77 y 82… vulgarmente divertida y un ejemplo de burla pura y dura).

Jodorowsky moldea la realidad del personaje desde su interior hacia el número externo final.  No olvida la metáfora en cuanto al psicoanálisis masculino: la eyaculación lanzallamas, el hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, la coña del tigre (símbolo de la potencia sexual masculina, lo que os ayudará a pillar la ironía del gag)… sutiles referencias que todo adulto reconocerá.

Pero nos hemos centrado mucho en la figura de “Jodo” y hemos dejado ligeramente de lado a Georges Bess. Sin su pericia al dibujo, seríamos incapaces de concebir todas esas extrañas ocurrencias del guionista. Su excelente trabajo nos muestra un diseño impecable, plasmado en un trazo fino y rico en detalles. Escenas bellas y dinámicas, con la belleza de las curvas femeninas plasmada a la perfección en todos los cuerpos desnudos que rodean al héroe. Una orgía visual diseñada tanto para el disfrute de los mirones como para el amante de la lectura de cómics. Un festival gráfico para la vista.

Imagen de Aníbal Cinco, de Alejandro Jodorowsky

Aníbal Cinco” no pasará a la Historia del noveno arte como la obra cumbre de sus autores, pero no merece quedar en el olvido. Su esquema visual “pop”, deliciosamente retro, envejece bien amparado en el toque paródico, y es muy original, ya que estamos ante un ramillete de situaciones totalmente disparatadas ante las que el lector sólo puede ejercer de espectador. Además, la cuidada edición de este tomo invita a conservar esta historia: tras la historieta, encontraremos diez páginas con diseños de escenarios y personajes. Y, por cierto, tanto la portada como la contraportada están texturizadas. ¡Tocad el tomo y veréis!

Echadle un vistazo. Es una obra lineal, pero a la vez impredecible y llena de dobles sentidos y segundas intenciones. Y, por cierto… ¿Soy el único que piensa que Fraulein Enanita tiene innegables referencias manga?

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