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       Artículo de literatura

Enterrado por placer, de Edmund Crispin: no transmite buenas sensaciones


 Terror / Suspense
Fco. Martínez Hidalgo   24/07/2017
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     Los cambios introducidos aquí anuncian un planteamiento nuevo que, con seguridad, dividirá las opiniones de sus lectores/as.
Portada de Enterrado por placer, de Edmund CrispinOtra nueva novela de Gervase Fen ha llegado a las librerías. Se trata de ‘Enterrado por placer’ (Impedimenta, 2017; originalmente publicada en 1949). Una novela donde Edmund Crispin (pseudónimo de Bruce Montgomery, UK, 1921-1978) deja entrever su mano y personalidad más que en otras entregas, con un estilo a veces más próximo incluso a la crónica que a la novela. Esta peculiaridad resulta clave para entender la excepcionalidad de este texto, donde lo criminal y detectivesco queda en un segundo plano, para pasar a asumir el control de la trama un hilo principal dedicado a la crítica sociopolítica de la sociedad británica.

De hecho, el punto de partida resulta ya en sí excepcional cuando nuestro sosegado y socarrón profesor de lengua y literatura inglesa en la Universidad de Oxford, en un aire imprevisible de participación comunal y transformación social, decide presentarse a las elecciones generales británicas por el apacible distrito rural de Sanford.

Allá que se va nuestro Gervase Fen para, de la mano de un mugidor electoral profesional, conocido como capitán Watkyn, intentar ganar las elecciones en este distrito, cuando los extraños incidentes comienzan a suceder a su alrededor. Entre ellos, el atropello de una misteriosa joven por una furgoneta, el inexplicable asesinato por envenenamiento de la esposa de un intachable abogado, el curioso fantasma cuyas travesías e inocentes fechorías llevan ya dieciocho años amargando la existencia al cura de la Rectoría de la zona, etc. Unos incidentes que empiezan a llamar más la atención de nuestro detective, distrayéndolo también cada vez más y más de su pretendidamente decidida voluntad de entrar en política.

A su alrededor, como siempre, una pléyade de ricos y vivaces personajes secundarios sirve para enriquecer la novela de sólidos subtemas, reflexiones puntuales, anécdotas extravagantes, o simplemente con circunstanciales fuegos de artificios con los que dotar a la novela de un contexto más concreto y realista.

Entre estos secundarios destacan algunos como Myra, la gerente de la hostería donde se hospeda Fen durante su estancia en Sanford, representante del carácter rural entregado al chismorreo y a la indiscreción; la taxista Diana, uno de los pocos personajes definidos en su ideología como inveterada conservadora, supone una ruptura del rol de clase baja con las posturas socialistas; como también rompe con su rol el enamorado de Diana, el decimoséptimo lord Sanford, declarado socialista y persona insistente a la hora de intentar convencer a su servicio con que renuncie a sus costumbres serviles en favor de un trato más igualitario; o el intelectual del pueblo, Judd, apático y desconfiado al principio, pronto substituye esta posición por una sorprendente vehemencia cuando comprueba que de ella puede obtener algún beneficio.

Una fauna humana toda ella sustentada sobre una crítica general a la sociedad británica, con alguna nota particular dedicada a la sociedad de la campiña inglesa, y con la polarización política de trasfondo.

No en vano, la novela sucede en su contexto de escritura, al final de la década de 1940, con los efectos de la IIª Guerra Mundial todavía presentes a través de la necesidad de cartillas de racionamiento. Las elecciones al Parlamento Británico de 1950 están a la vuelta de la esquina. Desde que acabó la guerra, y desde las elecciones de 1945, la escena política británica había estado polarizada de forma virulenta por dos partidos, Laboristas y Conservadores, pero sobre todo por dos liderazgos con fortísimas personalidades como fueron, respectivamente, Clement Attlee y Winston Churchill. Más allá de ellos dos y sus partidos, solo había un gran grupo de otras pequeñas y mal avenidas fuerzas políticas -sin apenas representación parlamentaria y con liderazgos insignificantes o circunstanciales.

Este contexto es el que precipita la aparición de Gervase Fen en la escena política, y el que explica un discurso pretendidamente anodino y apolítico, artificiosa y pretenciosamente presentado como antisistema respecto al sólido bipartidismo (aun hoy reinante) de Inglaterra -importante no confundir la escena política inglesa con la del Reino Unido, donde la complejidad y la variedad es bastante más notable-, pero también decidida e indisimuladamente liberal. Una novela donde se busca una tercera vía, un respiradero, una salida donde poder abandonar la polarización y antagonismo de la época, substituyéndolo en favor de un clima político más sosegado; hasta el punto de llegar a criticar al reformismo y defender la abstención sistémica en las próximas elecciones.

Hasta tal punto es el protagonismo de la trama política que existen capítulos donde la trama policíaca resulta claramente secundaria, por no decir accesoria. Otros personajes toman el mando, simplemente para mostrarle al lector la crítica política o la reflexión social sobre las ideologías, los partidos, los roles y las clases sociales…

Edmund Crispin

El Fen detective se desdibuja, el lector pierde el hilo de la investigación, y la magia especial que convertía la lectura en una caza de pistas para resolver el caso junto con Fen ni siquiera hace aquí acto de presencia. Ello se debe, sobre todo, a la ruptura de ritmo constante: al introducirse sin parar nuevos temas o alusiones o personajes fuera del foco de la investigación criminal. Incluso se desdibuja la personalidad de Fen, substituyendo su tradicional humor e ironía por cierto hartazgo y socarronería despreciativa impropia del personaje en sus primeras novelas, o dejando a un lado su aspecto más intelectual y poniendo en su mano un vaso de whisky a las primeras de cambio. No sabemos si esta es una táctica para presentar una evolución del personaje hacia un perfil más áspero, o simplemente una deriva en la escritura de Crispin, pero sí estamos seguros de que es un cambio notable que los aficionados a las novelas del profesor-detective Gervase Fen deben tener muy en cuenta.

Al final, ‘Enterrado por placer’ (Impedimenta, 2017) continúa manteniendo las esencias de las novelas de Gervase Fen, reconocibles por sus lectores, pero con la introducción de no pocos e importantes cambios. Aquí encontramos una trama donde lo detectivesco deja su lugar principal a la crítica sociopolítica; con un elenco secundario de personajes más nutrido que en anteriores entregas, pero también definido con trazos más gruesos e imprecisos; y con un personaje principal en transición desde su deslumbrante sagacidad y humor iniciales, hacia una capacidad deductiva más fundamentada en el instinto que en el intelecto y, sobre todo, mucho más cínico y amargo. Hasta el punto de poder sentir en esta novela que una parte de esa magia, de ese magnetismo que tan fuerte nos atrapaba, desapareció quizás para no volver.

El tiempo dará o quitará razones, pero lo cierto es que los cambios introducidos aquí anuncian un planteamiento nuevo que, con seguridad, dividirá las opiniones de sus lectores/as. A nosotros no nos ha convencido, ni nos transmite buenas sensaciones. Ahora solo falta que lo leas tú.

Compra aquí "Enterrado por placer".



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