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Conan el cimmerio 6, de Robert E. Howard |
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Estamos ante dos relatos de entre los más populares de Howard, muy bien construidos y que nos muestran al verdadero Conan: Más allá del Río Negro y Clavos Rojos. |
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En mayo de este año, la editorial Timun Mas publicó el sexto volumen de relatos basados en Conan el Cimmerio, el personaje creado por Robert E. Howard, en rústica e ilustrado en blanco y negro por Gregory Manchess. Tras Conan el Cimmerio 5, vuelve Hiboria.
Conan el cimmerio 6 comienza con Más allá del Río Negro (Beyond the Black River), publicado por primera vez en la revista Weird Tales, entre mayo y junio de 1935, y continúa con Clavos Rojos (Red Nails), publicado en la misma revista en agosto-septiembre y octubre de 1936. Se incluye en este volumen en rústica un borrador de “Clavos Rojos” y como apéndice el ensayo de Patrice Louinet titulado “La Génesis de Hiboria”, y varios agradecimientos.
Resulta necesario decir que estamos ante dos relatos de entre los más populares de Howard, muy bien construidos y que nos muestran al verdadero Conan en cada uno de sus párrafos. El carácter del protagonista no cambia: una auténtica pantera que combina sus instintos salvajes con el más penetrante de los raciocinios, un guerrero que conoce las debilidades de la civilización y desprecia las comodidades en favor de su propia libertad como individuo. En estos dos relatos se hace patente una crítica clara hacia los “civilizados” que desdeñan el poder primitivo de las sociedades más apegadas a la naturaleza y las supersticiones, y cuyo desprecio deviene en peligro cuando asumen que todo lo que no les concierne directamente no importa en absoluto. Su deliberada falta de conocimiento del medio en que se mueven provoca batallas desiguales contra el rugido de los poderes oscuros que esconde la selva y que Conan conoce y comprende de sobra, y hasta cierto punto, ama. Conan utiliza a unos y a otros en su provecho para conseguir el clásico botín, al tiempo que desnuda las incoherencias que les circundan. Solo él sale inmune del enfrentamiento, solo Conan se desliza como una pantera por entre los escarpados riscos sin despeñarse jamás.
Pero aunque resulta indomable, rudo y complejo en su aparente sencillez, Conan no evita la llamada de la compasión, y prefiere ayudar al débil a demostrar su fuerza que dejar a que éste sea pasto de otros poderes. Es astuto y enormemente inteligente, sabe interpretar las sutiles señales de la naturaleza y de los seres humanos, tan cambiantes y volubles. Por eso sale siempre airoso de sus aventuras, que no indemne: Conan es una extraña mezcla entre ser instintivo y civilizado, disfruta de forma animal la vida pero al mismo tiempo la aprecia en lo que vale. Vive al día, y cada uno de ellos representa un paso de pantera, medido y feroz, y disfrutado al máximo. Conan habita un mundo implacable y actúa en consecuencia... y el lector siente de nuevo la llamada de lo salvaje: estos dos relatos son un buen ejemplo de ello.
MÁS ALLÁ DEL RÍO NEGRO
Conan es un explorador mercenario a sueldo de Valannus, jefe del fuerte Tuscelan, un puesto avanzado de los colonos aquilonios cercano al Río Negro. El cimmerio patrulla los bosques cercanos, y busca señales de peligro, ya que los pictos acampan muy cerca de la frontera. La colonización, impulsada por el gobernador de Conajohara, es para Conan una locura, ya que está seguro de que, tarde o temprano, las tribus pictas de unirán en una gran horda que arrasará a los pocos aquilonios que se han aventurado tan lejos de sus tierras. Tras expulsar a unos pocos clanes, éstos, creyendo su situación segura, envían a colonos sin la más mínima formación militar para repoblar las espesuras y tierras de cultivo cercanas a los pictos, pero Conan no se deja engañar.
Durante una de sus patrullas, el cimmerio encuentra a una criatura sobrenatural empeñada en llevarse las cabezas de sus víctimas tras asesinarlas, y decide seguirla. Las marcas y desgarros que deja a su paso semejan a las de un animal, pero la criatura no está desprovista de inteligencia. El guerrero descubre que Zogar Sag, un poderoso hechicero picto, puede invocar demonios que luchan a su servicio, y asesinan en la espesura con impunidad a los colonos y soldados que se atreven a hollar esas tierras. Por las noches, una multitud de tambores rasga el silencio, y Conan no puede dormir tranquilo: algo traman los pictos. Zogar Sag fue atrapado y encerrado en una celda, la más grave ofensa que se le puede hacer a un picto, y éste juró venganza. El cimmerio teme que éste haya levantado a los numerosos clanes bárbaros contra el fuerte. Velitrium, la ciudad de colonos que protege el fuerte, está en peligro, y todas las vidas que allí habitan.
Estamos ante un relato de acción, magia e invocación, pavor primitivo y crítica a la locura de la civilización sin prevenciones e inteligencia en tierras indómitas y peligrosas. Con su habitual manera de conducirse, Conan lidia entre aquilonios y pictos con el peligro siempre por bandera, asumiendo riesgos pero siempre un paso por delante de todos ellos. La narración es fluida y salvaje, sin concesiones al fondo de la trama, solo importa el aquí y el ahora. El despliegue de hechos y antecedentes históricos es claro y rápido en su ejecución, y tras él, solo la acción tomará el protagonismo habitual en las narraciones de Howard que le corresponde. Conan contrapone su acero contra la magia y la superstición de sus enemigos; como él dice: “No hay nada en el Universo que el acero no pueda cortar”. Y vaya si corta...
CLAVOS ROJOS
De nuevo, Valeria comparte con Conan el protagonismo de este relato. La pirata abre la narración a lomos de su caballo: la fuerte amazona descrita por Howard, de miembros fuertes y determinación salvaje, es alcanzada por el cimmerio en las inmediaciones de una ciudad que parece desierta. La guerrera de la Hermandad Roja huye de Ortho el Rojo, un cacique que deseaba convertirla en su amante, papel con el que Valeria no se siente precisamente cómoda, así que se une a una compañía de mercenarios que iban hacia Sukhmet, donde se pone al servicio de Zarallo y se reencuentra con Conan. Lamentablemente, hubo de matar a un oficial estigio por propasarse con ella y se convirtió en una proscrita para éste, y nuevamente tuvo que huir hacia el sur. Conan la sigue hasta encontrarla en las inmediaciones de la ciudad antes mencionada.
Ambos, en medio de la habitual tensión sexual entre guerreros de semejante poderío pero distinto sexo, discuten y se despellejan entre ellos, hasta que oyen como sus respectivos caballos mueren a manos de una bestia. Alarmados, corren a inspeccionar el terreno, hasta que se encuentran con una bestia espantosa y enorme que patrulla las inmediaciones de la ciudad. Su única vía de escape es la escalada de un promontorio de roca inaccesible para la bestia. Sin ayuda externa, ni alimentos a mano, únicamente con la compañía del otro, la pareja de guerreros se encuentra en una situación desesperada: su única salida está flanqueada por una enorme masa de músculos y hueso, cuyo único propósito irracional y salvaje consiste en despedazar la carne y los tendones de los dos protagonistas. A su alrededor, un desolado yermo no ofrece muchas posibilidades a los sitiados, aún cuando logren escapar a su captor: ni una sola alma se ve en las inmediaciones de la ciudad, ni parece que albergue ninguna otra entre sus muros. Una ciudad fantasma con un guardián temible... Xuchotl espera.
Este es el último relato escrito por Howard sobre Conan el Cimmerio antes de su muerte, y es uno de los más inquietantes por la locura que desborda. En él, más aún que en el anterior relato, se antepone el acero a la magia, la racionalidad a la superstición, la lógica a la locura. La trama avanza lentamente, acompañada en todo momento de una atmósfera tan agobiante como los tenebrosos pasadizos y salas que dominan la ciudad de Xuchotl. Valeria ejerce de complemento perfecto para Conan, quien no para de insinuarse hasta que admite que el peligro pesa sobre sus instintos más primarios. Es un relato donde la venganza y la locura toman protagonismo, y las luchas salvajes por el control de la ciudad provienen de antiguas rencillas no superadas y de deseos de sangre más profundos que las más bajas cámaras de tortura de Xuchotl. Uno de los relatos más compensados y narrados de Howard, pese a desarrollarse en un entorno muy definido. La historia de la ciudad proporciona un marco inusual al relato, y pone los mimbres adecuados sobre los que se sustenta la ambientación agónica del mismo. Sus personajes, torturados y transtornados en su mayoría, o ambiciosos y poderosos, se ven inmersos en su propia locura, y arrastran con ella a todos los demás, salvo al siempre imperturbable Conan.
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