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Yooka-Layle


 PlayStation 4  Xbox One  PC
Luis Collado   11/05/2017
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     El género de plataformas clásico y el sistema collectathon están de vuelta con Yooka-Laylee, un título especialmente pensado para los que fueron niños hace 15 años.
Todo jugador que a día de hoy se mueva en la franja de los 25 años es muy probable que creciera acompañado de títulos como Super Mario 64, Donkey Kong, Conker, Crash Bandicoot o Banjo-Kazooie. Todos fueron grandes exponentes del género de plataformas en 3D, que en los años 90 se convirtieron en sinónimo de calidad y diversión gracias a una jugabilidad basada en aprender nuevos movimientos con los que llegar a nuevos mundos mientras recogíamos todo tipo de objetos repartidos por escenarios repletos de secretos.

Por desgracia, el ascenso de este género fue efímero y, solo 10 años después, el desarrollo de este tipo de propuestas no solo se había detenido, sino que, prácticamente, ese género había caído en el olvido. Parte de los motivos que llevaron a la desaparición de estos títulos fue la compra de Rare por Microsoft —máxima representante de estas producciones— que terminó trabajando en títulos para Kinect y en el diseño de los Avatares para los perfiles de Xbox 360. Desde ese momento, otros géneros han crecido, como los shooters o los MOBA y otros han cambiado totalmente —las aventuras gráficas actuales son radicalmente distintas a las de hace solo unos años—, pero lo cierto es que una gran masa de jugadores seguía esperando con ganas el anuncio de un nuevo título que recuperara la magia y esencia de los plataformas clásicos en 3D.

Yooka-Layle

Fue en el año 2015 cuando un puñado de antiguos miembros de Rare, como Chris Sutherland, Steve Mayles o Steven Hurst, decidieron dar forma a Playtonic Games y lanzar una campaña de Kickstarter para financiar el «Proyecto Ukelele» que más tarde pasó a llamarse Yooka-Laylee y que superó el millón de dólares en recaudación en tan solo seis horas. Desde ese momento la expectación no ha parado de crecer y ha sido ahora cuando el proyecto ha llegado finalmente a PC, Xbox One y PlayStation 4 —con un desembarco en Switch muy próximo— para demostrar si de verdad ha sido posible recuperar la magia de una época pasada.

Una vez que empiezas a jugar a Yooka-Laylee descubres que toda la producción bebe directamente de Banjo-Kazooie. El diseño de menús, la tipografía, el control y los movimientos de personajes y hasta los diálogos están más que inspirados en las aventuras del oso y la pájara más famosos de los videojuegos. El juego nos pone en la piel de Yooka y Laylee, un camaleón y una murciélago que acaban de encontrar un libro mágico que pretenden vender para ganar algo de dinero cuando, de repente, este es absorbido al interior de una fábrica cercana. ¿El motivo? El CEO de la empresa, Capital B, y su ayudante el Dr. Quack, están robando todos los libros del mundo para encontrar uno especialmente poderoso con el que pretenden dominar el mundo y aumentar el valor de las acciones de la empresa, para mantener contenta a la Junta de Accionistas. Este argumento tan absurdo en la excusa perfecta para poner a la pareja manos a la obra y embarcarse en una aventura a través de seis mundos buscando las páginas del libro mágico a las que se ha bautizado como Pagies y que sustituyen a los Jiggies de Banjo-Kazooie.

La estructura y el desarrollo de Yooka-Laylee es exactamente igual a la vista en Banjo-Kazooie, pero añadiendo pequeños matices que aportan algo más de dinamismo a la aventura. El juego transcurre en un mundo central que iremos explorando de forma paulatina según vamos consiguiendo movimientos y nuevas Pagies. Las Pagies serán la moneda que usaremos para acceder a nuevos mundos y para, posteriormente, ampliarlos. Estas ampliaciones son la principal novedad del juego y aportan un soplo de aire fresco a un título que en ocasiones parece beber demasiado de su legado.

Yooka-Layle

Una vez que abrimos un mundo y los exploramos en busca de nuevas Pagies, podemos realizar una ampliación que nos permite añadir nuevas zonas, desafíos y personajes a dicho mundo, es decir, cuando abrimos el mundo por primera vez accedemos a una zona más o menos básica y cuando lo ampliamos accedemos al escenario completo.

Este sistema es todo un acierto por varios motivos. Para empezar, elimina de un plumazo la sensación de intimidación que sentíamos la primera vez que explorábamos los inmensos escenarios de Banjo-Tooie—motivo por el que el juego fue duramente criticado en su momento— y nos permite conocer la estructura básica del mismo, su funcionamiento y personajes, mientras recogemos las primeras Plumas y Pagies antes de ampliarlo para enfrentarnos al reto completo. Por otro lado, este sistema nos dará una sensación de libertad muy agradable, ya que siempre podremos elegir entre ampliar un mundo o abrir otro nuevo sin que eso perjudique de alguna forma nuestro avance, así, en ocasiones optaremos por abrir varios mundos y conseguir los movimientos que hay en cada uno de ellos antes de volver a la versión ampliada de cada uno de ellos.

Una vez que entramos a uno de los mundos nos encontramos también ante una estructura muy similar a la vista en Banjo-Kazooie. Cada nivel cuenta con 20 Pagies que debemos recoger resolviendo diferentes retos y desafíos, 200 plumas —la moneda que usaremos para comprar nuevos movimientos— y cinco fantasmas que se encuentran repartidos por todo el nivel. Para conseguir todos estos coleccionables tendremos que superar zonas de plataformas, carreras, puzles, minijuegos, transformarnos en todo tipo de criaturas —otro legado de la época de Banjo— y, sobre todo, explorar el escenario una y otra vez en busca de cualquier detalle que se nos haya podido pasar y que nos lleve a una nueva zona donde seguir recogiendo coleccionables. Por supuesto, el juego prescinde de minimapa, GPS, listado de misiones o indicadores de cualquier tipo que nos guíen o lleven de la mano para encontrar lo que buscamos, lo que puede suponer una gran lacra para un gran porcentaje de jugadores, pero quienes busquen una experiencia clásica tendrán aquí una jugabilidad totalmente adaptada a lo que veíamos hace 15 años.

Yooka-Layle

Las fases clásicas se combinan con duelos de Quiz —sí, Banjo— en las que tendremos que responder correctamente una serie de preguntas sobre el propio juego para ir avanzando por un tablero hasta llegar a la meta antes de cometer tres errores. La verdad es que estas fases siguen siendo bastante divertidas gracias a los diálogos y el humor absurdo que destilan todas las conversaciones del juego. Además, en ocasiones también tendremos combates contra jefes finales que, aunque podrían ser mucho mejores, aportan un soplo de aire fresco después de varias horas siguiendo un patrón similar.

El desarrollo de la aventura principal puede llevarnos unas 20 horas si nos centramos únicamente en encontrar las Pagies necesarias para desbloquear el último mundo, pero quienes quieran completar el juego al cien por cien para desbloquear todos los Logros o Trofeos es probable que pasen otras 20 horas acompañando al camaleón y el murciélago en su aventura.

Pese a que el juego cumple con las promesas que se hicieron a los fans, se queda lejos de convertirse en la obra maestra que algunos esperaban. Ciertos problemas técnicos y de diseño terminan afeando un resultado notable que podría haber sido sobresaliente. Para empezar, la cámara da bastantes problemas para mantenerse estable, lo que provoca que muchas veces tengamos que estar más pendientes de ajustarla que de lo que ocurre a nuestro alrededor. Por otro lado, hemos sufrido varios bugs relacionados con el sistema de disparo de proyectiles que, aunque no son graves, sí que afectan a la experiencia de juego.

Yooka-Layle

El resto de problemas tienen que ver con un diseño de niveles que en ocasiones no está al nivel esperado, pero vamos por parte. Como decíamos, el juego cuenta con cinco mundos principales más otro central en el que pasaremos muchas horas explorando. Cada uno de estos mundos cuenta con una estructura compleja que se extiende tanto de forma horizontal como vertical, dando forma a escenarios de varias zonas y alturas pensadas para que superemos un reto en una zona concreta antes de pasar a la siguiente. Sin embargo, aunque la estructura de los primeros mundos es más que notable, los dos últimos mundos se quedan lejos del nivel visto durante las primeras horas de juego, al ofrecer escenarios con zonas inconexas que dan una sensación de individualidad dentro de un terreno enorme más que de estar en un mundo conectado y vivo. Además, el diseño de algunas zonas no favorece una exploración coherente, lo que nos hará dar más vueltas de lo ideal. No hablamos de que el escenario nos ponga las cosas difíciles, sino de que el diseño del mismo es algo caótico y nos hará despistarnos en más de una ocasión.

Pese a todo, a nivel artístico nos encontramos con un trabajo sublime que bebe de los juegos clásicos de la época, pero que aporta su propia esencia y que invita a explorarlo hasta el último rincón. El diseño de los personajes se mueve en la misma línea de seres absurdos y graciosos que encajan tan bien en una obra de este estilo.

Pero si algo merece una mención aparte es la banda sonora. Es cierto que una persona que no haya jugado a Banjo-Kazooie no diferenciaría un tema de ese juego con otro de Yooka-Laylee, pero creemos que el hecho de que se hayan basado hasta el extremo en el título de Nintendo 64 a la hora de trabajar en la nueva banda sonora aporta un extra de nostalgia muy bien recibido. Además, independientemente de eso, la calidad de cada uno de los temas del juego es más que notable. En cuanto a los efectos sonoros, volvemos a encontrarnos con los típicos sonidos de disparos, con pequeños gemidos y gritos cuando entramos en combate y con los ruiditos que emiten los personajes cuando intentan comunicarse. En cuanto a los diálogos, el juego ha sido traducido al castellano, pero el texto necesita una revisión para solucionar varias erratas recurrentes que hemos detectado en más de una ocasión.

Yooka-Layle

Conclusión

Yooka-Laylee es la excusa perfecta para volver a una época en la que la resolución, la tasa de framerate o los polígonos ni pasaban por la mente de los jugadores que, simplemente, querían pasar horas delante de la pantalla haciendo lo que mejor sabe hacer un videojuego: divertir.
Es cierto que el juego comete errores y que en más de una ocasión podría considerarse un plagio de Banjo-Kazooie, pero eso no evita que nos encontremos ante un título que divierte mucho durante las más de 20 horas que pasaremos explorando cada rincón del juego.

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