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Clásicos del Cine: El hombre que pudo reinar, de John Houston... un monumento de imágenes inolvidables


Eidian   26/04/2017
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     Una aventura que nos transmite más de la amistad, de la pasión, del honor y de la dignidad que cualquier panfleto de hoy en día lleno de aviones, pistolas y ametralladoras.
Póster de El hombre que pudo reinar, de John HoustonAcabo de ver, otra vez, “El hombre que pudo reinar”.

Hay imágenes que nos acompañan toda la vida, que surgen en el momento más inesperado y se alojan para siempre en nuestra mente. Pocas veces tienen que ver con algo que podamos analizar fríamente sino que se enquistan en nuestra alma debido a una emoción que no podemos subyugar ni rechazar. Así me pasó a mi, hace años, cuando vi por primera vez la película que hoy reseño, “El hombre que pudo reinar”, y que ha dejado para siempre en mi retina la imagen de un abismo cruzado por un puente de cuerdas que jamás volverá a existir, mientras suena en una voz fuerte y desgarrada una canción irlandesa cuya letra nunca aprenderé.

“El hombre que pudo reinar” es, en palabras de la gran y respetable escritora Maruja Torres, "La más bella película de aventuras de todos los tiempos". Me temo que podré decir muchas cosas pero no podré mejorar esta sencilla definición que comparto totalmente.

Durante veinte años, el director John Huston y su guionista Peter Viertel –que acabo de descubrir, fue marido de la actriz Deborah Kerr- intentaron infructuosamente rodar “El hombre que pudo reinar”, basado en un relato de Rudyard Kipling… aunque, finalmente, serían John Huston y Gladys Hill los que realizarían el guión de la obra y serían nominados en 1975 para el oscar al mejor guión adaptado.

El cuento de Kipling es uno de los mejores exponentes del talento narrativo de este  escritor inglés nacido en la India en 1865. Controvertido por ser uno de los grandes exponentes de la ideología imperialista británica fue, a la vez, uno de los mejores narradores ingleses del siglo XIX y, desde luego, uno de los mejores cuentistas en lengua inglesa de todos los tiempos. Sus cuentos, ambientados en una India interpretada bajo la óptica imperialista, están escritos en un lenguaje directo, fuerte, con amplias dosis de observación, una gran imaginación y unos diálogos magistrales.

Los personajes de Kipling están dotados de una gran vitalidad y son descritos de manera magistral en pocas pinceladas, como salidos de la misma realidad en la que el narrador vivía.  Así ocurre con ese relato corto y magistral que es "The man who would be king" (traducido en España e Hispanoamérica como “El hombre que pudo reinar”, “El hombre que pudo ser rey”, “El hombre que quiso ser rey”, “El hombre que iba a ser rey” e incluso “El hombre que sería rey”. Para gustos los colores). El cuento fue publicado en 1888 dentro de una antología de cuentos del propio Kipling de nombre tan fantástico y sugerente como "The Phantom Rickshaw and Other Eerie Tales", es decir, “El Rickshaw fantasma y otros cuentos de misterio”… o fantásticos, o extraños u horripilantes. Elíjase lo que más guste. Un rickshaw, por cierto, es una especie de vehículo de dos ruedas para llevar personas y que solía ser arrastrado por un hombre o una bicicleta.

El hombre que pudo reinar, de John Houston

El cuento, una novela muy corta o novella, que dicen los ingleses, narraba una historia de soñadores que emplean su vida en la persecución de algo que poseerán efímeramente y que perderán por el capricho del destino. Un periodista, el propio Kipling en la película, conoce, gracias a un viaje en tren, a los exsargentos del ejército británico, Daniel Dravot y Peachey Carnahan, a quienes hace un pequeño favor... y luego se la juega. Como piensan que por la “putadita” les debe algo, más tarde los exsargentos, exmarineros, excocineros, exetcétera, buscan al periodista en su imprenta en Lahore, para conseguir libros o mapas de Kafiristán, una región real de Afganistán que fue conquistada por Alejandro Magno antes de la era cristiana. El periodista se convierte así en testigo del voto que realizan ambos individuos de no regresar hasta haberse convertido en reyes de Kafiristán. Dos años después Peachey regresa e informa al narrador de lo que pasó en su búsqueda. Y hasta aquí podemos leer.

Dicen que el relato de Kipling se basa en las experiencias de James Brooke, un británico que consiguió hacerse rajá de Sarawak (Borneo) y al que se cita en el propio cuento, aunque también he encontrado referencias a otro individuo que no cita Kipling, un tal Josiah Harlan, norteamericano, cuáquero y masón que en la década de 1830 se dio un garbeo provechoso por Afganistán y, gracias a sus servicios militares al rey de turno, fue hecho príncipe de Ghor, augusto cargo que tuvo que abandonar por piernas cuando los británicos decidieron hacerse con aquel jardín del desierto. Lo de jardín es un decir… Sea uno u otro el origen del relato temático de Kipling aún hay otra referencia literaria más que debemos recoger, el poema "Ode" (1874), de Arthur William E. O´Shaugnessy, conocido por Kipling y en cuya tercera estrofa se dice:
 
One man with a dream, at pleasure,
Shall go forth and conquer a crown;
And three with a new song’s measure
Can trample a kingdom down.

 
Que más o menos viene a ser:

Un hombre con un sueño de placer,
podrá avanzar y conquistar una corona;
y tres con la medida de una nueva canción
pueden pisotear un reino.

Resumiendo, canciones, mitos y aventura; el terreno propicio para la inmortalidad en solo cuarenta páginas.

El hombre que pudo reinar, de John Houston

La aventura de estos dos exsoldados de fortuna, que viajan hasta los confines del mítico reino de Kafiristán para conquistar una riqueza y una  gloria que se escurrirán entre sus dedos dejándoles solo su dignidad, su valor y su mutua amistad, era un terreno propicio para que John Huston realizase una de esas películas de aventureros perdedores que predominan en su filmografía. En su primera versión –a mediados de los años 50-, la película se preparó para Humphrey Bogart y Clark Gable. Incluso he leído que se pensó en Bogart y Spencer Tracy. Después se sucedieron las posibles parejas: cuando murió Bogart, quedaron Gable y Burt Lancaster; muerto Gable, Lancaster y Kirk Douglas. Más tarde se recurrió a Paul Newman quien recomendó a Huston que pensase en actores británicos, y citó específicamente a Sean Connery y Michael Caine que fueron quienes finalmente acompañaron a Huston hasta Marruecos para rodar el film.

Sean Connery y Michael Caine se convirtieron en una espléndida pareja cuya complicidad y buen hacer traspasa la pantalla y envuelve al espectador durante toda la película. Infunden a sus personajes una impagable ironía y comicidad que, con el paso del metraje, se convierte en pura amistad y dignidad, dotándolos de un incomparable calor humano y una dignidad herida rayana en la mitología. Juro que la primera vez que los vi en acción acabé la película con el aliento contenido, una admiración rendida y  lágrimas. El resto de actores, básicamente Christopher Plummer como Kipling y Saeed Jaffrey como Billy Fish (un personaje bastante diferente en el relato), están correctos sin llegar a la grandeza de los dos anteriores.

El hombre que pudo reinar, de John Houston

En cuanto al trabajo del director… Admiro profundamente el trabajo de Huston (¿Por dónde empezar…? Cito “El halcón maltés”, “El tesoro de Sierra Madre”, “Tener y no tener”, “Cayo Largo”, “La jungla de asfalto”… y esa maravilla dulce, romántica y final que es “Dublineses”) y debo reconocer que no soy del todo objetiva cuando hablo de su trabajo, tanto siendo guionista como director. Pero, si tuviese que elegir, doliéndome el corazón, uno solo de sus trabajos, sin duda me quedaría con este, un relato cómico a veces, siempre humano, por momentos cruel, donde dos canallas sinvergüenzas acaban siendo nuestros hermanos, enseñándonos cuales son los valores fundamentales para sentirnos personas, para sentirnos vivos.

Pese a todo lo que en su momento se dijo, llegándose a afirmar que ese tipo de aventuras espectaculares pertenecían a otra época y se calificó el trabajo de Caine como de gesticulante y poco convincente. Pese a que tanto trabajo y empeño no fuese acompañado de ningún verdadero reconocimiento por parte de la industria cinematográfica: nominada a cuatro oscar, donde solo destacaba el mejor guión adaptado, no ganó ninguno…Ningún globo de oro, ningún BAFTA. Nada de nada. Pese a que siempre se le haya negado un puesto de honor entre las películas de aventuras y aún no se la reconozca como la maravilla que es mientras que otras películas de ese mismo año, 1975, tuvieron mucha mayor fortuna como "Alguién voló sobre el nido del cuco", "Barry Lyndon", "Tiburón" y, en el mismo ámbito de la aventura, “Dersu Urzala”. Cinco películas impresionantes de las que ya no se hacen hoy en día.

El hombre que pudo reinar, de John Houston

“El hombre que pudo reinar” es una película en la que los personajes nos llevan de la mano y nos introducen en un relato lleno de maravillas, de historias perdidas, de reinos olvidados, de leyendas extrañas. Y, a pesar de lo incongruentes y absurdas que puedan parecernos a veces las cosas que veamos (como ese polo con cabezas humanas), todo ocupa su lugar y encaja como un guante en la narración gracias a la interpretación magnífica de dos intérpretes en estado de gracia, que nos hacen vibrar con cada una de sus vicisitudes para arrastrarnos hasta el final de su aventura. Un final que nos exalta y ahoga a la vez y que nos deja con la sensación de que, verdaderamente, nunca veremos nada igual. Una aventura que nos transmite más de la amistad, de la pasión, del honor y de la dignidad que cualquier panfleto de hoy en día lleno de aviones, pistolas y ametralladoras y que, además, nos recuerda cual es el pago por la locura y la ambición de aquello que nunca debió ser nuestro.

Así, después de todo, nos queda la visión y la palabra, el canto, que nos asalta desde la pantalla y que nos hace vibrar  a pesar de nosotros mismos (a la mierda que sea inglés y venga de una narración imperialista. ¡A la mierda todo!). Maurice Jarre, uno de los más conocidos autores de bandas sonoras en ese momento, recogió la canción irlandesa The minstrel boy (sale mucho en las pelis norteamericanas pues es predilecta de homenajes a bomberos y policias. Sale incluso en “Black Hawk derribado”) y, creando otro gran tema en el film, La marcha del rey, realizó una buena banda sonora pero el gran momento de la película viste la melodía a capella de la canción irlandesa que sale de forma bronca y sonora de los labios de un Sean Connery inmortal:


The minstrel boy to the war is gone,
In the ranks of death you'll find him;
His father's sword he hath girded on,
And his wild harp slung behind him;
"Land of Song!" cried the warrior bard,
"Tho' all the world betrays thee,
One sword, at least, thy right shall guard,
One faithful harp shall praise thee!"
The Minstrel fell! But the foeman's chain
Could not bring that proud soul under;
The harp he lov'd ne'er spoke again,
For he tore its chords asunder;
And said "No chains shall sully thee,
Thou soul of love and brav'ry!
Thy songs were made for the pure and free
They shall never sound in slavery!



El joven juglar
El joven juglar a la guerra se ha ido.
En las filas de la muerte lo encontrarás.
La espada de su padre se ha ceñido
y colgó su arpa salvaje tras de si.

"¡Tierra de canción!" dijo el bardo guerrero,
"aunque todo el mundo te traiciona
una espada, al menos, protegerá tus derechos
¡Un arpa fiel te alabará!"

El Juglar cayó, pero las cadenas del enemigo
no podrán someter esta alma orgullosa.
El arpa que amaba nunca habló de nuevo
porque rasgó sus cuerdas en pedazos
y dijo: "¡Ninguna cadena mancillará
tú alma de llena de amor y valentía!
¡Tus canciones fueron hechas puras y libres
y nunca sonarán en esclavitud! "



Una película única, un monumento de imágenes hermosas e inolvidables levantado por  ese cineasta vitalista e inadvertidamente romántico que fue John Huston.

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