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       Artículo de literatura

El cazador de la oscuridad, de Donato Carrisi: la oscuridad del alma humana


 Terror / Suspense
Eidian   20/03/2017
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     «El mal es la regla. El bien, la excepción».
Portada de El cazador de la oscuridad, de Donato CarrisiMe descuelgo hoy con la crítica de un libro de Donato Carrisi, "El cazador de la oscuridad" (Duomo ediciones, 2016), segunda entrega de una saga que comenzó con “El tribunal de las almas” (Planeta, 2014) y que, al parecer, cuenta con tres libros más que irán publicándose en próximos años. No solo eso sino que la Fox ha comprado los derechos de la pentalogía y próximamente veremos al sacerdote Marcus y la fotógrafa forense Sandra Vega, protagonistas de las novelas, aparecer en nuestras pantallas.

Para quien no conozca al autor, Donato Carrisi nació en 1973 en Martina Franca, vive en Roma y colabora en Il Corriere della Sera. Es escritor desde los 19 años y guionista de películas y series de televisión. Ha sido galardonado con el Premio Bancarella de Italia, el Prix Polar y el Livre de Poche, el premio más importante de los lectores en Francia. "Lobos (Il suggeritore)", publicada en 2009, su primera novela, se convirtió en un fenómeno editorial en pocas semanas. Le siguieron, entre otras: "El tribunal de las almas" (2011) y "La hipótesis del mal" (2013). 

En fin, no me gusta hablar de libros intermedios ni de sagas a medias pero la novela me ha parecido bastante interesante para tratarse de una de esas temáticas tan en boga hoy en día que unen thriller, novela negra, aparentes flirteos con lo demoníaco y/o sobrenatural y el descubrimiento de parcelas de la actualidad que ignorábamos siquiera que existiesen. Un quiebro de la realidad cotidiana en la que el mal se filtra de forma continua sin que lo sospechemos apenas. Además los libros tienen tramas independientes que se resuelven a lo largo de los mismos con lo cual, en principio, se pueden leer de forma aislada aunque puede suceder, como me ha pasado a mí, que algunas preguntas sobre los personajes principales queden en el aire. Nada que no se pueda arreglar yendo a la librería o a la biblioteca más cercana.

La temática que une asesinatos con la aparición del MAL, así, con mayúsculas, y fondo religioso, no es nueva (brrrrr, recordemos aquí al, para mi, bestsellero irredento y con poca chicha argumental Dan Brown) pero Carrisi, frente a la gran mayoría de autores que tratan el tema y solo buscan espectacularidad, dejando epatado al lector, tiene mayores recursos que ellos.

En primer lugar Carrisi surge del mundo académico, ha estudiado derecho (como un John Grisham cualquiera) especializándose después en criminología y ciencias de la conducta. Este bagaje se nota a la hora de enfrentarse a sus libros pues los personajes que describe en ellos, al menos los principales, están bien dibujados, tanto los “héroes” como los villanos. Quizás a los secundarios, como sucede en esta novela con algunos de los policías que aparecen, les falte esa frase escueta que les defina claramente a pesar de su brevedad escénica. Frente a ellos resaltan por su definición los personajes de Marcus y Sandra que nos muestran sus respectivas tragedias, desconciertos, dudas y esperanzas a través de una trama muy bien urdida y mejor resuelta.

Sandra y Marcus, por separado, van a llevar a cabo una investigación de los asesinatos, acercándose poco a poco tanto en lo profesional como en lo humano, hasta que las piezas del puzzle comienzan a encajar.

Sin duda es este el mejor logro de Carrisi: una lógica aplastante en la resolución de los hilos planteados a lo largo de la intriga y su habilidad para dejarlos todos resueltos al llegar a la última página…excepto la pregunta clave que se refiere a su protagonista: ¿quién es Marcus en realidad? Pregunta que, sin duda, no se resolverá hasta el último libro de la saga. Por ello, al comienzo del libro nos encontramos un Marcus perdido en las lagunas de una identidad que desconoce por completo. Su guía, Clemente, le explica cual es su lugar en el mundo: es el último representante de la orden sagrada de los penitenciarios, también conocidos como los "cazadores de la oscuridad". Es capaz de percibir e identificar “anomalías” que revelan la presencia del mal. Por estas razones desempeña una labor muy similar a las de los criminólogos, investigando para el Vaticano una serie de delitos que se le van asignando.

El otro gran personaje de la saga es Sandra Vega, la única mujer con la que Marcus tiene contacto y la única que sabe a qué se dedica el penitenciario pues él le ayudó a resolver el asesinato de su marido, algo que sucedió en el primer libro de la saga y aquí se nos recuerda de refilón. Ella, como ya hemos dicho, es fotógrafa forense, plasmando en sus fotos las escenas de los crímenes desde múltiples ángulos, recogiendo los más mínimos detalles de los mismos.

Por último, aún un tercer personaje en esta obra que es reflejado por Carrisi con gran maestría: la Roma oculta, aquella que se esconde tanto del turista como de los propios habitantes de la ciudad y que dibuja un cuadro malsano de la misma, con secretos inconfesables, maldad y dolor en cada esquina.

Estos personajes permiten a Carrisi plasmar una atmósfera malsana a lo largo de toda la novela, donde el bien es casi siempre más una esperanza esquiva que un objetivo alcanzable. El mal lo empapa todo; incluso las personas que nos parecían más honradas se nos acaban mostrando como hipócritas y mentirosos. Y, dentro de esta atmósfera enrarecida, Carrisi levanta una trama bien urdida, con algunos giros inesperados pero bien argumentados, llevándonos siempre por el camino que él ha trazado, sin apresurarse nunca, mostrándonos los parajes del mal que habitan en la gran mayoría de los seres humanos.

El prólogo de la obra, de gran contundencia, nos muestra a un Marcus que despierta en la cama de un hospital de Praga sin ningún recuerdo sobre su persona. Allí un desconocido, que más tarde se convertirá en su guía, el padre Clemente, le ofrece la posibilidad de devolverle su identidad desvelándole la verdad sobre su vida. Tras esta introducción, misteriosa y alentadora a la vez, avanzamos en el tiempo y el espacio, a una zona privada de los jardines del Vaticano, donde se produce un macabro hallazgo. La policía italiana no tiene jurisdicción en el pequeño estado del Vaticano, por lo que será Marcus quien se encargue del suceso sin que llegue a resolverlo.

Transcurre un año durante el cual Marcus aún sigue obsesionado con el suceso del Vaticano sin llegar a ninguna conclusión. En ese estado continúa cuando, sin relación con estos hechos, aparece asesinada en un pinar de Ostia, dentro de su coche, una pareja de jóvenes novios. La investigación de estos asesinatos se encomienda al vicequestore Moro, que es el jefe de Sandra Vega, y cuyo equipo se encarga de su resolución. A partir de ese momento empieza la persecución de un asesino en serie, que ha elegido a Roma como su campo de actividades, sembrando de cadáveres la ciudad eterna y su entorno. Sandra y Marcus, por separado, van a llevar a cabo una investigación de los asesinatos, acercándose poco a poco tanto en lo profesional como en lo humano, hasta que las piezas del puzzle comienzan a encajar.

El libro de Carrisi está dividido en cuatro grandes bloques, con un prólogo, un epílogo y una pequeña entrevista en la que el autor habla de su obra de forma muy reveladora desvelando como llegó al conocimiento de los penitenciarios y del Tribunal de las Almas, institución vaticana que tiene su tela. Sobre este tema un apunte: ¿de verdad tantísimos católicos siguen confesándose tal y como parece dar a entender la novela?

Donato Carrisi

Y, ya que estamos, hablemos de las debilidades de la obra, debilidades que, por otra parte, no ocultan los logros pero siguen existiendo. En primer lugar una debilidad común ha casi todos este tipo de libros: un lenguaje demasiado sencillo a veces que revela falta de recursos literarios (a veces recuerdo al Dashiell Hammet maduro, con esa parquedad tan bien buscada y… ¡ay!). Y eso que en otros parece que le sale la vena lírica… demasiado:

...una alfombra de hojarasca mojada. El viento conseguía igualmente moverlas de un sitio a otro del jardín, como espíritus jóvenes que juegan a perseguirse. En la lluvia podían oírse sus risas hechas de murmullos”.

En general el lenguaje es correcto, aunque, la verdad, el Carrisi lírico me da más miedo que el que busca impactarnos con la brutalidad de los acontecimientos del libro.

En segundo lugar la resolución de la trama, con esos finales sucesivos, me recuerda lo que Jack Nicholson le dijo a Elijah Wood en el estreno jolibudiense de “El retorno del rey”: “Demasiados finales”. Y algunos demasiado cortos para la importancia de su hilo en la trama.

En tercero y más importante a mi parecer: ¿qué es eso de repetir párrafos idénticos en la novela? Y páginas enteras también. Tuve que irme casi doscientas páginas atrás para ver si me había equivocado y no, de equivocarme nada. Cambias una palabrita allí, una frase allá, y como nuevo. ¡A eso se llama economizar y lo demás son cuentos! Menos mal que no lo he visto más que un par de veces. Pero lo he visto, eso es lo malo. Daremos “pulpo” como animal de compañía ya que el libro tiene más de 450 páginas…

En resumen, un buen thriller que tiene como base la oscuridad del alma humana, la presencia omnipotente del mal frente a la debilidad del bien y que nos adentra en el más desconocido compilador de los horrores humanos: el estado del Vaticano.

Ahora, que cada cual saque sus conclusiones...

Compra aquí "El cazador de la oscuridad".



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