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       Artículo de literatura

Orwell fue amigo mío, de Adam Johnson: una de las mejores muestras de narrativa breve del año


Fco. Martínez Hidalgo   11/03/2017
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     Dilemas que Johnson nos trae en estos seis magníficos relatos llenos de humanidad y vida.
Portada de Orwell fue amigo mío, de Adam JohnsonTras leer los seis relatos de Adam Johnson (USA, 1967) contenidos en ‘George Orwell fue amigo mío’ (Seix Barral, 2017), a uno le queda la sensación, clara como el cristal, que a este autor se le da bastante mejor el formato breve que la novela. No en vano, este libro fue premiado con el National Book Award 2015 como mejor colección de relatos breves del año; y calidad tiene más que de sobra para haberlo merecido.

Resulta difícil olvidar alguno de los relatos contenidos aquí. Pueden gustar más o menos, es cierto. Y a mí, personalmente, la temática política de los relatos “George Orwell fue amigo mío” y “La sonrisa de la fortuna” me repele y me satura. Pero ninguno consigue dejarte indiferente. Porque, aunque unos pivoten más en la crítica política, otros se muevan más en la crítica social (“Nirvana” y “Pradera Oscura”) y otros en el análisis intimista bien desde el punto de vista de la vida desolada por la catástrofe externa (“Huracanes Anónimos”) o por la enfermedad interior (“Datos interesantes”). Todos ellos tienen como elemento principal un elemento humano, transversal a todas y todos nosotros, que al final es lo que los atrae y nos atrapa. Podemos verlo, claramente, en cada una de sus sinopsis:

“Nirvana”: estamos en Palo Alto, California, en un futuro próximo donde las Inteligencias Artificiales (IA) ya han sido plenamente desarrolladas. Nuestro narrador en primera persona, programador extraordinario, ha desarrollado la IA de un presidente estadounidense recientemente asesinado, a quién el pueblo echa enormemente de menos. Su objetivo explícito: conseguir alguien capaz de hacer compañía, de cubrir ese vacío que se produce cuando perdemos (o amenaza con irse de nuestras vidas) alguien muy importante para nosotros. Sin embargo, implícitamente, nuestro narrador tenía en la cabeza su mujer, Charlotte, postrada en cama, paralizada, por una grave enfermedad.

“Huracanes Anónimos”: ahora nos trasladamos a Lake Charles, Luisiana, en 2005. En dos meses han pasado por aquí dos de los huracanes más potentes que se recuerdan: el Katrina primero y el Rita después. La zona está desolada: casas abandonadas, bienes personales arrastrados por las corrientes, hundidos entre el lodo y los cascotes... En medio de este panorama postapocalíptico, Nonc, un chófer de UPS, intenta reconstruir su vida. A las dificultades habituales, se le suman un hijo abandonado en su puerta por su mujer desaparecida, una novia manipuladora, y un padre gravemente enfermo que agoniza solo al otro lado del país.

“Datos interesantes”: volvemos a California, esta vez en San Francisco, en un tiempo presente indeterminado. La voz narradora en primera persona, esta vez femenina, reflexiona sobre cómo ella misma y su entorno próximo resitúan sus vidas alrededor de su enfermedad, el cáncer, y la posibilidad de su muerte. Los “datos interesantes” son una estrategia más, de tantas posibles, para racionalizar, naturalizar e incorporar a la enfermedad a su vida cotidiana. Aunque quizás lo más interesante está en cómo la mirada de la voz narradora se dirige a su entorno familiar, marido e hija, desde un tono muy próximo al de una muerte inminente que, sin embargo, muy pocas veces se percibe en el relato.

“George Orwell fue amigo mío”: parcialmente inspirado en hechos reales, producidos en marzo 2006, cuando varios altos funcionarios de la Stasi (servicio secreto de la RDA) y directivos de la prisión berlinesa de Hohenschönhausen, discuten en público la veracidad de los sucesos narrados por algunos de sus expresidiarios. Estos hechos vuelven a estas páginas, aderezadas además por el retrato psicológico de uno de los directores de la prisión que, con una vida personal destrozada por lo sucedido en ella, alejado de su mujer y de su hija, sigue sin embargo insistiendo en una verdad diferente respecto a la narrado respecto a la prisión de Hohenschönhausen.

“Pradera Oscura”: estamos de vuelta en California, esta vez en la ciudad de Burbank, en el condado de Los Ángeles. Ahí vive “Pradera Oscura”, un extraño hacker informático, con extraños clientes, y más de un oscuro secreto. Tan oculto quiere vivir, tan en secreto quiere mantener su vida, que ha conseguido que en su barrio lo miren mal, con sospecha, acusándolo incluso de ser un mirón nocturno. El relato pivota entre su pasado de abusos, sus clientes dedicados al contrabando de fotografías y vídeos de pornografía infantil, y ese entorno vecinal que no sabe si mirarlo con sospecho o confiar en él aún a pesar de su estrambótico estilo de vida.

“La sonrisa de la fortuna”: resuenan en este relato los ecos de El huérfano (Seix Barral, 2014), la primera y celebrada novela de Adam Johnson; también analizada por Fantasymundo en su día. Dos norcoreanos desertores, DJ y Sun-ho, viven en Seúl, capital de Corea del Sur. Aquí debe readaptarse a una nueva vida, y a un entorno donde no acaban de aceptarlos del todo. La sociedad surcoreana vive ojiplática ante el espectáculo provisto por jóvenes norcoreanas opositoras y sus dramas, mientras ignora -parcial o totalmente- a los demás huidos que no encajan con su sentido del show. DJ y Sun-ho representan la tensión entre quién busca adaptarse y empezar una nueva vida, por un lado, y quién sigue tendiendo puentes con el otro lado de la frontera intentando aliviar sus penas norcoreanas desde la distancia, por otro.

Adam Johnson

Los personajes se enfrentan a duras elecciones personales. Aparentemente simples, si las racionalizamos y las exponemos fríamente. Pero dificilísimas, y durísimas, si las situamos en el contexto desgarrador en que Johnson las sitúa. Para Nonc (protagonista de “Huracanes Anónimos”), por ejemplo, irse de Luisiana en busca de una nueva vida y de nuevas oportunidades, supone dejar atrás muchas cosas; incluido su hijo. Podemos comprender sus ansias de cambio, su esperanza en que podrá ser capaz de seguir adelante, incluso de volver pronto para recuperar lo dejado; pero al mismo tiempo reconocemos en ese sentimiento una nota de inocencia, y en esa decisión observamos una trascendencia existencial que Nonc no parece valorar en su justa medida.

Haciendo así, el lector-receptor (nosotros) se manifiesta como una instancia real y viva de los textos y la literatura. Nuestros ojos tienen una presencia, una existencia latente, un sentido en el relato; que sugiere sin decir, que suelta una interpretación para ser aprehendida (o no) por quién está al otro lado de la página. Una forma sutil y sibilina de no mojarse, si se quiere; o de no comprometerse a ojos del lector despistado; pero una forma, en todo caso, muy exigente respecto al manejo de la construcción de personajes y del tono narrativo. Dos virtudes que Johnson demostró poseer y utilizar con sutileza y profundidad en su primera novela, y de forma todavía más clara y contundente -por si quedaba alguna duda todavía- en cada uno de estos seis relatos.

La colección de ‘George Orwell fue amigo mío’ (Seix Barral, 2017) resulta una de las mejores obras de narrativa breve publicada en España en lo que va de año. Una compilación magnífica de textos con distintas capas de lectura, con distintas posibilidades de análisis, ambiciosos y profundos en lo formal, y radicalmente humanos en lo material. Durante estas capas podremos atravesar el alma de personajes inolvidables, todos con sus historias personales que, aunque puedan aparecer algunas más intensas que otras, al final, todas son igualmente desgarradoras: porque los exponen ante una elección con forma de precipicio.

Y nosotros, ¿qué haríamos en su situación? Estos son los dilemas que debería plantear más a menudo la literatura contemporánea y que Johnson nos trae en estos seis magníficos relatos llenos de humanidad y vida.

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