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       Artículo de literatura

Muerte en la rectoría, de Michael Innes: misterio de college cerrado


 Terror / Suspense
Fran Sánchez   09/01/2017
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     Un crimen académico para la segunda entrega de la Biblioteca de Clásicos Policiacos de Siruela.
Portada de Muerte en la rectoría, de Michael InnesLa labor que la editorial Siruela ha emprendido de recuperación de clásicos de la era dorada de la novela de misterio en lengua inglesa (con nuevas traducciones y en ediciones muy cuidadas) da con la segunda novela de la Biblioteca de Clásicos Policiacos un paso adelante en complejidad.

Si en la primera obra de esta colección (“Un hombre muerto”, de Ngaio Marsh) nos encontrábamos ante una trama casi teatral y con tintes folletinescos en algunos momentos, ahora se nos presenta un clásico mucho más complejo y elaborado, lleno de guiños literarios y de juguetonas referencias al género: “Muerte en la rectoría”, del escritor escocés Michael Innes.

Michael Innes es, en realidad, el seudónimo de John Innes Mackintosh Stewart (1906-1994) un escritor, crítico literario y profesor de literatura escocés que es conocido sobre todo por su trayectoria como autor de novelas policiacas.

Su carrera como autor de ficción policiaca comenzó a raíz de que, en 1936, abandonara Inglaterra para ser profesor de literatura inglesa en la Universidad de Adelaida, en Australia. Aburrido durante las largas travesías, escribió su primera novela del género, a la que seguirían muchas otras.

Estos méritos le valieron ser admitido dentro del prestigioso ‘Detection Club’ en 1949.

Muerte en la rectoría”, publicada en 1936, es precisamente su primera novela detectivesca, y en ella se presenta ya el que habría de ser el protagonista principal de las obras de Innes, el inspector John Appleby, de Scotland Yard.

Se trata quizá del personaje del género que ha gozado de una carrera más larga salida de la pluma de su creador, pues su última aparición en un caso tuvo lugar nada menos que en 1986, cincuenta años después de la novela que nos ocupa.

El doctor Umpleby, rector del St. Anthony's College, ubicado en una ciudad universitaria imaginaria situada entre Oxford y Cambridge (invención destinada a no despertar suspicacias, pero que reúne toda la tradicional atmósfera Oxbridge) aparece asesinado de un disparo en su despacho.

La peculiaridad del asesinato es que tiene lugar en un área del college a la que, una vez caída la noche, sólo un puñado de profesores tiene acceso con su llave. Se trata pues de una variante del clásico misterio de “habitación cerrada”, ampliada en este caso a todo un ala de un edificio universitario.

El inspector John Appleby, de Scotland Yard, llega directamente desde Londres para ayudar a la autoridad local, el inspector Dodd, a tratar de resolver el caso con la máxima discreción posible, dada la relevancia de la víctima y lo sensible del lugar del crimen y de los sospechosos.

El humor, un humor sutil y tan británico como el propio marco de la novela, empapa esta obra, haciendo que algunas peripecias casi irrelevantes para la resolución del misterio resulten, sin embargo, memorables

Siendo el método de Appleby uno basado más en la observación de la mente humana y sus motivaciones que en la recopilación de pruebas materiales, se enfrenta a todo un reto dada la talla intelectual de esos sospechosos, casi todos ellos brillantes y excéntricos profesores cuyas bajas pasiones el autor parece divertirse recreando.

Poco a poco, con inteligencia, paciencia y algún sobresalto, Appleby va conociendo mejor a los siete profesores que conforman el reducido círculo al que ha de pertenecer quien perpetró el crimen. La investigación progresa así de manera lenta y sutil, resultando difícil intuir hacia donde apuntan realmente sus sospechas en medio de la compleja maraña de coartadas e historias personales que se superponen.

Una vez acostumbrado al tranquilo discurrir de la trama, el lector disfruta de la galería de personajes que desfila por las páginas, de las agudas descripciones y las ingeniosas conversaciones. El inspector se va aclimatando al día a día del college y a las rutinas y relaciones de profesores y alumnos, y lleva con él al lector a empaparse de la erudita y un tanto excéntrica vida en ese entorno tan arquetípicamente británico.

Mención especial merecen en esta novela, quizá como en pocas otras, las continuas referencias a la literatura en general y a la detectivesca en particular. Explícitas, con Appleby analizando el caso mencionando a autores y libros del género, e implícitas, con elementos narrativos que están presentes en otras obras detectivescas clásicas.

El propio autor se autorretrata con ironía  en la figura del profesor Giles Gott, respetable profesor de literatura en el college y conocido autor de novelas policiacas bajo seudónimo fuera de él.

También el humor, un humor sutil y tan británico como el propio marco de la novela, empapa esta obra, haciendo que algunas peripecias casi irrelevantes para la resolución del misterio resulten, sin embargo, memorables, como las protagonizadas por tres impetuosos estudiantes o por el más vitalista y anciano profesor.

De la resolución final del caso, mejor decir solo que resulta tan compleja e involucra a tantos personajes que quizá en otra obra resultaría excesivamente enrevesada, pero que en ésta no hace sino rematar de manera improbablemente lógica todo el devenir de la investigación.

Para concluir, una observación personal: no es ésta una novela que yo recomendaría a alguien que quisiera iniciarse en el relato policiaco clásico, pues tiene más de compendio que de introducción.

Michael Innes

Aunque la bien dirigida intriga y la escritura elegante y trufada de referencias la hacen muy atractiva para un tipo de lector, a otro puede resultarle algo pesada y hasta un poco aburrida. Y a quien no sea demasiado aficionado al género es posible que le pasen desapercibidas algunas de las referencias a las que la novela alude.

Destacar, por último, la labor de la traductora, Susana de la Higuera, y el diseño gráfico de Gloria Gauger, que sigue estilísticamente la línea de la colección al combinar un elegante fondo negro con una ilustración de época típicamente británica y relacionada con el entorno en el que se desarrolla la novela.

Compra aquí "Muerte en la rectoría".



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