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Conan el cimmerio 5, de Robert E. Howard |
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Tres relatos completos sobre uno de los héroes literarios de acción y aventuras más famosos de todos los tiempos. |
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En mayo de este año, la editorial Timun Mas publicó el quinto volumen de relatos basados en Conan el Cimmerio, el personaje creado por Robert E. Howard, ilustrado en blanco y negro por Gregory Manchess. El presente tomo de las aventuras del héroe más sanguinario de todos los tiempos incluye tres historias cortas, tras el prefacio de Gregory Manchess y la introducción de Patrice Louinet, una de las voces con más autoridad dentro del mundo de Conan.
Conan el cimmerio 5 comienza con Los sirvientes de Bit-Yakin (The Servants of Bit-Yakin), publicado por primera vez en la revista Weird Tales, en marzo de 1935, bajo el título de “Jewels of Gwablur” (Las Joyas de Gwablur), continúa con El Negro desconocido (The Black Stranger), publicado en 1987 bajo el título de “Echoes of Valour” (Ecos de Valor) en Tor, y finaliza con Los antropófagos de Zamboula (The Man-Eaters of Zamboula), publicado también en Weird Tales en 1935 bajo el título de “Shadows of Zamboula” (Sombras de Zamboula). Se completa con un apartado miscelánea con dos borradores de “Lobos de allende la frontera”, dos sinopsis de “El Negro desconocido” y una nueva sinopsis de “Los antropófagos de Zamboula”, aparte de distintos agradecimientos.
En general, estas historias revelan un carácter de raza siempre presente en las historias de Conan. En ellos, los negros a menudo son hordas carentes de organización u honor, aunque tampoco presupone la presencia de estas virtudes en otros blancos. Aunque no separe de forma clara a sus personajes según la raza, en muchas ocasiones ésta condiciona sus personalidades o habilidades. Conan, como siempre, es un ser superior física e intelectualmente al resto, y no tiene reparos en demostrarlo y en hacer gala de su falta de disimulo. Es un ser burlón y chulesco por naturaleza, pero consciente de su fuerza y capaz de sentir temor, y sobre todo, muy racional. Su poder no solo se basa en la espada, sino también en el intelecto. En estos tres relatos, muestra con amplitud sus habilidades.
La narración descriptiva de los lugares por los que atraviesa el héroe suelen evocar una poderosa naturaleza, a menudo en comunión con Conan, quien percibe la más mínima variación sonora ambiental, haciendo gala de unos sentidos animales increíbles, y de un sexto sentido para prever el peligro que para sí quisieran muchos superhéroes modernos. No estamos ante una literatura preciosista, que se detenga en los detalles descriptivos, el modo de escribir de Howard es precisa como el acero de Conan, y su carácter serio y reservado se trasluce en la narración. Sin embargo, ésta no carece de exactitud o fuerza, muy al contrario.
LOS SIRVIENTES DE BIT-YAKIN
Bit-Yakin fue una antigua ciudad caldea situada cerca de la desembocadura del río Éufrates que se convirtió en un próspero principado, y Robert E. Howard la utiliza para nombrar al protagonista del primer relato. En uno de sus múltiples viajes, tras su separación de Valeria, el aventurero Conan recala en el reino de Keshan, en las regiones orientales de Kush, en el que un grupo poco numeroso de individuos de tez parda gobiernan al grueso de la población, de raza negra. Los primeros aseguran descender de una raza de hombres blancos que gobernaron en el pasado un vasto reino cuya capital era Alkmeenon. En ella, se guardaba un tesoro cuyo principal atractivo eran los Dientes de Gwahlur, de incalculable valor. Conan, siempre ávido de tesoros, acude al reino de Keshan atraído por la leyenda del tesoro y ofrece sus servicios a los dirigentes de esta tierra, en permanente conflicto con el vecino Punt. Por supuesto, la fama de Conan le precede oferta a sus reyes instruir al ejército de Keshan, lo que le pondría en una magnífica posición para desentrañar el misterio de los Dientes de Gwahlur, su único objetivo.
Sin embargo, Conan no es el único que anhela poseer el tesoro. Un conocido de éste, el estigio Thutmekri y su socio shemita Zargheba, llegados a Keshan a la cabeza de una embajada de Zembabwei, reino que busca una alianza con Keshan contra Punt, proponen a los dirigentes del primero un ataque simultáneo contra su común enemigo. A cambio, Thutmekri tan solo pide algunos de los Dientes de Gwahlur para el templo de la capital de Zembabwei, como símbolo de amistad entre ambos pueblos. El Rey, antes de acceder a tan inusual petición, desea consultar al Oráculo, la diosa Yelaya, última señora de Alkmeenon.
De este modo, la oferta de Conan es rechazada en favor de Thutmekri y éste se ve obligado a desentrañar el misterio del paradero del tesoro, mientras Gorulga, el sumo sacerdote de Keshan, parte con sus acólitos a consultar al Oráculo.
Este es quizá el relato que menos acción despliega de los tres, y se concentra sobre todo en los antecedentes históricos de la leyenda del Tesoro de Alkmeenon y en la relación de Conan con Thutmekri. En mi opinión es el más hilvanado de los tres, ya que no se concentra en el habitual combate, sino que éste es tan solo un proceso natural para llegar al desenlace de la historia. Conan se presenta como un aventurero ladrón (para variar) pero con sutiles conocimientos y una habilidad mental que supera incluso a la física. Su capacidad para la intriga, su adaptabilidad y capacidad de razonamiento por encima de aparentes (o reales) sucesos mágicos lo convierten en el mejor guerrero conocido. Y aunque despiadado, demuestra una inclinación natural hacia la piedad, pero tan solo en individuos que no suponen una amenaza para él. Un relato muy entretenido, agradable de leer y concebido al más puro estilo del Cimmerio.
EL NEGRO DESCONOCIDO
Esta historia, cuya primera versión fue publicada por primera vez en 1953 bajo el título de “The Black Stranger”, y fue reescrita como una historia de piratas que apareció en Tor Books en 1987, versión que nos llega en este volumen. Comienza con la huida de Conan de los pictos, de los que se libra milagrosamente tras llegar a un refugio cerca de la costa. El Clan de los Lobos lo había capturado durante una batalla contra los aquilonios del río Trueno y lo entregaron al Clan de los Águilas, de los que escapó tras asesinar a su caudillo. Tras una larga persecución, y a punto de atraparle, al llegar al refugio, inexplicablemente los pictos se dan la vuelta y dejan de acosarle. Intrigado, Conan explora el refugio.
El exiliado conde Valenso Korzetta vive en una fortaleza de la costa picta, a la que llegó tras naufragar con su navío. Rodeado de salvajes pictos y con un menguado ejército, apenas se atreve a explorar las aguas circundantes y mucho menos los peligrosos bosques del interior, donde viven las hordas pictas. Un día llega a su costa el navío La Mano Roja, del capitán barachano Strom, con intención de conquistar la fortaleza y el botín que cree en manos de Valenso, pero se ve obligado a huir ante la presencia de otro pirata, el zingaro Zarono el Negro, que acude a las puertas de la fortaleza con las mismas intenciones que el primero.
Es sin duda el relato más flojo y confuso de los tres, ambientado en el mundo pirata, donde las traiciones y desencuentros son comunes, y la lucha por un tesoro mítico forma la trama principal (para variar). No se centra en la figura de Conan, ya que éste, aparte del comienzo, tan solo aparece una vez que el tapiz de la historia está desplegado y casi listo para su resolución. El personaje que da título al relato, el del Negro, está muy desaprovechado. Tras crear una atmósfera mítica, opresiva y amenazadora con él, responsable de la locura y el terror de un conde líder de hombres, Robert E. Howard lo deja tirado a la cuneta como un secundario sin importancia, hecho que sorprende y desagrada. De nuevo tenemos a un Conan indómito que sabe aprovecharse de las debilidades y conflictos ajenos.
LOS ANTROPÓFAGOS DE ZAMBOULA
Conan llega a Zamboula, una ciudad llena de mercaderes y de gente heterogénea, y uno de sus habitantes le previene de la pensión de Aram Kaksh, donde los extranjeros que se alojan desaparecen misteriosamente de noche. Conan, tras pasar un día de juergas regadas con abundante vino y comida, y de perder todo su dinero en el juego, llega a la pensión, en la que tiene una habitación pagada por la mañana de ese día. Conan no hace caso de las leyendas locales, y pasa la noche allí, hasta que irrumpe en su habitación un atacante misterioso que cae bajo su espada, por supuesto. El cadáver que deja en el suelo tiene los dientes afilados... resulta ser un caníbal de Darfar.
Conan sale de la habitación para seguir a un tambor que redobla en la noche de Zamboula, cuyo sonido anticipa a las tan temidas desapariciones. Por fin entiende porque en la noche ni los mendigos habitan las silenciosas calles de la ciudad. Conan intentará desenmascarar a los culpables y ¿porqué no? sacar beneficio.
Es este un relato entretenido y basado en la acción, sin más marco argumental que una historia de luchas y caníbales. Se trata de una simple anécdota en la historia de Conan el Cimmerio, pero tiene mucho dinamismo y es fácil y rápida de leer. No es uno de los mejores relatos basados en el héroe de Robert E. Howard, pero sin duda es bastante superior al precedente.
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