Reparto: Clancy Brown, Ken Watanabe, Russell Means, Michelle Thrush, Nathaniel Arcand, Karl Urban, Jay Tavare, Mike Dopud, Moon Bloodgood, John F. Mann, Stefany Mathias, Nicole Munoz
Director: Marcus Nispel
Producción: Mike Medavoy, John Jacobsen, Lee Nelson, Arnold Messer, Marcus Nispel, John M. Jacobsen (II), Bradley Fischer
Música: Jonathen Elias
Fotografía: Daniel Pearl
Montaje: Jay Friedkin, Glen Scantlebury
Cojamos indios americanos, vikingos sanguinarios, montañas, nieve, vísceras y sangre y tendremos Pathfinder, titulada en castellano como El Guía del Desfiladero, una película que nos narra la historia de un niño de origen vikingo, único superviviente de un drakkar (barco vikingo) naufragado y que es criado entre una tribu nativa del lugar. Cómo es habitual en este tipo de héroes, no se siente integrado en su nuevo pueblo y llegará el momento en el que tendrá que enfrentarse a su pasado para vengar a su familia adoptiva y proteger al resto de la tribu de la segunda incursión vikinga.
Ghost (en castellano le han llamado Sombra), el protagonista, quince años después de ser adoptado entre la Tribu del Alba, no es aceptado entre ellos como un guerrero, sino que aun ha de ganarse su sitio, superando los demonios de su pasado. Con la llegada de la primavera, mientras está ausente de su poblado, éste es atacado por una banda de vikingos, que arrasan el asentamiento y masacran a todos los habitantes. Cuando Ghost llega allí, es testigo de la muerte del jefe del poblado, su padre adoptivo, esto provocará en él deseos de venganza. Ayudado por Pathfinder (el chamán y guía de la tribu) y su hija Starfire, tratará, superando su odio personal, salvar sus tierras de los invasores.
Estamos ante una película inspirada en un film noruego de 1987 titulado Ofelas.
La cinta tiene una estética oscura que crea una atmósfera opresiva y ligeramente onírica, mediante colores grises y pardos, uso de la ralentización de algunas escenas, junto con entornos muy cerrados y sofocantes (escenarios como cuevas y tupidos bosques en los que apenas se ve el sol).
La fotografía y la iluminación ofrecen al espectador una narración que parece surgida de una pesadilla, más cuando esos guerreros vikingos aparecen de entre la niebla como si de “hordas del mal” se tratase. Vikingos de apariencia terrorífica, que más parecen bestias que hombres, además de haber descubierto sobre el año 900 d.C. el acero inoxidable y las espadas que no se embotan, aunque se usen para cortar leña durante años, o de piolet o haber encontrado la forma de transportar caballos de guerra en drakkars de por lo menos el triple de su tamaño real.
Por otro lado, lo que deberían haber sido grandes tomas de escenarios naturales, se ve reducido a dos o tres tomas generales de las mismas montañas usadas una y otra vez.
El ritmo de la película, que se centra principalmente en una debacle de sangre y miembros cercenados, no da pie a grandes interpretaciones de los personajes que en ella intervienen, ya que apenas hay diálogos en un guión centrado en la acción continua; en el que nuestro intrépido protagonista, interpretado por Karl Urban, se enfrenta prácticamente solo a toda la banda vikinga y por consiguiente a su tortuoso pasado. Y de paso, demostrando que lo que se aprende siendo niño no se olvida nunca, ya que nos ofrece una magnífica demostración del manejo de la espada, el combate a caballo y grandes dotes de alpinismo.
Ghost es ayudado en su aventura por el chamán y guía de la tribu, su hija, que dará pie al romance de turno, el rival cachas y descerebrado y un indio mudo que quiere demostrar su valor para la tribu. Como hemos dicho, las interpretaciones de los actores se ven diluidas en los múltiples combates y escaramuzas.
Por su parte, los vikingos son guerreros anónimos, salvo los dos jefes que comandan al grupo, además son tópicos, sacados del folclore popular (cascos con cuernos, hachas, sanguinarios, bestias y que más que hablar, gruñen una especie de escandinavo antiguo).
En el apartado musical, tenemos una mezcla de la típica música épica de las películas de corte medieval y ritmos tribales americanos. Bastante sencilla y sin pretensiones, ambientando bien las escenas de lucha y acción.
Estamos ante una película netamente de acción, que se limita a encadenar enfrentamientos a cada cuál más sangriento y desagradable. Una película que parece hecha para los amantes del gore, con una trama simple, que apenas sirve para pasar el rato, aunque sin duda, para algunas, ver a Karl Urban luciendo tipito será más que un incentivo para ir a verla.
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