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Manjar de amor, de Anthony Capella |
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El amor y el ambiente romántico de la capital italiana se unen a la cocina en esta novela de Anthony Capella sin contenido fantástico. |
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¿Porqué te decides por un libro?
Ya referí en su día que hubo una época en la que me dejaba seducir por las imágenes que las cubiertas del libro ofrecían para decidirme qué libros leer y que, a pesar del cedazo pueril, encontréme con varias sorpresas muy agradables, como fue el caso de aquellos libros cuyas portadas las firmaba Juan Giménez .
Con la llegada del internet ya no hay tengo la febril necesidad de poseer físicamente en su versión impresa las ilustraciones que me gustan, por lo que las motivaciones que me animan a decidirme a emprender el viaje, si no es por consejo de un lector amigo, son las primeras palabras que pueda leer en su primera página, haciéndome decidir si seguir ojeando el libro y finalmente quedármelo o no.
En mi lugar de trabajo se amontonan decenas de libros, la mayoría de publicación inglesa, a lo hora de la comida, de tanto en tanto escojo varios al azar por si encuentro algo de mi gusto y a pesar del pésimo título: The Food of Love (“Manjar de Amor” lo han traducido) consiguió atraparme desde su primera frase.
No os queda otra que perdonar mi torpe intento de hacerme pasar por un traductor:
En una pequeña callejuela que confluye con Viale Glorioso, en el barrio Romano de Trastevere, hay un pequeño bar conocido por aquellos que lo frecuentan simplemente como “Gennaro’s”.
Quizá fuera la sencillez con la que se daba comienzo a un relato de ciento de páginas, quizá fuera porque se trataba de Roma, quizá porque entre las frases anglosajones vi no pocas en italiano, el que caso es que seguí leyendo, pues una vez pasada la prueba de “la primera frase” llegué a una conversación que transcurría pocas páginas después en el mismo bar, que, si bien no compartía lo que exponía, terminó por decidirme; con vuestra venía, vuelvo a intentarlo:
Tommaso, quien hasta ese instante no había participado en la discusión murmuró “El motivo real por el cual Vincenzo y Lucia se han comprometido es porque ella le dijo que dejaría de acostarse con él a menos que lo hicieran”.
Las distintas reacciones de su amigo ante esta inteligente revelación fueron de lo más interesante. Vincenzo, que después de todo se lo había contado a Tommaso en confianza, parecía enfadado, después avergonzado, y, tras ver que Sisto lo miraba con evidente envidia, satisfecho consigo mismo.
“Es verdad”, se encogió de hombros. “Lucia quiere ser virgen cuando se case, como su madre. Así que hemos tenido que dejar de acostarnos hasta que nos hemos comprometido”
La declaración de Vincenzo, aparentemente ilógica, no fue replicada por parte de ninguno sus amigos. En un país en el que, literalmente, el Catolicismo ferviente estaba sólo a una generación, todos sabían que había tantos grados de virginidad en las chicas como los había en el aceite de oliva, que dicho sea de paso se dividía en “extra-virgen” (de la primera prensada en frío), “extra” (segundas prensadas), “virgen extrafino” y así hasta una docena de tipos o más, antes de llegar finalmente a un grado de promiscuidad tan impensable que se cataloga simplemente como “pura” y cuyo único fin se limita a la exportación o a encender fuegos.
Italia en todo su esplendor decadente y machista, a veces viene bien reírse hasta de eso.
Al poco se relata cómo Tommaso trata de ligar con la típica turista rubia venida de lejos para enamorarse de Roma y no de un romano, la gracia con la que se deshace del pobrecito camarero no tiene desperdicio, se ve que un novio anterior le enseñó algunas frases para, agradecer, según ella (insultar, según todos) a aquellos “italianinis” que tuvieran a bien dirigirle algún piropo.
La temática del libro bien se resume fácilmente con una sola frase: “Cyrano de Bergerac” en la cocina.
Así pues tenemos a Tommaso (Christian), cuya labor de simple camarero del restaurante más exclusivo de Roma le permite ocupar su tiempo libre en acostarse con tantas turistas guapas como le sea posible, es el típico italiano guapo, desvergonzado, adulador y mentiroso que todos preconcebidamente creemos ver en todos los italianos con cierto atractivo. Su mejor amigo, Bruno (Cyrano) trabaja en la cocina haciendo dulces y postres que su amigo servirá a las mesas, su carácter callado y tímido lo hacen invisible ante todos, salvo en la cocina.
La chica de lengua instruidamente mordaz es Laura (Roxana) una estudiante de arte, americana, que, sin conocer (aún), a Tomasso, ha jurado por teléfono a su amiga italiana que no volverá a salir con ningún italiano a menos que sea cocinero, pues éstos se toman su tiempo en elaborar sus recetas y tienen un sexto sentido para el placer.
Por lo que he podido averiguar, esta novela es el debut de Anthony Capella así que no hay mucho que decir del autor salvo que se ha autoproclamado “Italófilo” (esa es la palabra) y amante de todo lo culinario, eso sí, la novela está escrita con una fluidez brillante y un ritmo adictivo, cierto es que no se trata de un libro con demasiadas pretensiones (aunque es un “bestseller”) y el final es más que sabido, pero aún así su lectura resulta amena y divertida, llena de momentos únicos, y de recetas increíbles.
Ficha:
MANJAR DE AMOR
Anthony Capella
(Emecé Editores)
352 páginas.
ISBN: 84-9590-825-5
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