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Postcapitalismo, de Paul Mason: Profundo, sólido, pero poco propositivo


 Ciencias Sociales
Fco. Martínez Hidalgo   20/09/2016
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     Aporta análisis originales y contundentes sobre por qué hemos llegado hasta este contexto de crisis global.
Portada de Postcapitalismo, de Paul MasonUN PROBLEMA DE CONTEXTO

Este es un libro terriblemente desconcertante. Tanto, que resulta difícil clasificarlo. Uno no sabe si se trata de un panfleto, de un análisis, de un ensayo… De hecho, durante la lectura se pasarán por varias y distintas fases donde resultará muy difícil responder a una sencilla pregunta: ¿qué pretende Paul Mason con este texto? A veces pensaremos que es un panfleto neoliberal, otras veces socialdemócrata, otras veces anarcocapitalista y otras comunista. Sí, pasamos por todas esas fases porque ‘Postcapitalismo’ (Paidós, 2016) no se casa con nadie. Ataca o defiende, según convenga, a cualquier posición cuya postura le sirva a su objetivo final; solo explícitamente declarado en la última parte del libro.

¿Y cuál es ese objetivo? Sentar las bases, con análisis y propuestas, para un sistema socioeconómico nuevo posterior (y superior) al capitalismo y, de paso, demoler las bases de un neoliberalismo muy debilitado y con poco futuro por delante.

Éste, en contra de lo que mucha gente pueda pensar, es un objetivo terriblemente realista. Y lo es, de hecho, porque los síntomas de que el capitalismo se está transformando en otra “cosa” son abundantes. Mason señala al final de todo, en los últimos párrafos del libro, en qué se está transformando el capitalismo. La pena, y es lo que relativiza en gran parte a la propuesta concreta de Mason, es que lo que el da como una teoría, un asunto de conversación en los despachos, es una realidad práctica dominante en muchas partes del mundo y, efectivamente, la tendencia para otra gran parte del mundo. El “postcapitalismo” ya existe y está en marcha, teniendo a China como su máximo exponente, y ahora solo resta ver si, al final, acabará imponiéndose como alternativa o no.

La propuesta de Mason es concreta, viable y, en muchos puntos, deseable. Pero su contexto de oportunidades no es el que él pinta: un capitalismo incapaz de hacer frente a los problemas globales (desaceleración, envejecimiento, cambio climático e inviabilidad del sistema público estatal) tiene vacante el puesto de sucesor y hacen falta alternativas para superarlo. Efectivamente, el capitalismo es incapaz de afrontar eficazmente estos problemas.Pero no tiene huecas las casillas de opciones o alternativas, sino que ya hay muchas en práctica y una, de momento, clara dominadora. Así que su propuesta juega sobre un terreno embarrado por otras alternativas en disputa, no en uno limpio sobre el que poder imponerse, y dejar fuera del análisis a estas otras variables es alejarla, en cierto sentido, de la realidad.

UN BUEN APARATO ANALÍTICO

Con todo, su miopía con respecto al contexto competitivo de su propuesta, no le resta un ápice de claridad y mérito a los análisis respecto a la incapacidad del sistema capitalista para responder a los problemas globales contemporáneos. Así como para apuntar cuáles son esos problemas, cómo de enorme es su magnitud y, especialmente, en qué forma su avance puede poner fin al capitalismo “tal cual lo conocemos”. Y digo esto último porque, si de algo ha dado muestra el capitalismo en sus poco más de dos siglos de historia, es de su capacidad de adaptación y transformación. Por eso, el análisis de Mason -la mayor parte del libro- merece ser leído y tenido en cuenta.

Otro aspecto analítico salientable es el de las razones por las cuales la izquierda, y especialmente el comunismo soviético y la izquierda postmarxista, han sido (hasta ahora) incapaces de plantear una alternativa viable al capitalismo. Pocas veces he leído una crítica tan bien fundamentada, sólida y, especialmente, equilibrada. Mason critica los aspectos negativos de estos modelos: su autoritarismo y su querencia (catastrófica) por  substituir el análisis de los hechos por creencias ajenas a la evidencia. Pero también rescata aquellos aspectos viables que han quedado por el camino y cuya validez, sí fundamentada en hechos, utiliza de base para su propuesta. Un análisis que será útil a ambos espectros ideológicos en el futuro y que no debería dejar ajeno a nadie.

Aunque muy breve y escaso, otro análisis que considero certero es el de los problemas globales que nos acucian. Como dije antes: la desaceleración económica, el envejecimiento demográfico, el cambio climático y la crisis del modelo público-estatal. Aporta datos y expone hipótesis plausibles, preocupantes y alarmantes. Tan bien construye este apartado que, aunque muy bien expuesto, se echa de menos una mayor profundidad y, en concreto, un mayor y más concreto aparato empírico que ancle a los más escépticos respecto a los datos y a las conclusiones que Mason avanza -y con las que estoy bastante de acuerdo-. Lejos de ser éste un requisito excéntrico, significativos economistas “críticos” (como Thomas Piketty o Steven Keen), han publicado sus propuestas con abundantes datos anexos a partir de los cuales contrastar y debatir. Su propuesta exigía, quizás, más datos y evidencias.

Paul Mason

INTERESANTES PROPUESTAS… AUNQUE IRREGULARES

Este “Postcapitalismo” (Paidós, 2016) tiene un aparato analítico amplio, profundo y sólido; además de audaz. Sin embargo, decae notablemente en cuanto a su aspecto propositivo. Pocas propuestas, generales y poco desarrolladas, más dirigidas a que otros trabajen la elaboración de modelos y la puesta en práctica de políticas a pequeña escala (antes de su desarrollo a gran escala) que a desarrollar propuestas concretas fundamentadas en “sus” modelos (que no da). Se sienten propuestas voluntariosas, honestas y constructivas. Pero que pierden fiabilidad y validez al carecer de su modelización, desarrollo y reflexión propias. Resulta muy fácil decir “yo creo que hay que hacer esto, ahora hazlo tú”. Y esto es, justamente, lo que Mason nos dice.

Entre todas las propuestas de Mason, una me ha interesado sobremanera. Se trata de su propuesta de una Oficina de la Actividad No Gubernamental. La esboza en apenas unas pocas líneas (pág. 355), escondida en medio de un discurso farragoso sobre el coste marginal cero y la economía colaborativa, pero impacta por su sencillez: registrar en una organización gubernamental aquellas iniciativas basadas en la economía no dineraria. Aquella parte de la economía que la contabilidad es incapaz todavía de valorar pues, in estricto senso, su valor dinerario es “cero”… aunque su valor societal no lo sea. Una iniciativa que nos lleva a los muchos problemas que, por ejemplo, se están dando en las instituciones económicas de España para acotar la economía colaborativa, llevando incluso a profundos y durísimos debates internos en la CNMC.

Con esto llegamos al por qué de esta irregularidad. Las “propuestas” de Mason están más ancladas en los análisis del contexto de crisis del capitalismo que conectadas al presente “alternativo” del postcapitalismo. Dedica más tiempo a analizar porqué el capitalismo está en crisis o porqué la izquierda se está equivocando en su respuesta, que a analizar las bases sobre las que se asientan sus propias propuestas: la infosociedad, la economía colaborativa, la economía de la información… Se entretiene más en analizar el contexto que entrar a fondo en el fundamento. Esto hace que el libro resulte interesante… y poco más. Que aporte análisis válidos pero propuestas insubstanciales o, por lo menos, carentes de la trascendencia que el análisis previo exige.

CONCLUSIÓN

Leer “Postcapitalismo” (Paidós, 2016) te aporta análisis originales y contundentes sobre por qué hemos llegado hasta este contexto de crisis global, además de análisis plausibles y preocupantes sobre hasta qué punto de desconcierto esta crisis global podría llevarnos si no somos capaces de encontrar soluciones razonables en el corto plazo. Lo hace de forma directa pero equilibrada, sin caer en maniqueísmos. Pero nada más.

Las propuestas de solución que aporta están cojas en su fundamentación teórica y empírica. Por esto mismo, carecen del músculo y la fuerza necesarias para ser capaces de solucionar alguno de los problemas que se han apuntado. Además de que su dirección se deja demasiado a la interpretación “de otros”, demostrando una escasa claridad de ideas.

Por eso, recomiendo encarecidamente la lectura de las dos primeras partes (capítulos 1 a 7) y una lectura más superficial de la tercera (capítulos 8 a 10), especialmente del último capítulo -una pequeña decepción y una gran pérdida de tiempo-.

A TERCEIRA REPÚBLICA

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