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       Artículo de literatura

La guerra en el fin del mundo, de Ian Ross: ¡VIC-trix! ¡VIC-trix! ¡VIC-trix!


 Historia
Jorge Lara Gómez   31/08/2016
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     «Estas son tus artes, ¡OH romano!: imponer la paz, perdonar al vencido y aplastar al orgulloso.»
IPortada guerra fin mundoan James Ross, pintor e historiado antes de autor, ha invertido una década de su vida en investigar y recopilar información sobre la última época del Imperio Romano: el siglo IV, y ofrecernos, en este su debut literario, una estable base histórica, para la novela con la que se presenta en el mercado: “La guerra en el fin del mundo” (La esfera de los libros, colección Novela Histórica). Un trabajo más que curioso, entretenido y ciertamente adictivo, y que supone la primera entrega, de una nueva serie épico-histórica situada en el último y caótico período del Imperio Romano, en tiempos del emperador Constantino El Grande y centrada en la figura de Aurelio Casto, soldado recién ascendido a centurión, e invitado forzoso a un juego de poderes del cual no le han explicado las reglas ni cuales son los
contrincantes. 

Resulta muy interesante el período elegido por el autor, para encuadrar la trama narrada en esta novela: el siglo IV. Un siglo que distaba mucho del antiguo esplendor del Imperio. Muy lejos de aquellos días de esplendor de César y Augusto, de Trajano y Marco Aurelio, no en vano, ya lo manifiesta el autor a través del nombre elegido para la saga: “El ocaso del Imperio Romano”. Estamos, ante un tiempo de profunda revolución, dominado por la violencia, por el baile de césares y por la pugna y rivalidad de las religiones emergentes, en especial, el cristianismo.  Un siglo en el que el ejército fue víctima de una profunda remodelación: desde el tamaño de sus legiones, (que se vió reducido) hasta la vestimenta y equipamiento de los soldados; y en el que las guerras obedecían a un simple deseo de gloria militar y no de conquista de territorio. 

El inicio de una saga que promete acción, intriga, muerte y gloria. Dosis justa entre historia y ficción, sumando a un estilo narrativo directo y sin florituras.

Esta nueva era que Ross nos narra en "La guerra en el fin del mundo" con cierta precisión histórica –a través de las “notas históricas” incluidas en el interior, el autor deja entrever que no se trata de una novela histórica al uso: «las fuentes literarias de este período son escasas, a veces contradictorias y otras partidistas. [...] el pueblo de los pictos, ha sido siempre un misterio, y su cultura, sociedad, idioma e incluso su propia existencia, han sido protagonistas de numerosos debates y controversias.  Así las cosas, he optado por basar mi ficción en fragmentos de hechos»-  es la era de la primera tetrarquia romana. Un imperio dónde el gobierno era ejercido por dos augustos, Diocleciano y Maximiano, y dos césares, Constancio Cloro y Galerio, pero también un imperio, donde  Constantino el Grande, legalizador de la religión cristiana, fue el primer emperador elegido por sus tropas (en Eboracum, actual ciudad de York, Inglaterra) y no en base al protocolo imperial como estaba establecido.  Situación que será clave en los acontecimientos que se nos narran.

Y de esa revolución que citaba antes, emerge Aurelio Casto, el protagonista, no solo de esta primera entrega, sino de las dos restantes publicadas con posterioridad (aunque en el caso de esta primera, es totalmente autoconclusiva). Aurelio Casto, criado y curtido en el ejército desde los 18 años, edad a la que abandonó a su conflictivo padre, es el soldado perfecto: obediente y cumplidor.  No cuestiona las órdenes y cada gota que derrama, ya sea de sudor o sangre, lo hace por su amada y venerada Roma.  También es el centurión ideal: líder nato, respetado y temido por su centuria, versado en las artes de la guerra e inteligente estratega.  No es gran bebedor ni mujeriego, y ha sido capaz de ocultar su analfabetismo (no sabe leer ni escribir), a base de hablar poco, escuchar mucho y ser poco amigo de las relaciones sociales.

La vida de Casto, dará un giro de 180º durante la campaña en Armenia, contra Narsés, el gran rey de Persia. Por aquel entonces y contando con 23 años era un soldado que formaba parte de la Legión II Herculea y en el fragor de la batalla de Oxsa, decapitó -por un golpe del destino- a un jefe líder, impidiendo así que los catafractos, abrieran una brecha en el frente de los herculinos. Esta involuntaria heroicidad, le supuso recibir por parte del tribuno Constantino (que posteriormente seria coronado como Cesar) un torque al valor y el ascenso a centurión.  Siete años después y ya como centurión de la Legión VI Victrix, pasa sus días languideciendo en una tranquila fortaleza de Eboracum, intentando sacar provecho de los mediocres soldados que han caído sobre su mando, a los cuales somete a interminables jornadas de tácticas militares y combates cuerpo a cuerpo, para así convertirse, en la unidad más preparada, de todas las allí destacadas.

soldados romanos

Crean desolación y la llaman paz”… Todo cambia cuando el rey de los pictos, Vepogeno, muere en circunstancias más que sospechosas, y tambores de guerra resuenan más allá de la Muralla de AdrianoPara sofocar la incipiente rebelión, Casto y su centuria es elegida para escoltar a un pequeño cuerpo diplomático, para asistir y mediar en la elección y coronación del nuevo rey de los pictos, a la par que intentar apuntalar y reforzar los andamios de una paz, que hasta el momento habían resistido los vendavales de rebelión de los bárbaros más contrarios a Roma. Si todo esto falla, existe un "plan B": desplegar un poco de “arte romano”: imponer la paz, perdonar al vencido y aplastar al orgulloso.

Sin embargo, el orgullo de la poderosa Roma sufre un revés: la misión diplomática resulta ser un baño de sangre, una trampa para ratones.  A partir de ese momento, Aurelio Casto, se verá inmerso en un juego de intrigas palaciegas, conspiraciones al abrigo de la noche y una red de traiciones, de la que él y sus hombres resultan ser meros títeres, carnaza para los salvajes pictos, falsos reflejos de un espejo que no muestra la verdad de las cosas.

imagen Ian Ross_2Ian Ross, debuta notablemente con una primera novela que sin ser un dechado de virtudes -en ocasiones se enreda en descripciones y detalles que poco aportan o importan para el desarrollo- , tiene los suficientes argumentos que justifican y sirven de base para su éxito -al menos en Reino Unido (veremos que ocurre en el mercado patrio), dónde ya se han publicado las dos siguientes entregas: “Swords Around the Throne” y “Battle For Rome”-, y que la diferencian de las habituales novelas sobre el Imperio Romano: se centra en un período poco conocido y explotado literariamente y del que no abunda la información histórica, lo que le ha supuesto al autor un gran esfuerzo, para por ejemplo, recrear y dotar de realismo a una sociedad y un pueblo, el de los pictos, que pudo o no haber existido.  El personaje principal, Aurelio Casto, es la antítesis del héroe habitual: no es el más listo de la clase, ni el más fuerte del barrio, ni arrastra un oscuro pasado del que huye, y ni siquiera busca redimirse de una grave falta cometida años atrás.  Es un simple soldado de un ejército en proceso de cambio, condecorado y ascendido a Centurión por pura casualidad.

La vestimenta, el armamento, las tácticas militares, la composición del ejército y sus usos y costumbres, la caída y ascenso de los césares, también están acordes a la época que se nos narra. Así mismo, es destacable, que por una vez, no se idealice el honor en la batalla, la gloria del combate y de los caídos, mostrando la guerra tal y como es: un juego brutal y miserable en el que el único vencedor, es la muerte.

Respecto a la edición por parte de la editorial, muchas luces y alguna sombra. En lo positivo destaca la edición en pasta dura, la inclusión de algunas notas históricas, y la elección para la portada, de un casco afín al siglo donde se enmarca la trama. Para aquellos más curiosos, os cuento que se trata de un casco que puede denominarse como "proto-spangenhelm" o “casco remachado”, en dos piezas unidas por un refuerzo o cresta central y un nasal, y en el que ya se empieza a notar la influencia de los pueblos bárbaros (muchas gracias a mi compañero Paco Illescas, por como siempre, ser una fuente de conocimientos).  Las sombras: una corrección más exhaustiva hubiera evitado ciertos errores de género, tiempo verbal e incoherencia de expresiones.



Grge_dixit
: Sin llegar a entusiasmarme en el mismo grado que así lo indican los autores y medios que aparecen en la contraportada, si me ha resultado lo bastante interesante compara seguir de cerca el resto de la serie… si es que llega a publicarse en nuestro país.

Compra aquí "La Guerra en el fin del mundo".

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