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Nick Furia tiene una misión "especial" en Rusia y el único hombre capaz de aceptarla y llevarla a cabo es el Castigador. |
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¿Qué era Punisher antes de que Ennis lo escribiera por primera vez en aquella ya mítica maxiserie de ocho números titulada “Queridos Vecinos”?
Aun con el boom que tuvo por finales de los 80 y principios de los 90, lo cierto es que sus cómics nunca fueron memorables, tuvo pocas sagas que llamaríamos destacables, alguna que otra de Steven Grant y Michael Zeck como Círculo de Sangre y poco más, quizá más novelas gráficas (ya sabéis, números unitarios mejor preparados y más largos que los tradicionales) que etapas, puesto que en verdad no llegó a tener autores capaces de aguantar el pulso con el personaje, sin desarrollarlo ni darle un enfoque lo suficientemente convincente. Hasta el punto en que tuvieron que matarlo y convertirlo en un ángel vengador.
Lo cual me deja sin palabras.
Esto sucedió cuando en Marvel Knights (la línea donde Quesada empezó a ser editor y era considerada más adulta que el resto de Marvel) podíamos ver a Kevin Smith realizando una de las mejores sagas de Daredevil, a Priest y Palmiotti realizando maravillas en Pantera Negra y a otros más destacando con los personajes más “realistas” y oscuros de la editorial. Pero Punisher no tuvo su relanzamiento hasta que Ennis se hizo con el título junto a Dillon.
Sin embargo, los fans de Predicador, Solo un Peregrino y Hitman (obras mayores del guionista) siempre pensaron que su trabajo con Frank Castle, el Castigador, siempre fue una obra alimenticia del provocador e irreverente Garth Ennis.
Ahora que ha entrado en el sello MAX y lo está aprovechando de lo lindo con historias muchísimo más serias, podemos decir sin temor a equivocarnos que Ennis ha hecho suyo el personaje y está escribiendo sus mejores historias.
Ya lo hizo con Punisher: Born (o Nacimiento, como se conoce por estos lares), con El Fin y con La Cocina Irlandesa. Todos reseñados en Fantasymundo, a excepción del segundo. Veamos si en esta ocasión se ha superado.
Madre Rusia nos presenta una situación completamente nueva para Castle, un argumento más adecuado para el propio James Bond que para el tipo que va por las calles en busca de asesinos y mafiosos a los que meter una bala entre ceja y ceja. Eso es lo que hace especial el argumento, que empieza con Furia pidiéndole a Castle su intervención para rescatar a una niña que tiene en sus venas la peor arma biológica del siglo. Hay que arrancársela de la mano de los rusos antes de que puedan hacerse con ella y todo sin levantar sospechas de que EEUU está detrás de ese “rescate”, puesto que podría ser el arranque de una tercera Guerra Mundial.
Un argumento muy interesante a priori, quizá típico si tenemos en cuenta la cantidad de películas de espías internacionales y demás que han salido en el cine con cierta semejanza. Pero la incursión de un personaje como Punisher hace novedosa la trama, especialmente si tenemos a una niña de por medio y al pobre Castle más sentimental que de costumbre.
Y es que estamos ante una relación bastante parecida a la de Ripley (Sigourney Weaver) en Aliens, en el sentido de que tenemos a una maquina de matar imparable escoltando a una cría cueste lo que cueste y sacando fuerzas como puede para que no sufra daño alguno. Pero que nadie se equivoque, aunque es la primera vez que se hace evidentísima cierta humanización en el personaje de Punisher escrito por Ennis, no lo convierte en una nenaza que grita “NO” a la mínima. Ni mucho menos, el guionista consigue hacer emotiva, memorable y entrañable la relación entre estos personajes sin que resulte ñoña o fuera de lugar, es simplemente el pasado de Castle haciendo mella en un personaje que se creía una especie de Terminator sin sentimientos, Impagable.
Si esta es la manera de Ennis de echar por tierra todas esas críticas negativas de los aficionados quejándose amargamente de que Castle nunca ha sido un personaje tan plano desde que él lo ha tocado, (sí, es que siempre ha tenido el tacto de una rosa de pitiminí, por supuesto) ahora toca resarcirse también con el propio Nick Furia, ya que podemos verle en estas páginas como personaje secundario y como interventor a la sombra.
Aquellos que también se quejaron de la exagerada caracterización guerrillera y sin escrúpulos del dirigente de SHIELD durante la miniserie de MAX: Furia, guionizada por el mismo Ennis se encontrarán otra sorpresa en estas páginas, donde vemos el honor y la nobleza intactas que caracterizan al propio Nick. Claro que… sin dejar de ser un general bastante rudo y malhablado, amante de las prostitutas.
Esto en cuanto a caracterizaciones, pero el grueso del argumento se encuentra en el uso de las corporaciones, la tremenda e impactante crítica que se atreve a realizar Ennis con respecto a la política exterior de los Estados Unidos y de lo que son capaces los dirigentes con tal de cumplir sus objetivos. Si algo que realmente me haya encantado de este tomo es ver que nada es blanco y negro, no existe el patriotismo y es tan crudo y visceral como siempre debió permitirse el guionista en su entrada en el sello MAX, que por fin sirve para algo más que hacer a los personajes soltando palabrotas cada dos por tres y sangre y vísceras saltando por los aires a la mínima. Ni los Rusos ni los Americanos, todos iguales, todos igual de capullos e hipócritas, todo por la célebre frase de “el fin justifica los medios”, es increíble que al final un personaje como Punisher acabe cayéndote mejor, por no decir preocupante. Atentos a cierto paralelismo con el 11-S, creo que es muy valiente por parte del guionista, chapeau.
En cuanto al desarrollo de la historia, es pausado sin llegar a ser lento y se sostiene entre los secundarios y el propio Punisher. Por un lado tenemos a los dirigentes rusos, por el otro a los de la ONU y finalmente al propio protagonista en el silo de misiles, tratando de escapar con la niña cueste lo que cueste.
Aparte, el argumento tiene un final más que adecuado y por primera vez hay un enemigo de Castle que vivirá para un segundo asalto, aunque el primero no haya sido directo o cara a cara. Habrá que estar atentos.
Sobre el dibujante, después de tener a Lewis Larosa y a Leandro Fernández en tomos anteriores, la verdad es que el para mí desconocido Dougie Braithwaite no desentona demasiado con el tono de la serie. Es tan realista y visceral (no tanto, comparado con los otros, especialmente con el primero) como debe ser y aporta cierto ambiente y composición de página adecuados, así como una versión bastante correcta de lo que debe ser Punisher. Sin embargo, no pasa de correcto y es claramente inferior a los anteriores, especialmente a Leandro Fernández, que tenía un estilo bastante más característico y único. Dougie, por otro lado, tiene el gran inconveniente de no ser muy buen narrador y sobre rostros no ofrece mucha variedad, aparte de que es fácil confundirse, se hacen indistinguibles en algunas viñetas, especialmente en los primeros planos. De todas maneras, sigue siendo aceptable.
En definitiva, un gran tomo para los incondicionales de Ennis y Punisher. Desde la entrada en el sello MAX la colección ha mejorado mucho y sigue subiendo peldaños en cuanto a calidad se refiere. Muy recomendable, sí señor.
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