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Las vacunas funcionan, de Ignacio López-Goñi y Oihana Iturbide: indispensable


 Biología / Medicina  Tecnología
Álvaro Bayón Medrano   21/04/2016
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     Este volumen debería estar en las estanterías de todos los salones, en especial en aquellas pertenecientes a familias con hijos.
Portada de Las vacunas funcionan, de Ignacio López-Goñi y Oihana Iturbide«Las vacunas han sido uno de los grandes capítulos de la historia de la ciencia. Las vacunas, las prácticas de higiene y los antibióticos han mejorado de forma extraordinaria la salud de la humanidad, han reducido la mortalidad infantil y han aumentado nuestra esperanza de vida».

Con semejante contundencia comienza el volumen de Pequeñas guías de salud escrito por Ignacio López-Goñi (@microbioblog) y Oihana Iturbide (@oiturbide), y con un título no menos contundente: "Las vacunas funcionan" (PSYLICOM Ediciones). Y es algo que a lo largo de las 107 páginas y durante 32 breves capítulos que constituye el tomo, se encargan de explicar en un lenguaje sencillo, didáctico y claro.

Desde el principio del libro nos explican cómo funciona el calendario vacunal, dando un buen repaso a las sistémicas como la vacuna triple vírica —que inmuniza frente al sarampión, rubéola y parotiditis—, la vacuna DTP —que inmuniza frente a las toxinas de la difteria, el tétanos y la tos ferina—, y las vacunas de la poliomielitis, hepatitis B y meningitis bacteriana. También mencionan, explicando cómo funcionan, aquellas vacunas que son indicadas para los grupos de riesgo, tales como la de la gripe o la hepatitis A.

Un capítulo completo se dedica a hablar de la vacuna de la viruela, nos expone cómo avanzó el proceso de desarrollo de la vacuna desde tiempos de Jenner (1796, persona que, en mi opinión, debería tener una estatua en cada ciudad del mundo) hasta 1803, fecha en que se inicia la primera campaña de vacunación masiva, y cómo aquello dio el primer paso en un duro camino que culminó con la erradicación de la enfermedad en el año 1977. En un capítulo posterior además nos explican por qué motivo, de todas las enfermedades humanas, solo hemos podido erradicar completamente esta enfermedad, y es que es producida por un patógeno muy estable, que solo afecta a humanos, que no tiene vectores, que no tiene portadores sanos, que tiene un diagnóstico sencillo y rápido, y que es una enfermedad que por si misma inmuniza: una vez la superas, no la vuelves a padecer. Nunca.

En el contexto histórico hay otro capítulo —que en mi opinión debería ir en esta parte del libro— nos explican los experimentos de Pasteur con la atenuación de bacterias y el desarrollo de las vacunas animales —tales como el cólera aviar, la rabia, el carbunco o la peste bovina, erradicada en 2011—.

Del mismo modo al caso de la viruela nos expone cómo ha avanzado, con un éxito nada desdeñable, la lucha contra otra enfermedad que a día de hoy es anecdótica en los países desarrollados: la poliomielitis. Gracias a las vacunas desarrolladas por Salk y Sabin, solo en EEUU han pasado de 350.000 casos en 1988 a tan solo 372 enfermos en el año 2013. «El objetivo de la organización filantrópica Iniciativa Global para la Erradicación de la Polio es llegar a erradicarla para el año 2018. Y todo gracias a las vacunas». Aunque esto puede verse obstaculizado por ciertos sectores religiosos, fanáticos, en oriente medio, tema del que posteriormente se habla más a fondo. También en otro capítulo —posterior, aunque yo personalmente considero que debería estar en esta parte del libro— nos habla de la vacuna de la gripe y sus dificultades.

Los autores nos explican cuáles son los componentes de una vacuna, y cuál es la función de cada uno de ellos, y a continuación entran a divulgar cómo funciona el llamado «efecto rebaño», que es el modo en que la población vacunada se comporta como un escudo y protege, de forma indirecta, a las personas que no pueden recibir según qué vacunas. Este capítulo lo considero uno de los más importantes del ensayo. A continuación nos dan las pistas para descubrir los requisitos que debe tener una vacuna.

Ignacio López-Goñi y Oihana Iturbide

«La "memoria" que deja una vacuna se ve reforzada a menudo de forma natural por los brotes periódicos de la enfermedad. Por ejemplo, las epidemias anuales de sarampión y parotiditis pueden reforzar el efecto de la vacunación. Sin embargo, como la incidencia o el número de casos de algunas enfermedades va disminuyendo de forma gradual, este efecto protector natural disminuye. ¡Se da así la paradoja de que cuanto menos enfermedad exista en la población más importante y necesaria es la vacunación!»

En un breve capítulo nos resumen cuántas vidas han sido salvadas gracias a las vacunas, y también cuánto dinero se ha ahorrado. Sólo en los Estados Unidos, y haciendo una estimación muy conservadora, más de 103 millones de personas han sido prevenidas de las enfermedades, ahorrándose más de 295 mil millones de dólares en gastos médicos. En los países desarrollados se estima que la esperanza de vida ha ascendido de los 47 a los 80 años durante el último siglo, y en parte esto ha sido gracias a las vacunas.

En un cambio de tema, el hilo conductor del libro nos lleva a aprender cuáles son los riesgos. Sin pelos en la lengua los autores reconocen que no existe el riesgo cero, ni la efectividad del 100%, y también reconocen que ha habido errores en el pasado. Claro, que también hemos aprendido de nuestros errores y la seguridad y la eficacia cada vez es mayor. Nos explican de qué modo se desarrolla una vacuna.

En una buena parte del volumen y durante varios capítulos nos exponen la problemática de los movimientos antivacunas; desde las fiestas de la varicela y los riesgos asociados a la misma, como el riesgo de que personalidades importantes y con voz de autoridad se adscriban a estas opiniones, siendo estos desde el naturalista Alfred Russell Wallace, hasta los fraudes científicos como el de Wakefield y su falsa asociación entre vacunas y autismo, y desde los fanatismos religiosos hasta los problemas derivados de la expansión de bulos por internet, tales como el caso Gromowski, las empresas que elaboran productos homeopáticos que pretenden vender como alternativas a la vacunación o las falsas asociaciones entre varias vacunas y el SIDA. Miedos con los que distintos grupos de presión, y con diferentes fines cada uno de ellos, pretenden expandir esta peligrosa y egoísta actitud. Todo ello es desmontado con sólidos y rigurosos argumentos a lo largo de esta parte del ensayo.

«SIEMPRE deberá ser el médico el que valore la oportunidad o no de vacunarse».

El libro concluye optimista con una previsión prometedora de cara al futuro. Mucha investigación, tanto de ciencia básica como aplicada, es necesaria.

«Todavía hay muchas enfermedades infecciosas para las que no hay vacunas, otras para las que las vacunas se pueden mejorar y, sobre todo, una gran parte de la población mundial que todavía no tienen acceso a las vacunas», y todos esos problemas podrán ser superados en el futuro. Los autores insisten en la necesidad de «estudiar más, investigar más, para un mundo más sano y mejor»

En mi opinión personal, este volumen debería estar en las estanterías de todos los salones, en especial en aquellas pertenecientes a familias con hijos; cualquier persona que se preocupe por la salud —tanto por su propia salud como por la salud de los demás— debería leer este libro. Y todo el mundo debería preocuparse por la salud.

Como punto a mejorar, tan solo veo que el hilo conductor general del argumento del libro se ve roto en un par de ocasiones por varios capítulos que, en mi humilde opinión como lector, deberían estar en otra parte; considero que una reorganización del orden de los capítulos no solo evitaría estas roturas del hilo argumental, sino que reforzaría algunos de los argumentos.

Dice el refrán que vale más prevenir que curar —con sus conocidas variantes—, y eso es lo que las vacunas hacen. Y funcionan. Las vacunas funcionan. Yo, como siempre, solo invito a reflexionar.


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