ENTRETENIMIENTO Y 

CULTURA: Cine y Televisión, Literatura, Ciencia, Videojuegos, Cómics | Fantasymundo
RSS 

de Noticias y Artículos sobre Literatura, Ciencias, Videojuegos, Cine, Televisión y Cómics Twitter de 

Noticias y Artículos sobre Literatura, Ciencias, Cine, Televisión, Videojuegos y Cómics Facebook de Noticias y Artículos sobre Literatura, Ciencias, Cine, Televisión, Videojuegos y 

Cómics
Menu general
       Artículo de comics

Devorar la Tierra


M. G. Villarrubia   14/04/2016
Comenta con tu Facebook
Meneame
     El capitalismo, el machismo y el belicismo son los males por los que la enigmática Zephirus, de la que todos los hombres se enamoran, quiere vengarse. Sin embargo el alcohólico Gohonmatsu es el único a quién las mujeres no le interesan, y es inmune a sus encantos.
Devorar la TierraEnunciar cualquier opinión sobre el Dios del manga es siempre un asunto arriesgado. Y tratar a Devorar la Tierra como una obra secundaria dentro de su tebeografía, a pesar de no estar entre las aclamadas Fénix, Buddha, Black Jack, Astro Boy o Adolf, sería una injusticia. 

Y es que este manga supone un anticipo, un preludio si se quiere pensar así, de la etapa de madurez de Osamu Tezuka. Una dura crítica al capitalismo, al machismo, al belicismo y a otros temas de la sociedad contemporánea, tanto a escala mundial como japonesa, impregna todas las páginas, algo sorprendente e inusual teniendo en cuenta el bagaje y el público infantil de sus anteriores títulos, aunque, por supuesto, en la cresta de la ola de todas aquellas obras adultas y/o antibelicistas del manga de los setenta, un periodo bastante interesante en Japón, donde la influencia estadounidense pero a la vez el rechazo a la pasada ocupación y la puesta en valor de las tradiciones autóctonas crearon una implosión de creatividad y riqueza cultural en el país del sol naciente.

Este manga se centra en la venganza hacia los hombres de una enigmática Zephirus, que mora en una remota isla del pacífico sur, y de la que todos los hombres quedan prendados. Entre ellos dos combatientes del bando japonés durante la II Guerra Mundial ahora reconvertidos en un exitoso empresario y en un humilde trabajador.

Que Tezuka toque el tema, aún candente a finales de los sesenta, de esta guerra en la que Japón (y sus ideales tradicionales, como el bushido) claudicó y fue ocupado por Estados Unidos es toda una osadía, aunque otros mangakas de la época también empezaran a tratar el tema a través de relatos antibelicistas o la evocación del samurái y el rônin de la era Edo. Y lo es más aún situando la acción en la isla de Guadalcanal, con los japoneses prisioneros de los vencedores americanos en lo que fue la primera ofensiva victoriosa de los Aliados en el Pacífico. Una audacia que en el cine ya se llevó a cabo a finales de los cincuenta con películas como El arpa birmana de Kon Ichikawa, con la que el inicio de Devorar la Tierra guarda muchos puntos en común.

Devorar la Tierra

Pronto el relato se trasladará al hijo del soldado pobre, un chico llamado Gohonmatsu Seki que trabaja aquí y allá como marinero o estibador en el muelle y cuya mayor virtud es su nulo interés por las mujeres. Esta habilidad, si se le puede llamar así, le hará ser el indicado para que Adachidahara, el rico empresario, le contrate para buscar a Zephirus sin que caiga en sus redes de seducción. En otro tiempo o con un  hipotético Tezuka aún más vanguardista (si cabe) Gohonmatsu hubiera sido un personaje homosexual, pero nuestro mangaka escoge como camino otro grave problema (además del machismo) de la sociedad japonesa: el único interés del joven Seki es el alcohol.

Devorar la TierraEn una vida de descontentos pero obedientes trabajadores de oficina encerrados en edificios corporativos durante la mitad del día, que deben invitar a sus superiores a sake tras el trabajo y luego coger un tren para llevarlos hasta sus lejanas casas (si no lo pierden), la bebida es un problema social que ahoga los anhelos y permite seguir adelante en el deber y el honor del empleado. La burbuja económica japonesa de los setenta y ochenta conllevaría la insatisfacción de una generación y el rechazo de la siguiente. Otro tema recurrente es la percepción del gaijín, del extranjero, según los cánones japoneses.

Los modales, las ideas, las intenciones, y más palpable aún, el físico rubio y peludo de los occidentales son elementos repetidos en la serie y contrastados con la forma de ser japonesa. Ser visto con la mirada del otro es un ejercicio interesantísimo y que hay que valorar en este manga cuyo público objetivo era la propia sociedad japonesa de los setenta. Es decir, cómo el mangaka japonés representa al occidental para otros japoneses, sin la intención de exportar el producto, algo que surgiría mucho más tarde con el desembarco en América y Europa.

El manga, además de centrarse en la búsqueda de Zephirus por parte de Gohonmatsu, se centrará en una serie de historias en paralelo sobre las ambiciones capitalistas de distintos hombres, japoneses y occidentales, y su fracaso ante el género femenino. Más que mostrar a la mujer como el problema, Tezuka acierta, y es una proeza para la época, en advertir que la insatisfacción proviene de los propios hombres que tratan a la mujer como un objeto más, quizás el más preciado para ellos, que deben conseguir. Con todo ello, la enigmática Zephirus se excede en su “venganza contra los hombres”, en tanto elimina al amor de la ecuación y pretende destruir el sistema capitalista haciendo reventar el mercado de valores desde sus entrañas. La idoneidad de la acción que roza el anarquismo queda entonces a juicio del lector, y disfrutará sobre todo si el manga es capaz de hacer tambalear sus prejuicios y poner en marcha su espíritu crítico.

Devorar la TierraSi hay algún aspecto negativo que resalte, éste debe enfocarse en la estructura narrativa, producto de su propia publicación serializada en la revista Biggu Komiku. Los capítulos varían demasiado en extensión y muchas veces saltan de un aspecto a otro o de una historia a otra sin ninguna razón aparente, dejando cabos sueltos o convirtiendo personajes principales en meros secundarios. Se percibe una primera parte lineal, muy centrada en la historia de Gohonmatsu, pero a mitad se torna en una sucesión de historias de diversos hombres cuyo encuentro con Zephirus hace impacto en sus vidas para, posteriormente, intentar resolver el guión con un final que revela casi de golpe los apocalípticos planes de la enigmática mujer y recupera el protagonismo del borracho marinero.

Para aquellos que leemos este manga como un todo más que como una serie la disparidad nos choca, sobre todo si no estamos avisados. Por suerte la críptica poesía contenida en los títulos de los capítulos espolea la inquietud del lector aludiendo a una compleja composición musical, llena de matices y sonidos experimentales.

Aún con todo, Tezuka nos ofrece el dibujo y la narrativa de página soberbia a la que nos tiene acostumbrados, con ese estilo asimilado de Disney contrastado con preciosistas y detallados fondos, en los que se puede apreciar un afán compositivo y un uso artístico del claroscuro. Si el estilo caricaturesco de Tezuka funcionaba perfectamente en sus obras juveniles, marca un contraste saludable y necesario en estas obras de madurez, donde la abstracción le permite la posibilidad de tratar temas profundos y relevantes sin caer en el melodrama, una idea que mucho más tarde usarían Art Spiegelman o Marjane Satrapi para sus novelas gráficas. Y siempre son bienvenidos los simpáticos chistes, el patetismo y los cameos del autor para quitar hierro al asunto, algo que en su posterior Buddha practicaría con más ahínco para contrarrestar la solemnidad de tamaño personaje.

La edición de ECC, aunque de tapa blanda, se muestra robusta y sin embargo no muy pesada, ideal para leerla comodamente. Que la lectura sea oriental se agradece, pues aunque en estos tiempos es algo dado por supuesto, aún hay ediciones y editoriales que remontan obras de Tezuka, y otros autores como Taniguchi, en el sentido occidental, con toda la pérdida que ello supone. Si es cierto que la obra necesitaría de algún texto de apoyo, tanto para contextualizarla en su propia historia como en la cronología del autor, y si el Dios del manga se lleva algunas merecidas palabras de elogio, como sucede con otros autores occidentales como Moore, Miller o Eisner, tanto mejor.

Si aún no os he convencido, haré un último intento: devorad esta obra como Zephirus devoraría la Tierra. Y honrad así a Tezuka kamisama, el Dios del manga.

Página 1 de 1



 

Versión imprimible

NO se permite la reproducción íntegra. Para reproducciones parciales: NOTAS LEGALES
Anunciese en Fantasymundo
Imágenes relacionadas con el artículo
     Osamu Tezuka
Bocetos Osamu Tezuka
Bocetos Osamu Tezuka
Bocetos Osamu Tezuka
Bocetos Osamu Tezuka
Staff de Fantasymundo.com - Quienes hacen la página Contacta con Fantasymundo Notas Legales de Fantasymundo Enlaza con Fantasymundo ¿Quiénes somos?