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Un futuro sin nubes: The Twilight Zone hecho cómic


Francisco Javier Illescas   18/03/2016
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     ¿Os acordáis del programa televisivo llamado The Twilight Zone? Pues tenemos entre manos un conjunto de historias que merecerían ser adaptadas a ese formato.
Un futuro sin nubesA quien no le suene “The Twilight Zone”, quizás lo reconozca por el nombre por el que se emitió en España: “La dimensión desconocida”. Básicamente se trataba de una serie de cortometrajes de ciencia-ficción que iban siendo presentados por un trasfondo común: un abuelo contando historias, un astronauta rememorando desastres, un hombre leyendo un diario… Pues este es el formato que se ha seguido en este tomo en cartoné de 72 páginas: en él encontraremos seis historias de ciencia-ficción muy bien pensadas que van hiladas por un elemento común. En breve lo iremos desgranando.
   
Vamos a comenzar elogiando el estupendo trabajo de Fabien Velmann , que consigue algo muy difícil (y lo digo como amante y lector del género): ofrecer historias frescas y originales en un terreno tan trillado como es la ciencia-ficción, en el que casi está todo escrito y no es sencillo dar con un planteamiento sorprendente. Además, se ha juntado con dos dibujantes estupendos: Bruno Gazzotti, con el que ya ha trabajado en “SOLOS”  y con el que demuestra una gran sincronía –vamos, que son una pareja de artistas ya consolidada-, y Ralph Meyer.
   
Un futuro sin nubesEl planteamiento comienza siendo clásico: un futuro distopico quizás no demasiado lejano que parece sacado de la mente de Aldous Huxley. Estamos en un futuro controlado no por un gobierno despótico, o por ministerios absolutistas, sino por una megacorporación dedicada a la biotecnología llamada Technolab. Su presidente y responsable de esta poco deseable situación es F.G. Wilson, un oportunista ingeniero que, a base de sus propios avances en biotecnología, se ha convertido en un ser inmortal. ¡Y no solo eso! Sino que es totalmente omnipotente: puede conseguirlo todo con un simple chasquido de los dedos y nadie puede hacerle frente ni agredirle, puesto que la población tiene implantada una especie de chip neuronal que impide que el sujeto que lo lleva pueda atentar contra los intereses de Technolab.
   
Pero hay un hombre que no acepta esa situación, y se mueve activamente para cambiarla sin suponer una amenaza directa: un investigador llamado Nolan Ska. Este gran ingeniero construye una máquina del tiempo con el objetivo de regresar al pasado, encontrar a F.G. Wilson y cambiar sus circunstancias con objeto de evitar el desagradable futuro en el que vive.
   
¿Y cómo lo hará? Lo tiene claro: Wilson quería ser escritor (y era bastante bueno) pero, el día en el que iba a visitar a su editor para presentar su primer manuscrito, le robaron la cartera donde llevaba su primera obra. Desalentado, lo dejó y empezó a trabajar para una entonces incipiente empresa de biotecnología llamada Technolab. El resto ya se conoce.
   
Un futuro sin nubes

Bien, el plan es simple: localizar el local en el que F.G. Wilson va a ser desvalijado, evitar el robo y permitir, así, que gracias a su talento como escritor pueda dedicarse a ello sin que tenga que trabajar para la corporación. ¡Y lo consigue! Pero… No siempre la “historia oficial” se corresponde con la Historia real. ¿Verdad?
   
Nolan Ska no se da por vencido, e intenta darle un giro a este revés utilizando, cómo no, su propio talento. No os diré de qué modo, pero sí os adelantaré que dará a conocer al gran público episodios reales del futuro distópico del que viene disfrazándolos de relatos de ciencia-ficción.
   
¿Y de qué tratarán esos relatos? Obviamente, de los inventos de Technolab, su uso en la gente, las repercusiones que tienen en la población e, incluso, alguna historia de fantasmas.
   
Un futuro sin nubes

Y, ojo… Que se tratan temas que no son tan lejanos en el tiempo, y dentro del envoltorio festivo de este cómic suponen un codazo en el ojo del lector: el uso de la televisión para idiotizar al pueblo, el alarmante grado de desapego hacia los hijos, la integración absoluta en el ambiente de los juegos online en detrimento de las relaciones sociales interpersonales, el dopaje en los deportistas, el mal uso de los recursos humanos por parte de las castas poderosas y la soledad del ser humano.

Un futuro sin nubes¿Os suenan de algo? Pues todos estos temas de rabiosa actualidad son los que han sido manipulados por Technolab: veremos cómo se usa la televisión para controlar a los presos, descubriremos una moderna adaptación del mito del juicio salomónico, seremos testigos del ansia de un jugador online buscando una batería para terminar su misión (con un final inesperado), tomaremos conciencia de las consecuencias del dopaje en una sociedad que lo aprueba con objeto de romper las barreras del ser humano, seguiremos a un grupo de trabajadores que buscan un objeto perdido por un encorbatado con gomina en una fecha muy específica, y apreciaremos hasta qué punto lleva la despersonalización del ser humano con el relato de un astronauta en soledad que desconoce totalmente su estado.   
Fabien Vehlmann consigue desarrollar todas nuestras actuales inquietudes y ansiedades en un puñado de cuentos que se mueven entre la realidad y la ficción perfectamente integrados en la historia principal y que, dentro de lo grave de las situaciones presentadas (el adoctrinamiento televisivo, la aplicación descarnada del capitalismo salvaje o las derivaciones de un inadecuado y rápido crecimiento científico en manos privadas), ofrecen un ritmo agradable y rápido de leer en el que encontraremos situaciones curiosamente cómicas en el sentido más sarcástico de la palabra, y es esa ironía lo que engancha al lector entre relato y relato.
   
¡Ah! Y no olvidemos otro problema que trata: el sometimiento del negro literario. ¿Qué a qué me refiero? ¡Ah, amigo lector! Eso deberás descubrirlo tú, así como el final del notable ingeniero Nolan Ska. ¡Anímate!
   
Un futuro sin nubes

Pero bueno, aún no hemos terminado la reseña: hemos hablado de la historia y hemos cantado las loas correspondientes al fabuloso trabajo de Fabien Vehlmann como guionista. Pero… ¿Y los dibujantes? ¡Vamos a verlo!
   
Se han repartido el trabajo: Gazotti se hace cargo de las páginas que tienen lugar en el “presente”, y Meyer dibuja aquellas que tienen lugar en las historias que se plantean en la trama. Y ahora os confieso una cosa: he pasado días examinando los detalles más ínfimos del dibujo intentando buscar un patrón o pequeña diferencia estilística que me permitiese distinguir entre un autor y otro, y me pareció detectarla así. Pero igual me equivoco, tal es la perfecta conjunción de ambos estilos: gestualidad tanto corporal como facial bien aplicadas y dibujadas, las tramas de los sombreados muy bien integradas con el color, un planteamiento a la vez sobrio y detallado… Impecables.
   
Un futuro sin nubes¡Ah! Y un simpático detalle: entre historia e historia hay una pequeña viñeta de patrocinio de Technolab que resulta la mar de simpática y nos ayuda a situarnos en el contexto distópico de la trama principal. Imaginad una viñeta construida con elementos formales de los carteles aliados de reclutamiento bélico de la Segunda Guerra Mundial combinados con inconfundibles rasgos de la cartelería publicitaria soviética. ¡Os invito a descubrirlos! Por cierto, el cómic termina con uno de ellos.
   
¿Más cosas? ¡Sí! Una breve y simpática biografía de los autores, que se caracterizan para presentarla como algunos de los personajes presentados a lo largo del cómic.
  
En fin, que estamos ante una obra que combina lo mejor del cómic con lo mejor de la ciencia-ficción. Y es un cómic que merece tenerse.
   
Yo, al menos, os lo recomiendo fervientemente. Y me atrevo a decir que no os defraudará. ¡Echadle un vistazo!

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