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Identidades, una bomba de relojería, de Jean-Claude Kaufmann: falta de concreción


 Ciencias Sociales
Fco. Martínez Hidalgo   11/01/2016
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     Elabora un análisis libertario y radicalmente individualista de por qué los procesos de identidad son un peligro para su concepción del individuo libre.
Portada de Identidades, una bomba de relojería, de Jean-Claude KaufmannEn el año 2014 se publicó este brevísimo ensayo en Francia, reeditado al año siguiente, después del tristemente célebre ataque terrorista contra el semanario humorístico Charlie Hebdo, y publicado ahora en España, apenas unas pocas semanas antes de los ataques terroristas en París cuyo epicentro estuvo en la sala de fiestas Bataclan. Su autor es el conocido sociólogo galo Jean-Claude Kaufmann (Rennes, Francia, 1948), especialista en la vida íntima de las personas y en la construcción de normas implícitas para espacios públicos (como la playa) a partir de la suma de subjetividades de las personas. A partir de este tema, aparentemente tan poco relacionado con la identidad, es como llega a elaborar este ensayo cuyo punto de partida está en la base de su trabajo, según el cual “la sociedad de la libertad es aquella en la que, más que nunca, se producen (discretamente) normas” (p. 29).

En consecuencia, toda autoridad capaz de crear normas totalizadoras (aplicables a todos y a todo), simplificadoras (sin reconocimiento de matices o diferencias) y proselitistas (con afán de ampliar su ámbito) son anti-libertarias, anti-individualistas y, potencialmente, violentas y peligrosas. Estas autoridades toman para Kaufmann la forma habitual de una religión (islámica, judía o cristiana), pero podrían ser también cualquier otro credo o cualquier otra autoridad. Y ejercen su poder sobre los individuos a través de un “proceso identitario [que] es una modalidad particular de la subjetividad en acción, consistente en fabricar, a cada instante, una totalidad significativa.” (p. 32). De esta forma, los matices plurales, a veces incluso contradictorios o en constante cambio, que forman el histórico de nuestra vida personal, se borran y sepultan bajo un discurso pretendidamente monolítico y de validez universal (en todo espacio y en todo tiempo posible).

En el otro lado de la moneda, Kaufmann nos habla insistemente de las “sociedades individualistas” versus las “sociedades holistas”, de cómo este holismo está malentendido su necesaria pluralidad dejando paso a estas identidades “totalizadoras”, y en cómo la única forma de cerrarles las puertas a estas visiones ultra-identitarias es apostar por una sociedad individualista donde sea la capacidad de las personas para crear normas implícitas y vivir su vida cómo las compuertas pueden acaban por cerrarse. Este discurso contiene necesarias críticas al proceso de globalización, a cómo la aceleración de las interacciones y el libre movimiento de las personas o las ideas ha acabado por desdibujar esas normas implícitas, poniéndolas en serio peligro; “la globalización ha hecho que colisionen sociedades que no solo son diferentes culturalmente, sino que tampoco han vivido la historia al mismo ritmo.” (p. 41).

La construcción ideológica de la teoría de Kaufmann tiene claros elementos comunes con el “choque de las civilizaciones” de Samuel P. Huntington elaborado en la década de 1990. Si bien, aquí se adopta un discurso más libertario e individualista. No obstante, esta pretendida renovación liberal del occidentalismo radical de Huntington falla cuando se trata de concretar, claramente, dónde están y cuáles son sus diferencias. De hecho, cuando se tratan temas tan huntingtonianos como la construcción identitaria de la nación o de la cultura –claves de su concepción, o cómo esa nación utiliza los resortes del Estado (la administración) para extender su identidad a los individuos, el discurso de Kaufmann se vuelve nebuloso e incomprensiblemente evasivo hasta el punto de afirmar que “la identidad nacional se ha convertido en una idea tan abstracta y volátil que sus adeptos más extremos (los grupos “identitarios”) no buscan ya siquiera definirla.” (p. 45). Huntington, y otros muchos nacionalistas estadounidenses o de otras tantas partes del mundo, no estarían en absoluto de acuerdo con él.

Jean-Claude Kaufmann

Otra ironía es que, aunque Kaufmann relativiza la relevancia del concepto de “nación” por cuanto no se busca ya definirla (o eso dice), en todo su ensayo no aporta él tampoco una definición clara de qué son conceptos claves para mantener en pie su discurso como “identidad”, “libertad”, “individualismo” o “sociedad”. Esta ambigüedad terminológica le permite seguir adelante con una venda en los ojos, fundamental a la hora de distinguir porqué las demás concepciones identitarias lo son más que la suya. Por cuanto la teoría de Kaufmann sí demuestra un origen claramente liberal y, por tanto, “identificable” con un grupo ideológico cuyo origen está en la burguesía occidental tan bien pensant como bien vivant. Una teoría ya labrada, desde otros puntos de vista y con fundamentos bastante más sólidos que los suyos, por pensadores como Will Kymlicka o Michael Ignatieff.

Finalmente, llama poderosamente la atención que ‘Identidades, una bomba de relojería’ (Ariel, 2015) trate el radicalismo y la peligrosidad sin tocar, siquiera de refilón, las condiciones estructurales que condicionan a su amenaza. Se habla del terrorismo islamista, pero ni se nombra el contexto cómo estos grupos llegaron a formarse militarmente, a adquirir una retórica bélica o a armarse hasta los dientes. Se habla de la dialéctica racista, pero no se trata la violencia de estos grupos y su origen, precisamente situado en las normas implícitas que Kaufmann reconoce como expresión idiosincrásica de las sociedades “de libertad”. Se habla del discurso nacionalista, pero no se consideran las guerras modernas que con motivos de nación (territorio, lengua o población) se han desarrollado recientemente o siguen teniendo lugar a día de hoy. Que se cierren los ojos a determinadas inconsistencias no quiere decir que no existan.

En ‘Identidades, una bomba de relojería’ (Ariel, 2015) se elabora un análisis libertario y radicalmente individualista de por qué los procesos de identidad son un peligro para su concepción del individuo libre. Sin duda, tienen aspectos positivos para el lector, en cuanto a su análisis de la retórica ultra-identitaria y de porqué este tipo de discursos suponen una amenaza para otros grupos u otras sociedades. Sin embargo, tiene problemas en cuanto a la concreción y claridad de sus ideas, a veces demasiado embarradas. En todo caso, es una lectura brevísima para pasar el rato conociendo un poco más sobre porqué la identidad, como tantas otras cosas llevadas al extremo, supone un peligro.

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