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       Artículo de literatura

El ermitaño, de Thomas Rydahl: la muerte de un bebé que inicia una búsqueda


 Terror / Suspense
Yaiza Jara   24/12/2015
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     Thriller de misterio y tintes negros, interesante de principio a fin y con muchas tramas.
Portada de El ermitaño, de Thomas RydahlErhard lleva de taxista en la isla de Fuerteventura más de lo que le gustaría recordar. Desde que abandonó Dinamarca (una puerta que se cerró para siempre, y sino que se lo digan al dedo que le falta en una mano) dejando allí a Annette, la que en su momento fue su mujer y a sus hijas, de las que no sabe absolutamente nada desde hace concretamente 17 años. ¿Que por qué? Pues porque sí, porque la vida es así y hay que tomarse las cosas como vienen.

Es Nochevieja, una fecha señalada en el calendario de la gente feliz, de la gente normal, de la gente que le gusta juntarse con los suyos y pasar un buen rato. Pero no es una fecha bonita para aquellos que deciden vivir en soledad, es un día más, que sabe como el resto de la semana: a nada en absoluto.

Pero nuestro protagonista quiere que por una vez su suerte cambie, está dispuesto a darle una segunda oportunidad al amor, si es que éste se vuelve a acordar de él, porque la primera vez no fue precisamente un flechazo, ni todo de color de rosa. La razón de su esperanza es la hija de la peluquera, a la que no ha visto nunca, pero de la que le han hablado tanto que por una vez, piensa que las cosas pueden cambiar.

Pero Roma no se hizo en un día, y “Jorgeson” que es otra forma de llamar a nuestro protagonista, se aterroriza en el último momento y sale corriendo después de haber llamado a la puerta de la chica. En su lugar, acude a casa de los únicos amigos que tiene en la isla, Raúl y Beatriz. Una pareja encantadora a la par que curiosa, ya que son sus grandes amigos, y a la vez es como si fuesen sus hijos. Además, Raúl es el hijo de Emmanuel Palabras, uno de los hombres más ricos de la isla, y uno de sus mejores clientes. No uno de los que más pide que lo lleve a un sitio o a otro, sino el que explota el segundo trabajo de Erhard: afinador de pianos. Siempre ha sentido algo especial por los pianos, lo que le ayuda a ganarse un dinero extra.

Pero de camino a casa de Raúl y Beatriz todo se vuelve loco. Está borracho, eso le ayuda a pisar el acelerador y sentirse libre de miedos, cargas y prejuicios –motivos por los que no ha dado el paso definitivo para hablar con la hija de la peluquera- pero que ahora sin ellos se siente un hombre libre, nuevo, y capaz de hacer cualquier cosa. El problema es que gracias a esa cantidad de alcohol en sangre no se da cuenta de que un coche va en dirección contraria, y se dirige directamente hacia él. Es una carretera estrecha, no pueden pasar los dos coches… El frenazo evita que choquen, pero su coche pierde un espejo retrovisor y el coche que venía de frente pierde el control y se empotra unos metros más allá.

Cuando baja a ver en qué condiciones está el ocupante –teniendo en cuenta su velocidad, iba mucho más feliz y eufórico que él- se da cuenta de que se trata de Bill Haji, un estúpido niño rico que se cree que media isla es suya y la otra media le debe lealtad. Lo recuerda de sus numerosas borracheras, juergas y fiestas en las que él tenía que llevarlo de vuelta a casa en su taxi, sin contar en qué condiciones lo dejaba cuando salía de la parte de atrás. Pero ahora, con media cara destrozada y sin pulso, el joven Bill ya no se va a reír más de nadie nunca más. Eso le arranca una sonrisa a Erhard, hasta que se da cuenta de las consecuencias de lo que está pasando: ha habido un accidente, alguien ha muerto, pero no quiere que le relacionen con lo sucedido.

Thomas Rydahl

Éste es uno de los detalles que hacen que la vida de éste taxista cambie por completo. Porque unos días después, Bernal –comisario de la policía y conocido suyo- se pone en contacto con él para hacerle unas preguntas sobre cierto accidente que sucedió en Nochevieja.

Pero no es la pieza central de su puzzle. Las alarmas se disparan en la mente de nuestro taxista la noche que aparece en mitad de la playa, al final de una gran tormenta, un coche abandonado. No por el hecho de que esté en la orilla de la playa, sin matrícula ni papeles, sino por lo que contenía en sus asientos de atrás: una pequeña caja de cartón con el cuerpo sin vida de un bebé.

"El ermitaño" (Destino) es una historia curiosa e interesante de principio a fin. El problema –desde mi punto de vista- es que tiene varios frentes abiertos a lo largo de sus páginas, y a veces no es fácil seguirle el ritmo al autor, que parece que va diez kilómetros por delante de nosotros.

Los distintos personajes que se cruzan en la vida de Erhard son variopintos a la vez que curiosos, dando su toque personal en cada paso que dan. A lo largo de los capítulos, que siempre se ven desde el punto de vista de nuestro afinador de pianos favorito, tiene un toque de novela negra, en la que cuando crees que algún personaje ha tocado fondo, pasas la hoja y descubres que no, eso podía ir a peor.


Erhard es conocido en la isla como “el ermitaño”, debido a un pasado del que no se siente ni orgulloso ni avergonzado, simplemente es su pasado. Los hay mucho peores. Es un personaje con mucho carácter, con ideas fijas y la mente clara. Quiere parecer siempre un tipo duro, pero aun así tiene sentimientos, en lo más profundo de su ser, donde nadie pueda verlos y hacerle daño.

A través del caso del bebé “abandonado” según la información facilitada por la policía, el ermitaño se pone manos a la obra al pensar que la policía no está haciendo bien su trabajo, se está dejando detalles por el camino, y así no puede llegar a buen puerto ninguna investigación. Lo que pasa es que él en ningún momento piensa que su vida puede correr peligro, total, ¿quién lo va a echar de menos?

Quiere saber a toda costa quién es el responsable, porqué lo ha hecho y por descontado darle su merecido.

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