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       Artículo de literatura

La pintura en el cómic, de Luis Gasca y Asier Mensuro: una seduda y amena investigación


 Ensayo
M. G. Villarrubia   11/11/2015
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     Excelente ensayo sobre la relación entre pintura y cómic de la mano del veterano Luis Gasca y su socio Asier Mensuro que, aunque pueda dejarse cosas en el tintero, nos abre un enorme abanico de cuestiones y referentes.
Portada de La pintura en el cómic, de Luis Gasca y Asier MensuroNingún entendido del cómic podrá decir que desconoce el nombre de Luis Gasca, uno de los primeros y más relevantes teóricos de la historieta española, aparte de haber sido editor y guionista ocasional en míticas revistas como Buru Lan o Pala, codeándose con Umberto Eco, con quien fundó el Salón del cómic de Brodighera en Italia o con grandes actores y directores siendo secretario en el Festival Internacional de cine de San Sebastián, donde además fundó el Centro de expresión gráfica, entre otras muchas proezas de su dilatada carrera profesional.

En estos últimos tiempos nos ha brindado, casi anualmente y a través de la editorial Cátedra diversos ensayos e investigaciones relacionados con el noveno arte: "Diccionario de onomatopeyas del cómic", "El discurso del cómic", "Enciclopedia erótica del cómic"… y el que nos toca comentar: "La pintura en el cómic".

Como habréis adivinado, tratar de abordar una crítica de tan distinguida figura puede tornarse algo muy difícil, más aún si éste libro está escrito al alimón con Asier Mensuro, historiador del arte especialista en imagen contemporánea (como lo es el cómic) y también asiduo al Festival de cine de San Sebastián, pues siempre hay que partir de la excelencia como punto de salida.

El libro tiene como finalidad poner en relieve la relación entre pintura y cómic, tal y como su propio título indica. Y es que la hermana mayor y la joven de estas artes han tenido desde el nacimiento de la historieta una relación ineludible, que ha ido variando a lo largo del siglo XX y XXI.

Luis Gasca

Como los propios autores nos comentan en la introducción, han tomado la decisión de dividir los capítulos cronológicamente según las grandes etapas de la pintura tal y como solemos conocerlas, y buscar en cada uno de ellos la comparación en el medio del cómic.  Tal división plantea ciertas cuestiones: ¿Esta división propia de la pintura pone en ventaja este arte con respecto al cómic? ¿Una capitulación cronológica tiene sentido cuando las corrientes artísticas a veces son contradictorias o afines independientemente de la época? Y otras cuantas.

Más aún aparece la duda cuando justifican la inclusión de la pintura romántica que alude a periodos históricos en los apartados de dichos periodos, como puedan ser las representaciones egipcias de David Roberts o las ilustraciones medievalistas de Howard Pyle. Y eso obviando que determinados periodos histórico-artísticos tuvieron mayor relevancia o producción (o supervivencia de las obras) en otras artes que en pintura.

Asier Mensuro

Pero como buenos investigadores, ambos ponen sus cartas sobre la mesa y exponen en esa introducción su metodología de forma razonada, unas reglas del juego con las que podremos disfrutar del libro una vez aceptadas, y que una vez inmersos en la lectura no suponen una molestia constante.

Es entonces cuando entramos en los capítulos de lleno. Son todo un alarde de investigación, referencias, comparaciones y datos que hacen de este libro no sólo un documento interesante para aquel aficionado al cómic o a la pintura, sino todo un manual perfectamente útil para estudiar y comprender la historia del arte, mucho mejor incluso que determinados volúmenes anquilosados e impracticables que copan las bibliografías más sesudas. Ni Gasca ni Mensuro, que aquí son uno, se avergüenzan de hablar con la misma dignidad de Miguel Ángel o Manara, de poner a Picasso junto a Lobezno o de explicar con la misma profundidad el periodo amarniense egipcio o la aparición de "Yellow Kid" en los periódicos.

Krazy KatUn gran acierto que quizás, y sólo quizás, se vea empañado por el nivel de comparación que se ejerce entre uno y otro arte, limitándose a los homenajes directos que hace el cómic a las obras más importantes de la pintura, más que investigar y profundizar sobre qué estilos o autores del noveno medio han sido influidos por el arte pictórico, aunque ello hubiera podido llevar diez veces el tamaño actual del este ensayo. También asistimos muchas veces a la comparación de historias situadas en el mismo periodo de tiempo, como pueda ser "Astérix", "Alix" o el" Príncipe Valiente", o directamente álbumes dedicados expresamente a la historia de algún pintor, como "Las vidas privadas de Leonardo Da Vinci", de la editorial Vertigo. Los mejores ejemplos son aquellos que usan esa trasposición para crear un nuevo discurso, dando una vuelta de tuerca o hacer una relación mental entre la historia del cómic y el icono pictórico. Aquellos que nos dejan pensando, que aportan algo al eterno debate y diálogo que supone el arte, que no sólo se contentan con homenajear al finado, sino que son capaces de responderle, siempre jugando dentro de los términos artísticos. “A hombros de gigantes”, que curiosamente se achaca a Newton aunque sea creación de Bernardo de Chartres.

Lo interesante de las páginas y la avidez con las que el lector se va abalanzando a por ellas (porque no podrá hacer otra cosa, salvo actuar con entusiasmo febril) ningunea lo monotemático que resultarían los capítulos de cada periodo histórico en manos de otros púgiles menos versados. Uno apenas tiempo de recabar datos, comprobar nombres y fechas y, sobre todo, apuntar una centena de títulos de cómic y pintores por leer u observar en un futuro, y que nos hacen envidiar la sapiencia y la magnífica colección de Gasca (bien cuidada en el centro Koldo Mitxelena de Donostia). Y aunque alguno juegue al entendido y  pueda pillarle el fallo (atribuirle un gag de "La Odisea de Astérix" a Goscinny, cuando era el segundo álbum de Uderzo en solitario tras la muerte del guionista, por ejemplo) o buscarle la ausencia imperdonable ("La torre de Babel" de Mort Cinder), no se puede sino claudicar ante el conocimiento y la cita de cientos de obras distintas.

Imagen de RTVE

Solo hay un punto inevitable donde las cuestiones que uno podría hacerse al principio vuelven a ser evidentes: el momento histórico en el que el cómic irrumpe y convive con la pintura. Es en ese momento cuando se producen no sólo homenajes a obras de tiempos pasados, sino también entre obras coetáneas, e incluso más que homenajes, la mayoría de ejemplos se deben a la adscripción de ambas obras al a misma corriente artística ("Little Nemo" al modernismo o "Krazy Kat" al expresionismo o la scuola metafisica)  o incluso a corrientes contrarias que se critican y caricaturizan entre ellas ("The Rude Descending" a "Staircase", de Griswold, parodiando la obra de tintes futuristas de Duchamp) y empiezan a aparecer pinturas influenciadas por el cómic, como el pop art. Estas relaciones suceden a distintos niveles, por lo que es muy difícil hacer convivir homenajes, críticas y corrientes artísticas en los capítulos dedicados a las corrientes del siglo XX  sin dotarles de la clara diferencia de intenciones que profesan.

Pero no podemos pedirle el trabajo de toda una vida a un solo libro, sino esperar que éste sea el generador de un corpus de ensayos futuros del mismo u otros autores; que sea una obra que interese a neófitos e iniciados por igual, provengan del mundo de la pintura o del cómic, sabiendo mirarse entre artes sin tapujos ni prejuicios, como integrados y no como apocalípticos, como diría Umberto Eco. Y sobre todo conformarse como el aliciente para la lectura de más cómics y la visita a más museos para satisfacer la curiosidad creada por los miles de caminos y referencias que aquí se citan y comentan. Y en eso cumple con creces.

Hellboy

En definitiva, un gran libro de Gasca y Mensuro con una gran investigación a sus espaldas, con un análisis mucho más que decente de la historia del arte, la pintura y el cómic que, aunque no pueda acaparar todo lo que se pueda decir y opinar sobre un tema tan interesante y extenso, se convierte en uno de los libros de partida que todo interesado en estos temas debería visitar. Una lectura que pese a su sesudez es amena (si es que ambas cosas son antagónicas) y divertida, bien razonada y acompañada de notas y numerosos ejemplos visuales que no debían faltar en una obra dedicada a la imagen.

Compra aquí "La pintura en el cómic".



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