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Los innombrables, de Yann y Conrad: disparatadas historias bélicas


Francisco Javier Illescas   05/08/2015
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     Dibbuks ya nos ofreció, allá por el 2005 o el 2006, las aventuras de esta pandilla de tarambanas afortunados… ¿O quizá afortunadamente gafes? Ahora nos ofrece la edición integral.
Los innombrables¿Cuántos de entre los lectores de esta reseña recuerdan a estos personajes creados por Yann le Pennetier y Didier Conrad en 1980 para la revista “Spirou”? Seguro que pocos, y menos aun teniendo en cuenta la de veces que hubieron de lidiar con la censura interna de la redacción a causa de sus escenas de “violencia gratuita” y humor negro que no se consideraban apropiadas para los jóvenes lectores de la revista. Quiero que conste que entrecomillo “violencia gratuita” a causa de que me parece una violencia absurda, muy al estilo de los dibujos animados. A ver… Uno de los protagonistas es un tipo cuya mejor cualidad es que se trata de 120 kilos de fuerza y músculo. ¿Cómo no va a haber mamporros? ¿O es que se esperaban que se dedicase al ballet?

Pero dejemos de divagar: pese a la polémica levantada en su edición a través de la revista, los álbumes vendieron muy bien y encontraron su nicho en el mercado. Y en esta exquisita y completa edición en cartoné a todo color de 132 páginas encontramos el llamado “Ciclo cero”, en el que encontramos los dos primeros números de la serie: “Expediente triple cero” y “Shukumei”. Es curiosa la ubicación de “Expediente triple cero”, que supone la historia inicial de los protagonistas, que en su versión original fue publicado como una especie de apéndice de una publicación posterior llamada “Aventura en amarillo”, pero se agradece su edición cronológica.

En fin, vamos a centrarnos… Todo el que siga mis reseñas sabrá que soy un enamorado de la Historia bélica y, pese a que estamos ante una obra de tipo cómico, quería echarle mano desde que me enteré de su reedición. ¡Es una pieza clásica! ¡Y está implicado un gran autor dentro del género bélico histórico como es Yann! Bueno, dentro de lo que son las limitaciones de la trama cómica, ha cumplido mis expectativas.

Ahora presentaremos a los tres protagonistas: el más visible es Nick “Mac” McButtle, el bruto grandote de 120 kilos de músculo y barriga; el segundo es Anthony “Tony” Key, el flemático guaperas de sangre fría a lo Bogart; y el tercero es Timothy “Tim” O’Rey, el canijo graciosete que no se separa de su bate de béisbol… Y que viste en su cabeza un gorro de piloto cuyas sueltas correas se mueven enfatizando siempre su estado de ánimo, al estilo de las alitas del casco de Astérix. Estos tres elementos son lo más desastroso que ha podido alistarse en el ejército de los Estados Unidos, y han hecho suyo el calabozo, donde han pasado toda la Segunda Guerra Mundial y han llegado a desesperar al general McErnest y al general Kalson, que no saben cómo deshacerse de semejantes elementos que, inexplicablemente, salen indemnes de todos los intentos por acabar con ellos.

Pero bueno, por enésima vez vamos a centrarnos en el cómic: todo comienza con un episodio épico a modo de prólogo: “Chuck Willys”. ¿Quién es el tal Chuck? Un oficial de vuelo, as de su escuadrilla, que vuela en un muy reconocible Curtiss P-40N Warhawk. Y esta aventura de tintes épicos con un sacrificio heroico de por medio sirve para dos cosas: presentarnos a dos malos recurrentes que aparecerán en títulos posteriores y servirnos de presentación de la primera aventura: “Expediente triple cero”.

Los innombrables

¿Cómo comienza “Expediente triple cero”? Pues con Chuck Willys preparándose para enfrentarse a un nuevo día en una pequeña base de la costa este de los EEUU… Y sufriendo un desafortunado accidente, que nos sirve para presentarnos a nuestros protagonistas, dueños absolutos del calabozo de la base. Y al desesperado general McErnest, que intenta deshacerse de ellos implicándoles en un combate de boxeo que parece, a priori, que no pueden ganar para, después, intentar embarcarlos en una misión casi suicida para la que el general Eisenhower (perfectamente reconocible, por cierto, como podéis apreciar en esta foto –aunque en el dibujo aparece más avejentado-) precisa a tres inconscient… Esto… Tres valientes voluntarios. Pero, para desdicha de nuestro pobre general, se dan una serie de desafortunadas coincidencias que dan al traste con sus intenciones de librarse de estos tres tarambanas.

Cabe destacar dentro de esta primera parte de este número –sí, queda una segunda-, la casi perfecta representación de la limusina Cadillac modelo 42 del general a la que sólo le falta el característico color verde oliva que lo acredita como vehículo del parque móvil del ejército, o el muy reconocible Jeep Willys MB.

Pasamos, pues, a la segunda parte de esta primera aventura: al enterarse nuestros protagonistas de que han sido licenciados al haber terminado la guerra, se embarcan en una aventura civil: forman una agencia de detectives privados. Un sosias de “Elliott Ness”, llamado Melvin Carat, recibe la misión clandestina por parte de un director del FBI muy parecido a Edgar Hoover de acabar con el turbio gobernador del estado mediante un disparo de francotirador con un rifle que, para mi vergüenza, no he sido capaz de reconocer (quizás un CZ 527 prestige cal.7.62) en una parodia del asesinato de Kennedy: la emboscada tiene lugar desde la ventana de una librería, y el gobernador se salva por los pelos, ya que el agente Carat, afectado por una desgraciada circunstancia personal reciente, falla su misión… ¡Y es la oportunidad para que nuestros tres protagonistas demuestren lo que valen! Y vaya si lo demuestran: se enemistan con el FBI y con la Mafia local (que, como cabe esperar, usan la característica ametralladora Thompson M1-A1 de toda la vida). Un resultado al que llegan tras una serie de “afortunadas desdichas” y que sólo les deja una salida para salvar el pellejo. ¡Os invito a descubrir esta disparatada trama!

Y ello nos lleva a su siguiente aventura: “Shukumei”. Parece que el general ha conseguido embarcar a nuestros tres desastres en una misión lejana de la que, quizás, no salgan: han de investigar la desaparición de un bombardero Boeing B-29 Superfortress en las selvas de Borneo y recuperar su cargamento que, al parecer, es estratégicamente imprescindible.

Efectivamente, tras muchas peripecias peligrosas y la aparición de un curioso polizón, encuentran el aparato estrellado, y a su tripulación viviendo en él con cierto confort merced a los tratos que hacen con las tribus locales, pero… Por las noches se ven acosados por un curioso enemigo. ¿Qué ha pasado con el cargamento que han de localizar? ¿Quién es el polizón? ¿Qué llevó a la tripulación a desertar y desaparecer del mundanal ruido? ¿Quiénes les acosan por las noches? ¿Cómo lograrán escapar de ellos? ¿Y salir de Borneo? ¡Atreveos a descubrirlo!

Los innombrablesPor lo demás, hay que destacar el exhaustivo conocimiento que hacen los autores de los entresijos del bombardero, como la referencia al túnel de ventilación que hay sobre la bodega de las bombas, que podéis apreciar aquí, así como su conexión (las dos portillas) con la zona de la cabina –números del 30 al 34 en este plano - y con el espacio de descanso y avituallamiento –a la derecha de la portilla y el mamparo numerados como 74 y 75 en el plano anterior-. O la cabina de mando. Esta perfecta representación es, sin duda, obra de Yann, del que ya conocemos varias obras suyas de índole aeronáutica.

Pero no solo hay que reconocerle la perfecta representación de este bombardero, son también del ampliamente utilizado camión GMC “Jimmy” de dos toneladas y media.

A estas dos aventuras le añadimos algunos apetitosos extras: 29 páginas de bocetos, estudios de personaje y diversas portadas en los que apreciaremos la evolución de los personajes y algunas situaciones hasta su aspecto final. ¡Y tres páginas de introducción al contexto histórico tanto de los autores como de las revistas en las que publicaron que os serán muy útiles para comprender mejor el nacimiento de “Los innombrables”!

Aventuras de acción trepidantes hechas con mimo: vehículos, trama, uniformidad… Pero que no resultan totalmente originales para el lector veterano: La estructura fundamental de “Terry y los piratas”, con su estructura de “hombre de acción-forzudo-contrapunto cómico y flojito”, con elementos cinematográficos que recuerdan a “Doce del patíbulo” (Robert Aldrich, 1967) y cuyo formato hemos visto tanto en “El equipo A” (1983) como en películas del estilo de “El pelotón chiflado” (Ivan Reitman, 1981) o “Sargento Bilko” (Jonathan Lynn, 1996). Pero que, en su momento, seguro que resultó rompedor.

Quedo a la espera de seguir las aventuras de este disparatado trío en la saga de Hong-Kong que seguirá en “Aventura en amarillo”… ¿Os atrevéis a descubrir cómo se posicionan para su continuación? ¿No os quedáis con ganas de más?

Yo sí, y espero la continuación con impaciencia. Muy recomendable.

Compra aquí Los innombrables. Ciclo cero.



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