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       Artículo de literatura

Al límite, de Thomas Pynchon: una de las novelas menos arriesgadas pero más pynchionianas


 Historia
Fco. Martínez Hidalgo   19/05/2015
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     Pynchon es un renovador que nos confirma que su obra perdurará en el tiempo como aquella que mejor ha sido capaz de dibujar y profundizar en las aristas de su época.
Portada de Al límite, de Thomas PynchonEl genio de Thomas Pynchon (USA, 1937), envuelto a lo largo de toda su vida en el misterio, nos deja su obra como única huella de la conexión con su mundo interior así como de la conexión con el tiempo en que vive. A través de ella es cómo podemos intuir, sin más certeza ni posibilidad de contraste, cómo es y qué piensa el autor más ignoto de las letras contemporáneas. Por suerte, su estilo fragmentario, repleto de subtextos y mensajes encubiertos, nos facilita bastante la tarea; pues por deducción podemos inferir muchos aspectos de su persona, quién es o qué piensa. Además, la dirección de su obra también nos deja una pegada indeleble a partir de la cual sumergirnos en su evolución como autor y, en concreto, en su relación con la literatura y el arte en cuanto creador.

En este último aspecto, como lectores, debemos felicitarnos por la inesperada prolijidad de su obra más reciente. Los que somos lectores pynchonianos desde largo tiempo estábamos acostumbrados a una obra cocinada a fuego lento, donde los lustros o las décadas eran el tiempo normal de elaboración. Pausada y meditada en extremo, cada novela era diametralmente opuesta a la anterior. La originalidad y la apuesta arriesgada era una marca de la casa, escribiendo al borde del limbo, ofreciéndonos concepciones nuevas de la novela, intentando demostrar con cada paso cuan absurdo era el estancamiento en los esquemas tradicionales y cuan necesario resultaba el intentar llevar la narrativa hacia nuevos horizontes. De ese compromiso con la renovación novelesca provienen obras excelsas como ‘El arco iris de la gravedad’ (1973), ‘Vineland’ (1990), ‘Mason y Dixon’ (1997) o ‘A contraluz’ (2006).

Sin embargo, en los últimos tiempos, Pynchon ha vuelto a esquemas más acorde con la novela tradicional o, si se prefiere, más acorde con los moldes de comprensibilidad del lector mainstream. Las novelas reducen su cota de riesgo asumido mientras, proporcionalmente, aumentan su capacidad de conectar con el lector medio: aquel que prefiere una buena historia con la que empatizar a un buen experimento creativo con el que sorprenderse –y es que, en esto del arte, el riesgo parece algo ya solo para valientes o para locos. A esta última línea responden sus últimas propuestas: ‘Vicio propio’ (2009) y ‘Al límite’ (2013, Tusquets, disponible en FantasyTienda). Tanto es así que ha ocurrido algo hasta hace poco impensable: en 2014 Paul Thomas Anderson estrenó una película basada en una novela de Pynchon que, en España, se ha titulado diferente al libro (“Puro vicio” es la película basada en “Vicio propio”, en una decisión absurda e incomprensible).

No obstante, en estas últimas novelas de menor riesgo, como en aquellas donde nos dejaba boquiabiertos con cada frase, las esencias más puras de Thomas Pynchon permanecen inalteradas y perfectamente identificables.

Al límite’ (Tusquets, 2014) es tan pynchoniana como cualquier otra novela de las suyas y, junto con ‘Vicio propio’ (Tusquets, 2010), una de las puertas de entrada a su obra más amables que concebir se pueda. En ella, además, tenemos uno de los tributos más evidentes del autor a su ciudad natal y de residencia: New York. Tan evidente que se nos hace hasta redundante la cita de Donald E. Westlake que, para aclarar este punto (otro aspecto, por cierto, inconcebible en el Pynchon de hace unos años), nos introduce en la novela. Porque New York no solo es el escenario sino también un personaje, quizás incluso el personaje más dinámico, pues desde el mismo inicio se nos aclara que estamos en una ciudad donde todo está en constante cambio, donde ningún espacio permanece en su idéntico estado de uso, donde las coordenadas físicas son la única forma de no perderse en un paisaje constantemente en transformación.

El paso de las páginas nos reafirma más en este análisis cuando, por contraste, observamos la continuidad de las fuerzas que afectan a la vida de las personas. En este punto se sitúan los personajes y las subtramas que afectan al personaje principal: Maxine Tarnow. Ella es titular de una pequeña empresa dedicada a la inspección económica y a la búsqueda de presuntos delitos a quien, por resultar demasiado expeditiva, le ha sido arrebatada la licencia y trabaja como freelance para clientes por encargo. Sus clientes parecen de poca monta hasta que entra por la puerta un amigo pidiéndole un favor de beneficios inciertos pero gran interés para su olfato: investigar a una extraña empresa tecnológica que, a pesar de la crisis de las puntocom, sigue adquiriendo a otras empresas y gastando grandes volúmenes de capital. ¿Cómo lo hace?, hay algo oscuro pero… ¿qué, en concreto?

Thomas PynchonEsta investigación resulta ser el punto nodal a partir del cual evolucionan distintos subtextos, cada uno de ellos encabezado por un personaje clave: el empresario tiburón de planes inciertos y egoísmo sin límite, el empleado gubernamental sin escrúpulos que actúa por fríos motivos ideológico-políticos, los frikis informáticos a quién su otrora afición les granjea ahora pingües beneficios a cambio de renunciar a sus principios originarios… Una sucesión de hilos, coherente entre sí, cuya superposición nos deja claro dos cosas: que a la voz narradora tales personajes le resultan repulsivos hasta el asco –sensación más notable a partir de la mitad del libro, y que tales personajes son una parte de la sociedad representativa de su tiempo (estamos en 2001, en el ínterin entre la crisis de las puntocom y el 11S), a quienes la novela intenta descomponer, analizar y desentrañar como síntomas de una enfermedad civilizatoria más amplia.

Tal mayúsculo fin exige una honda formación e información sobre estos personajes y sus entrañas. Una labor de comprensión que se percibe extraordinaria tanto en la presencia de los detalles que definen y caracterizan a cada personaje (todos ellos construidos con mimo minimalista) como en el uso del lenguaje desarrollado por la omnisciente voz narradora; tal es la precisión en este último aspecto que, al final del libro, se incluye un “Breve glosario” con la definición de las palabras de sociolecto más específicas (algunas bastante comunes en nuestro mundo tecnológico actual como: geek, hacker, nerd o web profunda). Además de un tino extraordinario para engarzar todos estos subtextos, subtramas y personajes en una historia comprensible, interesante y, por momentos, incluso muy divertida.

De esta forma, ‘Al límite’ (Tusquets, 2014) resulta ser una de las novelas menos arriesgadas pero más pynchionianas. Con su ciudad natal de fondo, con su análisis detallista y profundo sobre la sociedad de su tiempo, con su uso descarnado del humor para introducir momentos de surrealismo o de sátira o de ironía, con su habilidad en la construcción de una novela sólida, con sus personajes humanos de diálogos realistas y espontáneos, nos brinda la posibilidad de ver cómo es capaz de alcanzar la maestría también dentro de esquemas menos experimentales. Pynchon es un renovador contemporáneo de la novela que, casi con cada nuevo título, nos confirma que su obra perdurará en el tiempo como aquella que mejor ha sido capaz de dibujar y profundizar en las aristas de su época. Él es, quizás, un clásico vivo.

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