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       Artículo de literatura

Condenada, de Chuck Palahniuk: un infierno repleto de adolescentes


Jorge Lara Gómez   16/02/2015
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     Bienvenidos al infierno del que no querréis huir. Chuck Palahniuk, el escritor más polémico de su generación, pincha en hueso con una novela realmente floja y tediosa.
Portada Condenada_2Es más que probable que de haber firmado otro autor esta novela, “Condenada” de editorial DeBolsillo y disponible en FantasyTienda, no hubiera despertado en lo más mínimo mi interés. Si quiero que me hablen del infierno, no tengo más que poner la televisión, un canal al azar… pero oye, el abajo firmante era Chuk Palahniuk, el tipo de “El club de la lucha”, el autor que convierte todos sus libros en obras de culto ¿no? Poco menos que una apuesta segura. Pero una vez más se demuestra que la banca siempre gana, que siempre hay imán, doble fondo, juego de espejos, truco final. Y ésta lo tiene, y es que el Diablo está en los detalles y su mayor truco ha sido, es y será, hacer creer a la Humanidad, que no existe, que solo es leyenda, folclore, cuentos de viejas para que nos vayamos a la cama.  Un poco como pasa en esta novela: nos amenazarán con que viene, con que está al llegar, y nos pasaremos las páginas buscando al Chuck más irreverente y gamberro, ese que lo ha convertido, según nara la leyenda, en el autor polémico de su generación.  Pero no mireís atrás, no le busqueis en las esquinas, ni debajo de la alfombra. Chuck no ha venido esta vez.  Solo vamos a encontrar un Palahniuk descafeinado, repetitivo y por qué no decirlo: cansino.

La novela se resume fácilmente. Madison Spencer, es una joven condenada a "vivir" muerta en las puertas de la adolescencia. Nunca llegará a tiempo del baile del instituto, ni podrá hacer botellón con la edad mínima obligatoria, ya que Maddi Spencer está muerta, pasto de los gusanos, y al rendir cuentas con el maestro armero, éste le dice que no cuadra el “debe” con el “haber” y que por tanto será, y ha sido castigada, pero no de cara a la pared, con orejas de burro o sendas enciclopedias en las manos, ¡no!.  Está condenada ad eternum a pasar el resto de sus días en el Infierno, rodeada de otros desdichados, o más bien, afortunados como nos quieren vender, que como ella, cometieron uno o varios pecados, y que por su reiteración o gravedad no pasaron el filtro angelical.

Es del todo incomprensible, que la joven Maddi sea una auténtica ignorante de las relaciones interpersonales, pero hable con toda soltura y conocimiento, de Onán, Marcel Duchamp o Jackie Kennedy.


El pecado de Maddi: una sobredosis de marihuana. Juicio rápido, no hay posibilidad de fianza ni tarjeta de Monopoly “salga libre de la cárcel”. Con Satanás quien la hace la paga. Como también lo han pagado Archer, un motorista rebelde con un imperdible perforándole la mejilla y una cresta de color azul; Babette, una princesa de barrio con zapatos Manolo Blahnik de plástico; Leonard, el sabelotodo sobre antropología teológica comparada básica de la Antigüedad (en cristiano: el que conoce el origen, procedencia, nombre y virtudes de todos los demonios menores, medios y mayores que habitan el Infierno) y Patterson, un jugador de fútbol americano que acaba de ser devorado por un demonio iraní de nombre Arimán, para cinco minutos después volver a renacer… en su celda, totalmente intacto.

Palahniuk nos presenta un Inferno donde el suelo está asfaltado de golosinas donde la estrella son las bolas de palomitas de maíz, y la moneda de cambio para, por ejemplo, conseguir expedientes de otros condenados o una gestión administrativa rápida y eficaz , no es otra que barritas de chocolate que muy gustosamente aceptan los demonios-funcionarios que han aprobado su correspondiente oposición, de manos de los condenados; unas barritas que no queda muy claro de dónde “demonios” las sacan. En este punto quiero detenerme para hablar del gran, pero disparatado, trabajo de documentación del autor, que utiliza, nombra y da protagonismo a no menos de 15 marcas distintas de este dulce, marcas, la mayoría, que yo ni sabía que existían.

Chuck Palahniuk_2

Otros puntos a destacar de esta particular versión del infierno, son, por ejemplo, los nombres de los lugares de interés donde hacerse un selfie: el Desierto de Caspa, el Valle de los Pañales Desechables Usados, el Pantano del Sudor Rancio, el Estanque de Vómito o algunos otros de nomenclatura mucho más escatológica. Lugares todos idílicos, por donde nuestro peculiar grupo de amigos, deambularán hasta llegar a su destino, que no es otro que la mismísima guarida de Satanas. O los variopintos motivos por los que puedes ir directo al inframundo: sobrepasar un número determinado de toques de claxon, escupir más veces de las permitidas, saltarte este o aquel semáforo o exceder el número máximos de palabrotas. Todo de lo más ingenioso, como la galaría de personajes famosos -por cualquier motivo- con los que irán coincidiendo. Por cierto ¿sabíais que todas las llamadas que nos hacen a las tres de la tarde para ofrecernos un cambio de tarifa de móvil o hacernos una encuesta sobre hábitos de consumo, se hacen desde el Infierno? Pues según Chuck, este el trabajo de 40 horas semanales desempeñado por los que allí habitan, hacinados en cubículos de los aborrecibles call centers... también, de lo más gamberrete.

Hasta que llegamos al Gran Oceano del Grumo Literario, que es como he bautizado a ese sitio donde se concentran todas aquellas otras partes del libro que hacen de ella un tostón. Por ejemplo la protagonista: Madison, la hija de una diva del séptimo arte venida a menos y de un magnate que adopta, anualmente, niños tercermundistas con los que salir en portada de la prensa sensacionalista.  Vale que, el hecho de que su madre no sepa ni cuantos años tiene, que sus padres anden desnudos por la casa, o que se haya criado entre cantidades ingentes e Xanax, marihuana, y sexo libre… hallan forjado en ella un carácter realmente insufrible e inaguantable.  Pero es que el autor consigue elevar la cota de repulsión, al tener la "brillante idea" de, por ejemplo, comenzar todos y cada uno de los 38 capítulos de la misma forma: «¿Estás ahí, Satanás? Soy yo, Madison» seguido de una parrafada que hace que al lector se le atragante cada vez más el personaje. Tampoco ayudan, las constantes referencias a los personajes literarios preferidos de la joven, que se puede resumir en uno: Jane Eyre; y a producciones como “El club de los cinco” o “El paciente inglés”, la cual deja claro el autor que odia hasta la médula,  por eso se proyecta ininterrumpidamente en las mejores salas del Infierno. Ni Torquemada hubiera parido tortura mas cruel; O las lecciones “de la vida” que nos dan sus padres, a través de Madison, y que simpre comienzan con: «Mi madre diría esto» o «Mi padre diría aquello».

Imagen Infierno

Pero por encima de todo, lo que, para mí, hace de “Condenada” una auténtica condena, son, por una parte, los incontables sinónimos compuestos despectivos que el autor utiliza para referirse a según qué personajes, como las señoritas Putillas von Putinski, las Guarrinas McMarranas, y todas la combinaciones que os podáis imaginar, más diez más. Empieza teniendo su gracia, termina por ser molesto. Y por otra, esa constante actitud a la defensiva por parte de Madison, que se muestra también en todos, o casi todos, los capítulos, y en la que enfatiza que tiene trece años, que está muerta y que no por eso es estúpida e ignorante de la vida. Lo dicho: insufrible e inaguantable.

Irónica y satírica versión del Infierno de Dante, llena de giros bruscos, caóticos y hasta incomprensibles, unidos por un argumento que parece no tener “masa madre”, y que más parece una tormenta de ideas del autor acerca de cómo se imagina él el Infierno y que ha ido apuntando en un papel para luego darle forma de novela. Por si fuera poco, el autor ha confirmado que lo convertirá en trilogía.   Si sabes contar, Palahniuk, no cuentes conmigo.

Grge_dixit: Una buena y retorcida idea, un fallido personaje y una pésima ejecución, dan lugar a una novela decepcionante.

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