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Metropol, de Walter Jon Williams |
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Un libro recomendable, una mezcla entre ciencia ficción y unos toques de fantasía hábilmente entrelazados, que agradará a los lectores de ambos géneros. |
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“En una ciudad que abarca el mundo, ¿qué es lo peor que puede pasar? Vivir eternamente junto al objeto del deseo y no poseerlo”.
Esta frase del libro Metropol de Walter Jon Williams bien puede resumir todas las motivaciones que moverán a su personaje principal a lo largo de toda la trama; la meta última que todo humano persigue: realizar sus deseos.
Bibliópolis Fantástica nos trae este libro, finalista del Premio Nebula y publicado originariamente en 1995.
Walter Jon Williams nos sitúa en la Tierra en un futuro muy lejano, tal vez a miles de años de nuestra época; una barrera se alza interponiéndose entre el mundo y el Universo (la Luna y el Sol apenas son recuerdos de tiempos remotos, pues ya nadie los puede ver), y el propio mundo se ha convertido en una gran urbe, una ciudad que se extiende de norte a sur y de este a oeste, superpoblada y donde las construcciones han ido sobreponiéndose unas sobre otras, capa tras capa de edificios; esta acumulación de arquitecturas ha dado lugar a la creación de una energía llamada plasma, elemento con el cuál todo es posible, y por tanto celosamente controlado por la Compañía de Plasma, que acumula y distribuye el plasma por toda la Tierra, dónde sólo unos pocos ricos pueden permitírselo, pues el plasma también se ha convertido en moneda de cambio. Aquellos que tienen la capacidad de dominarlo y usarlo son denominados magos, pues con el plasma son posibles ataques a gran escala, curar, alargar la vida, teleportaciones, telepresencias, etc.
Cuando Aiah, la protagonista de la historia, encuentra una fuente de plasma sin cartografiar, se abre ante ella todo un nuevo panorama; de repente, sus deseos de conseguir riquezas parecen posibles, así que no se plantea si va a aprovecharse de la situación, sino que se pregunta a quién entregará su lealtad y con ella un recurso de potencia casi ilimitada.
Así seguimos el periplo de Aiah, trabajadora de bajo grado de la Compañía de Plasma, que tras encontrar el pozo de plasma, tendrá que tomar toda una serie de decisiones que la llevarán a lograr el cumplimiento de su deseo; para ello buscará a la que en un principio sea su víctima de “engaño”, aquella persona o entidad a quién sacarle todo el dinero posible por el pozo. Sin embargo, según avanza la historia iremos viendo la evolución de Aiah respecto a sus relaciones con los demás personajes y el cómo empieza a convertir en su causa la causa de otros, porque, como ella misma dice, “todo el mundo necesita algo en que creer”. Es la historia de Aiah, y todo lo que ocurre en el libro se debe a ella, a sus acciones y decisiones.
Pese a su aspecto futurista, Metropol nos presenta un mundo muy cercano al nuestro, incluso los ingenios tecnológicos no nos resultarán demasiado increíbles; metrópolis que son naciones, naciones que han desaparecido o han sido absorbidas por otras metrópolis, una humanidad fragmentada en todas estas naciones, con variadas y complejas creencias religiosas, donde dioses e importantes mortales de eras pasadas son venerados por igual; y todo ambientado en calles sucias, cercadas de enormes torres y edificios, donde la maquinaria está presente por todas partes, y donde los recursos y las riquezas (en este caso vinculadas al plasma) están en manos de unos pocos privilegiados y pareciera que todo está destinado a no cambiar nunca. El autor nos presenta una sociedad en su mayoría bastante conformista con el lugar que le ha tocado en el mundo, tal vez cansada para intentar cambiar la situación, pero aun hay grupos subversivos descontentos con el sistema impuesto y dispuestos a intentar traer un nuevo orden y ciudadanos, como Aiah, deseosos de conseguir aquello con lo que sueñan y salir de su miseria.
El estilo narrativo es sencillo, directo y descriptivo, el ritmo es ágil, pese a que en el libro las escenas de acción son contadas y, en la mayoría de los casos, siempre desde un punto de vista alejado de la misma. La narración, en tercera persona y con una mezcla de tiempos presentes y pasados, sigue los pasos de Aiah durante toda la historia, salpicándola aquí y allá con mensajes publicitarios y frases extractadas de libros de la propia intrahistoria, lo que le da un buen trasfondo y deja entrever el bien construido mundo del autor, aunque los personajes se muevan entre unos pocos escenarios bien descritos y detallados; básicamente la acción transcurre entre la metrópolis de Jaspeer y la metrópolis de Caraqui, y, dentro de éstas, en unos pocos lugares como serán la Compañía de Plasma, las torres Loeno, las torres Magia, la fábrica sobre la estación de Terminal o el hotel Obelisco.
Los personajes principales están bien construidos y definidos, aunque siempre los veremos a través de los ojos de Aiah, por lo que serán sus impresiones sobre ellos lo que el lector llegará realmente a conocer; aun así, personajes como Constantine o Sorya poseen una fuerza propia y gran presencia en la novela. Aiah presentará toda una evolución como personaje, no tanto en su carácter e ideas, como en su forma de actuar y de ver el mundo, así como el ir desenvolviéndose con bastante éxito en situaciones que son nuevas para ella, superando algunos de sus miedos iniciales, un personaje que irá haciéndose fuerte con cada paso que dé y que, sin embargo, conservará algunas de sus fobias e ideas originales sobre su gente y su sitio en el mundo.
Sin ninguna duda, gran fuerza del libro reside en sus diálogos, ágiles y bastante directos y que aun así encierran ciertas ideas y filosofías que bien podrían aplicarse a nuestra propia realidad.
La historia tiene un final abierto, si bien las “aventuras” de Aiah parecen alcanzar un final, la propia historia del libro bien podría continuar donde lo deja, pues ésta no parece más que el comienzo de algo más grande, la chispa que enciende la mecha para traer cambios al mundo presentado por el autor, a parte de que muchos elementos que acompañan y ambientan la historia quedan sin explicación alguna (como qué es la Barrera y quién la levantó, o quiénes son los Elevados que viven más allá de ella), algo que sin duda dejará a más de un lector con ganas de saber más sobre este mundo futuro.
En definitiva, Metropol es un libro recomendable, una mezcla entre ciencia ficción y unos toques de fantasía hábilmente entrelazados, que agradará a los lectores de ambos géneros, una historia de cómo un personaje inteligente y brillante lucha a su manera para conseguir aquello que desea una vez que el destino y la suerte le han sido propicios, con una buena trama llena de intrigas más que de acción desmedida.
Sobre el autor
Nacido en Minnesota (EE.UU.) en 1953, Walter Jon Williams comenzó su carrera como novelista histórico antes de pasarse a la ciencia ficción y la fantasía. En estos géneros ha publicado novelas como "Knight Moves" (1985, finalista del premio Philip K. Dick), City on Fire (1997, finalista del Hugo y el Nebula), la trilogía de Magistral: "The Crown Jewels" (1987), "House of Shards" (1988) y "Rock of Ages" (1995) o la trilogía de Dread Empire´s Fall: "The Praxis" (2002), "The Sundering" (2003) y "Conventions of War" (2005). Ha colaborado con la serie de Star Wars: New Jedi Order con "Destiny´s Way" (2002) y tiene también dos colecciones de relatos, "Facets" (1990) y "Frankensteins and Foreign Devils" (1998). Ha ganado el Nebula en dos ocasiones con sus novelas cortas “Daddy´s World” y “The Green Leopard Plague”.
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